La Posesión De Un Guardián
Amy Blankenship

RK Melton






La PosesiÃ³n de un GuardiÃ¡n

Series El GuardiÃ¡n del CorazÃ³n de Cristal Libro 5



Autor: Amy Blankenship


Traducido Por Alicia Diaz



Copyright Â© 2010 Amy Blankenship

EdiciÃ³n en inglÃ©s Publicado por Amy Blankenship

Segunda EdiciÃ³n Publicado por TekTime

Todos los derechos reservados.










La leyenda del corazÃ³n de tiempo

Los mundos pueden cambiar, pero las verdaderas leyendas nunca se desvanecen.

La oscuridad y la luz han luchado constantemente desde el principio de los tiempos. Los mundos se forman y aplastan bajo los pies de sus creadores, pero la necesidad continua del bien y el mal nunca se han cuestionado. Sin embargo, a veces un nuevo elemento se lanza en la mezcla... la Ãºnica cosa que ambos lados quieren pero sÃ³lo uno puede tener.

De naturaleza paradÃ³jica, el corazÃ³n de cristal del GuardiÃ¡n es la Ãºnica constante que ambos lados se han esforzado siempre en alcanzar. La piedra cristalina tiene el poder de crear y destruir el universo conocido, pero puede terminar con todo sufrimiento y lucha en el mismo aliento. Algunos dicen que el cristal tiene una mente propia... otros dicen que los dioses estÃ¡n detrÃ¡s de todo.

Cada vez que el cristal aparece, sus guardianes siempre han estado dispuestos a defenderlo de todos los que lo usarÃ­an egoÃ­stamente. Las identidades de estos guardianes permanecen sin cambios y aman con la misma ferocidad sin importar el mundo o el tiempo.

Una niÃ±a se encuentra en el centro de estos antiguos guardianes y es el objeto de sus afectos. Ella tiene dentro de si el poder del cristal mismo. Este es el portador del cristal y la fuente de su poder. Las lÃ­neas a menudo se borran, y la vigilancia del cristal cambia lentamente en guardar a la sacerdotisa de los otros guardianes.

Este es el vino del cual bebe el corazÃ³n de las tinieblas. Es la oportunidad de hacer que los guardianes del cristal sean dÃ©biles y susceptibles al ataque. La oscuridad anhela el poder del cristal y tambiÃ©n la muchacha como un hombre anhelarÃ­a a una mujer.

Dentro de cada una de estas dimensiones y realidades se encuentra un jardÃ­n secreto conocido como El CorazÃ³n del Tiempo. AllÃ­, una estatua de una joven sacerdotisa humana se arrodilla. Ella estÃ¡ rodeada por una magia milenaria que mantiene su tesoro secreto escondido y bien conservado. Las manos de la doncella se abren como si esperasen algo precioso en ellas.

La leyenda dice que ella espera a la poderosa piedra conocida vuelva a ella como el GuardiÃ¡n del CorazÃ³n de Cristal.

SÃ³lo los Guardianes conocen los verdaderos secretos detrÃ¡s de la estatua y cÃ³mo surgiÃ³. Antes de que los cinco hermanos dibujaron su primer aliento sus antepasados, Tadamichi, y su hermano gemelo, Hyakuhei, protegieron el corazÃ³n del tiempo durante su historia mÃ¡s oscura. Durante siglos, los gemelos protegieron el sello que impidiÃ³ que el mundo humano se solapara dentro del reino demonÃ­aco. Esta tarea era sagrada y las vidas de los humanos asÃ­ como de los demonios tenÃ­an que ser guardadas seguras y secretas del otro.

Inesperadamente, durante su reinado, un pequeÃ±o grupo de humanos accidentalmente cruzÃ³ el mundo demonÃ­aco debido al cristal sagrado. Durante un tiempo de turbulencia, sus poderes causaron un rasgÃ³n en el sello que habÃ­a separado las dimensiones. El lÃ­der del grupo humano y Tadamichi se habÃ­an convertido rÃ¡pidamente en aliados, haciendo un pacto para cerrar el rasgÃ³n en el sello y mantener los dos mundos encerrados entre sÃ­ para siempre.

Pero durante ese tiempo, Hyakuhei y Tadamichi se habÃ­an enamorado de la hija del lÃ­der humano.

Contra los deseos de Hyakuhei, el rasgÃ³n habÃ­a sido reparado por Tadamichi y el padre de la muchacha. La fuerza del sello se habÃ­a multiplicado por diez, separando para siempre el peligroso triÃ¡ngulo amoroso. El corazÃ³n de Hyakuhei estaba destrozado ... Incluso su propio hermano de sangre, Tadamichi lo habÃ­a traicionado asegurÃ¡ndose de que Ã©l y la sacerdotisa estÃ©n separados por la eternidad.

El amor puede convertirse en el mÃ¡s perverso de las cosas una vez que se pierde. El corazÃ³n roto de Hyakuhei se convirtiÃ³ en cÃ³lera maliciosa y celos causando una batalla entre los hermanos gemelos, poniendo fin a la vida de Tadamichi y dividiendo sus almas inmortales. Aquellos fragmentos de inmortalidad crearon

cinco nuevos guardianes para tomar la tutela sobre el sello y protegerlo de Hyakuhei, que se habÃ­a unido a los demonios dentro del reino del mal.

Encarcelado dentro de la oscuridad en la que se habÃ­a convertido, Hyakuhei echÃ³ todo el pensamiento de proteger El CorazÃ³n del Tiempo ... en cambio, volviÃ³ su energÃ­a hacia el sello completamente hasta borrarlo por completo. Sus largos mechones de medianoche, que llegaban mÃ¡s allÃ¡ de sus rodillas y un rostro que sÃ³lo pertenecÃ­a a los mÃ¡s seductores, desmintieron el verdadero mal escondido dentro de su aspecto angelical.

A medida que la guerra comienza entre las fuerzas de la luz y la oscuridad, una luz azul cegadora se emite desde la estatua santificada que seÃ±ala que la joven sacerdotisa ha renacido y el cristal ha resurgido en el otro lado.

A medida que los guardianes se sienten atraÃ­dos hacia ella y se convierten en sus protectores, la batalla entre el bien y el mal realmente comienza. De ahÃ­ la entrada en otro mundo donde la oscuridad es dominante en el mundo de la luz.



Esta es una de sus muchas aventuras Ã©picas ...



CapÃ­tulo 1 "Plumas de medianoche"



Las plumas oscuras dejaron un camino en el cielo nocturno mientras Hyakuhei volaba dentro de la tormenta furiosa que habÃ­a creado ... su ira formaba el nÃºcleo de la misma. Rayos y truenos imitaban su estado de Ã¡nimo mientras la lluvia ocultaba la verdad de su tormento. Su Ãºltimo poder era prosperar en la autoridad de los demonios que luchÃ³ y luego tomÃ³ dentro de su ser ... pero no habÃ­a esperado que se volviera contra el fuego de esta manera.

Su objetivo habÃ­a sido un demonio fÃ¡cil de superar y consumir en el vacÃ­o que era su alma. Pero el duende habÃ­a escondido en su mente un pedazo del corazÃ³n de cristal del guardiÃ¡n destrozado Ese poder permitiÃ³ que el demonio de los sueÃ±os sobreviviera dentro de Ã©l y ahora estaba tratando de conseguir su venganza.

Los ojos negros de Hyakuhei se convirtieron en una sombra mÃ¡s oscura mientras se preguntaba si eso no habÃ­a sido la verdadera intenciÃ³n del demonio todo el tiempo ... para romperlo desde el interior. Â¡El demonio de los sueÃ±os humildes pensÃ³ en darle ... pesadillas! En su furia, Hyakuhei habÃ­a tomado errÃ³neamente el sueÃ±o del duende en su cuerpo para silenciarlo para siempre ... sÃ³lo para que lo atormentara ahora desde dentro.

El demonio tenÃ­a un poder sin control que Hyakuhei no habÃ­a esperado. TenÃ­a en su interior la capacidad de ver el verdadero pasado que ni siquiera Ã©l habÃ­a sido consciente. Cosas que habÃ­an pasado

En otro tiempo y lugar ... realidades alternativas. Con tal poder, Hyakuhei deberÃ­a haber sabido que poseÃ­a uno de los talismanes del cristal sagrado.

Ahora el demonio eligiÃ³ atormentarlo con visiones cuando cerrÃ³ los ojos al mundo que lo rodeaba ... el sueÃ±o se habÃ­a convertido ahora en un lugar de engaÃ±o.

Los recuerdos no deseados dejaron a su sangre caliente a un grado doloroso creando en Ã©l un anhelo que habÃ­a olvidado ... un antojo por la sacerdotisa de pelo castaÃ±o que siempre lo eludirÃ­a. El hambre que habÃ­a sentido era insoportable ahora, un recordatorio de la traiciÃ³n final desde el Ãºltimo lugar que esperaba ... el amor se convierte en algo malo una vez que se le ha quitado.

El pelo de Ã©bano oscurecÃ­a su rostro angelical mientras gritaba furioso. "Â¿CÃ³mo te atreves a mostrarme el pasado cuando no hay nada que pueda hacer para cambiarlo?" El sonido de su voz se perdiÃ³ entre los truenos que resonaban a su alrededor. TrotÃ³ de manera ensordecedora en respuesta a su angustia, casi insultÃ¡ndolo para que continuara. El relÃ¡mpago destellÃ³, iluminando su cara brevemente, trayendo sus rasgos hermosos a la realidad rÃ­gida.










HabÃ­a despertado, pero hace una hora, los sudores nocturnos lo acompaÃ±aban a los sueÃ±os de ella. La habÃ­a abrazado una vez ... la tocÃ³. Sus ojos de Ã©bano se entrecerraron de ira. Ella habÃ­a dejado que la amara y ni siquiera se acordaba. Eso solo era mucho mÃ¡s doloroso que los sueÃ±os, pero incluso ahora tenÃ­an sus propias vidas que el destino se habÃ­a entrelazado una vez mÃ¡s.

Los sueÃ±os recurrentes nunca terminaron ... el final siempre lo eludÃ­a, lo que le hacÃ­a querer ver y sentirse mÃ¡s del cuento atormentador agridulce. La cosa mÃ¡s vil de esta venganza que el duende del sueÃ±o pudo haber hecho jamÃ¡s fue hacerle desearla de nuevo. Supuestamente se habÃ­a movido mÃ¡s allÃ¡, abrazando a la criatura que se habÃ­a convertido en su nombre. Incluso ahora no se atrevÃ­a a enfrentarlo por temor a perderse ante el sufrimiento de su propia alma.

Hyakuhei sintiÃ³ que su furia retrocedÃ­a mientras escuchaba las voces susurradas en su interior. Las innumerables entidades malignas contenidas por Ã©l, los demonios que voluntariamente cumplÃ­an sus Ã³rdenes, convergÃ­an en el espÃ­ritu de los sueÃ±os ... luchando una batalla interior que no durÃ³ mucho tiempo.

El demonio de los sueÃ±os se vio obligado a ceder a la voluntad de su nuevo amo, aunque sÃ³lo fuera mientras las cadenas invisibles pudieran sostenerla. SabÃ­a que el demonio todavÃ­a podÃ­a burlarse de Ã©l con voces e imÃ¡genes seductoras, pero tambiÃ©n sabÃ­a que ahora podÃ­a usar ese poder prestado para compartir esos recuerdos con la sacerdotisa.

Los labios de Hyakuhei se curvaron ligeramente en una sonrisa contaminada sabiendo que ahora podÃ­a usar el poder de los duendes del sueÃ±o para su propia ventaja. AlimentarÃ­a a los sueÃ±os de la sacerdotisa de lo que habÃ­an compartido una vez en el otro lado del tiempo ... plantÃ¡ndose dentro de sus imaginaciones nocturnas y mezclando recuerdos con el extraÃ±o lazo que los mantenÃ­a unidos aÃºn ahora en este mundo.

Su mano se alzÃ³ frente a Ã©l ... sosteniendo lo que le ayudarÃ­a. Las mechas del corazÃ³n de cristal del guardiÃ¡n que habÃ­a recogido se iluminaron, reflejando el rayo que pasaba justo por encima de Ã©l. Mientras observaba cÃ³mo los pequeÃ±os cristales resplandecÃ­an, su imagen apareciÃ³ como un reflejo en ellos. Su mirada acariciÃ³ la suavidad de su rostro y el rubÃ­ de sus labios. Ahora se convertirÃ­a en un maestro de la ilusiÃ³n.

-Te tendrÃ© otra vez -susurrÃ³ Ã©l en tono sombrÃ­o antes de que el mal regresara a su voz-. "Â¡Sacerdotisa, voy a entrar en tu mente donde no puedes escapar de mÃ­ o los recuerdos de tu propio pasado ... nuestro pasado!"

Los fragmentos de cristal rotos brillaban en su palma mientras su poder, ahora manchado, cruzaba mundos y realidades para encontrar a la sacerdotisa dentro de su propio mundo ... donde dormÃ­a.

En el otro lado de El CorazÃ³n del Tiempo, en su agradable cama caliente, Kyoko yacÃ­a dormida ... pero el silencio del sueÃ±o se perturbÃ³ con parpadeos de imÃ¡genes y sonidos mientras se movÃ­a y daba vueltas. La confusiÃ³n se rompiÃ³ cuando los sonidos y los movimientos se convirtieron en uno dentro de su mente y ella se perdiÃ³ dentro de la extraÃ±a pesadilla.

Ella estallÃ³ en sudor frÃ­o mientras el sueÃ±o se hacÃ­a casi real ... demasiado real como la atrajo.

Kyoko podÃ­a oÃ­r el grito de negaciÃ³n del enemigo justo cuando se desmayaba. HabÃ­a hecho todo lo posible. HabÃ­a evitado que Hyakuhei adquiriera el CorazÃ³n de Cristal del GuardiÃ¡n de la Ãºnica forma en que habÃ­a sabido cÃ³mo hacerlo. Su Ãºltimo pensamiento fue la tristeza ... habÃ­a destrozado el CorazÃ³n de Cristal del GuardiÃ¡n y ahora ... no podÃ­a volver a casa a su propio mundo.

Hyakuhei mirÃ³ a la chica que habÃ­a estropeado todos sus planes. HabÃ­a hecho que todos pensaran que estaba muerto ... ya no era una amenaza, entonces Ã©l habÃ­a esperado silenciosamente dentro de la oscuridad.

SabÃ­a que mientras la sacerdotisa estuviera con sus tutores, seria demasiado poderosa para acercarse. AsÃ­ que se oculto y reprimiÃ³ su poder, jugando muerto, esperando por ella

para cometer el error de estar sola. Ella serÃ­a dÃ©bil y vulnerable ... permitiÃ©ndole tomar el CorazÃ³n de Cristal del GuardiÃ¡n de ella.

Todo habÃ­a funcionado perfectamente. HabÃ­a estado sola dentro de los jardines del CorazÃ³n del Tiempo ... lista para volver a travÃ©s del portal del tiempo ahora pensando que el peligroso juego habÃ­a terminado ... el juego que habÃ­an jugado durante varios aÃ±os sin ningÃºn ganador. HabÃ­a estado a pocos centÃ­metros de lo que querÃ­a mÃ¡s que nada.

Hyakuhei estaba por encima de la hermosa y virgen sacerdotisa, con su oscuro pelo de cuervo que fluÃ­a como seda por todo su cuerpo, cepillÃ¡ndose contra sus pantorrillas y aÃºn agitando la brisa creada por el rompimiento del CorazÃ³n de Cristal del GuardiÃ¡n.

Era tan bello como un Ã¡ngel oscuro, pero dentro de Ã©l golpeaba los muchos corazones de los demonios enfurecidos. QuerÃ­a matar a la Sacerdotisa por lo que habÃ­a hecho, pero Ã©l no ... no podÃ­a, mientras su mirada acariciaba el rostro que amaba. Las rayas de las estrellas que salÃ­an del rompimiento del CorazÃ³n de Cristal del GuardiÃ¡n todavÃ­a encendÃ­an el cielo como una lluvia de meteoros celestial ... era demasiado tarde.

Hyakuhei sabÃ­a que sus guardines vendrÃ­an por ella. Los hijos de su hermano tratarÃ­an una vez mÃ¡s de salvarla de Ã©l ... y la historia se repetirÃ­a una y otra vez. Los cielos habÃ­an sellado su destino hace milenios ... sÃ³lo para ofrecer la continua oportunidad de cambiar ese mismo destino.

Su rostro angelical se convirtiÃ³ en una mueca de desprecio. El guardiÃ¡n no encontrarÃ­a a su sacerdotisa esta vez. RÃ¡pidamente, Ã©l acunÃ³ su cuerpo flÃ¡cido dentro de sus brazos. Nadie sabÃ­a que estaba vivo y por ahora lo dejarÃ­a asÃ­. Ãl no le harÃ­a daÃ±o ... en su lugar, Hyakuhei decidiÃ³ ... que esta vez ... la mantendrÃ­a.

De nuevo enmascarando su malvado aura, usÃ³ su poder y abriÃ³ un pequeÃ±o vacÃ­o negro y entrÃ³, llevando a Kyoko con Ã©l a travÃ©s de la puerta de enlace. El portal se cerrÃ³ silenciosamente detrÃ¡s de ellos ... borrando todas las pistas de la verdad. Cuando los guardianes vinieron por ella, simplemente creerÃ­an que ella habÃ­a ido a casa, abandonÃ¡ndolos a su tierra de demonios.

Kyoko se despertÃ³ en la cama preguntÃ¡ndose de dÃ³nde habÃ­a venido la pesadilla. BuscÃ³ alrededor de la habitaciÃ³n con grandes ojos de color esmeralda asustados asegurÃ¡ndose de que no hubiera sido real ... que Hyakuhei no estaba allÃ­. TodavÃ­a podÃ­a sentir que la tocaba, y extraÃ±amente, se perdiÃ³ en ese toque. Sin embargo, al mismo tiempo, querÃ­a borrar su memoria. Ella sacÃ³ las mantas alrededor de ella en confusiÃ³n.

Al oÃ­r el silencio de la casa, Kyoko supo que nunca volverÃ­a a dormir, por lo que cometiÃ³ el mayor error de su joven vida ... decidiÃ³ regresar a un mundo de demonios en medio de la noche. Estar con los guardianes serÃ­a lo Ãºnico que la harÃ­a sentirse segura nuevamente.

Fue sÃ³lo un par de minutos mÃ¡s tarde que se encontrÃ³ en el otro lado de el corazÃ³n del tiempo mirando a travÃ©s del claro que rodeaba a la estatua de la doncella. Ella suspirÃ³ ahora que estaba tan lejos de la cama que acababa de tener la pesadilla como podÃ­a. Pero aÃºn asÃ­, podÃ­a sentir el sueÃ±o que la perseguÃ­a como si estuviera esperando que ella volviera a dormir.

Se burlaba de los recovecos de su mente, plagando su imaginaciÃ³n con imÃ¡genes que eran demasiado corporales para dejarlo ir. Sacudiendo la cabeza, respirÃ³ hondo y bebiÃ³ en la familiaridad de su entorno.

Enormes piedras blancas sobresalÃ­an del suelo en recuerdo del magnÃ­fico castillo que habÃ­a albergado los jardines conocidos como El CorazÃ³n del Tiempo. El viento se precipitÃ³ a travÃ©s de los miembros de los Ã¡rboles circundantes, prestando un sonido suave a la oscuridad tranquila.

Al ver que los relÃ¡mpagos se alejaban a lo lejos, Kyoko volviÃ³ sus ojos esmeraldas hacia el este. Ella temblÃ³ preguntÃ¡ndose cÃ³mo algo tan hermoso ... podrÃ­a ser tan peligroso. Incluso contra el cielo oscuro podÃ­a ver las nubes bloqueando las estrellas. El relÃ¡mpago danzaba a travÃ©s de las nubes como dedos de araÃ±a dando a la tormenta distante una apariencia siniestra.

Kyoko parpadeÃ³ cuando vio que los rayos convergen en un lugar en las nubes. Se formÃ³ una pequeÃ±a bola de luz antes de soplar hacia fuera como un pequeÃ±o estelar. No le sorprendiÃ³ este fenÃ³meno ... haber visto las cosas mÃ¡s impactantes que una nube de rayos. Lo que le llamÃ³ la atenciÃ³n fue que seguÃ­a pasando en el mismo lugar.

Â¿QuÃ© estoy haciendo aquÃ­? PreguntÃ³ a la estatua de la sacerdotisa que se parecÃ­a mucho a ella, sabiendo que no recibirÃ­a una respuesta. Las nubes enojadas de la tempestad que se acercaba no habÃ­an llegado tan lejos y la luz de la luna brillaba como si estuviera poniendo de relieve el santuario virginal.

Kyoko se acercÃ³, examinando el extraordinario detalle de la estatua y preguntÃ¡ndose por la centÃ©sima vez. Eran casi exactamente iguales ... ella y la estatua ... pero habÃ­a sido tallada hace mÃ¡s de mil aÃ±os en este mundo ... no el suyo. Â¿Una vez mÃ¡s, se preguntÃ³ quiÃ©n podrÃ­a haberlo puesto y por quÃ©? Â¿CÃ³mo podrÃ­a tallarse algo con una cara que nadie habÃ­a conocido o visto antes de su creaciÃ³n?

Kyoko suspirÃ³ otra vez preguntÃ¡ndose quÃ© estaba haciendo. Era casi medianoche y le habÃ­a dicho a los guardianes que no volverÃ­a hasta la maÃ±ana. Pero mientras estaba acostada en su cama blanda, en su mundo relativamente seguro, no podÃ­a dormir debido a un sexto sentido que le decÃ­a que las cosas iban a cambiar. Si esos cambios eran para bien o para mal, no podÃ­a decir ... y los sueÃ±os del enemigo no estaban ayudando.

Sus pensamientos giraron entre el cristal del corazÃ³n guardiÃ¡n y el talismÃ¡n destrozado que se habÃ­a convertido. Como siempre, sus ensueÃ±os y pesadillas pasaron por el guardiÃ¡n que ella nunca habÃ­a pedido, y los demonios peligrosos que trajeron con ellos.

Sus pensamientos se volvieron instantÃ¡neamente hacia Hyakuhei, su enemigo. No podÃ­a entender cÃ³mo alguien tan sorprendentemente hermoso podÃ­a ser tan cruel y peligroso. Kyoko vio otro destello de rayo en el cielo a lo lejos. Ella arqueÃ³ una ceja recordÃ¡ndose a sÃ­ misma que las miradas podÃ­an engaÃ±ar.

Hermoso o no ... como un rayo, Hyakuhei era muy peligroso. SabÃ­a que mientras Hyakuhei recogÃ­a trozos del talismÃ¡n disperso, se volviÃ³ mucho mÃ¡s fuerte ... aunque era muy poderoso para empezar. Ãl ya tenÃ­a la habilidad de tomar a los demonios dÃ©biles y bajos en sÃ­ mismo y prosperar en su poder oscuro. TambiÃ©n podrÃ­a liberar ese poder con efectos devastadores cuando llegara el momento ... como en la batalla.

Con una habilidad como esa ... Â¿por quÃ© se molestarÃ­a con el CorazÃ³n de Cristal del GuardiÃ¡n? Â¿QuÃ© tendrÃ­a que ganar reuniendo el talismÃ¡n? Â¿Realmente creÃ­a que ganarÃ­a todo lo que deseaba una vez que estuviera completo y en su poder? Una vez mÃ¡s, Ã©stas eran preguntas que sÃ³lo conducÃ­an a mÃ¡s preguntas y secretos que nunca se querÃ­a conocer.

Kyoko mirÃ³ los ojos de piedra de la doncella preguntÃ¡ndose quÃ© secretos tenÃ­a. Alzando la mano, tocÃ³ la mejilla de mÃ¡rmol con suavidad y preguntÃ³: -Hyakuhei parece casi imparable incluso sin la ayuda de los talismanes, asÃ­ que Â¿por quÃ© estÃ¡ tratando de encontrarlos? El silencio fue su respuesta.

Al darse cuenta de que estaba de nuevo hablando con un objeto de piedra, Kyoko cerrÃ³ la boca para que guardara sus pensamientos para sÃ­ misma. "Vaya, realmente necesito amigos," murmurÃ³. Bajando la mano, volviÃ³ la espalda al santuario que la transportÃ³ entre mundos.

Reanudando sus pensamientos, se mordiÃ³ el labio inferior mientras imaginaba al enemigo dentro de su mente. Como Hyakuhei ganÃ³ mÃ¡s del talismÃ¡n disperso, se volviÃ³ mÃ¡s peligroso para tratar. Si alguna vez ganÃ³ todas las piezas del talismÃ¡n, entonces podrÃ­a romper la barrera entre el demonio y el mundo humano. Esta fue la verdadera respuesta a su pregunta.

Si eso sucediera, ni el mundo serÃ­a capaz de detener su obsesiÃ³n mortal con el poder de la oscuridad. -No dejarÃ© que eso suceda, Â¿sabes? Sus hombros cayeron con el peso de mantener esa promesa.

Su mente volviÃ³ al sueÃ±o que habÃ­a tenido hace menos de una hora ... el mismo sueÃ±o que la dejÃ³ en sudor frÃ­o y se levantÃ³ en su cama. Los sonidos y los sentimientos del sueÃ±o habÃ­an sido tan reales que ella podrÃ­a haber jurado que habÃ­a estado realmente allÃ­. Era como si estuviera viendo todo suceder y sintiÃ©ndolo al mismo tiempo.

"Pero eso es imposible ... Â¿verdad?" MirÃ³ hacia la estatua mientras el recuerdo del sueÃ±o volvÃ­a a atormentarla. Hyakuhei la habÃ­a capturado en su sueÃ±o y aunque ella lo habÃ­a luchado ... Â¿realmente tenÃ­a una oportunidad?

Kyoko parpadeÃ³ esperando que el recuerdo del sueÃ±o pronto desapareciera. No querÃ­a sentir el temor de que supiera que vendrÃ­a con la visiÃ³n que se acercaba a una pesadilla. Al ver la estatua de soltera mirÃ¡ndola fijamente, se le ocurriÃ³ a ella. Si realmente habÃ­a sucedido en el pasado o era verdaderamente el recuerdo de un sueÃ±o ... todavÃ­a era un recuerdo en el sentido mÃ¡s completo de la palabra.

Ella sintiÃ³ que las imÃ¡genes chocaban contra ella, haciÃ©ndola sentir como un venado atrapado en los faros. Sus ojos se cerraron de nuevo como si el destino exigiera que lo recordara todo ... incluso recordando los pensamientos del enemigo. Esta vez no fueron las mismas visiones que la anterior.

En el sueÃ±o, habÃ­a atravesado El corazÃ³n del tiempo. Pero en lugar de que los guardianes estuvieran allÃ­ esperando por ella, habÃ­a sido el enemigo ... Hyakuhei. Mientras se volvÃ­a para huir de regreso

La manera en que habÃ­a venido, Ã©l habÃ­a alcanzado y agarrÃ³ su muÃ±eca en un apretÃ³n de hierro para detener su vuelo. No importaba cuÃ¡nto luchara por alejarse de Ã©l ... parecÃ­a que cuanto mÃ¡s luchaba, mÃ¡s se acercaba.

Ãl alcanzÃ³ su otra mano y agarrÃ³ su barbilla para elevar su mirada asustada a la suya y ella dejÃ³ de luchar en el momento en que sus ojos se cerraron. En lugar de los frÃ­os ojos negros del enemigo, ella miraba los cÃ¡lidos ojos marrones.

"Bienvenido de vuelta," susurrÃ³ Hyakuhei suavemente justo cuando sus labios descendÃ­an sobre los de ella.

Kyoko se pellizcÃ³ tan fuerte que la hizo saltar y el ensueÃ±o llegÃ³ a una parada repentina como si hubiera apagado un interruptor. Â¿Estaban los sueÃ±os y las pesadillas tratando de advertirle de algÃºn destino desconocido o si ya habÃ­a ocurrido y le estaba recordando el error? De cualquier manera, esperaba que la prÃ³xima vez que cerrara los ojos para dormir ... no tendrÃ­a sueÃ±o.

