Diferencias Hombre Mujer
Juan Moisés De La Serna






Diferencias



Hombre Mujer



Por

Dr. Juan MoisÃ©s de la Serna



Copyright Â© 2017



www.juanmoisesdelaserna.es (http://www.juanmoisesdelaserna.es)






Ya nacimos diferentes

sÃ³lo mirando se ve

pero muchas otras cosas

por dentro estÃ¡n despuÃ©s.



De pequeÃ±os nos distinguen

a nosotros nos da igual

pero poco a poco luego

el gÃ©nero se notarÃ¡.



La inteligencia es un echo

que no hay que olvidar

se desarrolla distinta

nos va haciendo cambiar.



Porque dentro no es lo mismo

la herencia XX o XY

lo saben los entendidos

y la vida es asÃ­.

Con gÃ©nero nacemos

que no en todos es igual

diferencias encontramos

eso nos hace especial.



Mejor ninguno lo es

de eso hay que estar seguro

cada uno es diferente

sensible uno, otro mÃ¡s duro.



Poco a poco vamos viendo

segÃºn creciendo se va

las diferencias que hay

se notan cada dÃ­a mÃ¡s.



Hombre y mujer crecemos

la vida nos hizo asÃ­

con sus muchas diferencias

mÃ­ralas, estÃ¡n ahÃ­.




Prefacio


Hablar de gÃ©nero es hacerlo de diferencias y semejanzas entre hombres y mujeres, un aspecto polÃ©mico pues se en ocasiones se trata de posicionar uno sobre otro.

La ciencia por su parte es ajena a estas discusiones centrada en ofrecer datos e informaciÃ³n sobre las semejanzas y diferencias entre el hombre y la mujer.

En este texto se ofrecen los resultados de las Ãºltimas investigaciones realizadas por investigadores alrededor del mundo.

Descubre lo Ãºltimo que la comunidad cientÃ­fica ha descubierto sobre las diferencias hombre mujer.




Ãndice


Prefacio (#ulink_91aaecbb-157e-5a7f-ae45-4e62fb0c1dd6)

Ãndice (#ulink_fbaeedfc-9f2e-5048-b8f8-67d0d2ddfe0f)

Agradecimientos (#ulink_d4234cc7-45d4-58c5-b5c0-5d744952c4a6)

Aviso Legal (#ulink_46f3bc97-b088-5547-805a-8de7e520353f)

CapÃ­tulo 1. El origen de las diferencias (#ulink_c79ac60e-0d60-5566-892b-739b26bd8797)

CapÃ­tulo 2. Diferencias neuronales (#ulink_88140149-6e74-5930-91ca-191bc2441998)

CapÃ­tulo 3. Diferencias hormonales (#ulink_7f346a79-7ff4-580b-a9c8-ae232407e6d1)

CapÃ­tulo 4. Diferencias emocionales (#litres_trial_promo)

CapÃ­tulo 5. Diferencias comportamentales (#litres_trial_promo)

CapÃ­tulo 6. Diferencias en psicopatologÃ­a (#litres_trial_promo)

Conclusiones (#litres_trial_promo)

Sobre Juan MoisÃ©s de la Serna (#litres_trial_promo)






Dedicado a mis padres




Agradecimientos


Aprovechar desde aquÃ­ para agradecer a todas las personas que han colaborado con sus aportaciones en la realizaciÃ³n de este texto, especialmente al Centro de Referencia Estatal de atenciÃ³n a personas con enfermedad de Alzheimer y otras demencias del I.M.S.E.R.S.O. (C.R.E. Alzheimer); a DÂª. Pilar RodrÃ­guez PÃ©rez, cofundadora del blog Rhbneuromad; a DÂª. VerÃ³nica Romero, investigadora de la Universidad Complutense; a DÂª. Liliana Escalante, Directrora de Inspira Red de LÃ­deres; y a DÂª. Marian Carvajal Paje, psicÃ³loga del Programa Contigo, FederaciÃ³n EspaÃ±ola de PÃ¡rkinson.