"Â¿Besando a Hyakuhei ...â ella puso sus manos en sus caderas como si se enseÃ±oreara, âquÃ© en el mundo estÃ¡ pasando a travÃ©s de su chica de la mente?" Se sentÃ­a como una traidora por decirlo en voz alta. "Eso es ... es casi tan malo como besar a Kyou por llorar en voz alta." Ella sonriÃ³ burlonamente ante la comparaciÃ³n, aunque no era tan gracioso.

-La falta de sueÃ±o te lo harÃ¡ a ti -murmurÃ³ ella todavÃ­a. -TambiÃ©n hace que uno tenga conversaciones con ellos -continuÃ³ antes de suspirar en la derrota. Necesito unas vacaciones.

Sin embargo, a pesar de sus desvarÃ­os vocales, la imagen mental de besar a Kyou saltÃ³ a la vanguardia de su mente y no se irÃ­a. Una rÃ¡faga de calor viajÃ³ desde la parte superior de su cabeza hasta las puntas de los dedos de los pies. Se preguntÃ³ de dÃ³nde habÃ­an venido esos pensamientos. Una vez mÃ¡s, la imagen saliÃ³ de la nada y ella hizo un esfuerzo casi fÃ­sico para empujarla hacia abajo.

Con un escalofrÃ­o sin respeto, la mente de Kyoko hizo un boomerang de vuelta a los cinco hermanos que estaban predestinados a ser sus guardianes en este mundo peligroso ... o eso dijeron. Sus pensamientos se centraron por un momento en Kyou, el mÃ¡s antiguo y poderoso de los cinco hermanos. Kyou se presentÃ³ tan peligroso y enervante como su tÃ­o malo Hyakuhei.

Para todos, incluso para sus hermanos, Kyou era un enigma. Con la belleza de un arcÃ¡ngel, Ã©l ocultaba dentro de sÃ­ el poder de ayudar a destruir o curar este mundo lleno de demonios. Pero ella podÃ­a decir por su actitud frÃ­a que Kyou no se preocupaba por ninguna de las alternativas. Era como si hubiera decidido que su tÃ­o malo no era su problema.

Ella estaba un poco contenta de que Kyou no viajara con el grupo, pero se quedÃ³ solo. Kyoko sÃ³lo lo habÃ­a visto un par de veces desde que accidentalmente se convirtiÃ³ en su sacerdotisa y la mayorÃ­a de las veces que sÃ³lo lo habÃ­a visto de lejos ... esos encuentros habÃ­an sido bastante perturbadores.

TodavÃ­a no sabÃ­a mucho acerca de Kyou, pero a veces se preguntaba si pensaba que era

Â¿Demasiado bueno para estar cerca de sus hermanos ... o era ella la que evitaba a toda costa?

Kyoko alzÃ³ una ceja pensando en voz alta de nuevo, "Bueno, probablemente sea lo mejor de todos modos, porque todo lo que Ã©l y Toya hacen es pelear cuando estÃ¡n a poca distancia uno del otro ... y Kyou prÃ¡cticamente ignora a sus otros hermanos". Ella soltÃ³ un suspiro. ParecÃ­a tener un rencor contra ella por ser la sacerdotisa que debÃ­a proteger.

No es que necesite su ayuda. Su pensamiento volviÃ³ al pasado. En su primer encuentro, Kyou habÃ­a estrechado sus ojos de oro en ella diciendo que ella no era nada sino un ser humano dÃ©bil y no digno de su protecciÃ³n. Justo antes, habÃ­a sido aÃºn mÃ¡s espantoso.

Cuando vino a su mundo por error ... Kyou y Toya habÃ­an tratado de matarla, pensando que ella estaba entrando a travÃ©s del CorazÃ³n del Tiempo con la ayuda de su tÃ­o. Era el CorazÃ³n de Cristal del GuardiÃ¡n que la habÃ­a protegido de su ataque y eso es lo que comenzÃ³ todo este lÃ­o.

De alguna manera, mientras el cristal del corazÃ³n del guardiÃ¡n la protegÃ­a de los hermanos, se habÃ­a roto en los cuatro vientos ... enviando a los demonios dentro de su mundo en un frenesÃ­ destructivo. Si los demonios que recorrieran este mundo recolectaran suficientes pedazos destrozados, entonces podrÃ­an tener el poder de atravesar su mundo y arrastrarlo al caos.

Ella y los guardianes tendrÃ­an que encontrar los talismanes antes de que los demonios lo hicieran o todo se perderÃ­a.

Desde entonces, los cinco hermanos guardianes se habÃ­an dado cuenta de que ella era la verdadera sacerdotisa del cristal del corazÃ³n guardiÃ¡n y por lo tanto ... bajo su protecciÃ³n. Kyou era el Ãºnico guardiÃ¡n que se mantenÃ­a alejado de ella. Las pocas veces que se habÃ­an cruzado, tenÃ­a la sensaciÃ³n de que era mÃ¡s un enemigo que un aliado. Sus ojos dorados parecÃ­an tan duros y frÃ­os cuando Ã©l la habÃ­a mirado ... como si destruirla fuera mÃ¡s a su gusto.

Toya le habÃ­a dicho una vez que Kyou pensaba que los humanos estaban debajo de Ã©l. Eso fue ponerlo suavemente. SegÃºn las propias palabras de Toya, Kyou era un idiota egocÃ©ntrico y presumido que

no podrÃ­a desarrollar un corazÃ³n si su vida dependiera de Ã©l. Kyoko recordarÃ­a esto de vez en cuando y siempre trajo una sonrisa a su rostro. Por alguna razÃ³n, la actitud distante Kyou poseÃ­do sÃ³lo parecÃ­a ... correcto.

"Definitivamente lo lleva bien", dijo en voz alta.

Los otros cuatro hermanos guardianes la habÃ­an colocado bajo su protecciÃ³n mientras buscaban el talismÃ¡n antes de que los demonios de su mundo los reunieran y usaran sus poderes para atacar.

Toya se habÃ­a designado como su vigilante y protector mÃ¡s cercano. CubriÃ³ esa proximidad con el hecho de que ella habÃ­a comenzado este lÃ­o trayendo el cristal de nuevo a su mundo para comenzar. Pero de nuevo, podrÃ­a haber argumentado el asunto diciendo que si Ã©l y Kyou no la habÃ­an atacado cuando se conocieron por primera vez, no se habrÃ­an estrellado para empezar. Simplemente no vale la pena decir nada ... El temperamento de Toya siempre le daba dolor de cabeza y la irritaba.

Ãl todavÃ­a se molestÃ³ con ella, pero a veces tenÃ­a la sensaciÃ³n de que tal vez la amaba un poco demasiado. Simplemente prefiriÃ³ esconder esos sentimientos detrÃ¡s del enorme chip que tenÃ­a en el hombro ... un chip que a ella de verdad le gustarÃ­a derribar de vez en cuando. Tal vez en realidad le darÃ­a una mejor actitud sobre todo el asunto.

Ella sonriÃ³ suavemente al pensar en Ã©l. Era como si fuera su hijo... Toya se estaba convirtiendo rÃ¡pidamente en su mejor amiga y tal vez incluso un poco mÃ¡s. Kyoko podÃ­a sentir el leve rubor que se extendÃ­a por sus mejillas. Toya habÃ­a salvado su vida muchas veces desde el dÃ­a en que los guardianes habÃ­an intentado matarla.

Ellos habÃ­an creado un vÃ­nculo muy fuerte y aunque ella y Toya todavÃ­a discutieron mucho, ese vÃ­nculo limita muy cerca de un amor profundo. Era como si el cristal conociera los sentimientos que se esconden el uno para el otro porque de alguna manera habÃ­a elegido a Toya para ser la Ãºnica que podÃ­a seguirla de regreso a su mundo cuando los otros guardianes no podÃ­an romper el portal del tiempo. Eso habÃ­a impulsado algunas discusiones bastante humorÃ­sticas entre los hermanos. Kyoko estaba convencida de que lo hacÃ­an a propÃ³sito para hacerla sonreÃ­r.

Los otros tres hermanos Shinbe, Kamui y Kotaro tambiÃ©n tenÃ­an un lugar en su corazÃ³n. Los labios de Kyoko se alzaron en una sonrisa cariÃ±osa, que la dejÃ³ donde estaba ahora. AllÃ­ estaba, sola, en medio de la noche, en una tierra donde los demonios vagaban libremente. A veces se preguntaba si no necesitaba que le examinaran la cabeza.

-MÃ¡s parecido a la necesidad de encerrarla en algÃºn lugar en una habitaciÃ³n con paredes de goma, pensÃ³ sarcÃ¡sticamente. No queriendo molestar a los guardianes todavÃ­a, Kyoko agarrÃ³ una vid y se subiÃ³ a sentarse en una de las rocas blancas circundantes.

SÃ³lo porque no podÃ­a dormir no significaba que necesitaba despertarlos. Era demasiado tarde y todavÃ­a era muy temprano. Mirando hacia el cielo nocturno, ella se quedÃ³ sentada allÃ­, disfrutando de la vista de los rayos que no parecÃ­an estar acercÃ¡ndose.

Los dedos de Kyoko se elevaron hasta la pequeÃ±a bolsa que llevaba alrededor del cuello, donde descansaba algo del talismÃ¡n que habÃ­an recogido. No se daba cuenta de que al tocar el encuadernado, una suave luz azul fluorescente irradiaba de ella y la direcciÃ³n de la fresca brisa rÃ¡pidamente comenzÃ³ a cambiar.

Cerca, la cabeza de Kyou se inclinÃ³ como un olor manchado que fue atrapado en el viento de la tempestad que se acercaba se dirigiÃ³ hacia Ã©l. Hyakuhei estaba cerca. EstrechÃ³ sus ojos dorados mientras la brisa cambiaba, ahora procedÃ­a de la direcciÃ³n del CorazÃ³n del Tiempo. Ese olor, apretÃ³ los dientes ... la sacerdotisa y el poder del CorazÃ³n de Cristal del GuardiÃ¡n

TenÃ­a las manos puestas a su lado mientras la ira brillaba en su expresiÃ³n, produciendo un pequeÃ±o gruÃ±ido en la quietud del bosque circundante. Estaba sola y sin vigilancia. Â¡CÃ³mo se atreve a estar en el santuario en esta peligrosa hora desprotegida! Â¿Por quÃ© sus hermanos no estaban con ella? Kyou inhalÃ³ profundamente a la mujer-niÃ±a que viajaba con sus hermanos.

En su mente, podÃ­a ver la imagen de la sacerdotisa de la que Ã©l y sus hermanos se habÃ­an convertido en guardianes. Pelo castaÃ±o ... sorprendentes ojos esmeralda, era como si la belleza de la estatua de soltera hubiera cobrado vida y color. Ella nunca deberÃ­a haber venido a este mundo con el cristal del corazÃ³n guardiÃ¡n. Ni ella ni nadie pertenecÃ­an aquÃ­.

Si pudiera, la arrojarÃ­a por el portal y destruirÃ­a la estatua, pero hacerlo serÃ­a una bastardizaciÃ³n de la barrera que su padre Tadamichi habÃ­a protegido. A pesar de su deseo, parecÃ­a que este punto era ahora muy discutible.

El poder peligroso que su tÃ­o seguÃ­a ganando era su culpa. Â¿No sabrÃ­a quÃ© pasarÃ­a? Si ella fuera la verdadera sacerdotisa, deberÃ­a haber sabido mantenerse alejada de este mundo demonÃ­aco. Su padre habÃ­a muerto porque habÃ­a cerrado el portal del tiempo y esta pequeÃ±a niÃ±a humana habÃ­a deshecho todo lo que habÃ­a sacrificado su vida. Todo habÃ­a sido por nada.

Tadamichi querÃ­a que Ã©l protegiera a los humanos ... todos ellos. Pero, Â¿por quÃ©? Â¿Por quÃ© ahora protegerÃ­a al humano que habÃ­a sido lo suficientemente estÃºpido para abrir el portal entre sus mundos? Â¿Por quÃ© Tadamichi se preocupaba tanto que diera su vida por ellos?

Kyou habÃ­a intentado asustarla y enviarla gritando de nuevo a su mundo. Pero para su incredulidad ... ella tenÃ­a que ser la Ãºnica mujer que parecÃ­a no temerle por mÃ¡s de unos pocos segundos fugaces a la vez. Cuando la habÃ­a visto por primera vez hace mucho tiempo, se habÃ­a quedado allÃ­, con la barbilla bien alta, apuntando con un dardo de espÃ­ritu hacia Ã©l como si ella, un simple humano, pudiera luchar contra Ã©l ... y ganar.

HabÃ­a prometido proteger el corazÃ³n de cristal del guardiÃ¡n y el portal del tiempo, pero nunca una pequeÃ±a niÃ±a humana. Sus hermanos pueden haber accedido a ello, pero nunca lo habÃ­a hecho. Los humanos eran seres dÃ©biles y necios que lo temÃ­an. Â¿Por quÃ© tenÃ­a que ser diferente? Â¿Por quÃ© no le temÃ­a? Â¿Por quÃ© se paraba repetidamente ante Ã©l, sÃ­mbolo de todo desafiante?

Kyou saltÃ³ del Ã¡rbol en el que habÃ­a estado sentado y se parÃ³ a toda su altura. PodÃ­a sentir su corazÃ³n latir fuerte y golpear bajo su piel ... su sangre de guardiÃ¡n exigiendo que Ã©l fuera a ella. SucedÃ­a cada vez que estaba cerca y eso sÃ³lo lo enfurecÃ­a mÃ¡s. Su instinto era una fuerza que era mÃ¡s fuerte que su voluntad.

Su falta de miedo sÃ³lo lo atraÃ­a a ella, y Ãºltimamente, de algÃºn modo habÃ­a consumido sus pensamientos ... junto con sus sueÃ±os. Se habÃ­a mantenido alejado del grupo por esa sola razÃ³n. Â¿CÃ³mo se atreve esa muchacha a plantarse tan profundamente dentro de sus pensamientos? Le enseÃ±arÃ­a a no encantarle con su insolencia y humanidad. Ella no era nada para Ã©l excepto la sacerdotisa del cristal ... ella no tenÃ­a ningÃºn negocio aquÃ­ a su alcance.

El cuerpo de Kyou se tensÃ³ al sentir un cambio en el equilibrio entre el bien y el mal acercÃ¡ndose a la desesperada sacerdotisa. Su rostro estaba tranquilo ... la calma antes de la tormenta. Su pelo plateado se balanceaba en la constante brisa mientras sus sentidos recogÃ­an el peligro que estaba a punto de caer sobre ella.

Hyakuhei inclinÃ³ la cabeza hacia atrÃ¡s, dejando que la tormenta de su propia rabia a su alrededor. El viento se arremolinaba, arrugando su ropa y azotando su cabello de medianoche alrededor de su bello rostro. Sus ojos de rubÃ­ se abrieron cuando el viento trajo un olor a su nariz que no era de la lluvia y el cielo.

Una expresiÃ³n de euforia cruzÃ³ sus rasgos y Ã©l hundiÃ³ sus alas de Ã©bano hacia abajo en un potente golpe para ganar altura. Su mirada se quedÃ³ en la direcciÃ³n de El corazÃ³n del tiempo mientras una sonrisa siniestra apareciÃ³ lentamente en sus labios. Ella estaba aquÃ­ ... la sacerdotisa que lo atormentaba asÃ­.

-Ah, sacerdotisa, asÃ­ que estÃ¡s sola y desprotegida -susurrÃ³. "Espera mi llegada, mi belleza ... Voy a por ti.

Los demonios comenzaron a verter en manadas del cuerpo de Hyakuhei mientras Ã©l los soltaba para hacer su hacer una oferta. Una risa manÃ­aca escapÃ³ de sus suaves labios y sus ojos estaban anchos, brillando con la luz de la locura lÃ­mite. El cielo se ennegreciÃ³ con sus esclavos cuando se concentraron en la estatua de soltera y el objeto de pureza dentro de sus jardines.

Los demonios de baja estatura ya estaban siendo atraÃ­dos por ella y el olor del poder que tenÃ­a. Eran sÃ³lo zÃ¡nganos enviados para evitar que huyera y Kyou podÃ­a sentir la presencia de su tÃ­o no muy lejos detrÃ¡s de ellos. Hyakuhei habÃ­a descubierto su presencia desprotegida y venÃ­a por ella. No permitirÃ­a que Hyakuhei la tuviera.

Kyou levantÃ³ la mirada mientras una sombra pasaba a travÃ©s de la luz de la luna anunciando su llegada. Todos los sonidos de la noche se detuvieron cuando las alas translÃºcidas aparecieron detrÃ¡s de Kyou, enviando un furioso aerosol de plumas de oro a travÃ©s del claro de su forma silenciosa. Su largo pelo plateado se balanceaba en el viento mientras se preparaba para la lucha por venir.

AsÃ­ sea. Las palabras dejaron sus labios en una respuesta a sus propios pensamientos atormentados.

Se habÃ­a vuelto a poner en peligro y no le quedaba otra opciÃ³n. DecidiÃ³ que si sus hermanos iban a ser laxos en sus deberes, entonces Ã©l tomarÃ­a a la sacerdotisa de ellos. Si esta era la idea que tenÃ­an de protecciÃ³n, entonces merecÃ­an que se la llevaran. Pero primero ... Ã©l destruirÃ­a el mal que la acosaba.



CapÃ­tulo 2 "Sin Miedo"



Sin darse cuenta de que la tormenta se estaba acercando, Kyoko sintiÃ³ que la brisa refrescaba su piel caliente y la recibiÃ³ con una sonrisa suave. Cerrando sus ojos de esmeralda, disfrutÃ³ de la soledad de la noche antes de dirigirse a Sennin y unirse a los guardianes que dormÃ­an allÃ­.

La hija de Sennin, Suki, se habÃ­a convertido en su amiga mÃ¡s cercana en este lado del portal del tiempo y su choza era donde el grupo permanecÃ­a cuando no viajaban a travÃ©s de las tierras peligrosas que buscaban los fragmentos quebrados del corazÃ³n de cristal del guardiÃ¡n. Suki habÃ­a estado con ellos desde el principio, aunque ella no era un guardiÃ¡n.

Kyoko sonriÃ³ pensando en Suki y el guardiÃ¡n que nunca dejÃ³ el lado de su amiga... Shinbe. Era uno de los cinco hermanos guardianes. Ãl era tambiÃ©n un libidinoso y le gustaba mucho Suki. Con el pelo azul de medianoche y los ojos de amatista, era todo lo que Suki podÃ­a hacer para seguir luchando contra sus avances.

Su sonrisa se ensanchÃ³ preguntÃ¡ndose cuÃ¡nto tiempo mÃ¡s Suki podrÃ­a aguantar. Suki puede ser obstinado, pero Kyoko sabÃ­a lo obstinado que podÃ­a ser un guardiÃ¡n una vez que decidiera algo.

Kyoko y el guardiÃ¡n mÃ¡s joven, Kamui, solÃ­an reÃ­rse cuando Suki intentaba mantener a Shinbe en la lÃ­nea sin admitir que le gustaba. Kamui tenÃ­a un gran sentido del humor y lo amaba mucho. El color de los ojos de Kamui cambiaba con su estado de Ã¡nimo, pero no creÃ­a que nadie la notara sino ella.

Cuando Kamui sonriÃ³, fue verdadera felicidad y muy contagiosa. Pero en el fondo, Kyoko percibiÃ³ algo mÃ¡s... algo que ocultÃ³ a todo el mundo... incluso a sÃ­ mismo. A veces los ojos de Kamui brillaban con secretos y conocimientos que ni siquiera podÃ­a llegar a comprender. Para uno tan puro de corazÃ³n, era casi como si tuviera el peso de todo el universo sobre sus hombros. Le hacÃ­a querer protegerlo tanto como Ã©l la protegÃ­a, aunque no estaba dÃ©bil en absoluto.

Sacudiendo sus preocupaciones por Kamui de su mente, Kyoko se quedÃ³ con Kotaro, el mÃ¡s animado del grupo y competencia autoproclamada de Toya. Casi desde el principio Kotaro habÃ­a reclamado a Kyoko por su cuenta... constantemente diciendo a los otros que ella era su mujer. Toya siempre tuvo que soportar esto independientemente de la situaciÃ³n. SabÃ­a que Kotaro estaba bromeando, pero Toya siempre lo tomaba muy en serio.

Kotaro era un desaliÃ±ado de cabellos oscuros y de ojos azules. Siempre la llamaba "su mujer" por muchas veces que lo negara. Ãl era un prÃ­ncipe dentro de su propio territorio y pasaba mucho tiempo allÃ­, protegiÃ©ndolo de los demonios dentro de su reino. La mayor parte del tiempo todo lo que tendrÃ­a que hacer era simplemente mostrar esos brillantes ojos azules a ella y esto la harÃ­a derretirse en un charco.

SabÃ­a quÃ© cuerdas tirar con ella para obtener casi todo lo que querÃ­a. A veces se preguntaba si cada uno de los guardianes no la tenÃ­a envuelta alrededor de sus dedos pequeÃ±os de una manera u otra. Aunque el grupo muy rara vez lo vio. Sus pensamientos regresaron a Kyou.

"Kyou," Kyoko se estremeciÃ³ cuando el nombre dejÃ³ sus labios. No le gustaba... ni a nadie mÃ¡s. A menudo actuaba mÃ¡s como un enemigo que como un hermano de Toya. Estos dos dieron un nuevo significado a las palabras de "rivalidad entre hermanos". Fuera de los cinco hermanos, Kyou fue definitivamente el extraÃ±o y al que uno evitarÃ­a a toda costa. Era aÃºn mÃ¡s hostil que el demonio que plagÃ³ la tierra en la que vivÃ­a.

Dejando atrÃ¡s sus pensamientos dispersos, Kyoko abriÃ³ sus ojos esmeraldas y se deslizÃ³ de la piedra sÃ³lo para detenerse muerto en sus huellas. AllÃ­... no mÃ¡s de seis metros de ella estaba Kyou. ParecÃ­a casi angelical excepto por la peligrosa expresiÃ³n de sus ojos dorados.

Â«Hablando del diabloÂ», pensÃ³ para sÃ­.

La oscuridad que los rodeaba parecÃ­a iluminar su cuerpo ... dÃ¡ndole una apariencia fantasmal. El silencio de Kyou fue tempestuoso. ParecÃ­a como si estuviera considerando algo y Kyoko tenÃ­a la sensaciÃ³n de que no le gustarÃ­a nada el resultado.

Kyou observÃ³ cÃ³mo su rostro palidecÃ­a a causa de su alarma y saboreaba su aroma intoxicante. Por una vez ... ella deberÃ­a de temerle. TambiÃ©n deberÃ­a temerle a los demonios que el acababa de destruir para protegerla. Sus ojos se abrieron en ella mientras recordaba los peligrosos monstruos que acababa de eliminar. Si hubieran llegado a ella...

Los mÃºsculos de la mandÃ­bula de Kyou se flexionaron con rabia al pensar que las garras de un demonio la tocaban. AÃºn asÃ­... ella no corriÃ³, ni gritÃ³. Â¿GritarÃ­a si se daba cuenta de que Hyakuhei estaba en camino? Tal temeridad no era de su mejor interÃ©s. Mientras sus pensamientos se oscurecÃ­an, su falta de miedo sÃ³lo servÃ­a para inflamarlo aÃºn mÃ¡s... alimentando los fuegos de la extraÃ±a rabia y la pasiÃ³n que sentÃ­a por la sacerdotisa.

Kyoko permaneciÃ³ inmÃ³vil. No sabÃ­a cÃ³mo tomar su bella imagen. Estaba demasiado asustada para moverse y no se atrevÃ­a a pronunciar un sonido sabiendo que cualquier cosa que hiciera podrÃ­a poner su vida en peligro. No estaba tan segura de que Ã©l la hubiera perdonado por traer de nuevo el corazÃ³n del guardiÃ¡n a su reino.

PodÃ­a sentir un escalofrÃ­o lentamente subiendo por su espina dorsal... sin detenerse hasta llegar a la parte posterior de su cuello y extenderse desde allÃ­ como dedos helados de advertencia. Dio un paso atrÃ¡s antes de darse cuenta y se detuvo a sÃ­ misma dÃ¡ndole otro paso. Ella sabÃ­a que eso serÃ­a considerado mostrando miedo y ella habÃ­a sido enseÃ±ada por su abuelo a una edad joven para ocultar tal miedo.

Las palabras de su abuelo volvieron a atormentarla, "Mostrando el miedo sÃ³lo te hace una vÃ­ctima instantÃ¡nea."

Kyoko cerrÃ³ los ojos por un segundo. Pero cuando los abriÃ³ de nuevo, Kyou no se vio en ninguna parte, lo que la hizo estar aÃºn mÃ¡s aterrorizada. Nuevamente, las enseÃ±anzas de su abuelo la perseguÃ­an: "Nunca dejes que el enemigo te salga de la vista o no verÃ¡s el ataque venidero."

"Â¿Kyou?" Ella susurrÃ³ su nombre mientras el temor se entrelazaba en su voz. Entonces sintiÃ³ su respiraciÃ³n caliente en su cuello y lo oyÃ³ inhalar largo y lento como si estuviera probando su olor.

Lentamente, con los ojos bien abiertos, esperando la muerte en cualquier momento, inclinÃ³ la cabeza hacia un lado, deteniÃ©ndose sÃ³lo cuando su mejilla tocÃ³ su sedosa. Ella jadeÃ³ e intentÃ³ lanzarse hacia adelante sÃ³lo para sentir su brazo a su alrededor como una banda de robar, golpeando su espalda contra Ã©l y golpeando el aliento de ella.

El temor repentino de Kyoko le hacÃ­a mÃ¡s difÃ­cil recuperar el aliento. DecidiÃ³ que ahora sabÃ­a lo que realmente era un ataque de pÃ¡nico y se preguntÃ³ si iba a hiperventilar. Esta era la Ãºnica persona que temÃ­a mÃ¡s que Hyakuhei, aunque ella habÃ­a guardado ese pequeÃ±o hecho para sÃ­ misma. Nunca habÃ­a estado a distancia de Ã©l... definitivamente le habÃ­a gustado mejor de esa manera.

El olor de ella le rodeaba, le intoxicaba. Kyou podÃ­a oler su olor inmaculado, mezclado con el miedo, cada vez mÃ¡s fuerte y pesado cuanto mÃ¡s tiempo la mantenÃ­a encarcelada contra Ã©l. Finalmente... ella mostraba el miedo que Ã©l exigÃ­a pero aÃºn asÃ­ no gritÃ³. Su primer error habÃ­a sido el pequeÃ±o paso que le habÃ­a quitado. SÃ³lo ese simple gesto habÃ­a calentado su sangre de guardiÃ¡n en formas que no habÃ­a sentido en mucho tiempo.

Los pÃ¡rpados de sus ojos dorados se cerraron momentÃ¡neamente mientras las imÃ¡genes brillaban ante Ã©l demasiado rÃ¡pido para descifrar mientras imaginaba el sonido fantasmal de su voz gritando... ya fuera por miedo o por algo mÃ¡s difÃ­cil de contar. Lo Ãºnico que sabÃ­a era que no querÃ­a oÃ­rlo.

O... tal vez necesitaba escuchar ese sonido para librarse del hechizo por el que lo habÃ­a puesto. Algo le decÃ­a que no importaba de un modo u otro. En lo mÃ¡s profundo del corazÃ³n de su guardiÃ¡n, Kyou sabÃ­a que Ã©l la querÃ­a y Ã©l no era uno para ser negado. Una lenta y peligrosa sonrisa apareciÃ³ en sus labios cuando empezÃ³ a luchar contra Ã©l. RÃ¡pidamente agarrÃ³ una de sus muÃ±ecas con un ligero agarre mientras se sacudÃ­a.

Kyou acariciÃ³ su cuello y luego tomÃ³ un fuerte suspiro cuando se frotÃ³ contra Ã©l tratando de liberarse. -Me estÃ¡s animando -gruÃ±Ã³ Ã©l en su garganta y rozÃ³ sus labios contra la delicada carne de su cuello-. Su sangre caliente le desafiÃ³ a reclamarla como suya.

Kyoko no pudo evitar los escalofrÃ­os que le producÃ­a la sensaciÃ³n de sus labios. Â¿Estaba tratando de seducirla o iba a matarla despuÃ©s de todo? DejÃ³ de luchar y siguiÃ³ perfectamente inmÃ³vil sin saber si le gustaba el sonido de lo que acababa de decir y no querÃ­a enojarlo. Algo le dijo que sÃ³lo estaba tratando de asustarla.

"Chica inteligente," Kyou contemplÃ³ a sÃ­ mismo, pero aÃºn asÃ­ ella no estaba gritando y Ã©l la estaba tocando... quÃ© extraÃ±o. Sus brazos se aflojaron en una sujeciÃ³n mÃ¡s suave mientras ella miraba por encima de su hombro hacia Ã©l con curiosidad, su miedo empezando a disminuir.

Kyou observÃ³ de cerca sus ojos esmeralda y la reacciÃ³n lo sorprendiÃ³. Ella lo miraba como si fuera un hombre... no un seÃ±or de la guardia. Su incapacidad para demostrar el temor de Ã©l era confusa y eso solo lo enfureciÃ³. Su falta de miedo habÃ­a sido lo que la habÃ­a puesto en peligro esta noche en primer lugar.

TambiÃ©n era por eso que Hyakuhei estaba en camino hacia ella ahora pensando que podrÃ­a robarla en medio de la noche. Incluso a una distancia tan grande... podÃ­a sentir la intenciÃ³n maliciosa de su tÃ­o. Con su oÃ­do tan sensible como era, casi podÃ­a oÃ­r la caricia del viento contra las plumas de Ã©bano. Para ella esto era algo que temer... entre otras cosas.

Miedo... Ã©l podrÃ­a enseÃ±arle eso.

Ãl le enseÃ±arÃ­a la realidad de su mundo y le mostrarÃ­a por quÃ© nunca deberÃ­a haber entrado en ella. El GuardiÃ¡n, sus hermanos... sus protectores... no estaban aquÃ­ para salvarla ahora. Ãl le instruirÃ­a de varias maneras el verdadero significado del miedo. Sus ojos dorados brillaron perversamente en la dÃ©bil luz de la luna cuando una idea vino a Ã©l.

Kyou se acercÃ³ a su cuerpo, deslizando la palma de su mano lentamente hacia abajo en un movimiento de caricia hasta que descansÃ³ contra su muslo en la parte inferior de su falda. Luego lo deslizÃ³ arriba y bajo el paÃ±o suelto. PodÃ­a sentir el calor procedente de su suave piel quemando la palma de su mano.

Todo su cuerpo se estremeciÃ³ ante el ligero toque mientras trataba de retorcerse de su agarre. La mociÃ³n le hizo apretarla con mÃ¡s fuerza. DeslizÃ³ su otra mano a travÃ©s de su costado, lo que significÃ³ sÃ³lo enseÃ±arle la lecciÃ³n de ser atrapada sola y sin protecciÃ³n, por lo que serÃ­a lo suficientemente inteligente como para no hacerlo de nuevo.

Una vez mÃ¡s su instinto era mÃ¡s fuerte que su voluntad como algo en su interior llamado a Ã©l... haciÃ©ndolo desear. Kyou podÃ­a sentir el calor que irradiaba de ella y su alta sangre se movÃ­a peligrosamente fuera de su control. Al confundirse, de repente no querÃ­a dejarla ir.

Nunca sabrÃ­a si la advertencia era para Ã©l o ella. Sumergiendo sus labios mÃ¡s cerca de su oreja, Kyou respirÃ³ una palabra. - Â¡Corre!

En la mente de Kyoko, el miedo cediÃ³ el pÃ¡nico cuando sus brazos se aflojaron. PodrÃ­a ser muy obediente cuando llegara el momento y ahora era ese tiempo. Ella se lanzÃ³ hacia adelante sin mÃ¡s pensamientos que para escapar. Su mente gritaba el nombre de Toya repetidamente, pero no saliÃ³ un sonido de sus labios. Cada sonido que ella habrÃ­a hecho parecÃ­a estar alojado en su garganta, dejÃ¡ndolo resonando sÃ³lo en sus propios oÃ­dos.

Si pudiera acercarse mÃ¡s a la aldea ya Toya, entonces tendrÃ­a la oportunidad de que Ã©l la oyera y la salvara de su hermano desquiciado. Ella mentalmente se suplicÃ³ a sÃ­ misma a despertar a pesar de que sabÃ­a que esto era demasiado real para ser un sueÃ±o.

Casi gimiÃ³ en voz alta cuando una gota de agua la golpeÃ³ probando que tenÃ­a razÃ³n... no era un sueÃ±o del que pudiera despertar, la tormenta finalmente la habÃ­a alcanzado. Mirando rÃ¡pidamente por encima de su hombro, se estrellÃ³ contra lo que parecÃ­a una pared y tropezÃ³ hacia atrÃ¡s con el impacto.

Al ver la camisa de seda blanca y ondulante a sÃ³lo un paso de ella, corriÃ³ en otra direcciÃ³n... ahora huyendo del pueblo donde dormÃ­an los guardianes y la Ãºnica esperanza que tenÃ­a de que alguien la salvara. Ella sabÃ­a que Hyakuhei solÃ­a ser un guardiÃ¡n pero de alguna manera se habÃ­a perdido a los demonios que una vez luchÃ³... convirtiÃ©ndose en el enemigo. Kyoko se preguntÃ³ si no le habrÃ­a ocurrido lo mismo a Kyou sin que nadie se diera cuenta.

Kyoko vislumbrÃ³ un blanco a su derecha y regresÃ³ hacia la aldea esperando tener ahora la oportunidad de llegar a Toya. El latido de su corazÃ³n era tan fuerte en sus oÃ­dos que era ensordecedor. En algÃºn lugar sabÃ­a que los dioses se reÃ­an de ella mientras el cielo se abrÃ­a y soltaba su lluvia con un chirrido tembloroso de trueno.

Â¿Por quÃ©? Â¿Por quÃ© estaba haciendo esto? Â¿Por quÃ© no la matÃ³ en lugar de torturarla primero? SabÃ­a que no tenÃ­a ninguna posibilidad de salir corriendo. TambiÃ©n era consciente del hecho de que Ã©l iba a detenerla antes de que ella llegara a la seguridad, pero eso no impidiÃ³ su precipitada carrera por ello.

Kyou la observÃ³ acercarse a la aldea y decidiÃ³ dejarla pensar que tenÃ­a media oportunidad de escapar por un minuto. SÃ³lo lo harÃ­a mejor cuando la atrapara. Entonces otro olor lo golpeÃ³. Sus hermanos. Â¡No! Â¡Ãl no lo permitirÃ­a! HabÃ­an fallado en protegerla y por eso, ahora se quedarÃ­a con Ã©l sin importar quÃ©. Su sangre noble lo exigÃ­a.

Kyoko podÃ­a sentir el repentino cambio en Ã©l. Ella sintiÃ³ el aura de Kyou cerrÃ¡ndose sobre ella y ella gritÃ³, esta vez incapaz de retenerla. El sonido sonÃ³ como una campana de la muerte en todo el bosque como una mano sujetÃ³ su boca y un brazo alrededor de su cintura se tensÃ³, cortando su suministro de aire como una vez mÃ¡s se golpeÃ³ contra su pecho. Sus pies estaban ahora colgando un par de centÃ­metros del suelo.

*****

Toya mirÃ³ hacia el oscuro cielo nocturno justo cuando llegaban las primeras gotas de lluvia. Esta noche fue una mala noche... podÃ­a sentirlo claro en su alma. Sus ojos coincidÃ­an con el color del relÃ¡mpago que bailaba a travÃ©s de la oscuridad mientras la tormenta se cerraba.

Incapaz de dormir mientras Kyoko no estaba con Ã©l, Toya habÃ­a subido a una rama alta de un Ã¡rbol en las afueras del pueblo para vigilar. Todo lo que podÃ­a hacer era esperar hasta el amanecer y luego ir a su encuentro en los jardines de El CorazÃ³n del Tiempo. Si lo hiciera a su manera ... nunca se habrÃ­a ido a casa para empezar.

El suelo temblÃ³ con un estruendo de trueno, pero los ojos de Toya se abrieron ... su oÃ­do captÃ³ un grito aterrorizado dentro de la tormenta. Ese grito le habÃ­a quitado el aliento. Â¿Kyoko? Â¿QuÃ© estaba haciendo aquÃ­ a estas horas de la noche sin decirle primero?

Sus ojos se volvieron instantÃ¡neamente hacia la plata fundida a medida que sus instintos protectores se aceleraban. Nunca la habÃ­a oÃ­do asustarse, ni siquiera durante la batalla. El latido de su corazÃ³n volÃ³ cuando sus alas plateadas saltaron a la vida y se alejÃ³ casi demasiado rÃ¡pido para que el ojo humano la detectara.

Â¡Kyoko! El grito preocupado se desprendiÃ³ de su garganta.

*****

Shinbe estaba fuera de la cabaÃ±a de Suki y ya no podÃ­a dormir. Sus pesadillas no lo permitÃ­an. Su mirada de amatista se clavÃ³ en el bosque que sostenÃ­a el portal El corazÃ³n del tiempo. Algo estaba mal, podÃ­a sentirlo ... no tenÃ­a nada que ver con la tormenta que se avecinaba en el bosque.

Â¿Kyou? Â¿QuÃ© estaba haciendo Kyou tan cerca? Por un momento muy largo, la garganta de Shinbe se negÃ³ a trabajar y su respiraciÃ³n se detuvo en su pecho mientras miraba a lo lejos. PodÃ­a sentirla... Kyoko habia vuelto. Su pelo azul de medianoche se balanceaba en los vientos tempestuosos que traÃ­an consigo el olor de la ira de su hermano y su puÃ±o cerrado. No estaba sola... Â¡Kyou estaba con ella!

AgarrÃ³ su bastÃ³n que estaba apoyado contra el marco de la puerta. Shinbe sabÃ­a que no tenÃ­a que llamar a los demÃ¡s, ya podÃ­a sentirlos detrÃ¡s de Ã©l. Alas translÃºcidas de amatista se extendÃ­an a su alrededor mientras sus pies dejaban el suelo.

Kamui rÃ¡pidamente siguiÃ³ el ejemplo, dejando un rastro de polvo multicolor a su paso. Kaen rugiÃ³ a la vida levantando a Suki para unirse a la persecuciÃ³n.

*****

Â¡No! La voz de Kyou era severa como si la regaÃ±ara por algo que no aprobaba. No esta vez. Esta vez no lo negarÃ­an. HabÃ­a querido tocarla antes, durante el calor de la batalla, pero nunca lo habÃ­a hecho. Algo le habÃ­a advertido que el contacto serÃ­a peligroso para ambos, asÃ­ que se habÃ­a refrenado.

Esta vez apaciguarÃ­a su verdadera naturaleza. Su alma lo habÃ­a plagado lo suficiente. Ella era el Ãºnico ser humano que se enfrentaba a Ã©l en la batalla o en cualquier otro lugar y no correr con miedo. ApretÃ³ los brazos para detener sus luchas.

SabÃ­a que sus hermanos la querÃ­an ... pero Toya estaba enamorada de la sacerdotisa. Le hacÃ­a enojar porque su hermano estuviera cerca de algo que deseaba para sÃ­ mismo. TodavÃ­a no podÃ­a entender por quÃ© Toya no se habÃ­a apareado con ella, sino que la habÃ­a dejado libre e indefensa. Â¿No se dio cuenta de que el enemigo podÃ­a llevÃ¡rsela? El mero pensamiento de que Toya la tomara como suya enviÃ³ una ola de posesividad a travÃ©s de sus brazos mientras la sostenÃ­a.

Kyou sabia que Toya la habÃ­a escuchado gritar por ayuda. PodÃ­a sentir que el guardiÃ¡n de plata se acercaba a una velocidad alarmantemente rÃ¡pida. No sÃ³lo le enseÃ±arÃ­a a no salir sola por la noche ... tambiÃ©n le enseÃ±arÃ­a a su hermano ingenuo una lecciÃ³n por dejarla hacerlo.

Con un rÃ¡pido pensamiento, creÃ³ un escudo que sabÃ­a que su hermano no podÃ­a romper. MirÃ³ hacia abajo a la muchacha de ojos esmeralda, con el miedo que habÃ­a causado. Kyou se quitÃ³ la mano de sus labios sÃ³lo para reemplazarla con sus labios ... cortando su grito. Ãl reclamÃ³ su boca en un beso duro, hambriento, implacable en su bÃºsqueda. En cuanto la probÃ³, era demasiado tarde para devolverla.

Kyoko al instante comenzÃ³ a luchar contra Ã©l, jadeando para respirar. Â¿QuÃ© estaba haciendo? Ella nunca habÃ­a sido besada antes y esto no era lo que ella habÃ­a soÃ±ado como su primer beso. Ella gritÃ³ contra sus labios sÃ³lo para ser invadida.

Kyou empujÃ³ su lengua en ella mientras sostenÃ­a su cara todavÃ­a, sus dedos entrelazados en su sedoso pelo castaÃ±o. Su otra mano se deslizÃ³ hacia atrÃ¡s debajo de su falda acariciando la suave piel allÃ­ antes de encontrarse con el suave algodÃ³n entre sus muslos.

MirÃ³ fascinado mientras sus amplios ojos se cerraban instantÃ¡neamente y ella lloriqueÃ³ en el beso. Kyou podÃ­a sentir su confusiÃ³n de desesperadamente queriendo que Ã©l se detuviera, pero tambiÃ©n querÃ­a mÃ¡s mientras Ã©l daba vida a su cuerpo con sensaciones que nunca habÃ­a sentido antes. HabÃ­a muchas cosas que Ã©l le enseÃ±arÃ­a esta noche.

Sus brillantes ojos dorados brillaron cuando una oleada de deseo blanco le disparÃ³ a travÃ©s de Ã©l y entre sus lomos mientras se apretaba contra la suave redondez de su cadera. No habÃ­a querido llevarlo tan lejos ... Â¿quÃ© habÃ­a hecho?

La adrenalina de Toya le proporcionÃ³ velocidad hasta que su visiÃ³n captÃ³ un tenue resplandor azul que provenÃ­a de la oscuridad del bosque. RÃ¡pidamente aterrizÃ³, deteniÃ©ndose cuando los encontrÃ³. Una barrera azul fluorescente rodeÃ³ a Kyou y su rehÃ©n, crepitando con peligrosa energÃ­a. Lo que vio sus ojos lo destrozÃ³ y lo llenÃ³ de furia al mismo tiempo.

-Â¡ Kyou! Toya rugiÃ³ de rabia. Moviendo las manos hacia abajo por los costados, sus dagas se deslizaron hacia la existencia. Agarrando las armas sagradas con firmeza, cruzÃ³ las brillantes cuchillas. El poder dentro de las dagas gemelas pulsÃ³ a la vida causando una onda de choque a su alrededor ... enviando su cabello revoloteando y revelando la rabia que mostraba en su rostro.

Toya rugiÃ³ mientras se lanzaba contra la barrera y golpeaba sus hojas contra ella, sÃ³lo para ser repelido hacia atrÃ¡s cuando los tornillos de energÃ­a disparaban desde la superficie del escudo. Su cuerpo se estrellÃ³ contra el tronco de un enorme Ã¡rbol, deteniendo su vuelo. GruÃ±Ã³ mientras se deslizaba por la Ã¡spera corteza.

RecogiÃ©ndose de la suciedad, Toya observÃ³ airadamente mientras su hermano seguÃ­a besando a Kyoko. Entonces advirtiÃ³ que los mÃºsculos del brazo de Kyou se apretujaban ligeramente y seguÃ­a el movimiento hacia abajo a su mano. Al ver la mano de su hermano debajo de su falda, la rabia le golpeÃ³ cuadrado en el pecho. Los movimientos musculares de su brazo sÃ³lo podÃ­an significar una cosa. Esa ira se amplificÃ³ mientras su hermano continuaba, sabiendo que estaba observando.

Â¡Kyoko! Toya podÃ­a sentir la sangre de su guardia hervida mientras gritaba su nombre. Kyoko era suyo y no dejarÃ­a que Kyou la tocara de esta manera. Â¡Maldito bastardo! Otra vez una ola de energÃ­a barrida a su alrededor, el envÃ­o de suciedad y escombros en los Ã¡rboles de la onda de choque.

La mente de Kyoko estaba atormentada mientras su cuerpo empezaba a traicionarla. GolpeÃ³ a Kyou en todas partes con el puÃ±o pequeÃ±o que podÃ­a aterrizar hasta que tuvo que agarrar el frente de su camisa para mantenerla porque las rodillas se debilitaban. Ella empujÃ³ contra su pecho tan fuerte como pudo, pero sÃ³lo logrÃ³ hacerle profundizar el embriagador beso y dar su acariciante mano mÃ¡s acceso.

OyÃ³ que Toya gritaba su nombre y sabÃ­a que estaba lo suficientemente cerca para verla, pero Kyou no la soltÃ³. El beso se hizo mÃ¡s exigente a medida que sus gemidos y movimientos frenÃ©ticos se hacÃ­an mÃ¡s intensos. Ella le echÃ³ una patada para que su pierna quedara atrapada entre la suya. Al frustrarse, tratÃ³ de morderlo, pero tampoco funcionÃ³ muy bien.

No la estaba haciendo daÃ±o. En su lugar, lo que estaba haciendo se sentÃ­a tan bien. Ahora la acariciaba entre sus piernas con un agarre rÃ­tmico que la hacÃ­a sentir como si estuviera montando su mano ... era una tortura injusta. Nunca una vez habÃ­a considerado a Kyou capaz de un beso ... mucho menos un tacto tan audaz. Para que fuera tan seductor fue ... el mismo pensamiento hizo que su mente y su cuerpo hicieran la guerra mientras ella todavÃ­a trataba de ganar su libertad.

Kyou estaba disfrutando de su determinaciÃ³n de luchar contra Ã©l, pero podÃ­a sentir que estaba confundida con su reacciÃ³n al beso y al placer que le estaba dando. Su joven cuerpo intacto lo anhelaba incluso mientras luchaba contra Ã©l con toda su pobre fuerza. Le dio aÃºn mÃ¡s satisfacciÃ³n sabiendo que Toya estaba observando desde fuera del escudo que habÃ­a creado a su alrededor.

PodÃ­a sentir su respuesta a su contacto y casi gimiÃ³ mientras su cuerpo la traicionaba mÃ¡s. Sus gemidos cada vez mÃ¡s pronunciados como su lado sacerdotisa resplandeciÃ³ a la vida ... el lado de su alma que pertenecÃ­a sÃ³lo a los guardianes. Ella no habÃ­a cedido. Ella todavÃ­a luchÃ³ contra Ã©l pero no importÃ³ para la opciÃ³n fue hecha. Lo habÃ­a llevado demasiado lejos para volver atrÃ¡s.

La mirada de Kyou se volviÃ³ para bloquear con la de Toya, queriendo que Ã©l viera, para verlo despertar su pasiÃ³n indomable. La expresiÃ³n en la cara de Toya ... la mirada en sus ojos en ese momento. SÃ­, ahora su hermano sabÃ­a el precio que pagaba cuando apartÃ³ los ojos de la que Ã©l debÃ­a proteger. En la mente de Kyou ... le sirviÃ³ a Toya el derecho de perderla asÃ­.

Sus jadeos fueron suficientes para que casi pierda el control que estaba sujetando por un hilo. Era intoxicante por decir lo menos. Toya sabrÃ­a lo que se sentÃ­a al querer algo que su hermano tenÃ­a y saber que estaba fuera de su alcance.

Kyou podÃ­a sentir que sus luchas se debilitaban y sabÃ­a por quÃ©, al sentir que intentaba evitar empujarse mÃ¡s contra su mano, donde el calor hÃºmedo irradiaba de ella. TenÃ­a la espalda arqueada y los ojos cerrados, las largas pestaÃ±as cubiertas por las mejillas encendidas.

Justo cuando alcanzÃ³ la cumbre de la montaÃ±a que Ã©l la habÃ­a forzado a subir, Ã©l quitÃ³ su boca de la suya dejando su grito seductor eco a su alrededor. El rostro de Kyou no contenÃ­a expresiÃ³n, pero sus ojos brillaban mientras miraba, sintiendo la carne caliente de su cuerpo apretado contra el suyo. SÃ³lo la habÃ­a tocado ... tal pasiÃ³n se ocultaba profundamente dentro de la sacerdotisa.

La confusiÃ³n de Kyoko se rompiÃ³ cuando ella se sintiÃ³ palpitar contra su mano y ella levantÃ³ la cabeza para mirar a Kyou. Su apariciÃ³n angÃ©lica desmentÃ­a su maldad. No era mejor que su tÃ­o Hyakuhei. SintiÃ³ que toda la fuerza de su ira mortificada anulaba cualquier temor que aÃºn tuviera. LevantÃ³ la mano y le golpeÃ³ con fuerza la mejilla, luego se calmÃ³ cuando se dio cuenta de que probablemente habÃ­a firmado su orden de muerte.

Cuando el sonido del golpe se desvaneciÃ³, Kyoko levantÃ³ su barbilla desafiante mientras la lluvia zumbaba contra el escudo exterior de la barrera. "Te odio", siseÃ³ mientras las humillantes lagrimas brotaban a sus ojos.

Kyou no se vio afectada y no hizo ningÃºn movimiento para dejarla libre mientras su mirada se bloqueaba con su ahora enojada asustada. Le gustara o no, su sangre de guardiÃ¡n la habÃ­a elegido y por eso ... ambos estaban condenados. A Kyou le gustaba el olor de su ira. Era como un afrodisÃ­aco para Ã©l, pero sintiÃ³ el caliente cuchillo de los celos mientras volvÃ­a su atenciÃ³n hacia su hermano.

Los ojos de Toya ahora estaban ocultos detrÃ¡s de los mechones de su pelo plateado de medianoche mientras los miraba. SabÃ­a que no podÃ­a romper la barrera que Kyou habÃ­a creado, pero Ã©l habÃ­a oÃ­do sus palabras. Odiaba a Kyou y le tocaba liberarla de su esclavitud.

-Â¡ Kyou! La cara de Toya se levantÃ³ para mostrar ojos plateados de rabia. "Somos sus protectores ... sus guardianes. Â¡DevuÃ©lvemela! Â¡Ahora! Su voz era Ã¡spera y ronca dentro del sonido de la lluvia.

Kyou seguÃ­a mirando a Kyoko. Ãl deslizÃ³ su palma contra su mejilla acariciando como sus ojos dorados aburridos en el suyo. -Tan posesivo -susurrÃ³ como si hablara consigo mismo, todavÃ­a observando el fuego de sus ojos-. El hecho de que ahora le temiera aÃºn menos por su enojo le hizo sonreÃ­r interiormente.

Volviendo su mirada a la de su hermano, los ojos de Kyou se estrecharon peligrosamente, pero su voz permaneciÃ³ frÃ­a y sin sentido. "Es demasiado tarde. Estaba relajado en su protecciÃ³n de nuestra sacerdotisa para que ella estuviera sola en el santuario tan tarde por la noche."

Kyoko intentÃ³ alejarse de Ã©l, pero su agarre se apretÃ³. "Â¡DÃ©jame ir, idiota!" MirÃ³ hacia atrÃ¡s por encima de su hombro a Toya que querÃ­a gritar su nombre, necesitando su ayuda. Pero sus labios se mantuvieron sellados, no queriendo que los hermanos pelearan.

SabÃ­a que Kyou era fuerte, pero tambiÃ©n sabÃ­a si estaba enojado ... La fuerza de Toya era ilimitada. Una batalla entre ellos serÃ­a demasiado peligrosa. Sin embargo, no pudo evitar la mirada suplicante que brillaba dentro de sus ojos de esmeralda ... esa sola mirada era un grito silencioso para que Ã©l la ayudara.

Como si estuviera leyendo sus pensamientos, Kyou la agarrÃ³ de la barbilla y le devolviÃ³ la atenciÃ³n a donde estaba. "Nunca," gruÃ±Ã³ observando sus ojos ensancharse en alarma. Luego, tomando sus dedos en el pulso de su cuello, Ã©l presionÃ³, atrapÃ¡ndola mientras su cuerpo se le cayÃ³ y ella silenciosamente se deslizÃ³ contra Ã©l. Casi se arrepentÃ­a de haberla dejado dormir ... casi.

Toya sabÃ­a que su hermano era mÃ¡s fuerte, pero todavÃ­a ... no tenÃ­a derecho a tomarla. PodÃ­a leer el extraÃ±o deseo en los ojos de Kyou mientras miraba a Kyoko. "Â¿QuÃ© crees que estÃ¡s haciendo? Â¡Demonios! Solo devuÃ©lvemela... Siempre la he protegido." EsperÃ³ mientras su hermano lo miraba fijamente.

Kyou podÃ­a sentir lo que su hermano no podÃ­a. El mal se estaba acercando a ellos en forma de Hyakuhei y sus secuaces. Esta serÃ­a otra lecciÃ³n para su querido hermano para aprender de la manera mÃ¡s dura.

Toya soltÃ³ su respiraciÃ³n reprimida mientras sus manos se apretaban en puÃ±o a los costados. Â¿En quÃ© estÃ¡ pensando? Â¡Ella es nuestra sacerdotisa! TodavÃ­a no obtuvo una respuesta Toya susurrÃ³: -PensÃ© que dijiste que los humanos estaban debajo de ti ... Â¿por quÃ© hiciste ... eso?

El rostro de Kyou se mantuvo en calma y su voz se suavizÃ³ por un momento fugaz como si estuviera hablando con un niÃ±o rebelde: -Si sacas los ojos de ella, entonces te quitarÃ¡n. Tu, hermano, no conoces el significado de la verdadera protecciÃ³n. "

Kyou ya habÃ­a vuelto su atenciÃ³n a la chica flaca en sus brazos. Su hermano la amaba pero nunca le habÃ­a dicho, lo irÃ³nico. Amaba a su hermano pero ... tenÃ­a la intenciÃ³n de robar ese amor. Lo querÃ­a ... lo anhelaba y no se lo negarÃ­a.

Sus orbes de oro se volvieron hacia Toya mientras su voz se endurecÃ­a. "Hyakuhei estÃ¡ cerca ... Â¿puedes sentirlo? Ella habrÃ­a estado en peligro. La dejaste sin tocar, sin marcar, desprotegida y sola ... esperÃ¡ndolo. No cometerÃ© el mismo error.

Toya observÃ³ cÃ³mo la sombra de las alas de oro de Kyou resplandecÃ­a en vida, destruyendo la barrera que los rodeaba al segundo momento en que las poderosas plumas tocaron su superficie. GritÃ³ en negaciÃ³n cuando Kyou desapareciÃ³ con Kyoko en su apretado abrazo. El sonido rebotÃ³, no dejando nada mÃ¡s que el rugido de la tormenta que seguÃ­a asolando el bosque.

SabÃ­a que la habÃ­a fallado por ahora, pero encontrarÃ­a una forma de liberarla de su hermano. Kyou estaba en lo cierto por regaÃ±arle por su falta de vigilancia sobre Kyoko, pero besarla ... tocarla asÃ­ ... y luego sacarla de su protecciÃ³n. Â¿Por quÃ©?

La sangre de Toya hervÃ­a mientras el eco de la amenaza de Kyou resonaba en su mente. Â¿Desmarcado? OrÃ³ para que Kyou no quiso decir que tomarÃ­a a Kyoko como su compaÃ±era sÃ³lo para protegerla. Toya gruÃ±Ã³ al pensarlo.

Â¡Ni hablar!â GritÃ³ al espacio vacÃ­o. Ãl era el que siempre estaba a su lado, no Kyou. Kyou odiaba a los humanos y nunca habÃ­a mostrado interÃ©s en Kyoko. Â¿Por quÃ© de repente harÃ­a algo tan precipitado? El aire que rodeaba a Toya se volviÃ³ vivo con la furia suprimida mientras sus poderes guardianes se elevaban peligrosamente con su ira.

Â¡Kyou, maldita sea! Â¡No lo permitirÃ©! La voz de Toya se oÃ­a por todo el bosque.



CapÃ­tulo 3 "Descendiendo a la Oscuridad"



Shinbe aterrizÃ³ detrÃ¡s de Toya que habÃ­a llegado justo cuando Kyou y Kyoko desaparecieron. Los otros descendieron detrÃ¡s de Ã©l mientras observaban la poderosa aura de Toya expandiÃ©ndose a su alrededor en ondas azules fluorescentes.