Aviso Legal


No se permite la reproducciÃ³n total o parcial de este libro, ni su incorporaciÃ³n a un sistema informÃ¡tico, ni su transmisiÃ³n en cualquier forma o por cualquier medio, sea Ã©ste electrÃ³nico, mecÃ¡nico, por fotocopia, por grabaciÃ³n u otros medios, sin el permiso previo y por escrito del editor. La infracciÃ³n de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual (Art. 270 y siguientes del CÃ³digo Penal).

DirÃ­jase a CEDRO (Centro EspaÃ±ol de Derechos ReprogrÃ¡ficos) si necesita fotocopiar o escanear algÃºn fragmento de esta obra. Puede contactar con CEDRO a travÃ©s de la web www.conlicencia.com o por el telÃ©fono en el 91 702 19 70 / 93 272 04 47.



Â© Juan MoisÃ©s de la Serna, 2017




CapÃ­tulo 1. El origen de las diferencias


Hablar de diferencias hombre mujer es hacerlo inicialmente de genÃ©tica, pues es sobre esta base en la que se sustentan las diferencias posteriores. El ser humano contiene 23 pares de cromosomas (unidades en donde se empaqueta el A.D.N. y A.R.N.), el Ãºltimo de ellos porta la informaciÃ³n genÃ©tica relativa al sexo, por ello se denomina cromosoma sexual, de los cuales existen dos tipos, el X y el Y, de estos cromosomas, la mujer siempre va a aporta el X en el Ã³vulo, mientras que el hombre puede aportar X o Y en los espermatozoides.

La forma en que se combinan estos cromosomas determina el sexo del bebÃ©, asÃ­ si se da XX serÃ¡ niÃ±a, mientras que si se da XY serÃ¡ niÃ±o, aunque en ocasiones se producen alteraciones en la combinaciÃ³n genÃ©tica pudiendo aparecer casos como:

- El SÃ­ndrome de Turne, en donde sÃ³lo hay un X, son mujeres con aspecto infantil con falta de desarrollo de caracteres primarios y secundarios, acompaÃ±ado de infertilidad, baja estatura, con dificultades para las matemÃ¡ticas y la comunicaciÃ³n no verbal.

- El SÃ­ndrome de Klinefelter en donde existen mÃ¡s X de la cuenta, mostrando XXY, aunque tambiÃ©n puede darse XXXY, XXXXY, lo cual va acompaÃ±ado de infertilidad por un fallo testicular provocado por el hipogonadismo, son hombres mÃ¡s altos y de extremidades mÃ¡s delgadas que sus progenitores, con predisposiciÃ³n a sufrir enfermedades autoinmunes y cÃ¡ncer, retraso en el Ã¡rea del lenguaje con inteligencia normal, y propensos a sufrir trastornos del estado de Ã¡nimo.

- El SÃ­ndrome de Superhembras con XXX, son mujeres mÃ¡s altas y de extremidades mÃ¡s delgadas que sus progenitores, con predisposiciÃ³n a padecer depresiÃ³n, mostrando en la mitad de los casos cierto retraso en el rendimiento intelectual y gran sensibilidad sensorial.

- El SÃ­ndrome de Superhombre con XYY, son hombres mÃ¡s altos y de extremidades mÃ¡s delgadas que sus progenitores, con predisposiciÃ³n a sufrir retrasos en el lenguaje, con dificultades en el aprendizaje, en algunos casos con un resultado en el coeficiente intelectual ligeramente inferior a la media.

La combinaciÃ³n genÃ©tica no es mÃ¡s que el inicio de la diferenciaciÃ³n en el que se ha de pasar dos pasos para el establecimiento de las caracterÃ­sticas sexuales de la persona:

- DeterminaciÃ³n primaria, en donde se definen las gÃ³nadas, que son los Ã³rganos reproductores sexuales, con una importante funciÃ³n hormonal; en los hombres son los testÃ­culos (que producen andrÃ³genos entre ellos la testosterona) y en las mujeres los ovarios (que producen estrÃ³genos).

Ãsta distinciÃ³n surge a partir de la sÃ©ptima semana de gestaciÃ³n y se da por la presencia o no del cromosoma Y, el cual es un factor determinante testicular, esto quiere decir que, si no aparece, el proceso ânaturalâ de la gÃ³nada indiferenciada serÃ¡ hacia la generaciÃ³n de ovarios y con ello el bebÃ© serÃ¡ niÃ±a, pero si estÃ¡ presente el cromosoma Y, se formarÃ¡n los testÃ­culos y con ello el bebÃ© serÃ¡ niÃ±o.

- DeterminaciÃ³n secundaria, que tiene mÃ¡s que ver con el fenotipo, es decir, la expresiÃ³n de dicha genÃ©tica una vez establecida las gÃ³nadas, las cuales generan hormonas que van a ir modificando el organismo para convertirlo en hombre o mujer, en el primer caso se forma el pene, los testÃ­culos, mientras que en las mujeres la vagina y el Ãºtero.

Pero las gÃ³nadas no sÃ³lo van a jugar un papel de determinaciÃ³n fenotÃ­pica sino tambiÃ©n en la constituciÃ³n del cerebro, asÃ­ la presencia de testosterona va a producir una serie de cambios en lo que se conoce como masculinizaciÃ³n del cerebro y de la conducta, mientras que en otros mamÃ­feros, ademÃ¡s va a facilitar la apariciÃ³n de comportamientos âinstintivosâ como peleas o marcaje territorial.

Pero incluso en Ã©ste proceso de masculinizaciÃ³n pueden producirse errores debidos a una mutaciÃ³n en el cromosoma Y, un estudio realizado por la Universidad Case Western Reserve (EE.UU.) cuyos resultados han sido publicados en la revista cientÃ­fica Proceedings of the National Academy of Sciences informa de que el proceso de masculinizaciÃ³n no es tan estable y robusto como se creÃ­a. El anÃ¡lisis se realizÃ³ sobre la mutaciÃ³n presentada por un padre y una hija estÃ©ril en donde ambos tienen cromosomas XY.

La diferencia en los distintos desempeÃ±os entre hombres y mujeres que se manifiestan en la vida adulta, se debe precisamente al dimorfismo sexual, producto de la masculinizaciÃ³n del cerebro en el hombre, que se inicia por la producciÃ³n de testosterona a partir de la sÃ©ptima semana de vida, lo que se va a expresar en:

- Las mujeres van a estar mejor dotadas para emplear estrategias lingÃ¼Ã­sticas, manifestadas ya desde los primeros aÃ±os de vida, hablando antes, con mayor fluidez, mayor facilidad para el aprendizaje de la lectura y la escritura, mejor memoria visual y velocidad perceptiva (identificaciÃ³n de objetos).

- Los hombres, por su parte, van a tener mayores aptitudes para las tareas espaciales, manifestado ya durante la infancia, teniendo mejor resultado en las tareas de reconocimiento de formas, de rotaciÃ³n de objetos mentalmente y con la representaciÃ³n de objetos en dos y tres dimensiones.





CapÃ­tulo 2. Diferencias neuronales


Tal y como se seÃ±alÃ³ en el apartado anterior, las hormonas van a intervenir en la formaciÃ³n del cerebro, existiendo notables diferencias hombre-mujer, si nos fijamos Ãºnicamente en el tamaÃ±o del cerebro, este es un 10% mÃ¡s grande en los hombres; y en cuanto al peso entre un 11-12% mayor en hombres, ambos aspectos explicables por una mayor estructura fÃ­sica de los hombres.