El rostro de Kamui mostrÃ³ la conmociÃ³n de lo que acababa de presenciar como los reflejos morados dentro de su pelo indomable que se agitaba por los vientos de la explosiÃ³n de Toya. Sus ojos parecÃ­an cambiar de color con cada latido del corazÃ³n que le siguiÃ³. Â¿Kyoko? Su voz sonaba sin aliento mientras su labio inferior temblaba de rebeliÃ³n. De sus alas translÃºcidas brotÃ³ un polvoriento polvo multicolores mientras los levantaba en un poderoso golpe, con la intenciÃ³n de perseguir al que habÃ­a quitado a Kyoko de ellos.

Un destello de relÃ¡mpago silueteaba las oscuras alas del enemigo mientras brillaba a la vida justo en el camino de Kamui. El largo cabello de medianoche de Hyakuhei se elevÃ³ en la corriente causado por su repentino descenso. Sus ojos de Ã©bano se bloquearon con Kamui haciendo que el guardiÃ¡n retrocediera en su precipitaciÃ³n para rescatar a Kyoko.

"Pobre niÃ±o ... Â¿has perdido algo?" La voz de Hyakuhei contenÃ­a una nota de preocupaciÃ³n, pero sus ojos de Ã©bano daban sus verdaderas intenciones. MoviÃ©ndose hacia adelante, extendiÃ³ la mano para tocar la mejilla pÃ¡lida de Kamui, sÃ³lo para reÃ­rse cuando el guardiÃ¡n retrocediÃ³ varios pies para evitar el contacto.

"Siempre tan asustadizo." Haciendo caso omiso del otro guardiÃ¡n que aÃºn estÃ¡ en el suelo, Hyakuhei acechÃ³ al muchacho de ojos brillantes mientras se retiraba, "Ven ahora Kamui, Â¿cÃ³mo vas a poder vencerme realmente ... si no tienes a tu sacerdotisa contigo?" ConocÃ­a los temores del muchacho mejor que nadie. Sus labios insinuaban una sonrisa sÃ¡dica. DespuÃ©s de todo, el fue quien enseÃ±o a Kamui todos esos miedos.

Kamui casi se atragantÃ³ con el pÃ¡nico que estaba subiendo mÃ¡s alto por el momento. Ver el monstruo delante de Ã©l era casi tan malo como sentir el monstruo escondido dentro ... del demonio de los sueÃ±os. PodÃ­a sentirlo allÃ­ delante de Ã©l, detrÃ¡s del rostro de su enemigo, los recuerdos de pesadillas que hacÃ­a tiempo habÃ­a enterrado volvieron a perseguirle mientras luchaba contra el impulso de huir del hombre ante Ã©l.

Sintiendo el terror de Kamui inundar el Ã¡rea Shinbe gritÃ³: "Â¡DÃ©jalo en paz, traidor!" Alzando su bastÃ³n, utilizÃ³ su telekinesis para enviar un ataque de rocas y tierra a su tÃ­o y distraerlo el tiempo suficiente para que Kamui escapara.

Con una ola de su mano, Hyakuhei creÃ³ una barrera para que los proyectiles rebotaran inofensivamente, sus ojos negros se volvieron hacia el guardiÃ¡n amatista en ira. "No interfiera con algo que no tiene conocimiento de su querido sobrino."

Kamui cayÃ³ al suelo, aterrizando en sus pies mientras empujaba los recuerdos oscuros hacia atrÃ¡s con la esperanza de que permanecerÃ­an ocultos por un tiempo mÃ¡s. Eran sus secretos para guardar y mantenerlos que debÃ­a. Kamui parpadeÃ³ ... sus ojos volvieron a su normal estado brillante. Nunca recordarÃ­a lo que Hyakuhei le habÃ­a atrevido a recordar ... volviÃ³ a mirar a los otros guardianes que deseaban que la mentira fuera verdad.

Toya habÃ­a visto lo suficiente y se quebrÃ³. Con la velocidad mÃ¡s rÃ¡pida de lo que el ojo humano pudo detectar, Toya parecÃ­a desaparecer y reaparecer detrÃ¡s de Hyakuhei. Envolviendo su brazo alrededor del cuello del enemigo en un asalto de muerte, gruÃ±Ã³: -Â¿Y quÃ© diablos crees que puedes hacer al respecto ... querido tÃ­o?

Los ojos de Hyakuhei se convirtieron en rajas cuando se dio cuenta de que la ira de Toya habÃ­a liberado el poder que igualaba el suyo propio. Viendo que Kamui habÃ­a escapado de su alcance por ahora, sonriÃ³ engaÃ±osamente. -Â¿CÃ³mo piensas detenerme cuando ni siquiera puedes proteger a una niÃ±a pequeÃ±a? -Ya perdiÃ³.

SabÃ­a que todavÃ­a podÃ­a torturar a la sacerdotisa con los recuerdos seductores escondidos en lo profundo de los sueÃ±os. El duende del sueÃ±o verÃ­a que permanecieron vinculados. Tarde o temprano ... ella vendrÃ­a a Ã©l de buena gana. Kyou no la tendrÃ­a por mucho tiempo. Incluso ahora podÃ­a sentir su sueÃ±o ... esperando que se uniera a ella en sus sueÃ±os.

Con una risa perversa, el cuerpo de Hyakuhei desapareciÃ³ dejando a Toya una vez mÃ¡s gritar de rabia.

*****

La oscuridad rodeÃ³ a Kyoko en su turbidez y de alguna manera ella supo que estaba una vez mÃ¡s dormida. La realidad se desvaneciÃ³ en el fondo y se encogiÃ³ interiormente, sabiendo que el sueÃ±o habÃ­a encontrado una manera de continuar. TratÃ³ de luchar contra ella ... para despertarse para que no pudiera alcanzarla, pero la calma del mundo de los sueÃ±os era demasiado fuerte.

El tiempo y el espacio no tenÃ­an sentido ya que el sueÃ±o se hizo real para ella. Kyoko se sentÃ­a caliente, casi demasiado caliente y la sensaciÃ³n hacÃ­a difÃ­cil para ella despertar. LuchÃ³ para tratar de sacudir la oscuridad que la dejaba tan dÃ©bil y perdida. Moviendo sus dedos a su lado, sintiÃ³ la suavidad de la piel. Se dio cuenta de que estaba acostada en algÃºn tipo de piel.

Abriendo los ojos, mirÃ³ a un techo de piedra y dejÃ³ que su visiÃ³n la atravesara hasta los muros de piedra que la rodeaban. Estaba en una cueva de algÃºn tipo. La luz parpadeaba en todos los colores a su alrededor desde un pequeÃ±o fuego que estaba a sÃ³lo unos tres metros de distancia. Fue realmente impresionante como sÃ³lo el sueÃ±o podrÃ­a ser.

IntentÃ³ sentarse, pero instantÃ¡neamente se arrepintiÃ³ del movimiento, recostÃ¡ndose tan despacio como pudo. Le dolÃ­a la cabeza y ella era dÃ©bil ... como si toda la fuerza acabara de ser zapped de ella. Â¿QuÃ© habÃ­a pasado?

Sus labios se separaron cuando los recuerdos comenzaron a volver a ella. Esta vez se sentÃ³ rÃ¡pidamente sin preocuparse por el dolor, pero aÃºn sostenÃ­a su cabeza en sus manos esperando conseguir su visiÃ³n.

ParecÃ­a que estaba profundamente dentro de la tierra debido a las formaciones de cristal a lo largo del techo y las paredes. SÃ³lo habÃ­a una entrada que podÃ­a ver y era pequeÃ±a, asÃ­ que el fuego estaba haciendo un buen trabajo de calefacciÃ³n de la habitaciÃ³n. Sin duda sin ella, la cueva habrÃ­a sido muy frÃ­a.

Cerrando los ojos otra vez y frotÃ¡ndose las sienes tratÃ³ de pensar racionalmente. El GuardiÃ¡n del CorazÃ³n de Cristal Lo habÃ­a destrozado para evitar que Hyakuhei lo obtuviera. Eso fue lo Ãºltimo que recordÃ³. Al abrir sus ojos nuevamente, pudo ver con claridad.

Mirando hacia abajo, se dio cuenta de que estaba tumbada en el pelaje del color de la medianoche. Kyoko gimiÃ³ ... Hyakuhei la tenÃ­a. Ella lo sabÃ­a. Â¿Por quÃ© otra cosa estarÃ­a tendida en lo que parecÃ­a ser una tÃºnica de piel negra dentro de un agujero en la tierra ... sÃ³lo Hyakuhei podrÃ­a ser ese demente.

QuerÃ­a llorar, pero sabÃ­a mejor, porque si cedÃ­a al miedo ... quizÃ¡s nunca dejarÃ­a de llorar. Comprobando que su cuerpo habÃ­a sufrido lesiones para mantener su mente fuera de sus miedos, se dio cuenta de que estaba sana y al instante se sintiÃ³ mejor. Si Hyakuhei la iba a matar ... ya lo habrÃ­a hecho ... no? Ella se estremeciÃ³ ante la persistente pregunta.

Mirando a su alrededor, Kyoko se sintiÃ³ mejor viendo que estaba sola. Si ella iba a tratar de escapar, ahora serÃ­a el momento. SÃ³lo esperaba que tuviera la energÃ­a que tomarÃ­a para huir de la cueva sin que Hyakuhei lo supiera.

Se arrastrÃ³ sobre sus manos y rodillas y se estabilizÃ³. Se tomÃ³ toda su fuerza sÃ³lo para empujarse en una posiciÃ³n de pie. LuchÃ³ contra la ola de mareo que la invadiÃ³. Â¿QuÃ© le habÃ­a hecho? Â¿O era el rompimiento del cristal lo que habÃ­a robado su resistencia. Se sentÃ­a como si estuviera perdida en un sueÃ±o y sÃ³lo esperaba que fuera cierto.

Ella no querÃ­a ser un bebÃ©, pero darÃ­a algo ahora mismo para que uno de los guardianes viniera a salvarla. DespuÃ©s de estar en un mundo lleno de demonios mientras ella habÃ­a estado ... nada la asustaba mucho, pero en este momento ... ella estaba en silencio aterrorizada.

Kyoko volviÃ³ su atenciÃ³n a la entrada de la cueva. Mientras que era luz dentro de la cueva, parecÃ­a terriblemente oscuro en el otro lado de la abertura. Se acercÃ³ a la salida casi asustada de lo que encontrarÃ­a en el otro lado.

PodÃ­a sentir la diferencia de temperatura al llegar a la abertura. Incluso podÃ­a sentir el frÃ­o tratando de entrar en la cÃ¡lida habitaciÃ³n y casi le hacÃ­a desear el calor de la piel negra en la que estaba acostada. Mirando hacia atrÃ¡s por encima del hombro, contemplÃ³ regresar al calor, pero rÃ¡pidamente desterrÃ³ la idea.

"No", pensÃ³ Kyoko obstinadamente mientras se frotaba los brazos para mantenerlos calientes. HabÃ­a llegado tan lejos, no estaba a punto de darse la vuelta y regresar por ella. AdemÃ¡s ... era de Hyakuhei y necesitaba que parecÃ­a equivocado. Ãl era el enemigo.

Dio otro paso, que la llevÃ³ a la puerta de la sombra, y ella tenÃ­a razÃ³n. Estaba tan oscuro. Kyoko levantÃ³ los ojos para encontrar una pequeÃ±a corriente de luz procedente de arriba. Por lo que ella podÃ­a decir, estaba muy lejos de la superficie. Mirando la luz para no mirar hacia la oscuridad, notÃ³ que debÃ­a de ser maÃ±ana.

Con un suspiro tranquilo, se preguntÃ³ cuÃ¡nto tiempo habÃ­a estado fuera de Ã©l. Se mordiÃ³ el labio inferior con la esperanza de que no hubiera dormido durante dÃ­as o algo asÃ­. La idea de estar sola a una milla bajo la tierra la estaba arrastrando y la idea de que Hyakuhei estuviera con ella aquÃ­ abajo era algo mÃ¡s que espeluznante.

Ella asintiÃ³ con la cabeza para sÃ­ misma pensando: "Definitivamente es hora de escabullirse antes de que el diablo aparezca para arrojarme al fuego". Inhalando profundamente, ella estabilizÃ³ su miedo sabiendo que no tenÃ­a una alternativa ... pero Â¿cÃ³mo se suponÃ­a que iba a volver a la cima?

Kyoko dio otro paso en la oscuridad, con la esperanza de obtener una mejor vista, pero lo que sucediÃ³ despuÃ©s le quitÃ³ el aliento. Ni siquiera podÃ­a gritar. No habÃ­a piso para que su pie tocara. Al instante perdiÃ³ el equilibrio y estaba cayendo. Ella mirÃ³ sin palabras el pequeÃ±o rayo de luz que se habÃ­a alejado de ella.

Cerrando los ojos, Kyoko buscÃ³ la luz mientras esperaba el impacto. Fuera de la oscuridad los brazos calientes la rodeaban para frenar su caÃ­da. A ella no le importaba quiÃ©n fuera mientras no estuviera cayendo mÃ¡s. Su grito amortiguado resonÃ³ en los muros de piedra mientras se aferraba a los hombros musculosos, su miedo fijado en darse cuenta de que podrÃ­a haber muerto.

PodÃ­a sentir el calor de la persona cuyos fuertes brazos la sostenÃ­an con seguridad contra un pecho ancho. PodÃ­a oÃ­r algo que sonaba como alas blandas mientras subÃ­an hacia la entrada de la habitaciÃ³n de la que acababa de caer. Luchando contra el deseo de presionar mÃ¡s cerca del cuerpo que la habÃ­a salvado, empezÃ³ a concentrarse en lo mucho mÃ¡s ligeras que parecÃ­an las paredes.

Cuando la luz se acercÃ³, Kyoko estaba casi demasiado asustada para mirar hacia arriba, sabiendo ya quiÃ©n la tenÃ­a, pero la curiosidad mÃ³rbida le trajo los ojos de esmeralda a la cara unida a su lÃ­nea de vida. Sus temores fueron renovados. Su cara perfecta se volviÃ³ hacia ella mientras su largo cabello oscuro giraba alrededor de ellos en ondas. Si el mal tenÃ­a un nombre ... ese nombre serÃ­a seducciÃ³n.

"Hyakuhei," su voz fue atada con alarma y gratitud al mismo tiempo. Era su culpa que estuviera aquÃ­, pero tambiÃ©n ... no tenÃ­a que salvarla cuando cayÃ³. Â¿Por quÃ© habÃ­a hecho eso? Â¿CÃ³mo podrÃ­a luchar contra ese enigma? Una pequeÃ±a brisa le golpeÃ³ la espalda y se dio cuenta de que estaban cerca de la pequeÃ±a cueva que habÃ­a despertado originalmente. Â¿HabÃ­a caÃ­do tan lejos?

Ella no dijo una palabra mientras sus pies aterrizaban en el suelo sin un sonido y Ã©l llevÃ³ su estilo nupcial de nuevo a la piel de piel y la sentÃ³ abajo. Luego bajÃ³ su cuerpo para sentarse frente a ella. Los nervios de Kyoko estaban en un nudo en el momento en que se estableciÃ³. No le estaba ayudando que Ã©l la mirara como si estuviera profundamente pensativo. Se mordiÃ³ el labio inferior sabiendo que serÃ­a inÃºtil correr.

Ella lo mirÃ³ de nuevo como si lo estuviera examinando. Si ya no supiera lo malvado que era, habrÃ­a pensado en Ã©l tan sorprendentemente hermosa como Kyou ... salvo que Kyou tuviera una coloraciÃ³n clara, Hyakuhei tenÃ­a un color oscuro. Ambos hombres eran poderosos y muy peligrosos con miradas que podÃ­an matar, pero ella sabÃ­a que no debÃ­a dejarse llevar por la belleza seductora.

Ella tambiÃ©n sabÃ­a no mostrar este miedo traidor de guardiÃ¡n. AsÃ­ que estabilizando sus nervios, Kyoko levantÃ³ un poco la barbilla y lo mirÃ³ desafiante. "No tengo el cristal, Â¿por quÃ© me trajiste aquÃ­?" Se alegrÃ³ de que su voz sonara mÃ¡s fuerte de lo que ella sentÃ­a y sacÃ³ valor de ella.

Hyakuhei ignorÃ³ la pregunta de la sacerdotisa mientras Ã©l la miraba por un momento. Esta chica le intrigÃ³ en muchos niveles. SabÃ­a que tenÃ­a un gran poder, pero tambiÃ©n sabÃ­a que no tenÃ­a idea de lo poderosa que era en realidad. Ni siquiera se dio cuenta de que su caÃ­da se habÃ­a ralentizado antes de que Ã©l la hubiera cogido en sus brazos. Si la hubiera dejado caer, sin duda habrÃ­a aterrizado suavemente sobre sus pies.

Su poder habÃ­a crecido desde la Ãºltima vez que se habÃ­an encontrado cara a cara. Esta vez encontrar el Cristal del CorazÃ³n GuardiÃ¡n serÃ­a mÃ¡s fÃ¡cil porque ella le ayudarÃ­a a localizar los fragmentos destrozados. Su error anterior habÃ­a sido su obsesiÃ³n con sÃ³lo el cristal. Esta vez querÃ­a tanto ... ella y el cristal.

-Â¿Por quÃ© me tienes miedo? Hyakuhei susurrÃ³ suavemente mientras levantaba su mano para tocar su mejilla y se sorprendiÃ³ cuando apenas se estremeciÃ³. Ella le estaba mostrando que no le tenÃ­a miedo, sin darse cuenta de que podÃ­a oler su miedo cuando Ã©l extendiÃ³ la mano para tocarla. TenÃ­a razÃ³n al asustarse, pero Ã©l la harÃ­a olvidar esos temores.

Con el contacto de la piel y sus amplios ojos mirando a los suyos, Ã©l entrÃ³ en su mente, dÃ¡ndole la sensaciÃ³n de comodidad y seguridad. Ya le habÃ­a puesto hechizos antes, pero siempre los habÃ­a roto. Esta vez serÃ­a un hechizo que la dejaba sin sentir ningÃºn peligro y que no tendrÃ­a ninguna causa para liberarse de ella, aunque probablemente lo harÃ­a si se esforzaba lo suficiente. Esta era la esclavitud de un demonio vampiro que habÃ­a tomado recientemente en su alma.

Las comisuras de sus labios sensuales aparecieron en un tono de sonrisa mientras curiosamente lo miraba y su olor de miedo retrocedÃ­a.

Kyoko deberÃ­a haber sabido mejor que dejar que la tocara, pero ella estaba haciendo todo lo posible para no mostrar miedo. Mientras su corazÃ³n le latÃ­a en los oÃ­dos, empezÃ³ a sentirse extraÃ±a. TodavÃ­a no habÃ­a tratado de herirla y por alguna razÃ³n ... comprendiÃ³ que no eran sus intenciones en absoluto. Se sentÃ­a segura con Ã©l y tambiÃ©n se sentÃ­a somnolienta. Ella volviÃ³ su mejilla en la palma de su mano y bajÃ³ las pestaÃ±as.

"Hyakuhei," SusurrÃ³, contenta de que ya no estuviera sola dentro de la cueva.

Ãl la sintiÃ³ neumÃ¡tico y se arrastrÃ³ mÃ¡s cerca para poner suavemente su espalda en el suave pelaje de medianoche. Se posÃ³ sobre su cuerpo y se quedÃ³ mirando su visiÃ³n.

"Es a mÃ­ a quien amarÃ¡ Kyoko ... mi tacto, mi voz ... mi beso." Ãl bajÃ³ sus labios a los de ella mientras ella se quedaba dormida ... Esta noche dejarÃ­a que su cuerpo y mente durmieran y Ã©l mantendrÃ­a contacto con ella para fortalecer el vÃ­nculo del esclavo. Ãl le harÃ­a querer que llegara al punto de dolor fÃ­sico, asÃ­ que no tendrÃ­a mÃ¡s remedio que buscarlo y alimentarlo.

Se acostÃ³ a su lado, atrayendo su cuerpo entre sus brazos, inhalando su olor. Ãl sonriÃ³ para sÃ­ mismo sabiendo que era tan inocente ... sÃ³lo una mujer-niÃ±o realmente. No tenÃ­a ganas de cambiar eso esta noche. Su cuerpo se tensÃ³ alrededor de ella posesivamente. Era pura y ajena al hecho de que ahora estaba bajo su control mientras dormÃ­a dentro de un sueÃ±o. Â¡Era suya!

A varios kilÃ³metros de distancia, Hyakuhei se lanzÃ³ y se volviÃ³ mientras soÃ±aba con el mismo sueÃ±o que Kyoko ... el demonio de los sueÃ±os ahora los tenÃ­a a ambos dentro de sus garras y ni siquiera lo sabÃ­an. El demonio se riÃ³ en silencio ante el caos que habÃ­a creado. Oh, sin duda estaba bajo el control de Hyakuhei, pero su mente permanecÃ­a intacta. Por cuÃ¡nto tiempo todavÃ­a era un desconocido y tratÃ³ de atacar a su carcelero mientras podÃ­a.

El fragmento de cristal dentro del espÃ­ritu de los maestros del sueÃ±o le dio el poder de mirar profundamente dentro de Hyakuhei ... tan profundo que podÃ­a ver a travÃ©s del CorazÃ³n del Tiempo y en otra realidad. Mundo pasado o futuro ... no importaba porque era la verdad y lo usarÃ­a contra el oscuro que lo habÃ­a encadenado.

Ãl alimentarÃ­a los recuerdos tanto a Hyakuhei como a la sacerdotisa para que ellos supieran la derrota no una vez ... sino dos veces. Esta era la tierra de los demonios y los demonios siempre debÃ­an ganar.

*****

Kyou sostuvo con cuidado a Kyoko en sus brazos aunque ella estuviera dormida. HabÃ­a puesto cierta distancia entre Hyakuhei y la sacerdotisa, pero de alguna manera ... era como si Hyakuhei estuviera a la distancia de ella. Su sangre guardiÃ¡n rugiÃ³ en respuesta a estos pensamientos mientras Ã©l la mantenÃ­a un poco mÃ¡s apretada para sÃ­ mismo.

Levantando una mano para cubrir su mejilla, sintiÃ³ que el calor extraÃ±o comenzaba a extenderse a travÃ©s de Ã©l cuando ella volviÃ³ su cara ligeramente en su palma. Sus ojos dorados se endurecieron cuando susurrÃ³ un nombre en su sueÃ±o. HabÃ­a dicho el nombre del enemigo con tanta ternura.

Con un gruÃ±ido enfurecido, Kyou tratÃ³ de mirar en su mente para ver lo que estaba soÃ±ando, pero encontrÃ³ una barrera que lo mantenÃ­a alejado del sueÃ±o. Su mirada se estrechÃ³ ... la barrera de un demonio de sueÃ±os? Â¿CÃ³mo se atreve Hyakuhei a construir un vÃ­nculo con Kyoko usando un demonio humilde? Sus labios se diluyeron con el conocimiento de cuÃ¡nto poder tenÃ­a el demonio de los sueÃ±os dentro de su encantamiento.

DeteniÃ©ndose en el aire, Kyou enviÃ³ una ola banid de poder psÃ­quico directamente a la barrera y sonriÃ³ helado cuando oyÃ³ el grito dÃ©bil del maestro de sueÃ±os como lo dejÃ³ su mente. PodÃ­a sentir la mancha de Hyakuhei dejarla como su sueÃ±o llegÃ³ a un final abrupto. SÃ³lo podÃ­a esperar que Hyakuhei estuviera completamente despierto, con sudor frÃ­o ... y con dolor.

Kyou la acercÃ³ a su rostro para poder verla mientras volaba hacia la barrera velada que ocultaba su castillo. Otros sÃ³lo veÃ­an un bosque sombrÃ­o cubierto de parras estranguladas y la lluvia, pero Ã©l conocÃ­a la ilusiÃ³n.

Cerrando los ojos, susurrÃ³ palabras secretas y el mÃ³rbido paisaje cambiÃ³ cuando un agujero en la barrera oculta se abriÃ³ ... permitiÃ©ndole entrar. La ilusiÃ³n se cerrÃ³ detrÃ¡s de Ã©l. El encanto habÃ­a vuelto a sellar su hogar del inquieto mundo de los demonios.

La propia barrera fue un golpe de genio creado por su padre Tadamichi para evitar que los enemigos no deseados atacaran. En el extremo sin embargo, Kyou descubriÃ³ el propÃ³sito verdadero de la barrera ... para evitar Hyakuhei de volver a casa. Era un castigo apropiado hace tanto tiempo, Kyou habÃ­a presenciado a su tÃ­o de pie justo afuera, mirando y deseando ... no ... tener que pasar mÃ¡s allÃ¡ y agarrar el poder que Tadamichi habÃ­a dejado atrÃ¡s.

VolÃ³ sobre los exuberantes terrenos que rodeaban su palacio, entrando en una ventana abierta en uno de los pisos superiores, sus pies aterrizaban en silencio sobre el suelo de mÃ¡rmol de su interior. Con gracia, sus pasos no hicieron ningÃºn sonido mientras caminaba hacia el lado de la habitaciÃ³n que contenÃ­a una almohada lo suficientemente grande como para que una docena de personas pudieran dormir.

InclinÃ¡ndose, Kyou la depositÃ³ suavemente sobre la suave almohada sÃ³lo para mirarla fijamente. Â¿Por quÃ© la habÃ­a tomado? SabÃ­a por quÃ© ... "porque la querÃ­a". Eso habÃ­a sido suficiente.

SabÃ­a cuando Kyoko despertÃ³ que lo odiarÃ­a. Kyou no querÃ­a que ella lo odiara. De nuevo se preguntÃ³ por quÃ© le importaba tanto lo que pensaba de Ã©l. Â¿Desde cuÃ¡ndo habÃ­a querido algo que ya no le pertenecÃ­a?

GruÃ±Ã³ suavemente, enfadÃ¡ndose con sus propios pensamientos enredados. Â¿CÃ³mo podÃ­a lograr que ella estuviera de acuerdo en quedarse aquÃ­, con Ã©l, sin tener que luchar con ella cada paso del camino? Este era un nuevo obstÃ¡culo para el seÃ±or del reino demonÃ­aco.

Si hubiera sido alguien mÃ¡s causando estos pensamientos para atormentarlo, Ã©l solo los destruirÃ­a y seguirÃ­a con su existencia. Pero ... ella era su sacerdotisa ... Ã©l era su guardiÃ¡n. El no deseaba matarla. No querÃ­a lastimarla en absoluto. SÃ³lo querÃ­a tenerla cerca. Esta nociÃ³n lo sorprendiÃ³.

HarÃ­a un trato con ella. SÃ­, ella le mostrarÃ­a lo que Ã©l querÃ­a saber. SÃ³lo entonces Ã©l la dejarÃ­a ir ... Si todavÃ­a querÃ­a irse y Ã©l se asegurarÃ­a de que no lo hiciera. El hecho de que Hyakuhei se hubiera metido en sus sueÃ±os hace unos momentos aumentÃ³ su necesidad de mantenerla cerca.

Su Ãºnica preocupaciÃ³n en este punto era el poder del maestro de sueÃ±os ... Â¿era lo suficientemente fuerte como para romper la barrera que rodeaba su casa? Â¿La magia antigua serÃ­a suficiente para protegerla? No tenÃ­a idea de cuÃ¡nto peligro estaba realmente. Los ojos dorados de Kyou se movieron hacia su rostro al sentir que su pulso se aceleraba. Ella despertaba.

Se sentÃ³ en la almohada a su lado y esperÃ³. Primero, tratarÃ­a de calmar sus temores. Entonces y sÃ³lo entonces serÃ­a capaz de pasar al siguiente paso ... mantenerla a su lado sin importar el costo.

Kyoko sintiÃ³ como si estuviera en una nube y la confundÃ­a. Su mano se moviÃ³ a travÃ©s de algo muy suave y se preguntÃ³ si ella estaba soÃ±ando de nuevo ... Hyakuhei la habÃ­a besado tan suavemente. Â¿Por quÃ© la habÃ­a besado? Sus ojos se abrieron sÃ³lo para abrirse cuando la primera cosa que vio fue Kyou sentada a su lado, parecÃ­a un Ã¡ngel congelado que habÃ­a perdido sus alas.

Unos ojos dorados y sin emociones la estaban clavando en el lugar donde estaba acostada. Las semejanzas entre su sueÃ±o y su realidad eran desalentadoras por decir lo menos.

RÃ¡pidamente mirÃ³ a su alrededor notando el suelo de mÃ¡rmol negro y las paredes de piedra. Su primer pensamiento fue que esto era como la cueva sÃ³lo mejor. ParecÃ­a lo que ella siempre imaginaba que serÃ­a el interior de un castillo. Los grandes tapices cubrÃ­an partes de las paredes que le daban un toque mÃ¡s cÃ¡lido, junto con la almohada de oro y negro que estaba tendiendo.

Su atenciÃ³n volviÃ³ a Kyou notando que no habÃ­a movido un mÃºsculo. De nuevo el recuerdo de su pensamiento anterior volviÃ³ a atormentarla ... Es tan peligroso como Hyakuhei. Â¿CÃ³mo podrÃ­a alguien tan hermoso ser tan malvado? La oscuridad de la habitaciÃ³n hizo que su aura pareciera brillar de una forma perturbadora, como si se estuviera burlando de sus pensamientos.

Una vez mÃ¡s, la misma sensaciÃ³n de nudos en su estÃ³mago volviÃ³ justo como en el sueÃ±o. CerrÃ³ los ojos con fuerza, apretÃ³ las manos sobre la almohada y rezÃ³ para que esto fuera sÃ³lo otro sueÃ±o ... que despertarÃ­a de nuevo en la estatua de soltera y Toya estarÃ­a de pie sobre ella gritando por su estupidez por volver en medio de la noche . Cuando sus ojos se abrieron se tragÃ³ con miedo, comprendiendo que esto era muy real.

Cuando hablÃ³, la asustÃ³ tanto que se estremeciÃ³ ante la melancÃ³lica voz. Sus ojos de esmeralda se ensancharon ante la reacciÃ³n sabiendo que acababa de estropear de nuevo mostrÃ¡ndole miedo ... esto no era bueno.

"No te harÃ© daÃ±o ... si te comportas." Kyou la mirÃ³ inexpresivamente a los ojos esperando su reacciÃ³n a sus palabras. Ãl sonriÃ³ entonces interiormente cuando ella lo mirÃ³. "Bien." PensÃ³ para sÃ­ mismo. Ella no iba a gritar por miedo a Ã©l ... al menos mientras ella todavÃ­a estaba tan enojada.

Kyoko le lanzÃ³ puÃ±etazos mientras recordaba lo que habÃ­a hecho ... y justo allÃ­ delante de Toya de toda la gente. Â¿CÃ³mo pudo haber hecho tal cosa? Levantando la barbilla, Kyoko siseÃ³, "Â¿Y quÃ© te hace pensar que alguna vez me comportarÃ­a?"

Kyou casi se perdiÃ³ cuando la demanda saliÃ³ de sus labios rosados. Por los dioses, estaba decidida a desafiarlo hasta el final. A pesar de su antipatÃ­a inicial con ella, tenÃ­a que saber que no era su deseo terminar con su existencia. Si ese fuera el caso, ella habrÃ­a muerto en sus manos en su primera reuniÃ³n. Su desafÃ­o estaba calentando su sangre de nuevo ... forzÃ¡ndolo a hacer un esfuerzo fÃ­sico para concentrarse en la tarea a mano.

Los ojos de Kyoko de repente cayeron de los suyos. No podÃ­a competir con la intensidad de su mirada. En ese momento no. No con el corazÃ³n latiendo tan fuerte. La extraÃ±a mirada de sus orbes de oro la asustaba mÃ¡s que luchar contra el propio Hyakuhei.

"Te comportarÃ¡s si quieres volver a Toya ya los otros guardianes", dijo con confianza como si declarara un hecho. Ãl entrecerrÃ³ su mirada mientras sus ojos se acercaban a los suyos. AsÃ­ que ... ella pensÃ³ que iba a discutir, Â¿verdad? Ciertamente lo esperaba. Si tuviera algo que ver con eso ... nunca volverÃ­a a mirar a Toya.

"Â¿QuiÃ©n crees quÃ© eres?" -preguntÃ³ levantÃ¡ndose de rodillas delante de Ã©l. "Pusiste tus manos en mÃ­ ... me tocaste en maneras que yo no querÃ­a. No me importa lo que quieras o que tengas que decir, me llevas de vuelta a Toya, tÃº ... Â¡Pervertido! "

Kyou de repente se inclinÃ³ hacia adelante haciendo Kyoko caer de nuevo en su posiciÃ³n original y saboreÃ³ el olor mixto de su miedo y emociÃ³n.

"Te quedarÃ¡s aquÃ­ conmigo hasta que yo considere lo contrario. Si tus llamados Guardianes no pueden estar allÃ­ para protegerte, entonces no merecen la responsabilidad ." El temperamento de Kyou brillÃ³ cuando recordÃ³ lo cerca que habÃ­a llegado a la muerte de los demonios que habÃ­a destruido antes de tomarla. Esto fue para su propio bien. Si no la hubiera encontrado a tiempo, estarÃ­a con Hyakuhei en este momento en lugar de estar bajo su protecciÃ³n.

Los labios de Kyoko se separaron confundidos, "Â¿Por quÃ© quieres que me quede aquÃ­ contigo?" Fue entonces cuando se dio cuenta de lo cerca que estaba mientras se inclinaba sobre ella. Ella observÃ³ cÃ³mo respiraba y parpadeÃ³ ... por un momento, parecÃ­a que su camisa se volvÃ­a casi transparente a la luz. Mentalmente sacudiendo su cabeza, ella encontrÃ³ su mirada esperando una respuesta a su pregunta.

Antes de que Kyou pudiera responder, la puerta de la habitaciÃ³n se abriÃ³ y dos niÃ±os pequeÃ±os corrÃ­an sonriendo y riendo. ParecÃ­an tener alrededor de seis aÃ±os. Los chicos tenÃ­an un pelo rubio indÃ³mito que se detuvo justo por encima de sus hombros. Eran gemelos idÃ©nticos.

Kyou se sentÃ³ bruscamente, momentÃ¡neamente, con la expresiÃ³n de alguien con la mano atrapada en el frasco de galletas. Kyoko ni siquiera sabÃ­a que la mirada estaba incluso en su repertorio. Ella sabÃ­a que nunca lo olvidarÃ­a ... Â¿dÃ³nde estaba una cÃ¡mara cuando realmente lo querÃ­as?

InclinÃ³ la cabeza hacia un lado sabiendo que eran niÃ±os y gemelos humanos. Â¿Por quÃ© estaban aquÃ­ ... con Ã©l?

"Kyou, has vuelto." Ellos gritaron su nombre mientras corrÃ­an mÃ¡s cerca. Notando a Kyoko se detuvieron, sus ojos se ensancharon con tÃ­mida curiosidad.

"Kyou, Â¿se queda ella?" Se volvieron ojos azules claros para mirar a Kyou.

Kyoko observo a Kyou. Ni siquiera mirÃ³ a los gemelos pequeÃ±os mientras Ã©l les respondÃ­a.

"Hiroki, Hiraru," dijo con una voz inexpresiva.

âSÃ­. Vino las respuestas dulces.

"Ella se queda. Ahora dÃ©janos por el momento." La frÃ­a y calmada voz de Kyou no perturbÃ³ a los gemelos mientras sonreÃ­an a Kyoko y luego corriÃ³ hacia delante, cerrando la distancia entre ellos.

Kyoko esperaba ser atacado. Sus ojos se abrieron de sorpresa cuando se detuvieron para alcanzarla y se subieron al regazo de Kyou, abrazÃ¡ndolo por todo lo que valÃ­an la pena. Una vez mÃ¡s, la expresiÃ³n en el rostro de Kyou no tenÃ­a precio, lo que la hacÃ­a preguntarse cuÃ¡nto sabÃ­a realmente de Ã©l. Los gemelos se echaron a reÃ­r cuando Kyou abruptamente gruÃ±Ã³ profundamente en su pecho antes de darse la vuelta y saltar fuera de la habitaciÃ³n.

Kyoko mirÃ³ de nuevo a Kyou. -Â¿Por quÃ© estÃ¡n contigo? Simplemente se parÃ³ delante de ella, elegante y exasperantemente hermosa. PensÃ³ que no responderÃ­a y se sorprendiÃ³ cuando lo hizo.

"Ellos quieren quedarse ... y yo los dejo", respondiÃ³ con la misma mirada en blanco que le habÃ­a dado antes. AlzÃ¡ndose sobre ella, Kyou notÃ³ la expresiÃ³n de sorpresa que cruzÃ³ su rostro. Su mirada se deslizÃ³ por sus mejillas para hacer una pausa en sus labios ... labios llenos, casi putos.

Kyoko no supo quÃ© pensar de su respuesta. -Â¿Por quÃ© los dejas cuando odias a los humanos?

Le encantaba ver moverse los labios. Kyou se acercÃ³ a Kyoko, a unos centÃ­metros de su rostro. No son lo suficientemente inteligentes como para temerme. Su voz era baja y suave. Sus ojos se levantaron de sus labios que se imponÃ­an en los suyos.

Kyoko tragÃ³ saliva, inclinÃ¡ndose un poco hacia atrÃ¡s, pero la almohada no permitÃ­a demasiado espacio para hacerlo. Â¿QuÃ© querÃ­a decir ... que no era lo suficientemente inteligente como para tener miedo de Ã©l? PodÃ­a decir que Ã©l no le harÃ­a daÃ±o, asÃ­ que ella no se apartÃ³ de Ã©l. -Entonces, Â¿por quÃ© estoy aquÃ­? Ella levanto una ceja.

-Porque tampoco eres lo suficientemente inteligente como para tener miedo de mÃ­ -su voz se hizo mÃ¡s suave mientras observaba su rostro tan cerca del suyo. Le sorprendiÃ³ lo mucho que sus emociones se mostraron en su rostro.

Kyoko querÃ­a inclinarse un par mÃ¡s de pulgadas tratando de crear espacio entre ellos. -Â¿Quieres que tenga miedo de ti? -preguntÃ³ levantando una ceja molesta. InhalÃ³ cuando sus ojos parecÃ­an brillar extraÃ±amente aÃºn mÃ¡s dentro de la habitaciÃ³n oscura. De repente olvidÃ³ lo que habÃ­a llevado a esta conversaciÃ³n.

"Mientras tu comportes, no tendrÃ¡s ni una razÃ³n para temerme. Por ahora, "Ãl extendiÃ³ su mano para tocar su mejilla sÃ³lo para bajar lentamente cuando ella repentinamente retrocediÃ³ fuera de rango. La luz de la ventana detrÃ¡s de Ã©l reflejaba dentro de sus ojos. Â¿Se daba cuenta de lo seductora que se veÃ­a con su inocencia infantil y sus melancÃ³licos labios? Se apartÃ³ de ella, su mirada se estrechÃ³ una vez mÃ¡s.

Kyoko lo mirÃ³ con curiosidad. "Kyou ... Â¿por quÃ© estoy realmente aquÃ­? Necesito volver a los otros guardianes y continuar cazando a los talismanes desaparecidos ". No podÃ­a decir lo que estaba pasando con Ã©l y estaba empezando a asustarla oficialmente. TodavÃ­a no le respondÃ­a y las mariposas en su estÃ³mago se reproducÃ­an mientras esperaba.

DespuÃ©s de un minuto de verlo mirÃ¡ndola, Kyoko finalmente puso su mano sobre la almohada y se empujÃ³ hasta una posiciÃ³n de pie.

Kyou estaba tan tentada a dejar que se inclinara hacia Ã©l, pero despuÃ©s de tratar su cuerpo con tanta seducciÃ³n antes, sabÃ­a que hacerlo romperÃ­a cualquier tipo de confianza que hubiera ganado. Se inclinÃ³ hacia atrÃ¡s y la dejÃ³ ponerse en pie.

SintiÃ©ndose un poco fuera de equilibrio tratando de ponerse de pie sobre la almohada de gran tamaÃ±o, Kyoko puso sus manos para equilibrarse mientras miraba desafiantemente hacia Ã©l. "De acuerdo... Si no hay razÃ³n para estar aquÃ­, quiero volver." Ella fue a dar un paso pero antes de que supiera lo que pasaba, ella estaba de espaldas mirando a Kyou enojado. -Bueno ... al menos sÃ© que su rostro no es de piedra -pensÃ³ para sÃ­-.

Kyou habÃ­a agarrado los tobillos de Kyoko y cuando aterrizÃ³ Ã©l la habÃ­a empujado hacia Ã©l. Ãl estaba instantÃ¡neamente encima de ella, mirando hacia abajo en su rostro. Sus manos estaban apretadas contra su pecho y Ã©l podÃ­a sentir el poder del cristal dentro de sus palmas pero ella no lo soltÃ³. Â«BienÂ», pensÃ³ para sÃ­.

"Â¿Crees que te tomÃ© por nada? Â¡Estabas en peligro y ni siquiera lo sabÃ­as! " Le informÃ³ sombrÃ­amente.

"Peligro," Kyoko casi le gruÃ±Ã³. "Â¡Estaba bien hasta que apareciste!"

RespirÃ³ con fuerza tratando de calmar su temperamento y su corazÃ³n rÃ¡pidamente palpitante. No querÃ­a hacerle daÃ±o, pero ella no se irÃ­a todavÃ­a. Alguien tenÃ­a que mantenerla a salvo y no confiaba en que sus hermanos hicieran eso despuÃ©s de su negligencia. -No te irÃ¡s hasta que aprenda lo que necesito saber de ti.

-Â¿QuÃ© quieres aprender de mÃ­? Kyoko apretÃ³ sus manos contra su duro pecho y lo empujÃ³, tratando de hacer que Ã©l retrocediera para poder sentarse de nuevo. Cuando descubriÃ³ que no iba a moverse, ella lo mirÃ³ con frustraciÃ³n.

Estaba empezando a perder la paciencia con el Â«prÃ­ncipe del hieloÂ», pensÃ³ para sÃ­, haciendo que una leve sonrisa histÃ©rica cruzara sus facciones. Las yemas de sus dedos hormigueaban con su poder y ella lo retuvo ya que Ã©l no habÃ­a hecho ninguna amenaza real para ella ... todavÃ­a.

Kyou volviÃ³ a mirar las emociones cruzar su cara con asombro, aunque no mostrÃ³ ninguna evidencia de ser sorprendido. Ãl puso sus manos sobre sus hombros y le dio un ligero temblor. -Eso... quiero aprender eso.

Kyoko frunciÃ³ el ceÃ±o. Â¿De quÃ© diablos estaba hablando?

Ãl la sacudiÃ³ otra vez, "Y eso, quiero saber eso."

"Â¿QuÃ©?" Ella le gritÃ³, enfadÃ¡ndose. Kyoko le dirigiÃ³ una extraÃ±a mirada preguntÃ¡ndose en silencio si habÃ­a perdido la cabeza en serio.

-SÃ­ eso, todo eso y esto tambiÃ©n. Ãl la atrajo hacia Ã©l y le cortÃ³ los labios con los suyos en un beso abrasador.

Kyoko jadeÃ³ cuando Ã©l la tomÃ³ por sorpresa y deslizÃ³ su lengua mÃ¡s allÃ¡ de sus labios trayendo su cuerpo mÃ¡s cercano al suyo, saboreÃ¡ndola. En su pÃ¡nico ... el poder del cristal se desvaneciÃ³ y ella empujÃ³ contra Ã©l, pero su fuerza no tenÃ­a voluntad real.

Kyou escogiÃ³ esta vez para liberarla cuando sus luchas cesaran. Ãl habÃ­a hecho su punto incluso si Ã©l era el Ãºnico que lo entendiÃ³. Su mirada nunca se apartÃ³ de su rostro mientras ella caÃ­a de nuevo contra la almohada, sus mejillas enrojecidas. La imagen quedarÃ­a impresa para siempre en su mente. Sus pechos suben y bajan con cada respiraciÃ³n profunda. Sus labios se separaban ligeramente. Su largo cabello castaÃ±o oscilaba alrededor de ella en olas.

Era el aspecto de seducciÃ³n inocente ... haciendo que sus lomos se apretaran y se hincharan. Ya era suya ... sÃ³lo que ella no lo sabÃ­a.

Kyoko le puso la parte de atrÃ¡s de la mano en los labios en un intento de impedir que hiciera tal cosa de nuevo. Ahora estaba enfadada. Ella no entendÃ­a. Â¿QuerÃ­a saber quÃ© de ella? -Â¿De quÃ© me estÃ¡s hablando? Â¿Que quieres que te enseÃ±e? Ella hizo las preguntas con una voz temblorosa sintiendo como si estuviera tratando de arrastrarla a su locura.

Cuando no obtuvo una respuesta lo suficientemente rÃ¡pida, levantÃ³ una ceja molesta y gruÃ±Ã³: -Vamos a dar un salto. Luego se pasÃ³ la mano por la boca, como si quisiera borrar la sensaciÃ³n de su beso.

Perdiendo su paciencia con ella, se volviÃ³ para salir de la habitaciÃ³n. Â¿Por quÃ© no lo entendÃ­a? Â¿Por quÃ© no vio que Ã©l querÃ­a conocerla? No podÃ­a liberarla ahora ... sin protecciÃ³n de Hyakuhei. El enemigo se habÃ­a puesto tan cerca de ella que ahora estaba obsesionado con sus sueÃ±os ... Ã©l no lo permitirÃ­a.

Kyoko le gritÃ³. -Â¡Me quiero ir! Â¡DÃ©jame ir! Â¡Si no sÃ© lo que quieres de mÃ­, entonces no puedo ayudarte! " Ella lo observÃ³ mientras Ã©l se detenÃ­a, su espalda se puso rÃ­gida, pero Ã©l no se volviÃ³ para mirarla.

Kyou sabÃ­a lo que querÃ­a de ella, pero por ahora, esto tendrÃ­a que hacer. -Quiero que me enseÃ±es tus emociones humanas. Caminaba hacia la puerta. "QuizÃ¡s entoncesâ¦ Voy a entender por quÃ© me molesta proteger a uno."

Ãl se fue, cerrando firmemente la puerta detrÃ¡s de Ã©l. Una vez en el pasillo fuera de la habitaciÃ³n, se apoyÃ³ contra la madera de la puerta. "Eso fue ... extraÃ±o", pensÃ³ con una ceja levantada. RÃ¡pidamente se enderezÃ³ y mirÃ³ a su alrededor para asegurarse de que nadie habÃ­a presenciado su momento de debilidad.

Kyou permaneciÃ³ allÃ­ un momento, pensando. Si pudiera hacer que se quedara ... aunque fuese sÃ³lo por un tiempo, tendrÃ­a tiempo de intentar que ella lo amara. Era hora de admitir lo que estaba haciendo ... al menos admitirlo para sÃ­ mismo. SÃ³lo querÃ­a tenerla cerca. Por una vez en su larga vida, querÃ­a algo que poseÃ­a su hermano Toya.

QuerÃ­a que la sacerdotisa fuera suya ... querÃ­a ser el que la protegiera. Â¿Era esto lo que ellos llaman amor? Sus ojos se oscurecieron de forma atractiva. En el fondo ... conocÃ­a las emociones, pero sÃ³lo Ã©l era consciente de ese hecho. Simplemente no habÃ­a tenido una razÃ³n para aprovecharlos en tanto tiempo que se habÃ­an quedado dormidos. Ãl sonriÃ³ en secreto. Si ella querÃ­a dejarlo ... entonces primero, ella tendrÃ­a que llegar a conocer al verdadero Ã©l.

Primero, Ã©l querÃ­a saber quÃ© era el amor humano y ella serÃ­a la que le mostrara. Para hacerlo ... tendrÃ­a que enamorarse de Ã©l. Su sangre alta ya la habÃ­a elegido como su compaÃ±ero y no podÃ­a cambiar eso. No importa cuÃ¡nto luchara contra Ã©l ... sÃ³lo lucharÃ­a mÃ¡s duro.

Los ojos de Kyou se iluminaron con la idea de que ella se acercara a Ã©l de buena gana. QuerÃ­a sentir todas esas emociones. SabÃ­a por quÃ© su padre y sus hermanos pensaban que los seres humanos eran tan interesantes ... dignos de protecciÃ³n. Pensaban que todos y cada uno de ellos eran diferentes y de alguna manera intrigantes. Le resultaba fÃ¡cil ignorar a la mayorÃ­a de los humanos ... pero no a la sacerdotisa. Ella era el enigma entre los humanos.

HabÃ­a pasado mucho tiempo desde que el seÃ±or del reino de los guardianes esperaba cualquier cosa .... Pero esta fue una batalla que no tenÃ­a la intenciÃ³n de perder.



CapÃ­tulo 4 "Doble Problema"



Kyoko se sentÃ³ en las almohadas mirando la puerta que habÃ­a cerrado con fuerza unos segundos antes. Sus pensamientos se congelaron por la razÃ³n por la que dijo que estaba allÃ­. Kyou querÃ­a que le enseÃ±ara emociones humanas? Â¿Por quÃ© el prÃ­ncipe del hielo querÃ­a conocer las emociones humanas? Â¿Y por quÃ© querrÃ­a aprender de ella?

LevantÃ³ la mano a sus labios sintiendo todavÃ­a la sensaciÃ³n de hormigueo que le habÃ­a causado su beso. Los ojos de Kyoko se estrecharon mientras ella bajaba la mano pensando. Pero una cosa es segura. Kyou ya conoce dos emociones ... enojo y presunciÃ³n.

*****

Hiroki y Hiraru abrieron la puerta, buscando a la chica bonita. Nunca habÃ­a habido ni una niÃ±a en el castillo o al menos una que hubieran visto. HabÃ­a pasado mucho tiempo desde que habÃ­an visto a otro ser humano entre ellos. Estaban tan acostumbrados a ver a Kyou que nunca se habÃ­a dado cuenta de que estaban perdiendo nada hasta ahora. Ahora no podÃ­an mantener a raya su curiosidad.

MirÃ¡ndose el uno al otro cuando no vieron nada inmediatamente, se inclinaron hacia adelante un poco mÃ¡s para ver completamente la almohada en la que la chica habÃ­a estado acostada. Al ver que ella seguÃ­a allÃ­, se revolvieron casi cayendo sobre sÃ­ en el proceso.

Los ojos de Kyoko se iluminaron considerablemente cuando vio a los gemelos. Eran tan adorables y otra vez se preguntÃ³ cÃ³mo alguien como Kyou podrÃ­a tener a estos dos hermosos niÃ±os en su compaÃ±Ã­a. Simplemente no encajaba con su frÃ­a personalidad.

En su apuro a su lado, uno de ellos tropezÃ³ pero afortunadamente aterrizÃ³ en el borde de la almohadilla en vez del piso de mÃ¡rmol implacable. Kyoko no pudo evitarlo y se echÃ³ a reÃ­r, cogiÃ©ndolo en sus brazos y colocÃ¡ndolo de nuevo sobre sus pies. ObservÃ³ cÃ³mo el otro gemelo corrÃ­a y abrazaba a su hermano. Sus mejillas estaban apretadas juntas, mirÃ¡ndola con idÃ©nticas sonrisas. Eran tan adorables y le recordaban a su hermanito cuando era pequeÃ±o.

"Ten cuidado," Kyoko amonestÃ³. -No debes atravesar pisos tan resbaladizos. -Me llamo Kyoko.

"Hiya Kyoko. El es mi hermano Hiroki ... " "Y Ã©l es mi hermano Hiraru." Terminaban las frases uno del otro.

"Es muy agradable conocerte," Kyoko asintiÃ³.

"Eres muy bonita," dijo Hiraru en voz baja.

Kyoko chillÃ³ mentalmente a su ternura pero lo mantuvo adentro. "Gracias Hiraru, debo decir que ustedes dos son muy guapos tambiÃ©n."

Ambos se sonrojaron dulcemente y Kyoko estaba encontrando mÃ¡s difÃ­cil evitar abrazar la vida de ellos. MirÃ³ hacia la puerta y luego hacia ellos. -Â¿Sabes dÃ³nde estÃ¡ Kyou?

Hiroki y Hiraru se miraron unos a otros. "Creo que le cae bien", susurrÃ³ Hiroki.

Los labios de Kyoko se separaron pero no saliÃ³ nada y se sonrojÃ³.

"Sus mejillas son rojas", dijo Hiraru. "Las mejillas de mamÃ¡ siempre se ponÃ­an rojas cuando papÃ¡ la abrazaba. Â¿Crees que Kyou abrazÃ³ a Kyoko? "

Kyoko resistiÃ³ el impulso de caerse y enterrar su rostro en la almohada. -Ha hecho mÃ¡s que abrazarme -prosiguiÃ³ la idea. Tratando de distraerse notÃ³ las manchas de suciedad en las manos del niÃ±o y sonriÃ³. Los muchachos serÃ­an muchachos y parecÃ­a que estos dos habÃ­an estado jugando afuera.

Kyoko se estirÃ³ y levantÃ³ la mano de Hiroki haciÃ©ndola girar hacia arriba. Â¿Has estado jugando en la tierra? Ella guiÃ±Ã³ un ojo.

"Necesitamos tomar un baÃ±o ahora", Hiraru le informÃ³ sabiendo que Kyou nunca tenÃ­a manos sucias. Los gemelos le miraban y querÃ­an ser como su hÃ©roe. -Â¿VendrÃ¡s a tomar un baÃ±o con nosotros?

Kyoko negÃ³ con la cabeza. -No creo que sea una buena idea. Ella vacilÃ³ cuando los gemelos tomaron una mano e intentaron empujarla a sus pies.

"A Kyou no le importarÃ¡", dijo Hiroki. "Una vez que ve lo bonito que eres cuando estÃ¡s limpio tal vez te abrace."

Los ojos de Kyoko se abrieron de nuevo y ella gimiÃ³ mentalmente. Ella no querÃ­a que Kyou la abrazara ... ella querÃ­a que Kyou la dejara ir. AhÃ­ es cuando realmente se dio cuenta de ella ... los niÃ±os no sabÃ­an que estaba siendo mantenida en contra de su voluntad.

Los pequeÃ±os gemelos le sonrieron inocentemente, empujÃ¡ndola hacia la puerta. Su decisiÃ³n de quedarse donde estaba destrozada cuando vio sus sucios pies descalzos. Se preguntÃ³ quiÃ©n se baÃ±aba y cuidaba de ellos. Todas las pequeÃ±as cosas que su madre solÃ­a hacer por ella, que daba por sentado, no se habÃ­an dado a estos hermosos chicos.

Kyoko no sabÃ­a quÃ© hacer, asintiÃ³ y siguiÃ³ a los niÃ±os por la puerta y por el pasillo. En el momento que era una ventaja sÃ³lo para salir de esa habitaciÃ³n. HabÃ­a grandes tapices y pinturas revestimiento de las paredes ... mÃ¡s de unos pocos Kyoko no habrÃ­a importado tener una mirada mÃ¡s atenta pero ella no estaba a punto de hacer una cita. Ella tenÃ­a un motivo ulterior ... encontrar una manera de salir del castillo y volver a Toya.

Las diminutas manos que sostenÃ­an las suyas continuaron tirÃ¡ndola por el pasillo hasta un conjunto de escalones de espiral de mÃ¡rmol blanco. La escalera era tan empinada Kyoko apretÃ³ su agarre en las manos de los niÃ±os no queriendo verlos viajar y caer en su prisa. En el fondo la condujeron a travÃ©s de un juego de puertas dobles. Kyoko sintiÃ³ el cambio de temperatura y humedad ... parpadeÃ³ sorprendida y mirÃ³ a su alrededor con los labios entreabiertos.

La habitaciÃ³n era enorme, con una fuente de agua caliente que borbotaba cÃ³modamente en el centro del piso de piedra. La piedra se extendÃ­a hasta las paredes donde estaba forrada con cojines suaves y esponjosos, creando un ambiente muy cÃ³modo. Bajo las circunstancias adecuadas ... podrÃ­a haber sido considerado romÃ¡ntico.