Estudios recientes han podido concluir sobre las diferencias en la organizaciÃ³n cerebral, asÃ­ como sobre un uso particular del cerebro en cada gÃ©nero, encontrando:

- En el hombre, un mayor nÃºmero de neuronas en el hipotÃ¡lamo, la comisura anterior y el cuerpo calloso; ademÃ¡s tiene un mayor tamaÃ±o el hemisferio derecho, la corteza cerebral, el cerebelo y la amÃ­gdala.

- En la mujer, un mayor nÃºmero de neuronas en la comisura blanca anterior, en la parte posterior del cuerpo calloso y en el locus coeruleus, ademÃ¡s tiene un mayor tamaÃ±o el hemisferio izquierdo, el sistema lÃ­mbico y la comisura anterior.

Pero estas diferencias no se quedan sÃ³lo en el tamaÃ±o de las estructuras, sino que afectan tambiÃ©n a cÃ³mo se usan, asÃ­ se ha observado que los hombres emplean mÃ¡s las regiones temporo-lÃ­mbicas (implicadas en la memoria y la motivaciÃ³n) y el cingulado en las mujeres (implicado en el procesamiento emocional).

Estas diferencias en el cerebro permiten desarrollar de forma mÃ¡s rÃ¡pida algunas funciones que a otro tipo de cerebro le costarÃ­a mÃ¡s, de ahÃ­ surge la idea de la educaciÃ³n separada, entre hombres y mujeres para potenciar al mÃ¡ximo las capacidades relacionadas con el gÃ©nero, y llevado al extremo estarÃ­a la educaciÃ³n personalizada que buscarÃ­a el mÃ¡ximo desarrollo de las mejores capacidades individuales independientemente del sexo que se tenga.

Una de las aportaciones mÃ¡s controvertidas al respecto, es la que hace referencia al estudio del autismo y en concreto a la teorÃ­a del âCerebro Extra Masculinoâ, donde el autor de su âdescubrimientoâ, explica algunos de los rasgos âtÃ­picosâ que se encuentran entre los afectados por el autismo, como son los problemas de la comunicaciÃ³n, tanto al expresar sus emociones, necesidades y deseos, como en percibir e interpretar correctamente la de los demÃ¡s, lo que se traduce en una baja capacidad empÃ¡tica.

La empatÃ­a es por definiciÃ³n una de las habilidades mÃ¡s desarrolladas, junto con el lenguaje, por parte de las mujeres, frente a los hombres, pero en los autistas estÃ¡ aÃºn menos presente. El autor de Ã©sta teorÃ­a, evaluÃ³ en distintos estudios dos aspectos que fueron: la empatÃ­a y la sistematizaciÃ³n, entendida la primera como la capacidad de identificar los pensamientos y emociones de otros, y de responder con una emociÃ³n apropiada; la sistematizaciÃ³n por su parte, hace referencia a la capacidad de extraer reglas de funcionamiento del medio ambiente, esto es, regularidades sobre cÃ³mo funcionan las cosas.

Lo que hallÃ³ en sus investigaciones, fue que el hombre tiene mayor capacidad de sistematizaciÃ³n que de empatÃ­a, lo contrario que la mujer, y que las personas afectadas por el autismo, tienen una sobrecapacidad para la sistematizaciÃ³n mayor que en hombres y mujeres, en detrimento de la empatÃ­a menor que en hombres y mujeres, es decir, tienen maximizadas las habilidades "masculinas" en estos aspectos.

SegÃºn los estudios realizados en la Universidad de Cambridge (Inglaterra) estas manifestaciones serÃ­an debidas a un exceso de masculinizaciÃ³n cerebral, provocadas por altos niveles de testosterona en el Ãºtero materno.

La teorÃ­a del Cerebro Extra Masculino se basa en datos anecdÃ³ticos, sobre las diferencias cerebrales hombre-mujer, e incluso en las en cuanto al nÃºmero de casos de varones diagnosticados como autistas, frente a las fÃ©minas.