DespuÃ©s de la pared, ella estirÃ³ el cuello notando que subiÃ³ por el centro del castillo, conduciendo a diferentes alas y dejando entrar la brisa y el sol. Si llovÃ­a, estarÃ­a mojada ahora mismo.

-Bueno, al menos esto estÃ¡ mÃ¡s cerca de estar fuera de lo que era -mirÃ³ hacia abajo y sonriÃ³ cuando ambos muchachos la miraron con curiosidad-. "Es hermoso," asintiÃ³ ella sin querer preocuparlos con sus propias divagaciones.

Kyoko recordÃ³ a Toya una vez le dijo que Kyou vivÃ­a en un ambiente lujoso ... esto solo lo confirmÃ³. No sabÃ­a cuÃ¡n grande era el castillo, y no estaba segura de querer averiguarlo. Ya estaba bastante mal que estaba teniendo problemas para recordar cÃ³mo llegÃ³ a esta habitaciÃ³n.

Siguiendo su lÃ­nea de visiÃ³n de regreso a la primavera, ella notÃ³ allÃ­ donde los materiales blandos para el secado y el vapor que se levanta del agua caliente. Ella habÃ­a llegado a amar absolutamente las pequeÃ±as aguas termales que a menudo se encontraban en este mundo pero esto era ... lo mejor desde pan rebanado. De alguna manera, era incluso mejor que lo que tenÃ­a en su mundo moderno.

ParecÃ­a casi demasiado bueno para uso general y se preguntÃ³ si esto era la zona de baÃ±o personal de alguien. Ella se estremeciÃ³ cuando la idea de que Ã©ste pudiera ser el baÃ±o privado de Kyou entrÃ³ en su mente. Echando un rÃ¡pido vistazo alrededor para estar seguro, ella respirÃ³ un suspiro de alivio al determinar que Ã©l no estaba en ninguna parte.

Kyoko mirÃ³ nervioso a Hiroki ya Hiraru. Â¿Se supone que estamos aquÃ­?

Sonrieron, saltando de un lado a otro con entusiasmo. "Â¡QuerÃ­amos que Kyoko viniera con nosotros como mamÃ¡ solÃ­a hacer!" Con eso ... los gemelos precedieron en desnudarse y correr al agua, riendo de placer.

Kyoko dejÃ³ caer la mandÃ­bula. -Â¿Como hacÃ­a mamÃ¡? ParpadeÃ³ varias veces preguntÃ¡ndose cÃ³mo dos niÃ±os tan dulces e inocentes habÃ­an sobrevivido sin su mamÃ¡ y cÃ³mo habÃ­a terminado viviendo con el prÃ­ncipe de hielo.

*****

Kyou caminaba de un lado a otro dentro de las paredes de su habitaciÃ³n preguntÃ¡ndose quÃ© iba a hacer con Kyoko. No estaba preocupado por Toya y los demÃ¡s, pero el hecho de que Hyakuhei se habÃ­a acercado tanto a ella no le hacÃ­a feliz. Si no hubiera llegado a ella primero, Â¿quÃ© habrÃ­a pasado?

Sacudiendo la cabeza, gruÃ±Ã³ ante la pregunta. SabÃ­a exactamente lo que habrÃ­a pasado. Hyakuhei la habrÃ­a seducido y luego la habrÃ­a utilizado para reunir el talismÃ¡n y abrir un portal en su mundo. TodavÃ­a podÃ­a recordar la suavidad de su voz mientras decÃ­a el nombre de Hyakuhei mientras dormÃ­a. Ese solo pensamiento bastÃ³ para que quisiera volar furioso. Su tÃ­o no merecÃ­a tocar ... nunca tocarÃ­a lo que era suyo.

DejÃ³ de pasearse y mirÃ³ al espacio. Si ... le gustÃ³ mucho el sonido de eso. El Ãºnico problema que enfrentaba en ese momento era ganar mÃ¡s de su confianza y hacerle ver que Ã©l era el Ãºnico que jamÃ¡s tendrÃ­a la capacidad de protegerla de la manera en que estaba destinada a ser protegida. Para que pudiera lograr esto, necesitaba mantenerla a su lado y asegurarse de que permaneciera asÃ­.

SabÃ­a que podÃ­a obligarla a quedarse, pero tambiÃ©n se dio cuenta de que eso sÃ³lo la harÃ­a odiarle. HabÃ­a trabajado la mayor parte de su vida manteniendo a los humanos a distancia, pero Kyoko ... no querÃ­a que estuviera lejos. Si nunca abandonaba el castillo, entonces el mal nunca podrÃ­a alcanzarla. Ãl querÃ­a que ella quisiera permanecer voluntariamente, como los gemelos.

Una sonrisa muy breve adornÃ³ sus labios pensando en los niÃ±os humanos que habÃ­a acomodado dentro de su casa. La expresiÃ³n desapareciÃ³ cuando su mente volviÃ³ al pasado ... mantener a los gemelos habÃ­a sido un accidente.

Los humanos que habÃ­an estado varados en este mundo, hace milenios, tuvieron que luchar contra los demonios de este mundo para sobrevivir. Pero a menudo fueron asesinados en edades tempranas debido a su debilidad, por lo que la poblaciÃ³n no habÃ­a crecido mucho. Los que sobrevivieron a la edad adulta a menudo pasan toda su vida luchando contra los demonios que plagaron este mundo.

Los guardianes y los seres humanos mÃ¡s fuertes en este mundo trataron de mantenerlos protegidos, pero no siempre podÃ­an estar allÃ­ en el momento adecuado.

Tal era la situaciÃ³n con los gemelos. No mucho despuÃ©s de que el cristal del corazÃ³n del guardiÃ¡n hubiera sido destrozado, Kyou habÃ­a oÃ­do hablar de un pueblo cerca de su castillo atacado por los subordinados de su tÃ­o y sabÃ­a que debÃ­a haber un talismÃ¡n allÃ­ para que Hyakuhei mostrara tal interÃ©s. AdemÃ¡s de eso, el pueblo estaba dentro de su territorio y por lo tanto bajo su protecciÃ³n. Por desgracia, por razones que todavÃ­a no habÃ­a descubierto, no habÃ­a sentido que los demonios se acercaran hasta que era demasiado tarde.

Cuando Kyou llegÃ³, el pueblo estaba bajo ataque de varios demonios de fuego en el aire. Los gemelos habÃ­an sido los Ãºnicos que quedaban y eso era sÃ³lo porque sus padres los habÃ­an escondido en una cueva bajo su choza. Â¿No habÃ­a oÃ­do sus gritos bajo el refugio ardiente ...? A Kyou le resultaba difÃ­cil pensar en esa parte de la misma que le llevaba constantemente a un estado confuso.

HabiÃ©ndolos sacado de los restos, se habÃ­a dado cuenta de que los gemelos habÃ­an sido adornados con un collar hecho a partir de los pedazos destrozados del cristal del corazÃ³n de la guarda. Los ojos azules cristalinos del gemelo habÃ­an emparejado el color de la joya que colgaba alrededor de su cuello mientras que gritaban para la familia que se habÃ­a tomado de ellos.

HabÃ­a permanecido allÃ­ mirando alrededor del pueblo destruido mientras los gemelos se aferraban a sus piernas, ocultando sus rostros contra Ã©l.

Kyou habÃ­a pensado que era extraÃ±o que ambos fragmentos hubieran estado en forma de una lÃ¡grima ... Â¡quÃ© irÃ³nico al mirar alrededor del pueblo que habÃ­a sido asesinado dejando atrÃ¡s la misma razÃ³n por la que habÃ­a sido demolido. Â¿Acaso el cristal guardiÃ¡n del corazÃ³n habÃ­a escondido a los niÃ±os de los monstruos que habÃ­an venido por ellos? Teniendo en cuenta la naturaleza desconocida del cristal y los muchos secretos que contenÃ­a ... no le habrÃ­a sorprendido.

Sabiendo que otros vendrÃ­an por los collares contaminados, Kyou rÃ¡pidamente quitÃ³ los fragmentos de sus cuellos. TratÃ³ de convencerse repetidamente de que era parte de su deber como guardiÃ¡n proteger el talismÃ¡n pero, de nuevo, la emociÃ³n constantemente influyÃ³ en sus decisiones. MÃ¡s tarde, mirando hacia atrÃ¡s en el evento, tuvo que dejar de asociarse a sÃ­ mismo ya sus hermanos con los gemelos. Como los niÃ±os, ellos no tenÃ­an familia excepto el uno al otro.

Ya estaba ocultando sentimientos por Kyoko, le habÃ­a hecho curioso acerca de los humanos, asÃ­ que cuando los gemelos intentaron caminar detrÃ¡s de Ã©l ... queriendo seguirlo ... Ã©l se dio cuenta de que ellos tambiÃ©n morirÃ­an sin su ayuda.

Algo en los rostros con lÃ¡grimas y en la forma en que lo miraban hacÃ­a que su pecho se sintiera tenso y pesado ... Ã©l no los dejarÃ­a. La decisiÃ³n tomada, se habÃ­a vuelto y los habÃ­a arrastrado en sus brazos y los habÃ­a llevado a casa detrÃ¡s de las paredes donde los demonios no podÃ­an encontrarlos. VigilarÃ­a a los hermanos humanos y aprenderÃ­a el secreto de por quÃ© el cristal del corazÃ³n guardiÃ¡n protegÃ­a tal raza.

Sacudiendo los recuerdos de su mente, sacÃ³ la cadena de su camisa y echÃ³ un vistazo a la esfera que descansaba allÃ­. Los fragmentos del cristal que habÃ­a tomado de los niÃ±os.

Lo elevÃ³ hasta el nivel de los ojos para ver cÃ³mo las pequeÃ±as gotas de lÃ¡grimas flotaban dentro de la barrera que les habÃ­a dado. Tales hermosas hilachas de cristal azul que parecÃ­an nadar en un mar de lÃ¡grimas que habÃ­an causado. LÃ¡grimas que sabÃ­a que los gemelos todavÃ­a perdÃ­an por su familia perdida, aunque venÃ­an menos a menudo que antes. Ocasionalmente, mientras descansaba, uno o ambos intentaban arrastrarse a la cama con Ã©l para dormir. No comprendÃ­a este aspecto de la comodidad, pero lo permitiÃ³, curioso.

DeslizÃ¡ndose el collar de nuevo en su escondite, Kyou se retirÃ³ de nuevo a la habitaciÃ³n que habÃ­a colocado Kyoko en y abriÃ³ la puerta. Sin pisar un pie dentro, podÃ­a sentir que la habitaciÃ³n estaba vacÃ­a y su furia creciÃ³. No le habÃ­a dicho que era libre de irse. Su expresiÃ³n se endureciÃ³ ... TendrÃ­a que aprender su lugar si querÃ­a protegerla.

InhalÃ³ lentamente, detectando el olor de los gemelos que se mezclaban con los suyos. CaminÃ³ sobre pies silenciosos hacia uno de los dos balcones que bordeaban el pasillo justo fuera de su habitaciÃ³n. Ãste condujo al centro del castillo y mirÃ³ hacia abajo hacia las aguas termales que yacÃ­an dentro.

Al verla nuevamente, Kyou sintiÃ³ que su ira se enfriaba. No habÃ­a huido como habÃ­a pensado por primera vez. Ãl silenciosamente la observÃ³ desde las sombras mientras hablaba con los hermanos.

*****

Kyoko caminÃ³ hasta el borde de la fuente caliente cerrada, todavÃ­a indeciso sobre si deberÃ­a o no estar aquÃ­ viendo a los gemelos baÃ±arse o tratando de encontrar una salida del castillo por completo. Ver la felicidad despreocupada de los niÃ±os aliviÃ³ sus preocupaciones durante unos minutos. Mientras estuvieran con ella nada pasarÃ­a ... Â¿verdad?

Dejando que su mente se relajara, se sentÃ³ en el revestimiento de piedra que rodeaba el agua caliente, pegÃ¡ndose los pies mientras miraba al conjunto de gemelos humanos. TodavÃ­a tenÃ­a curiosidad por saber cÃ³mo vinieron los niÃ±os a estar aquÃ­, con Kyou. "Hiroki, Hiraru, Â¿dÃ³nde estÃ¡ tu mamÃ¡ y papÃ¡?"

Los gemelos dejaron de salpicar y se volvieron hacia Kyoko con una inclinaciÃ³n hacia sus pequeÃ±as cabezas. "La aldea fue atacada y todos desaparecieron en las llamas". Hiroki tomÃ³ un pedazo de tela de un lado, lo sumergiÃ³ en un tazÃ³n de fuente en el lado del resorte, y comenzÃ³ a frotar su pequeÃ±o cuerpo.

Kyoko se sorprendiÃ³ al ver que hacÃ­a espuma mientras se frotaba la piel. Entonces, Â¿los padres del gemelo estaban muertos? -Â¿CÃ³mo has venido aquÃ­ para estar con Kyou? Vio cÃ³mo Hiraru se dirigÃ­a a ella sonriendo.

Su pequeÃ±a cara se inclinÃ³ hacia Kyoko y ella pudo ver el calor en sus ojos. "Los demonios nos habrÃ­an llevado tambiÃ©n, pero Kyou los detuvo y ahora nos quedamos con Ã©l". Se dio la vuelta y salpicÃ³ el agua de Hiroki, deshacerse del jabÃ³n mientras continuaba respondiendo a su pregunta. Los demonios no pueden encontrarnos ahora. Ni siquiera pueden ver este lugar, Kyou lo dijo. Kyoko vio cÃ³mo Hiroki luchaba por mojar el cabello de Hiraru y ensuciarlo.

Entoncesâ¦ Kyou los habÃ­a salvado y ahora los miraba como un padre? Kyoko enarcÃ³ las cejas con confusiÃ³n. Eso no sonaba como el Kyou que habÃ­a llegado a temer. Su mirada se suavizÃ³ por un segundo preguntÃ¡ndose si realmente lo conocÃ­a. -Â¿Un prÃ­ncipe de hielo con corazÃ³n? Ella se riÃ³ de su propia broma.

Viendo la corriente de jabÃ³n que se dirigÃ­a hacia los ojos de Hiraru, Kyoko decidiÃ³ ofrecer su ayuda. -Â¿Quieres que te ayude a lavarte el cabello?

Cuando los niÃ±os asintieron y se echaron a reÃ­r, Kyoko se puso nerviosa y se quitÃ³ la ropa, luego se deslizÃ³ al agua para ayudarlos, ignorando completamente el hecho de que en el momento se suponÃ­a que estaba tratando de encontrar un camino de regreso a los otros guardianes y lejos del guardiÃ¡n que se habÃ­a convertido en su cÃ¡rcel.

*****

"Â¿CÃ³mo se suponÃ­a que iba a saber que Kyoko regresarÃ­a a travÃ©s del portal del tiempo en medio de la maldita noche?" Toya gritÃ³ en el cielo como si Kyou todavÃ­a pudiera oÃ­rlo. Le habÃ­a llevado a Shinbe un rato sÃ³lo para conseguirle esta calma.

Al principio, se sintieron aterrados cuando los rastros de rojo comenzaron a filtrarse en los iris de Toya. Cuando Toya empezÃ³ a destruir Ã¡rboles selectos a su alrededor, habÃ­an decidido retroceder un momento y dejar que trabajara algo de su ira en lugar de dejar que se acumulara a un nivel tan peligroso.

"Y Hyakuhei apareciendo asÃ­ ... Â¡podrÃ­a haber sido secuestrada!" Toya siguiÃ³ enfureciendo en confusiÃ³n mientras sus ojos se volvÃ­an plateados de ira luego se reflejaban en el oro mientras la preocupaciÃ³n volvÃ­a a su mente. VolviÃ³ a mirar el lugar donde Kyou la habÃ­a sujetado dentro de la barrera contra su voluntad.

Â¿QuÃ© es lo que quiero decir? Ella fue secuestrada. -Â¡Maldita sea! GruÃ±Ã³ Ã©l con nostalgia.

Shinbe era el contrario de Toya ... se mantuvo en calma ante la sacerdotisa desaparecida. Â¿Secuestrado o salvo? PreguntÃ³ mientras su mano se apretaba en su personal con incertidumbre. Â¿En quÃ© estaba pensando Kyou? Estaba seguro de que habÃ­a algo mÃ¡s en esta historia de lo que Toya les decÃ­a.

Su mirada de amatista observaba cada movimiento de Toya con la esperanza de que su maldito lado demonÃ­aco se quedara latente. Lo Ãºltimo que necesitaban era que la sangre demonÃ­aca de Toya se hiciera cargo y empeorara la situaciÃ³n. "Kyou nunca ha sido conocido por ser amable ... incluso cuando realmente estaba ayudando. Tal vez la tomÃ³ sÃ³lo para mantenerla a salvo hasta que Hyakuhei se haya ido."

Toya cerrÃ³ el puÃ±o sabiendo que los demÃ¡s no habÃ­an visto lo que habÃ­a visto. No querÃ­a decÃ­rselo. De alguna manera ... decirlo en voz alta lo hizo mucho mÃ¡s cierto, pero tenÃ­an derecho a saber lo que su hermano mayor estaba haciendo. Kyou no la traerÃ¡ de vuelta.

âÂ¿Por quÃ© no? Kamui hablÃ³ por primera vez desde que Hyakuhei habÃ­a desaparecido. Es un guardiÃ¡n ... uno de nosotros. Â¿Por quÃ© no la traerÃ­a de vuelta?

Suki escuchÃ³ en silencio mientras los hermanos intentaban arreglarlo todo. TodavÃ­a estaba en estado de shock con el hecho de que Kyou habÃ­a aparecido en absoluto. Hasta ahora, habÃ­a estado bastante fuera de esta guerra como si no fuera su problema. Sus esperanzas se elevaron ante la idea de que tal vez ahora habÃ­a decidido ayudar, pero las siguientes palabras de Toya la hicieron encogerse de temor.

-Porque Ã©l la quiere a sÃ­ misma ... el bastardo egoÃ­sta la quiere por sÃ­ misma. Nunca ha tocado a otra mujer que haya visto asÃ­ ... lo que significa que probablemente la ha elegido para su compaÃ±era. Toya dejÃ³ de pasearse y se dio cuenta de lo que acababa de decir.

Sus ojos cambiaron de nuevo a oro puro mientras los levantaba para mirar a los otros. La mandÃ­bula de Shinbe se cayÃ³ y los ojos de Suki eran del tamaÃ±o de platillos, pero era Kamui el que mÃ¡s le preocupaba. Los ojos de Kamui se ocultaban detrÃ¡s de un pelo pÃºrpura indomable mientras el chico miraba al suelo, pero Toya podÃ­a ver sus dedos cerrados en puÃ±os.

Toya comenzÃ³ a dar un paso adelante pero se calmÃ³ cuando Kamui dio un paso atrÃ¡s. Â¡No me toques! La voz de Kamui habÃ­a cambiado y el sonido le dio a todo el mundo una sensaciÃ³n muy incÃ³moda.

Â¿Kamui? Toya apretÃ³ los dientes esperando que Kamui pudiera sostenerlo por ahora. El muchacho era el mÃ¡s inocente de todos, pero sÃ³lo porque habÃ­a elegido olvidar la verdad sobre su propio pasado.

-No te quedes dormido Kyoko -susurrÃ³ Kamui advertido, sabiendo el peligro en el que estaba si Hyakuhei y el demonio de los sueÃ±os pudieran llegar tan lejos.

Los charcos dejados atrÃ¡s por la lluvia parecÃ­an brillar con tonos lÃ­quidos moteados alrededor de Kamui. "Hyakuhei la quiere ... Kyou la quiere ... Â¿quÃ© los hace mejores que todos los demonios que la quieren?" La voz de Kamui se estremeciÃ³ cuando su pelo indomable se balanceÃ³ en el viento que parecÃ­a soplar sÃ³lo a su alrededor.

De repente, la sombra detrÃ¡s de Kamui adoptÃ³ una forma diferente, haciendo que los otros retrocedieran.

Con un estallido de energÃ­a que ondulÃ³ el aire y el agua a su alrededor, Kamui gritÃ³: "Â¡No pueden simplemente tomarla de mÃ­!" Una lluvia de glitter cayÃ³ de las alas translÃºcidas que aparecieron rebelde a travÃ©s de su parte posterior.










Finalmente, levantando sus ojos llenos de lÃ¡grimas, Kamui mirÃ³ a los demÃ¡s mientras las puntas de sus alas adquirieron un ominoso tinte oscuro. SacudiÃ³ la cabeza mientras su voz se volvÃ­a peligrosamente suave. "Padres ... hermanos ... no importa. No pueden tenerla."

Los guardianes protegieron sus ojos del destello de luz que salÃ­a de donde estaba Kamui. Cuando bajaron los brazos ... Kamui no estaba a la vista.

"Â¿Por quÃ© tengo la sensaciÃ³n de que no fue tras Kyoko?" Shinbe continuÃ³ preguntÃ¡ndose por la extraÃ±a oscuridad que habÃ­a aparecido en las puntas de las alas de Kamui. Eso no fue una buena seÃ±al.

Las palabras que Kamui habÃ­a hablado, "padres y hermanos" enfriaron el alma de Toya y confirmaron su destino. -Â¡Porque se ha ido tras Hyakuhei!

Los hombros de Shinbe se derrumbaron en la derrota. "Voy a ir despuÃ©s de Kamui, vas a encontrar a Kyoko. En este momento, Kamui necesita la voz de la razÃ³n y yo soy el mejor para el trabajo en este momento. "

Suki observÃ³ cÃ³mo ambos se alejaban en diferentes direcciones como si se olvidara de ella. Entonces vio a Kaen a su lado. "Supongo que deberÃ­amos regresar a la cabaÃ±a y esperar a que regresen". Ella se encogiÃ³ de hombros sabiendo que ella sÃ³lo reducirÃ­a a Shinbe si intentaba seguirlo.

Se volviÃ³ para alejarse, pero notÃ³ que Kaen no se habÃ­a movido. Retrocediendo por delante de Ã©l, sus labios se abrieron de admiraciÃ³n.

Kaen tenÃ­a lÃ¡grimas en los ojos mientras miraba hacia la direcciÃ³n en que Kamui y Shinbe se habÃ­an ido.

*****

Hyakuhei entrÃ³ en las cÃ¡maras de la cueva en la que se habÃ­a alojado. Este era el escondite perfecto ... profundo en el suelo mientras lo buscaban por encima. Sus translÃºcidas alas negras sacudÃ­an la tensiÃ³n del vuelo y luego se retiraban como si nunca hubieran estado allÃ­.

MirÃ³ alrededor de la majestuosa belleza de la cueva ... aquÃ­ es donde Ã©l la traerÃ­a. Estaba justo debajo de sus narices y ni siquiera lo sabÃ­an. Hyakuhei se sentÃ³ sobre la tÃºnica de piel negra que habÃ­a esparcido cerca de la hoguera para reconsiderar su estrategia.

Kyou habÃ­a arruinado sus planes de capturar a la sacerdotisa mientras ella estaba sola en los jardines de El CorazÃ³n del Tiempo ... pero los planes cambiaron. Ahora que sÃ³lo estaba con uno de los guardianes en lugar de todos ellos, no serÃ­a tan difÃ­cil acertarla. Sus ojos se oscurecieron con intenciÃ³n mientras buscaba la misma cosa que le habÃ­a hecho saber que habÃ­a estado sola cerca del santuario de soltera.

Al igual que en el sueÃ±o ... el plan podrÃ­a haber sido el mismo. PodÃ­a sentir el demonio de los sueÃ±os dentro de Ã©l incluso cuando los otros demonios estaban en silencio. Estaba esperando que se durmiera. Hyakuhei cerrÃ³ los ojos recordando los demonios de pesadilla que habÃ­a alcanzado en el pasado. HabÃ­a usado sus pesadillas para torturar a otros y hacerles experimentar sus peores temores ... ahora el engaÃ±o le fue devuelto diez veces.

Ser capaz de compartir esta tortura con la sacerdotisa habÃ­a convertido esta debilidad en un arma.

Hyakuhei sostuvo el espejo de las almas dentro de su puÃ±o enojado. Al ver sÃ³lo su reflejo mirÃ¡ndolo fijamente, exigiÃ³ saber el paradero de la sacerdotisa desaparecida. El espejo sÃ³lo le mostraba la imagen de ramas retorcidas y el clima tempestuoso. Â¿Por quÃ© Kyou llevarÃ­a a la sacerdotisa a un lugar que parecÃ­a cubierto de desesperaciÃ³n? SabÃ­a que el espejo poseÃ­do sÃ³lo podÃ­a decir la verdad, pero al mismo tiempo ... Hyakuhei sabÃ­a que mentÃ­a sin saberlo.

LlamÃ³ mentalmente a varios de sus servidores demonÃ­acos para que hicieran lo que Ã©l querÃ­a ... enviÃ¡ndolos en busca de su verdadero escondite desde que eran prescindibles. SabÃ­a que la fortaleza de Kyou estaba en algÃºn lugar de las tierras del norte. El castillo habÃ­a desaparecido de la existencia durante la guerra entre Ã©l y su hermano Tadamichi. Los demonios que enviÃ³ a esa zona harÃ­an estragos en las aldeas y sacarÃ­an al seÃ±or guardiÃ¡n.

Le permitirÃ­a a Kyou, sin saberlo, llevarlo a la sacerdotisa a la que estaba protegiendo. Mientras miraba hacia el cristal contaminado, el reflejo cambiÃ³ ... pero no por su control. Los ojos de Hyakuhei se endurecieron cuando una visiÃ³n de polvo multicolor cubriÃ³ el espejo en seÃ±al de advertencia.

âAsÃ­ que Kamui, Â¿quÃ© harÃ¡s? -preguntÃ³ justo cuando Kamui se enfocaba en el espejo. Los ojos del chico se volvieron para mirarlo directamente como si supiera que estaba siendo observado. "Â¿Me estÃ¡s buscando? Ten cuidado con lo que deseas. AdvirtiÃ³ Hyakuhei.

"No padre ... Es usted quien debe tener cuidado ", Kamui siseÃ³ en represalia.

"AsÃ­ que ... Â¿has entregado los recuerdos?" Hyakuhei acercÃ³ el vaso a su rostro mientras las comisuras de sus labios aparecieron en una peligrosa sonrisa. "Kamui ... si realmente quieres mantener a tu sacerdotisa, entonces debes unirme. Toma tu lugar correcto a mi lado y la haremos olvidar a los otros guardianes juntos.

Kamui se detuvo en el aire sabiendo exactamente lo que su padre habÃ­a querido decir. "No soy nada como tÃº o tus monstruos. Un dÃ­a los demonios en los que prosperas se convertirÃ¡n en tu padre ... piensas que eres tÃº el que los controla. Te mientes a ti mismo, incluso cuando estÃ¡s perdiendo.

Ambos podÃ­an oÃ­r el eco de la risa mientras el maestro de los sueÃ±os luchaba contra sus restricciones. Kamui sabÃ­a que sus poderes estaban confinados en lo mÃ­stico y eso era algo que no podÃ­a ser controlado ... incluso por Hyakuhei.

"TÃº me perteneces ... no ellos", Hyakuhei siseÃ³ a la imagen. -Esa es una verdad que ni siquiera puedes enterrar para siempre.

"Â¡Nunca traicionarÃ© a mis amigos!" Kamui gritÃ³ cuando rompiÃ³ el vÃ­nculo entre Ã©l y su padre.

Hyakuhei lanzÃ³ el espejo al fuego cuando explotÃ³ de la ira de Kamui. Los fragmentos se convirtieron en plata lÃ­quida y se deslizaron sobre la leÃ±a. Se juntaron en un charco y lentamente se transformaron en la forma familiar, endureciÃ©ndose en el espejo encantado ... como si nunca se hubiera roto.

Hyakuhei se recostÃ³ en el oscuro pelaje mientras restos de brillos coloridos brillaban dentro de la cueva. "AsÃ­ que, tus poderes han crecido. Veremos a Kamui ... ya veremos.