Lo que explicarÃ­a por quÃ© Ã©ste trastorno del desarrollo se produce cuatro veces mÃ¡s en niÃ±os que en niÃ±as, aspecto que estÃ¡ actualmente cuestionado, ya que se plantea que existe un sesgo por parte de los evaluadores a la hora de determinar el diagnÃ³stico de autismo en niÃ±os frente a niÃ±as.

Tal y como se ha demostrado en alguna investigaciÃ³n, lo que me recuerda al experimento con el âBebe Xâ, en donde se registra el comportamiento de los adultos frente a un bebÃ© vestido con ropa azul, tradicionalmente asociada a los niÃ±os; ante otros adultos se presenta el mismo bebÃ©, pero en esta ocasiÃ³n vestido con ropita rosa, color tradicionalmente asociada a las niÃ±as.

Los resultados muestran un comportamiento diferencial de los adultos, en su forma de hablar y tratarle, e incluso en la valoraciÃ³n de las habilidades del bebÃ© en funciÃ³n del color de la ropa.

Es decir, cuando creÃ­an que se trataba de un varÃ³n, decÃ­an que se le veÃ­a fuerte y sano, y jugaban con vigor; mientras que cuando los adultos pensaban que era una hembra, porque vestÃ­a de rosa, decÃ­an que era muy bella y delicada, y procuraban no tocarlo demasiado.

Un comportamiento de adultos diferencial en funciÃ³n del gÃ©nero percibido que ha sido usado para corroborar las teorÃ­as ambientalistas sobre el gÃ©nero, las cuales defienden, que lo que realmente diferencian a hombres y mujeres es que reciben una estimulaciÃ³n diferencial, y que esto explicarÃ­a el comportamiento desigual de adulto, e incluso las diferencias cerebrales.

Uno de los problemas para comprobar si existe este efecto de sesgo en el diagnÃ³stico del autismo, serÃ­a poderlo hacer a edades tempranas; el problema es que este diagnÃ³stico se suele realizar a partir de los dos aÃ±os, tiempo que se estima necesario para que los bebÃ©s consigan un desarrollo ânormalâ superando los retrasos que en ocasiones se producen en determinados individuos, pero Â¿Se puede detectar el autismo durante el embarazo?

Esto es lo que trata de averiguarse a travÃ©s de Un estudio realizado por el Hospital Real de Mujeres, la Universidad del Oeste de Australia, la Universidad de Melbourne y la Universidad de Curtin (Australia) cuyos resultados han sido publicados en la revista cientÃ­fica Journal of Neurodevelopmental Disorders.

Para ello entre 1989 y 1991, se analizÃ³ el contenido de los cordones umbilicales de ochocientas sesenta mujeres que acababan de dar a luz, para buscar marcadores hormonales en la sangre, en concreto los niveles de estrÃ³genos citados por algunos estudios y por la teorÃ­a de la sobre-masculinizaciÃ³n del cerebro, en el caso del autismo.

Pasados casi 20 aÃ±os de esta primera fase del estudio se ha contactado con estos pequeÃ±os, para comprobar cuÃ¡ntos de ellos habÃ­an presentado sÃ­ntomas del autismo, para lo cual se empleÃ³ un cuestionario estandarizado denominado A.Q. (Autism-Spectrum Quotient), para aquellos que no tenÃ­an ya un diagnÃ³stico clÃ­nico de T.E.A. (Trastorno del Espectro Autista).

De todos ellos, se extrajeron los datos de ciento ochenta y tres varones, y ciento ochenta y nueve fÃ©minas, de los cuales se analizaron y compararon los resultados de los niveles hormonales tanto de andrÃ³genos como estrÃ³genos en el momento de nacer, para comprobar si estos podrÃ­an ser buenos predictivos del surgimiento del T.E.A.

Se observaron diferencias significativas en el grupo de varones, en cuanto a una mayor presencia de andrÃ³genos, frente a las fÃ©minas, pero estos resultados no fueron significativamente diferentes de los obtenidos por los varones sin diagnÃ³stico ni sintomatologÃ­a autista.

Por lo que los datos obtenidos van en contra de la teorÃ­a de la super-masculinizaciÃ³n del cerebro, al no encontrar diferencias entre varones con o sin autismo.

Igualmente, se informa de diferencias significativas a nivel hormonal entre el grupo de mujeres con y sin sintomatologÃ­a autista, aunque no indica quÃ© posibles implicaciones pueda tener en este trastorno.

A pesar de los resultados, los autores del estudio no plantean ninguna teorÃ­a explicativa sobre estos niveles diferenciales encontrados, ni de las posibles vÃ­as de influencia de estos en el desarrollo del bebÃ© y de sus capacidades.

Hay que seÃ±alar que es un estudio exploratorio, que no sirve como mÃ©todo de diagnÃ³stico, ni tampoco es Ãºtil para desarrollar ningÃºn tipo de tratamiento farmacolÃ³gico con lo que buscar controlar los distintos niveles hormonales y con ello alterar los resultados.

Previamente al tratamiento es preciso conocer mejor cuÃ¡les son los factores que intervienen y cÃ³mo afectan a las distintas partes del desarrollo, especialmente al cerebro del bebÃ©, para una vez conocido, poder establecer hipÃ³tesis de intervenciÃ³n.

SeÃ±alar que exista una predisposiciÃ³n genÃ©tica, o una base biolÃ³gica de esta enfermedad, no minusvalora el papel medioambiental en el mismo, tanto como potenciador o limitador de las posibilidades del pequeÃ±o, donde el papel de los progenitores, y sobre todo de la estimulaciÃ³n adecuada que puedan proporcionar o dejar de ofrecer al pequeÃ±o, parece ser un factor determinante en el avance del trastorno del desarrollo.



<<Hay muchos estudios en los que se han investigado las diferencias cerebrales en funciÃ³n del sexo, tambiÃ©n se ha estudiado si la recuperaciÃ³n en ambos sexos es igual o puede ser distinta debido a este factor endÃ³geno. Investigadores de la Â«Wake Forest Baptist Medical CenterÂ», en Winston-Salem, Carolina del Norte, han concluido que las mujeres tienen peor calidad de vida despuÃ©s de sufrir un ictus, refiriendo que Ã©stas son mÃ¡s propensas a tener mÃ¡s problemas de movilidad, dolores o depresiÃ³n, pero lo cierto es que sigue siendo un tema muy estudiado y aÃºn con controversias.

A la hora de tratar, se tiene en cuenta a la persona en sÃ­, aunque pueden existir factores y diferencias entre ambos sexos, muchas veces marcados por las caracterÃ­sticas intrÃ­nsecas y genÃ©ticas en sÃ­, y otras marcadas por la propia sociedad y cultura (ej. la vida desarrollada antes de la lesiÃ³n). No obstante esto no son medidas estÃ¡ndar, sino que siempre nos atenderemos a la persona, contexto y ambiente en el que nos encontremos.>>

DÂª. Pilar RodrÃ­guez PÃ©rez, Terapeuta Ocupacional especializada en neurorrehabilitaciÃ³n y cofundadora del blog Rhbneuromad.









CapÃ­tulo 3. Diferencias hormonales


Como se ha indicado con anterioridad, las gÃ³nadas (testÃ­culos en los hombres y ovarios en las mujeres) van a generar grandes cantidades de hormonas (testosterona en los hombres; estrÃ³genos y progesterona en las mujeres) los cuales no sÃ³lo van a moldear el cuerpo del adolescente, sino que van a tener una relaciÃ³n directa en su conducta.




La Testoterona


Uno de los comportamientos tradicionalmente atribuidos al mundo animal a diferencia del humano es el de la agresividad como medio de subsistencia, ya sea con sus semejantes para conseguir y mantener un determinado estatus, como con sus presas.