*****

Kyou se apoyÃ³ en el balcÃ³n, mirando hacia abajo las aguas termales que habÃ­a encerrado en el centro de su castillo. Sus ojos todavÃ­a estaban encerrados en su perdida y encontrada sacerdotisa. ParecÃ­a feliz por el momento y se le ocurriÃ³ ... ella pertenecÃ­a aquÃ­. SintiÃ³ que su sangre empezaba a calentarse cuando Kyoko empezÃ³ a desnudarse. Ãl observÃ³ cÃ³mo se levantaba su pecho firme mientras se ponÃ­a la camisa por encima de la cabeza ... sus ojos comenzaron a brillar con oro lÃ­quido.

Sus nudillos se pusieron blancos mientras su agarre se apretÃ³ sobre las barandillas. CerrÃ³ los ojos por un breve instante intentando presionar el impulso de ir hacia ella. Cuando volviÃ³ a abrirlos, casi gruÃ±Ã³. Â¿En quÃ© estaba pensando? Estaba completamente desnuda.

Kyou lo observÃ³ mientras ella entraba en el agua tibia. Ella lo intrigÃ³ con su inocencia. Â¿Por quÃ© tuvo este efecto sobre Ã©l cuando ningÃºn otro humano lo hizo? Nadie habÃ­a vuelto la cabeza, pero aquÃ­ estaba ... deseando un ser humano y sÃ³lo Kyoko lo harÃ­a. Â¿CÃ³mo podrÃ­a ser tan puro e inconscientemente seductor al mismo tiempo?

Ella era la encarnaciÃ³n de la belleza envuelta en un pequeÃ±o paquete humano. GruÃ±Ã³ bajo en su garganta. Â¿QuÃ© pasarÃ­a si uno de los sirvientes que vivÃ­an dentro de su castillo la atravesara? Ella, sin saberlo, se habÃ­a expuesto a cualquiera de los sirvientes que pasaban. Kyou enviÃ³ un mensaje silencioso a todos dentro de su castillo para evitar las aguas termales o que sufrirÃ­an su ira como resultado de desobedecer. Si supiera que alguien la habÃ­a espiado antes ... no habrÃ­a escapatoria de su ira.

No deberÃ­a haber venido al baÃ±o sin su permiso. Claro, era verdad que los criados dentro de su castillo permanecÃ­an ocultos, porque no le gustaba verlos a menos que los llamara. AÃºn asÃ­, el cuerpo de Kyoko no serÃ­a visto por nadie mÃ¡s que por Ã©l. TendrÃ­a que enseÃ±arle a comportarse. Un fantasma de sonrisa le helÃ³ los labios mientras observaba.

Una vez que Hiroki terminÃ³ de baÃ±arse, el niÃ±o querÃ­a ayudar a Kyoko a lavarse el pelo. AsÃ­ que Kyoko lo dejÃ³. TenÃ­a que bajarse en el agua hasta el cuello para poder alcanzar los largos cabellos castaÃ±os. La sensaciÃ³n de sus dedos pequeÃ±os frotando su pelo y cuero cabelludo la enviÃ³ a un estado muy relajado. Hiraru pronto se uniÃ³ a ellos y Kyoko tratÃ³ de no reÃ­r mientras discutieron quiÃ©n iba a enjuagarse.

Finalmente, Kyoko resolviÃ³ su discusiÃ³n dunking bajo el agua. Cuando volviÃ³ ella fue recibida con ruidos llorones adorables. Ella volviÃ³ a reÃ­r y sonrieron brillantes antes de comenzar una guerra de chapoteo entre sÃ­. Kyoko se moviÃ³ al otro extremo de la fuente y se sentÃ³ en un afloramiento rocoso bajo el agua para observarlos.

Su mente estaba a gusto durante un corto tiempo mientras escuchaba el eco de las voces de los niÃ±os mientras jugaban dentro del agua. Al darse cuenta de lo que estaba haciendo en lugar de concentrarse en lo que realmente estaba sucediendo, se lavÃ³ rÃ¡pidamente. Cuando se dio la vuelta y empezÃ³ a enjuagarse, Kyoko advirtiÃ³ que los gemelos salÃ­an del agua.

Los niÃ±os tenÃ­an una expresiÃ³n extraÃ±a en sus rostros como si estuvieran concentrÃ¡ndose en algo. Poco sabÃ­a que estaban escuchando el comando silencioso de Kyou. Se mordiÃ³ el labio cuando asintieron como si respondieran a alguien.

Tenemos que ir a vestirnos ahora. Agarrando algunos paÃ±os de gran tamaÃ±o de una pila, rÃ¡pidamente envuelven el material suave alrededor de sÃ­ mismos.

Es la hora de comer Hiraru gritÃ³ sobre su hombro mientras agarraba la mano de Hiroki y los pequeÃ±os gemelos saltaban de la habitaciÃ³n.

Kyoko se quedÃ³ en el agua en estado de shock cuando sintiÃ³ que unas pequeÃ±as agujas de miedo empezaban a subir por su espalda y cerrÃ³ los ojos, una sensaciÃ³n de malestar en el estÃ³mago. En algÃºn lugar sabÃ­a que los dioses se reÃ­an de ella.

DeberÃ­a haberlo sabido mejor que seguir a los niÃ±os aquÃ­ sin hacer preguntas. Kyoko se dirigiÃ³ al lado de la primavera esperando regresar a su habitaciÃ³n antes de que "Mr. Doble personalidad "notÃ³ que se habÃ­a ido. TenÃ­a que darse prisa, sus frÃ¡giles "mantas de seguridad" se habÃ­an ido y ella estaba desprotegida.

Cuando saliÃ³ del agua y empezÃ³ a tomar las enormes toallas, oyÃ³ un gruÃ±ido bajo directamente detrÃ¡s de ella. Lo siguiente que supo ... manos de ninguna parte se envolviÃ³ alrededor de sus costillas desnudas y fue tirada hacia atrÃ¡s contra un cofre cubierto de seda mientras sus pies dejaban el suelo.

Kyoko mirÃ³ al instante para ver la cara de Kyou. En lugar de la ira que habÃ­a esperado ver, su rostro estaba tranquilo ... casi demasiado tranquilo. BajÃ³ la mirada hacia el piso observÃ¡ndola alejarse mÃ¡s de ellos. SÃ­, los dioses estaban teniendo una fiesta de risa sobre este.

Sus labios se separaron mientras ella miraba hacia atrÃ¡s viendo que Ã©l la estaba llevando a un balcÃ³n. Ni siquiera aterrizÃ³, sino que se deslizÃ³ por las puertas abiertas y regresÃ³ a la habitaciÃ³n en la que habÃ­a comenzado. Finalmente se detuvo una vez que estaban sobre la enorme almohada en la que se habÃ­a despertado.

Kyoko esperÃ³ a que se le cayera, pero no la soltÃ³, ni la estaba hiriendo por tenerla demasiado apretada. NotÃ³ que sus manos eran suaves mientras tocaban su piel desnuda. Kyoko abriÃ³ mucho los ojos. Â¡Su piel desnuda! Oh ... Â¿cÃ³mo pudo haber olvidado tan rÃ¡pido? TodavÃ­a estaba desnuda al baÃ±arse.

Sus brazos cruzaron instantÃ¡neamente su pecho de forma auto-protectora y sintiÃ³ que todos sus mÃºsculos se tensaban, esperando mientras Ã©l la sostenÃ­a como indecisa sobre quÃ© hacer con ella. Ella podrÃ­a darle una gran pista de grasa si Ã©l querÃ­a y que serÃ­a para ponerle el infierno hacia abajo!

Los ojos de Kyou casi se cerraron cuando sintiÃ³ que sus curvas suavemente redondeadas presionaban contra Ã©l, causando estragos en sus sentidos. Se dio cuenta cuando se tensÃ³ y eso le devolviÃ³ la mente por un momento ... Pero todavÃ­a no la soltÃ³. Siempre se habÃ­a enorgullecido del control y aquÃ­ serÃ­a una buena oportunidad para probar su control de ella y enseÃ±arle otra lecciÃ³n al mismo tiempo.

-Â¿Te di permiso para salir de esta habitaciÃ³n? Su voz era frÃ­a e inflexible.

Los ojos de Kyoko se ensancharon cuando su latido de corazÃ³n golpeÃ³ en su pecho, golpeando sus costillas con tanta fuerza que supo que podÃ­a sentirlo. Pensando rÃ¡pidamente, Â¿cuÃ¡l serÃ­a la mejor respuesta? -dijo en voz baja-, no conozco las reglas. Ella se encogiÃ³ sabiendo que jugar tonto serÃ­a la mejor opciÃ³n en este momento.

Ella sabÃ­a por un hecho que en este momento no era el momento de luchar por sus derechos debido a su falta de ropa. No era que ganara si lo intentara. Ella sÃ³lo querÃ­a bajar y Ã©l se fue por lo que aÃ±adiÃ³ con una suave voz asustada, "Lo siento".

Cuando oyÃ³ su suave y dulce voz, lo envolviÃ³, haciÃ©ndole inhalar como sensaciones agrupadas en sus regiones inferiores. Esto serÃ­a peligroso si Ã©l empujÃ³ la prueba demasiado lejos. SintiÃ³ que la rabia de su desobediencia lo abandonaba, pero la rabia de su deseo se mantuvo diez veces.

-La primera regla es que nunca vayas a ninguna parte sin mi permiso a menos que quieras ser castigado -su voz se suavizÃ³ para tomar la picadura de sus palabras, pero aÃºn asÃ­ la sintiÃ³ estremecerse-.

La garganta de Kyoko se secÃ³. Â¿Castigados? No quiso susurrar la palabra. Simplemente saliÃ³ y ella sintiÃ³ que su corazÃ³n comenzaba a revolotear por el miedo. Ella instantÃ¡neamente borrÃ³ la imagen de Kyou azotÃ¡ndola de su mente desquiciada, no queriendo ni siquiera saber de dÃ³nde habÃ­a salido el insano flash.

-SÃ­, te castigarÃ©. La palma de la mano de Kyou acariciÃ³ su estÃ³mago plano y lentamente hizo su camino hacia abajo como su rodilla subiÃ³ en el interior de su muslo para extender sus piernas. En un movimiento para ayunar para ella intentar y desviar ... la palma de su mano ahuecÃ³ su feminidad mientras su poderosa sangre trataba de hacerse cargo.

-AsÃ­ como asÃ­ -sus dedos masajearon su manojo de nervios justo encima de su entrada y la conmociÃ³n de ella la hizo alejarse instantÃ¡neamente de Ã©l, con un grito suave que se inclinÃ³ contra Ã©l tratando de evadir su mano.

El movimiento sensual era casi su deshacer y Ã©l silbÃ³ en su oÃ­do. "Si no te quedas quieto ... TendrÃ© que castigarte mÃ¡s. PodÃ­a sentirse cada vez mÃ¡s duro y aliviado cuando ella se alejÃ³ de Ã©l pero se quedÃ³ quieto, su miedo a lo que Ã©l harÃ­a para evitar que luchara contra Ã©l.

Kyoko cerrÃ³ los ojos. Ella pensÃ³ que Ã©l habÃ­a significado hacerle daÃ±o cuando Ã©l dijo castigado pero esto era casi tan malo. Â¿No se dio cuenta de que estaba mÃ¡s perturbado que Hyakuhei? Esto la hizo perder el control de su cuerpo y tomÃ³ su voluntad de ella como todo su calor se reuniÃ³ a donde sus dedos estaban trabajando su magia. Ella no querÃ­a esto sin importar cÃ³mo reaccionÃ³ su cuerpo, pero no pudo evitar sus reacciones.

TodavÃ­a la sostenÃ­a en el aire con la espalda apretada contra Ã©l y sus dedos estaban trabajando hacia adelante y hacia atrÃ¡s, estimulÃ¡ndola tanto que casi deseaba que la hubiera azotado en su lugar porque esto estaba creando un tipo diferente de dolor ... delicioso dolor que roÃ­a Con hambre en ella. Ella jadeÃ³ y un gemido se deslizÃ³ hacia fuera mientras sus dedos se deslizaban entre sus labios para empujar uno dentro de ella.

Ella gimiÃ³ cuando Ã©l lo deslizÃ³ adentro solamente para tomarlo hacia fuera otra vez. Ella sintiÃ³ la piscina de calor lÃ­quido alrededor de su dedo mientras Ã©l lo empujÃ³ dentro de su opresiÃ³n haciÃ©ndola gritar. Sus ojos comenzaron a arder con el familiar aguijÃ³n de lÃ¡grimas, pero ella los retenÃ­a. En el fondo de su mente estaba gritando a sÃ­ misma para dejar de actuar como si estuviera disfrutando del castigo de Kyou, a pesar de que lo era.

El grito se hizo mÃ¡s fuerte y finalmente ella no podÃ­a seguir ignorÃ¡ndolo. "Por favor, por favor, no lo aguanto mÃ¡s".

Kyou escuchÃ³ su grito y Ã©l supo que estaba en el dolor con la necesidad de la liberaciÃ³n. Su cuerpo virgen, tan nuevo para este placer, no le tomarÃ­a mucho mÃ¡s llevarla al pico. Ãl observÃ³ su arco de la cabeza contra Ã©l mientras Ã©l bombeaba su dedo en su tensiÃ³n caliente en el ritmo.

InclinÃ³ la cabeza hacia adelante y lamiÃ³ el arco de su cuello ... probÃ¡ndola. SintiÃ³ el impulso del instinto de morderla y hacerla suya para siempre. Ãl satisfizo esa sensaciÃ³n por un momento aspirando algo de su piel suave en su boca para dejar una marca roja leve en ella. Ella sabÃ­a muy bien. PodÃ­a oler su aroma a su alrededor mientras presionaba su hinchada dureza contra su suave muslo.

Kyou gruÃ±Ã³ en la derrota ... SabÃ­a que era Ã©l quien perdÃ­a la batalla.

Kyoko sintiÃ³ que su mano la abandonaba y se deslizÃ³ por su cuerpo hasta la almohada de abajo. Ella seguÃ­a lloriqueando y apretaba sus muslos juntos tratando de no oscilar. Sus sentidos estaban tan vivos que era casi doloroso. CogiÃ³ una de las almohadas mÃ¡s pequeÃ±as y la abrazÃ³, intentando ocultar su cuerpo. TenÃ­a miedo de mirarlo. TemÃ­a que pudiera ver la necesidad por la que su cuerpo lloraba.

Enterrando su rostro en sus brazos, rodÃ³ por lo que ella estaba acostada medio sobre su estÃ³mago como para ocultarse mÃ¡s lejos.

La observÃ³ tratando de esconderse de Ã©l y la pÃ©rdida de ella en sus brazos enfriaba su sangre furiosa. Se dio cuenta de que no tenÃ­a ningÃºn control sobre esto y recordÃ³ lo que habÃ­a escrito en los pergaminos de su padre.

Tadamichi habÃ­a advertido que los guardianes eran diferentes de los humanos cuando se trataba de elegir un compaÃ±ero ... que la sangre alta del guardiÃ¡n harÃ­a la elecciÃ³n y no habrÃ­a que detenerla. Su padre, Tadamichi, habÃ­a estado hablando de su rivalidad y de Hyakuhei sobre el mismo compaÃ±ero en ese momento, pero Kyou habÃ­a entendido el significado subyacente. La advertencia pertenecÃ­a a cada guardiÃ¡n ... no sÃ³lo a los gemelos.

Ese habÃ­a sido el Ãºltimo escrito por su padre, pero los humanos atrapados dentro de este reino habÃ­an continuado la historia.

Su tÃ­o se habÃ­a vuelto hacia el lado oscuro porque habÃ­a sido separado de aquel a quien el cielo habÃ­a destinado para ser su alma gemela. La joven Sacerdotisa, la estatua de soltera, se habÃ­a hecho a semejanza de ... la misma estatua de doncella que imitaba a la sacerdotisa que yacÃ­a debajo de Ã©l en este mismo momento. PodrÃ­an haber sido muy bien la misma mujer ... pero el tiempo demostrÃ³ que no lo eran.

Eran idÃ©nticos en miradas proclamando Kyoko como un descendiente directo de la sacerdotisa que su tÃ­o habÃ­a elegido para su compaÃ±ero de vida. Â¿Era Ã©l y su tÃ­o tan diferentes? Â¿La poderosa sangre de Hyakuhei habÃ­a sido su caÃ­da al final? Â¿Estaba Hyakuhei ahora errÃ³neamente colocando a Kyoko en el lugar de su amor perdido? No lo permitirÃ­a.

Kyou flotaba mÃ¡s cerca de ella, sumergiendo sus labios en su oÃ­do. No querÃ­a que ella temiera esto. QuerÃ­a que ella lo quisiera. Lo que Ã©l usaba como castigo ahora sÃ³lo estaba encendiendo el fuego que la mantendrÃ­a con Ã©l ... para siempre.

Ãl alargÃ³ la mano acariciÃ¡ndole el pelo con amor. "Para mantenerte a salvo de los demonios ... de Hyakuhei, tienes que obedecerme a Kyoko. No quiero herirte asÃ­ que te castigarÃ© asÃ­ ... y mÃ¡s si no te comportas.

-Entonces dÃ©jame ir -susurrÃ³. -Dices que no quieres hacerme daÃ±o, pero no me tratas mejor que Ã©l. PreferirÃ­a que me tocara sabiendo que despuÃ©s me matarÃ­a, que me tocas sin saberlo.

"Mi querida Kyoko, no tengo ningÃºn deseo de matarte. Como tu guardiÃ¡n no podrÃ­a ... irÃ­a en contra de todo lo que represento. Usted estÃ¡ destinado a ser protegido por los guardianes y yo soy un guardiÃ¡n. Dejarte ir sÃ³lo te enviarÃ­a sin la protecciÃ³n de un guardiÃ¡n. Eso no puedo permitirlo. El castigo estÃ¡ parado. " Se agarrÃ³ la cabeza entre las manos para mantenerla inmÃ³vil y presionÃ³ sus labios contra la parte superior de su cabeza antes de volverse para dejarla pensar en su castigo.

"Hyakuhei tambiÃ©n es un guardiÃ¡n", susurrÃ³ Kyoko desafiante, sabiendo que podÃ­a oÃ­rla aunque no lo reconociera.

Una parte de Ã©l sabÃ­a que tenÃ­a razÃ³n, pero no estaba dispuesto a admitirlo. Quiso volar furioso al pensar que Hyakuhei la tocaba como acababa de hacerlo, pero se abstuvo. Necesitaba poner espacio entre ellos para mantener su propia pasiÃ³n bajo control. VolviÃ³ su atenciÃ³n a la ventana.

PodÃ­a sentir los demonios acercÃ¡ndose a sus tierras por todos lados. Â¿HabÃ­a descubierto Hyakuhei dÃ³nde guardaba a la sacerdotisa? No ... sÃ³lo los habÃ­a enviado en su bÃºsqueda. MirÃ³ de nuevo a Kyoko sin querer interferir. Los detendrÃ­a antes de acercarse mÃ¡s a sus posesiones.

Kyou se moviÃ³ casi demasiado rÃ¡pido para el ojo humano y cuando Kyoko lo mirÃ³ ... Ã©l se habÃ­a ido.



CapÃ­tulo 5 "Alas Negras"



Toya mirÃ³ hacia el norte mientras volaba. Sus translÃºcidas alas de plata bailaban a la luz de la luna, las plumas aparentemente delicadas revoloteaban ligeramente. Necesitaba encontrar a Kyoko lo mÃ¡s rÃ¡pido que podÃ­a. EscudriÃ±Ã³ el Ã¡rea preguntÃ¡ndose dÃ³nde buscar primero cuando el humo creciente a lo lejos llamÃ³ su atenciÃ³n.

Â¿Una aldea? Toya se volviÃ³ en esa direcciÃ³n preguntÃ¡ndose por quÃ© Kyou habÃ­a permitido que los humanos vivieran en sus tierras.

'Kyou odia a todos los humanos' ... Los pensamientos de Toya se deslizaron hasta detenerse ... Kyoko es humano. Sus labios se diluyeron con el punto discutible.

Al acercarse a la aldea, advirtiÃ³ que habÃ­a demasiado humo para venir de las estufas. El pueblo estaba en problemas. RÃ¡pidamente explorÃ³ la zona detectando demonios en medio de las llamas que ahora veÃ­a.

-Â¿QuÃ© hacÃ­an los demonios en el territorio de Kyou? Diseminando sus sentidos mÃ¡s allÃ¡ de la aldea, Toya se dio cuenta de que los demonios cruzaban las fronteras de las tierras del norte en varios lugares ... no sÃ³lo aquÃ­. El color de sus ojos se rompiÃ³ en plata fundida.

"Hyakuhei ... Ã©l sabe que Kyoko estÃ¡ aquÃ­ en alguna parte," Toya escupiÃ³ las palabras con enojo mientras escuchaba el grito del ser humano debajo de Ã©l. Â¡Demonios! No tengo tiempo para esto -gruÃ±Ã³ al tiempo que sacaba las dagas con la intenciÃ³n de librar a la pequeÃ±a aldea de las bestias antes de que pudieran hacer mÃ¡s daÃ±o.

Toya volÃ³ sobre la aldea y abruptamente tirÃ³ de sus alas de cerca ... los apÃ©ndices emplumados desapareciendo cuando aterrizÃ³ sobre una rodilla en el centro de lo que parecÃ­a ser la plaza del pueblo. Levantando la cabeza, gruÃ±Ã³ ante los demonios que se cerraban a su alrededor.

-Parece que la mayor parte de la poblaciÃ³n humana la ha colgado -gruÃ±Ã³ y se puso de pie, girando las dagas entre sus dedos-. "Â¡Vamos, perras. Veamos cÃ³mo se enfrentan a mÃ­! "

Toya sonriÃ³ cuando dos demonios se le acercaron desde lados opuestos. EsperÃ³ hasta el Ãºltimo momento antes de agacharse para forzar a los dos a encontrarse entre ellos, golpeando la frente con su excitaciÃ³n para atraparlo. Poniendo las manos en el suelo, Toya dio patadas en las piernas, clavando cada uno en el mentÃ³n para enviarlas al descubierto.

"Tan estÃºpido como siempre", murmurÃ³ ya aburrido. Un demonio espantoso se abalanzÃ³ desde arriba y Toya rodÃ³ lejos, apenas perdiendo sus afiladas garras en su espalda. LevantÃ¡ndose, se echÃ³ hacia atrÃ¡s justo a tiempo para echar de menos las garras de otro demonio ... perdiendo varios mechones de cabello y poniendo su camisa arrancada en el proceso.

Ãl hundiÃ³ su daga de hielo en el pecho del demonio y sintiÃ³ una oleada de satisfacciÃ³n cuando el monstruo se convirtiÃ³ en hielo con el poder del arma. Una sensaciÃ³n de ardor caliente inflamÃ³ su lado izquierdo haciÃ©ndole gritar de dolor y enojo. El demonio volador habÃ­a regresado y habÃ­a clavado sus garras justo debajo de sus costillas. Sacando la daga del cuerpo congelado, golpeÃ³ la daga de fuego contra sus labios y se volviÃ³ hacia los demonios que no se daban cuenta de que acababa de firmar su orden de muerte.

Sus labios se separaron ligeramente, recordando un beso y un fuego estallÃ³ de su boca quemando al demonio alado. Girando con gracia en un pie, el pie derecho de Toya apareciÃ³ golpeando al demonio helado ... destrozÃ¡ndolo.

"Eso va a ser complicado cuando se descongela," dijo Toya con un toque de orgullo.

VolviÃ©ndose hacia el resto de los demonios reunidos, Ã©l trajo las dagas rÃ¡pidamente y cayÃ³ en una postura de lucha. Sus sentidos estaban vivos con la emociÃ³n de la batalla y Ã©l estaba consiguiendo algunas de sus frustraciones. Cada demonio alrededor de Ã©l comenzÃ³ a cambiar y de repente vio a Kyou de pie en su lugar.

-Â¡Oh, solo estÃ¡s mirando para molestarme! el exclamÃ³.

Los restantes demonios atacaron simultÃ¡neamente mientras Toya se agachaba, preparÃ¡ndose para el ataque. Garras y acero se reunieron resultando en un baÃ±o de sangre que dejÃ³ a Toya empapado en unos momentos. Su ropa se rasgÃ³ cuando el enemigo clavÃ³ sus garras en su carne, pero Toya no disminuyÃ³ la velocidad.

Si alguien hubiera estado observando, habrÃ­an presenciado a Toya en su gloria luchadora. A pesar de las heridas en su cuerpo y la sangre derramada, era hermoso de ver ... cuando sus alas de plata se rompieron en la existencia, se convirtiÃ³ en la esencia de un Ã¡ngel letal.

Los ataques de repente se detuvieron y Toya se detuvo. Ahora estaba arrodillado sobre una rodilla con los brazos extendidos hacia un lado ... las dagas se apretaban fuertemente en su agarre. Su respiraciÃ³n era pesada y sus cabellos de Ã©bano y plata revoloteaban en la brisa. Largos flequillos colgaban sobre sus intensos ojos plateados casi ocultando su intenciÃ³n.

DespuÃ©s de unos momentos de silencio, los demonios restantes se lanzaron hacia adelante y Toya gruÃ±Ã³ de frustraciÃ³n. Era el momento de acabar con esto ... era el trabajo de Kyou de cuidar de sus tierras por llorar en voz alta. Trazando las dagas hacia adelante, las cruzÃ³ frente a Ã©l. El poder combinado de las armas se arremolinaba y se retorcÃ­a formando una esfera brillante. La esfera comenzÃ³ a crecer y pronto lo abarcÃ³ completamente.

La siguiente explosiÃ³n borrÃ³ todo lo que quedaba del pueblo. Toya bajÃ³ las dagas y lentamente, pero con gracia, se puso de pie. Inclinando la cabeza hacia atrÃ¡s, mirÃ³ al cielo que estaba casi oscurecido por el polvo y los escombros. Ignorando el hedor de carne ardiente a su alrededor, caminÃ³ a travÃ©s de la tierra ahora estÃ©ril agradeciendo a los dioses que estaban allÃ¡ arriba que ningÃºn hombre habÃ­a estado vivo a su llegada.

"Esto es lo que nos hemos reducido", pensÃ³ tristemente. 'Destruir aldeas sÃ³lo para detener los esquemas enfermos y demente de Hyakuhei'.

Toya suspirÃ³ y sus alas se rompieron una vez mÃ¡s de su espalda, lo elevaron por encima del suelo contaminado y en lo alto del cielo nocturno. Kyoko estaba esperando a que Ã©l la rescatara y estaba decidido a encontrarla. Al desaparecer en la noche, una sola pluma de plata flotÃ³ al suelo y aterrizÃ³ en la mano de un niÃ±o pequeÃ±o que lo habÃ­a ocultado y presenciado todo.

Cuando los pequeÃ±os dedos se cerraron alrededor de la pluma brillante ... desapareciÃ³.

*****

Hyakuhei saliÃ³ de un vacÃ­o no muy lejos de la cueva. No harÃ­a para dar su lugar secreto lejos ... a menos que fuera Kyoko que se uniÃ³ a Ã©l. PodÃ­a sentir Kamui llegando y se preguntÃ³ si el niÃ±o llegarÃ­a tan lejos antes de darse cuenta de los efectos de enfrentar sus pesadillas que tendrÃ­a sobre Ã©l. Si el chico notara que su inocencia se disolvÃ­a ... Â¿seguirÃ­a viniendo?

Su pelo largo de medianoche se balanceaba en la fresca brisa mientras los mÃºsculos de su cuerpo se flexionaban. Sabiendo que Kamui se lo hizo ... Ã©l tendrÃ­a que luchar contra el suyo.

"AsÃ­ sea", susurrÃ³ Hyakuhei oscuro.

*****

Kamui sintiÃ³ el helado frÃ­o del viento enfriando el fuego que bullÃ­a dentro de Ã©l. TambiÃ©n podÃ­a ver las puntas negras de sus alas por el rabillo del ojo y le asustaba. Por eso habÃ­a enterrado esos recuerdos. Cuanto mÃ¡s se aferraba a los recuerdos peligrosos ... toda la rabia del pasado ... mÃ¡s difÃ­cil era respirar.

El viento cambiÃ³ de direcciÃ³n y una pluma flotaba mÃ¡s allÃ¡ de Ã©l mientras Ã©l retardaba su vuelo. Los ojos de Kamui se abrieron de terror. Negro ... la pluma era negra.