En humanos, a pesar de que existen ârasgosâ de agresividad en alguno de nuestros comportamientos diarios, como gritar al que realiza un adelantamiento indebido, estos no llegan a manifestarse como una amenaza para nuestros semejantes, todo ello gracias a la socializaciÃ³n, es decir, la interiorizaciÃ³n de valores y cÃ³digos de conducta, que permiten la convivencia en sociedad.

La agresividad se ve fomentada en determinados momentos de escasez de recursos, o cuando se estÃ¡ ante un peligro inminente, igualmente el sitio donde se vive, por ejemplo, en un barrio inseguro, puede acentuar esa agresividad interna como medio de sobrevivir ante un medio hostil pero Â¿De dÃ³nde surge la agresividad?

Los teÃ³ricos seÃ±alan a reminiscencias de los tiempos de las cavernas, donde la lÃ­nea que nos separaba del mundo animal era muy fina, cuando se regÃ­an por los mismos comportamientos instintivos para alcanzar un estatus y mantener su territorialidad.

Algunos autores distinguen precisamente entre agresividad, entendida como algo âÃºtilâ para el individuo, y la violencia, como una conducta destructiva sin ningÃºn fin en sÃ­ misma, aunque sus manifestaciones en peleas o agresiones a otro puedan a veces llevar a confusiÃ³n.

El origen de la agresividad es multifactorial, ya que se debe tanto a un componente genÃ©tico, como social y educacional, facilitado por el consumo de determinadas sustancias estimulantes, asÃ­ como por algunos estados mentales distorsionados, como en el caso de los maniacos-depresivos, paranoides o psicÃ³ticos.

En humanos, durante muchos aÃ±os se ha atribuido a la testosterona, como la responsable de la presencia de la agresividad, lo que explicarÃ­a por quÃ© en la juventud que tiene los niveles mÃ¡s elevados de testosterona se muestran los comportamientos mÃ¡s agresivos, aunque tambiÃ©n se ha observado cÃ³mo la agresividad genera mayores niveles de testosterona, por lo que no estÃ¡ claro cuÃ¡l es el desencadenante de los dos.

Los estudios inicialmente llevados a cabo en hombres castrados indicaban que su menor agresividad se debÃ­a precisamente a la ausencia de testosterona, pero la administraciÃ³n de distintos niveles de testosterona soluble no muestra un incremento de la agresividad, por lo que se considera que es un elemento necesario, pero no suficiente.

Recordar que la testosterona, a pesar de ser una hormona presente principalmente en el hombre, no es exclusiva de Ã©l, ya que tambiÃ©n la mujer la produce y se ve influenciada por sus efectos.

Aunque existen grandes diferencias en cuanto a la expresiÃ³n de la agresividad segÃºn el gÃ©nero, siendo mÃ¡s explosivo y directo en el hombre, llegÃ¡ndose a enfrentar âcuerpo a cuerpoâ, mientras que en la mujer es mÃ¡s sutil y en ocasiones psicolÃ³gico, produciendo el mismo o mayor efecto que el que se consigue con âlos puÃ±osâ.

Como se ha indicado, hasta hace unos aÃ±os, se consideraba que a mayores niveles de testosterona mayor conducta agresiva exhibida, para lo cual se medÃ­an los niveles de Ã©sta hormona en centros penitenciarios o se administraba de forma soluble a voluntarios.

Actualmente se estÃ¡ poniendo en cuestiÃ³n dichos resultados, observando cÃ³mo la presencia de testosterona ayuda a tener un mayor juicio de valor a la hora de tomar decisiones, pero tambiÃ©n puede llevar a un comportamiento prosocial, al menos asÃ­ lo afirma un estudio de la Universidad Erasmus de Rotterdam (PaÃ­ses Bajos) cuyos resultados han sido publicados en la revista cientÃ­fica Psychologial Science.

En el mismo se analizÃ³ el comportamiento de cincuenta y cuatro mujeres a las cuales a la mitad se les administrÃ³ testosterona diluida, mientras que al resto se le daba un placebo, observÃ¡ndola en dos tipos de tareas, una que implicaba competitividad y otra que no.

Los resultados informan que, en aquellas tareas de tipo colaborativo, las mujeres que habÃ­an bebido testosterona estuvieron mÃ¡s dispuestas a colaborar que las que tomaron placebo, desmintiendo con ello el efecto negativo de la testosterona en todos los casos, como agente âincitadorâ de la agresividad.

Pero la testosterona no sÃ³lo va a tener un papel destacado en las relaciones sociales a travÃ©s de la agresividad sino que tambiÃ©n se ha sugerido que puede estar en la base de las diferencias presentadas en funciÃ³n del gÃ©nero del paciente en la enfermedad de Alzheimer, ya que uno de los hechos todavÃ­a no suficientemente explicados con respecto a esta enfermedad son las diferencias hayadas en cuanto al gÃ©nero, sobre todo porque el papel de la genÃ©tica en la apariciÃ³n de esta enfermedad no parece ser tan determinante como en otras patologÃ­as.

Algunos autores han tratado de explicar estas diferencias refiniÃ©ndolo a la edad de los pacientes, ya que las mujeres suelen, por media, vivir mucho mÃ¡s que los hombres, y la enfermedad de Alzheimer en un alto porcentaje estÃ¡ asociado a la edad, lo que explicarÃ­a, segÃºn estos autores, que en las mujeres se presentase en mayor medida el Alzheimer.

Otros autores por su parte han tratado de estudiar los biomarcadores diferenciales entre hombres y mujeres tales como el nivel de colesterol o la presencia de proteÃ­nas APOE-4, pero Â¿Influye el nivel de testosterona en la apariciÃ³n del Alzheimer?

Esto es precisamente lo que se ha tratado de averiguar con una investigaciÃ³n realizada desde la Universidad del Norte de Texas (EE.UU.), cuyos resultados se han publicado en la revista cientÃ­fica Alzheimer's Research & Therapy.

Los datos se extrajeron de un estudio mayor denominado Longitudinal Research Cohort of the T.A.R.C. (Texas Alzheimerâs Research Care Consortium) donde se trata de localizar y analizar distintos biomarcadores que sirvan para el diagnÃ³stico temprano, asÃ­ como para conocer la efectividad de los tratamientos.

Todos los participantes pasaron por una entrevista estructurada con el N.P.I. (Neuropsychiatric Inventory), la cual se emplea como diagnÃ³stico previo, ya que es sensible detectando casos incluso antes de que la persona empiece a experimentar pÃ©rdidas de memoria asociadas a la enfermedad de Alzheimer.

AdemÃ¡s, todos han sido previamente diagnosticados con pruebas neuropsicolÃ³gicas como el M.M.S.E. (Mini Mental State Examination) o la C.D.R. (Clinical Dementia Rating), con una re-evaluaciÃ³n anual, y un anÃ¡lisis de sangre para buscar biomarcadores.

En este estudio participaron ochenta y siete hombres con una edad media de 75 aÃ±os, donde cuarenta y cuatro de los cuales mostraban niveles bajos de testosterona, mientras que cuarenta y tres de ellos mostraban niveles normales.

Los resultados indican que ante niveles normales de testosterona, es mÃ¡s probable que se produzca sintomatologÃ­a positiva como alucinaciones, irritabilidad o actividad motora.

En cambio aquellos pacientes que tenÃ­an niveles reducidos de testosterona no mostraban significativamente los sÃ­ntomas positivos anteriormente descritos.

Los resultados por tanto son bastante reveladores en el sentido de que informan indirectamente sobre una posible intervenciÃ³n farmacolÃ³gica para reducir los niveles de testosterona con lo que poder prevenir la sintomatologÃ­a positiva asociada a la enfermedad de Alzheimer.




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