Ãl se volviÃ³ en pÃ¡nico, buscando al hombre alado negro que lo perseguÃ­a asÃ­. Nadie estuvo alli. Sus brillantes ojos se volvieron lentamente para mirar sus propias alas y el aliento dejÃ³ sus pulmones como si alguien lo hubiera pateado en el pecho. TenÃ­a las alas de su padre.

âÂ¡No! Â¡No te convertirÃ© en ti! Kamui envolviÃ³ sus brazos alrededor de sÃ­ mismo en negaciÃ³n. "Â¡No te convertirÃ© en ti!" GritÃ³ al ver a Shinbe a lo lejos. "Haz que se vaya, por favor ... haz que desaparezca", susurrÃ³ Ã©l sin querer que Shinbe lo viera con plumas de Ã©bano. Dejando caer su cuerpo, rÃ¡pidamente se envolviÃ³ dentro de los Ã¡rboles.

Aterrizando fuerte en el suelo del bosque, Kamui se arrodillÃ³ allÃ­ por un momento antes de abrir los ojos. Lo primero que brillaron sus brillantes ojos fueron sus alas negras. Con un grito angustiado, Kamui agarrÃ³ a uno de ellos con dolor. Ãl gritÃ³ en agonÃ­a mientras trataba de arrancar el ala de medianoche de su misma carne.










Dejando caer el apÃ©ndice de plumas, dejÃ³ caer su cuerpo agotado en el suelo. Las lÃ¡grimas cayeron de sus ojos cuando vio la hierba que le rodeaba silbaba con el malvado poder que sostenÃ­a profundamente dentro de su misma alma. Se escapaba de Ã©l como una plaga que matarÃ­a todo lo que tocaba ... odio, rabia, celos, y el poder crudo indomable. Â¡El Ãºnico regalo que su padre le habÃ­a dado era pura maldad!

Curling en una bola apretada, su cuerpo comenzÃ³ a brillar y brillar con cada latido del corazÃ³n como ese poder formÃ³ un capullo apretado alrededor de Ã©l. Si se liberara de la esclavitud, Â¿serÃ­a el mal encarnado?

-Â¿No dejes que esto me suceda? SuplicÃ³ en voz baja mientras luchaba con cada respiraciÃ³n. "No dejes que me convierta en la pesadilla que mi padre quiere que yo sea."

Los labios de Shinbe disminuyeron sintiendo a Kamui muerto por delante. PodÃ­a sentir que el poder de Kamui se volvÃ­a inestable y no era un buen augurio. "Vamos Kamui, juntarlo ... Kyoko nos necesitarÃ¡. Algo negro flotÃ³ por Ã©l y rÃ¡pidamente lo arrebatÃ³ del viento.

Una pluma de medianoche ... pero no era de Hyakuhei. La preocupada mirada de Shinbe se lanzÃ³ alrededor de la vecindad en busca del verdadero dueÃ±o ... de Kamui. "No quieres hacer esto Kamui." Su voz contenÃ­a un atisbo de miedo. "Si abres la puerta a tal destrucciÃ³n ... quizÃ¡ nunca la vuelvas a cerrar ... por favor."

El bosque debajo de Ã©l brillaba con una extraÃ±a fuerza vital y Shinbe se dirigiÃ³ rÃ¡pidamente hacia ella. Una gran esfera azul descansaba en un pequeÃ±o claro que iluminaba todo alrededor de Ã©l en una tonalidad azul vibrante. Desembarcando a su lado, Shinbe sintiÃ³ el conflicto peligroso que rabiaba dentro de la esfera. Sus ojos de amatista mostraban su tristeza mientras contemplaba las plumas de Ã©bano que aÃºn cubrÃ­an el suelo.

Â¿Kamui? Shinbe susurrÃ³ mientras extendÃ­a la mano y tocaba suavemente el color que giraba en la superficie del orbe.

El segundo su mano tocÃ³ la esfera, el conflicto interior se estabilizÃ³ por un momento ... volviÃ©ndose puro. Los ojos de Shinbe se cerraron cuando tomÃ³ la esencia de Kamui dentro de Ã©l, dejÃ¡ndola construir. Todo el puro amor e inocencia de Kamui ... toda su maldad oculta, tambiÃ©n el poder salvaje que Ã©l sacaba de esos sentimientos.

Kamui abriÃ³ los ojos sintiendo a alguien allÃ­, pero lo Ãºnico que pudo ver fue la jaula que habÃ­a construido a su alrededor. A travÃ©s de las gruesas paredes, pudo ver una aura de amatista y supo que Shinbe estaba allÃ­. No mires. SusurrÃ³ mientras bajaba la cabeza, "...No quiero que veas la verdad.

PodÃ­a oÃ­r la desgarradora peticiÃ³n de Kamui. Mientras que el vÃ­nculo entre Ã©l y Kamui era tan fuerte, Shinbe usÃ³ su poder telepÃ¡tico para alcanzarlo a travÃ©s de la barrera. ColocÃ³ su frente contra el escudo y presionÃ³ las palmas de sus manos a cada lado ... haciendo que sus mÃºsculos fueran y tiraran al mismo tiempo.

Enviando su voz dentro de la barrera de Kamui, Shinbe tratÃ³ de razonar con Ã©l. "Kamui, dÃ©jalo ir ... no necesitas luchar contra Hyakuhei por tu cuenta. Â¡Â¡No me gusta esto!! Lo haremos como hermanos ... juntos. Pero ahora mismo hay alguien que nos necesita mÃ¡s. Kyoko te necesita Kamui.

Â¿Kyoko? Pero... Yo no soy un verdadero hermano ", gritÃ³ Kamui desde dentro de su celda. PodÃ­a ver su propio reflejo y era inquietante cuando los ojos negros lo miraban fijamente. "Nunca serÃ© eso ... independientemente de cuÃ¡nto lo quiera ... lo necesito. No sabes lo que hay dentro de mÃ­ tratando de salir. Â¿QuÃ© pasa si le hago daÃ±o?

Los ojos de amatista de Shinbe se regaron en comprensiÃ³n. "DÃ©jalo ir Kamui. Ese conocimiento ha sido enterrado y olvidado por una razÃ³n. Tu tenÃ­as una opciÃ³n y tÃº nos elegiste. Eres mi hermano ... un guardiÃ¡n de Kyoko. La protegemos con todo lo que somos ... aunque tengamos que olvidar de dÃ³nde venimos ".

-Â¡Pero ... es una mentira! Kamui gritÃ³ y se convirtiÃ³ en shock aÃºn cuando oyÃ³ la voz de Hyakuhei insultarlo desde lejos. -TÃº me perteneces ... hijo. Su sacerdotisa tambiÃ©n.

Shinbe podÃ­a oÃ­r la voz de Hyakuhei dentro de la barrera y eso lo enfureciÃ³. "Â¿Quieres que ponga las mismas cadenas en Kyoko que una vez usaste?" Shinbe gritÃ³, tratando de hacer que Kamui escuchar la razÃ³n. "Lucha contra los recuerdos por ella. Enterrarlos en el fondo y nunca mirar hacia atrÃ¡s. Usted puede elegir su propio destino! Â¡No tienes que convertirte en Ã©l! Piensa en Kyoko, maldita sea.

Â¿Kyoko? Una lÃ¡grima cayÃ³ de la mejilla de Kamui mientras miraba hacia abajo y la veÃ­a destrozarse con su color reluciente. Si Ã©l fuera verdaderamente su padre ... sus lÃ¡grimas serÃ­an negras como la noche o carmesÃ­ incluso ... no el destello de luz que Ã©l veÃ­a ahora. ImaginÃ³ a Kyoko luchando contra Hyakuhei y sabÃ­a lo que tenÃ­a que hacerse. La Ãºnica manera que podÃ­a ganar contra tal mal era llegar a ser malvado ... pero nunca traicionarÃ­a a su sacerdotisa de esa manera. La amaba demasiado.

Shinbe dio un paso atrÃ¡s desde la esfera cuando empezÃ³ a levantarse varios pies del suelo. El aura azul que lo rodeaba brillaba como diamantes cuando la luz interior se volviÃ³ tan brillante que la dominÃ³.

No puedes tenerme a mÃ­ ni a ella. Una vez mÃ¡s Hyakuhei ... Te niego -susurrÃ³ Kamui justo cuando la esfera se rompÃ­a-.

A varios kilÃ³metros de distancia, los ojos de Hyakuhei parpadearon de ira al escuchar las palabras de Kamui y Ã©l respondiÃ³: "No puedes ocultar la verdad por muchacho largo ... tÃº y yo somos iguales".

Shinbe corriÃ³ hacia adelante para atrapar a Kamui mientras caÃ­a. El muchacho se desmayÃ³ frÃ­o. Sus ojos de amatista se ensancharon con su sonrisa al ver el colorido brillo que cayÃ³ de sus alas translÃºcidas. Le abrazÃ³ a Kamui sabiendo que todo saldrÃ­a bien ... menos por el momento. De alguna manera habÃ­a olvidado la oscuridad una vez mÃ¡s.

"Bienvenido de nuevo a Kamui," Ãl sonriÃ³ mientras los ojos de los chicos, demasiados colores para contar, se abrieron para mirarlo fijamente en la confusiÃ³n.

*****

"Simplemente no entiendo ... Â¿por quÃ© Kyou de repente decidiÃ³ que quiere Kyoko?" Suki paseaba de un lado a otro molesto porque ella no estaba allÃ­ ayudando a traer de vuelta a su amiga.

Sennin se frotÃ³ el templo mientras miraba a su hija, "Suki por favor siÃ©ntese. Me estÃ¡s haciendo marear. AgarrÃ³ un palo y asomÃ³ al fuego mientras continuaba. "Kyou es un guardiÃ¡n ... por lo tanto Kyoko estÃ¡ a salvo con Ã©l. En cuanto a que Ã©l la quiera ... bueno, si lo hace entonces ya estÃ¡ fuera de sus manos ".

Suki se volviÃ³ para mirar a Sennin. What do you mean by that? No es un niÃ±o. Â¡Ãl puede controlar lo que hace!

Sennin mirÃ³ el fuego y dijo: "Si es su sangre de guardiÃ¡n la que la ha elegido, entonces Kyou no tiene otra opciÃ³n".

-Â¿QuÃ© quieres decir con que no tiene elecciÃ³n? -preguntÃ³ Suki. "Es contra todo lo que los Guardianes representan para tomar ese privilegio de cualquier persona, y mucho menos de su sacerdotisa. AdemÃ¡s, si a Kyou le gustaba Kyoko todo el tiempo, Â¿por quÃ© no dijo algo antes en lugar de robarla como un ladrÃ³n?

Sennin sonriÃ³, "Por las mismas razones nuestro amigo Shinbe ha guardado silencio."

Suki sintiÃ³ que su cara se calentaba y se alejÃ³ de su padre. "Â¿Por quÃ© Shinbe querrÃ­a callar acerca de gustar a alguien? Nunca habÃ­a tenido problemas hablando su mente antes ... o manteniendo sus manos para sÃ­ mismo para el caso. Ella se encogiÃ³.

"QuizÃ¡s la razÃ³n por la que Shinbe ha mantenido su silencio se debe a la Ãºnica cosa que mantiene a cualquier hombre tranquilo para el que adoran secretamente ... el miedo al rechazo". ArqueÃ³ una ceja sabiendo que decÃ­a la verdad.

Suki mirÃ³ a su padre como si hubiera crecido una segunda cabeza. "Â¿Quieres decir que Shinbe ama a Kyoko ... y nunca se levantÃ³ las tripas para decÃ­rselo?" El pensamiento hizo que el pecho de Suki doliera y la vista se volviera acuosa.

Suki de repente agarrÃ³ su cabeza, frotando el lugar donde Sennin acababa de ceÃ±irla con su propia bayoneta.

"Deja de ser una chica tonta," murmurÃ³ Sennin, colocando la bayoneta en el piso de la cabaÃ±a. "Los jÃ³venes y su olvido." Hizo una pausa en su pensamiento por un momento ... recordando en secreto sus propios momentos "olvidados" con la madre de Suki. -Ah, los recuerdos.

*****

El talismÃ¡n dentro del maestro de los sueÃ±os ardÃ­a a la vida cuando sentÃ­a que Hyakuhei y Kyoko se deslizaban dentro de las paredes del sueÃ±o. Esto fue cuando Ã©l obtuvo suficiente libertad para mirar en sus almas y encontrar cosas que ambos habÃ­an olvidado o nunca tenÃ­an el poder de recordar, el otro lado de sus almas.

Los ojos negros del demonio de ensueÃ±o se abrieron de par en par mientras miraba a ese mundo y traÃ­a a sus vÃ­ctimas. Incluso la barrera protectora alrededor de la chica no era lo suficientemente fuerte como para mantenerlo fuera.

*****

Los sueÃ±os eran un extraÃ±o enigma, de hecho, pero cuando se despiertan dentro de un sueÃ±o, ya no saben que todavÃ­a estÃ¡n perdidos dentro de su propia mente ... eso es mÃ¡s que extraÃ±o. Kyoko entrÃ³ en esa misma niebla, sintiÃ©ndose como si estuviera envuelta en una manta de calor. Resistiendo el impulso de abrir los ojos, se acurrucÃ³ mÃ¡s cerca.

Todo estaba tan tranquilo, excepto por el latido del corazÃ³n que sonaba tan fuerte y calmado contra su oÃ­do.

Sus ojos se abrieron de par en par sabiendo que no debÃ­a estar durmiendo con nadie. La mirada sorprendida de Kyoko entrÃ³ en contacto con un pecho desnudo. NotÃ³ los magros mÃºsculos debajo de la piel impecable y los zarcillos de largo cabello oscuro y sedoso que se extendÃ­an en ondas a travÃ©s de sus costillas. Su mirada siguiÃ³ curiosamente las cerraduras de Ã©bano hacia arriba a la cara impecable ... Hyakuhei.

Se mordiÃ³ el labio inferior sintiendo un rubor en sus mejillas. Â¿QuÃ© estaba haciendo acostada con Ã©l? Al ver que sus ojos aÃºn estaban cerrados, ella rÃ¡pidamente mirÃ³ hacia abajo entre ellos para asegurarse de que llevaba pantalones. Gracias a Dios, aparte de su camisa desaparecida, ambos estaban vestidos.

"Es sÃ³lo Hyakuhei ... Ã©l es mi guardiÃ¡n ... Â¿verdad?" Se recordÃ³ obstinadamente. Tratando de recordar cÃ³mo llegaron allÃ­ ... ella dibujÃ³ un espacio en blanco. De hecho, no podÃ­a recordar lo Ãºltimo que habÃ­a hecho y frunciÃ³ el ceÃ±o suavemente mientras miraba de nuevo hacia Ã©l.

"Efectivamente. Estaba cayendo y me salvÃ³. Sus labios se separaron cuando sus ojos se cerraron con los suyos, Ã©l estaba despierto y la miraba fijamente. Su mano seguÃ­a presionada contra su pecho. PodÃ­a sentir el mismo latido de corazÃ³n fuerte y constante que habÃ­a escuchado momentos antes. Su atenciÃ³n bajÃ³ hasta sus labios antes de apartar su mirada de mala gana.

Ella se incorporÃ³ lentamente, sintiendo que su mirada la seguÃ­a mientras lo hacÃ­a. Ahora que ya no se tocaban, se preguntÃ³ por el frÃ­o vacÃ­o que se precipitaba para robar su calor.

Hyakuhei la vio despertar y sin sentir miedo, esperÃ³ a que se levantara. Ãl anhelaba esto. Le gustaba su olor conflictivo ... su pureza chocando con su propia aura maligna. Sus oscuros ojos se dibujaron en el rosa que ahora teÃ±Ã­a sus mejillas. Le hizo preguntarse quÃ© estaba pensando. Mientras la observaba asomarse en la soledad de la cueva, podÃ­a decir que no le gustaba el confinamiento de sus paredes.

âÂ¿DÃ³nde estamos? Kyoko se apartÃ³ de Ã©l para mirar la pequeÃ±a abertura de la cueva y sintiÃ³ un ligero temor al ver la frÃ­a oscuridad que se extendÃ­a mÃ¡s allÃ¡. Ella dio un titubeante paso hacia atrÃ¡s deseando poder seguir oyendo el latido de su corazÃ³n y sentir la seguridad con la que habÃ­a despertado.

Hyakuhei se levantÃ³ detrÃ¡s de ella y envolviÃ³ sus brazos firmemente alrededor de ella cuando sintiÃ³ que su pico de miedo. No te preocupes por mi mascota. Te traje aquÃ­ para mantenerte a salvo de los demonios que quieren el cristal del corazÃ³n de la guarda. Se acariciÃ³ el pelo con la mejilla. -Siempre te protegerÃ© y te mantendrÃ© a salvo ... -sus labios insinuados en una sonrisa secreta que ella no podÃ­a ver.

Kyoko cerrÃ³ los ojos e inclinÃ³ la cabeza para dar su suave caricia mientras asentÃ­a. Eso sonaba como si fuera la respuesta correcta aunque ella no recordaba los demonios que habÃ­an dado persecuciÃ³n. -Oh, estÃ¡ bien -susurrÃ³ mientras se hundÃ­a en su calor-.

"Kyoko, Â¿te gustarÃ­a salir? Me gustarÃ­a contarte algo. Ãl deslizÃ³ su palma lentamente por su brazo hasta que su pequeÃ±a mano estaba dentro de la suya.

Kyoko se preguntÃ³ por quÃ© se sentÃ­a tan dÃ©bil. SÃ­, sol Eso es lo que necesitaba para despejar la cabeza. Por alguna razÃ³n, se sentÃ­a fuera de lugar, pero no podÃ­a poner el dedo en el dilema. Ella sÃ³lo asintiÃ³ con la cabeza a Hyakuhei, confiando en Ã©l para sacarla de esta oscura y hermosa mazmorra.

Hyakuhei apretÃ³ su brazo fuerte alrededor de Kyoko presionÃ¡ndola a su lado y se levantÃ³ sobre el suelo de piedra. A su vez, Ã©l la sintiÃ³ envolver sus brazos alrededor de Ã©l, aferrÃ¡ndose a Ã©l para que no se caiga.

"No te dejarÃ© ir nunca Kyoko," le susurrÃ³ en su oÃ­do mientras le tocaba la barbilla suavemente sabiendo que ella no escucharÃ­a el doble significado dentro de sus palabras. Su rostro se volviÃ³ hacia el suyo y ella soltÃ³ su agarre. Se deslizÃ³ fuera de la cueva y luego hacia arriba, pero no demasiado rÃ¡pido para no asustarla. AterrizÃ³ en el suelo blando a la luz del sol.

Kyoko mirÃ³ a su alrededor las hojas. El bosque les ofrecÃ­a una sombra moteada y todo era tan brillante como sus ojos esmeralda ajustados a la luz. Ella se soltÃ³ y dio un paso fuera del cÃ­rculo de sus brazos. Â¿QuÃ© estaba haciendo ella aquÃ­? Â¿QuÃ© le faltaba? MirÃ³ a Hyakuhei sintiÃ©ndose un poco confundido. Â¿No estaba buscando algo que habÃ­a perdido?

"Kyoko, Â¿todavÃ­a me ayudarÃ¡s a encontrar los fragmentos del corazÃ³n del guardiÃ¡n de cristal antes de que los demonios puedan usarlos para romper el portal?" ObservÃ³ cÃ³mo sus ojos se iluminaban en comprensiÃ³n. Se alegrÃ³ de que aÃºn no se acordara de sus verdaderos guardianes. El hechizo que tenÃ­a sobre ella era fuerte y mientras nada movÃ­a la memoria, el encantamiento no la confundirÃ­a.

Kyoko sonriÃ³. SÃ­, para eso estaba ella. Buscando el talismÃ¡n.

"SÃ­ Hyakuhei. Los fragmentos. Casi se me olvida. CerrÃ³ los ojos y tratÃ³ de detectar cualquiera de los cristales de energÃ­a intacta cerca. DespuÃ©s de un momento, sus ojos se abrieron y ella seÃ±alÃ³. "Cerca de media milla de esa manera Hyakuhei y es solo." Ella sonriÃ³ contenta de que no estuviera dentro de un demonio ... bueno, no que ella pudiera decirlo.

DejÃ³ que la tomara en sus fuertes brazos mientras los levantaba del suelo y los llevaba en la direcciÃ³n que ella indicaba.

Encontraron el fragmento rÃ¡pidamente y cuando le pidiÃ³ que lo guardara, ella no pensÃ³ dos veces antes de dÃ¡rselo, aunque algo le roÃ­a su memoria. SuspirÃ³, volviÃ³ a cerrar los ojos e instantÃ¡neamente detectÃ³ otro fragmento ... pero esta vez no estaba solo. Esta vez fue contaminada con oscuridad.

Ella alcanzÃ³ detrÃ¡s de ella para su ballesta pero su mano se vino vacÃ­a. Ella frunciÃ³ el ceÃ±o preguntÃ¡ndose dÃ³nde la habÃ­a dejado cuando sintiÃ³ una mano en su hombro.

"Kyoko, no te preocupes. Te mantendrÃ© seguro. SÃ³lo dime dÃ³nde estÃ¡. SabÃ­a que estaba buscando su arma, pero ese era un recuerdo que tambiÃ©n querÃ­a que olvidara. ConocÃ­a el poder detrÃ¡s de los dardos espirituales y era un poder que no querÃ­a cerca de Ã©l.

Le dejÃ³ mostrarle la direcciÃ³n del fragmento y eso lo llevÃ³ a un demonio de sombra que se estaba alimentando del poder de la cinta de cristal. Empujando a Kyoko detrÃ¡s de Ã©l, Hyakuhei lanzÃ³ una barrera a su alrededor para que estuviera a salvo mientras fingÃ­a luchar contra el demonio. Era una criatura tan esplÃ©ndida y su poder era enorme ahora que tenÃ­a el talismÃ¡n dentro de Ã©l.

Puede haber sido un simple demonio de la sombra alguna vez, pero ahora ... ahora se parecÃ­a a un dragÃ³n negro. SerÃ­a una vergÃ¼enza matar a la bestia, pero no podÃ­a llevarla a su propio cuerpo y saborear sus poderes frente a Kyoko. Ella no lo entenderÃ­a y podrÃ­a provocar la memoria de que Ã©l era realmente el enemigo.

Utilizando sus poderes sobre los demonios, Hyakuhei hizo un trabajo rÃ¡pido de terminar su vida. Al ver la gota de cristal caer, lo cogiÃ³ sintiendo la pequeÃ±a porciÃ³n de poder que Kyoko le habÃ­a dado sin saberlo.

Las esquinas de sus labios se volvieron hacia arriba cuando mirÃ³ hacia atrÃ¡s a Kyoko. SoltÃ¡ndola de la barrera de protecciÃ³n, volviÃ³ a tomarla entre sus brazos. SabÃ­a que la estaba engaÃ±ando para que estuviera con Ã©l, pero de repente no querÃ­a que fuera una mentira. InclinÃ¡ndose hacia ella para bloquear el resto del mundo, bajÃ³ sus labios a los de ella.

*****

El gruÃ±ido de Hyakuhei resonÃ³ mientras se acercaba a la oscuridad justo cuando el sueÃ±o terminaba. La risa atormentadora del maestro de sueÃ±os fue lo Ãºnico que lo saludÃ³ dentro de la cueva mientras observaba cÃ³mo las llamas del fuego convertÃ­an varias tonalidades de color antes de que las llamas lamecedoras se retorcieran en una oscura sombra de negro para emparejar su estado de Ã¡nimo.

CÃ³mo se atreve el sueÃ±o a tentarlo ... haciÃ©ndole observar la soledad.



CapÃ­tulo 6 "Escape mortal"



Kyoko se despertÃ³ con un sobresalto, justo cuando los recuerdos de lo que habÃ­a sucedido le llegaban precipitadamente hacia atrÃ¡s como una confusa marea. Casi podÃ­a jurar que podÃ­a oÃ­r el eco del furioso rugido de Hyakuhei mientras se alejaba del sueÃ±o y le producÃ­a escalofrÃ­os. Era su grito todavÃ­a sonando en sus oÃ­dos dejando sus ojos abiertos de sorpresa.

El sueÃ±o la habÃ­a encontrado de nuevo y de alguna manera sabÃ­a que estaba esperando a que ella volviera a cerrar los ojos. Sus dedos se arrastraron hasta tocar suavemente sus labios y algo dentro de ella se preguntÃ³ si se quedarÃ­a dormida de nuevo ... si el sueÃ±o comenzara con ese mismo beso. Ella envolviÃ³ sus brazos alrededor de sÃ­ misma, extraÃ±amente perdiendo el calor.

PreguntÃ¡ndose cuÃ¡nto tiempo habÃ­a estado durmiendo, mirÃ³ hacia la ventana. Desde la altura de la luna y todas las estrellas podÃ­a ver que todavÃ­a estaba en medio de la noche, pero se acercaba al amanecer con cada latido del corazÃ³n. No era de extraÃ±ar que su mente estuviera tratando de hacer de Hyakuhei su salvador cuando su verdadero salvador se estaba poniendo tan peligroso. Esto fue culpa de Kyou.

HabÃ­a pasado tanto tiempo en tan poco tiempo que no estaba sorprendida de que hubiera llorado a sÃ­ misma para dormir. Su mente y su cuerpo no la dejaban dormir sino sÃ³lo unos minutos a la vez hasta que encontrÃ³ una manera de salir de este lÃ­o. Ya se estaba poniendo duro para descifrar lo que era realidad y lo que sÃ³lo estaba dentro de su propia mente.

-Â¿QuÃ© demonios creÃ­a que era Kyou? Kyoko mentalmente atacÃ³ mientras se levantaba sobre sus codos. Necesitaba escapar de este lugar y de Ã©l lo antes posible.

Mirando alrededor para que algo se pusiera, Kyoko vio una tÃºnica de seda blanca tendida en una mesa baja junto a la gran almohada. Su mirada vagÃ³ por el resto de la habitaciÃ³n con la esperanza de encontrar algo mÃ¡s que usar. SabÃ­a que la seda de la tÃºnica no le proporcionarÃ­a mucha cobertura y este era el norte por el amor de Dios ... Se congelarÃ­a.

Al soplar sus golpes hacia arriba en la decepciÃ³n, se subiÃ³ a travÃ©s de la almohada y se levantÃ³ para alcanzar la bata. DeslizÃ¡ndose, se maravillÃ³ de la suavidad sedosa de ella contra su piel. Era tan ligero que parecÃ­a que no habÃ­a puesto nada. Si ella no hubiera sido un cautivo aquÃ­ ... ella podrÃ­a haber realmente me gustÃ³ este lugar.

Atando la seda a su alrededor, Kyoko se acercÃ³ a la ventana y mirÃ³ hacia fuera ya planeando su escape. La luz de la luna proporcionaba suficiente luz para ver pero la suficiente oscuridad para tratar de escapar.

InclinÃ¡ndose por la ventana, mirÃ³ hacia abajo la gota de tres pisos de negaciÃ³n. Al ver las hendiduras profundas en la pared externa de la roca, sus labios se curvaron en una sonrisa infantil. Ella sabÃ­a despuÃ©s de estar con Toya durante tanto tiempo que ella serÃ­a capaz de bajar. -Espero que no caiga -contestÃ³ ella en un susurro.

TenÃ­a que correr tan lejos de Kyou como fuera posible antes de que Ã©l tomara algo de ella que ella no estaba ofreciendo.

Kyoko suspirÃ³ interiormente mientras hacÃ­a un silencioso deseo. Toya... Te necesito. Las palabras parecÃ­an resonar dentro de ella y de alguna manera se sentÃ­a tal vez ... tal vez Toya la habÃ­a oÃ­do. Memorias incalculables se filtraban por su mente ... Toya nunca la dejarÃ­a caer. Sus labios se abrieron con asombro por un momento antes de sacudir la sensaciÃ³n como imaginaciÃ³n.

AgarrÃ³ el alfÃ©izar de la ventana para estabilizar sus nervios. Al enderezarse los hombros y encontrar su coraje, decidiÃ³ que no estaba esperando a un salvador porque incluso ella sabÃ­a Kyou era una fuerza a tener en cuenta. Realmente no querÃ­a que Toya se pusiera en ese tipo de peligro. TambiÃ©n sabÃ­a que cuanto mÃ¡s esperara, mÃ¡s probarÃ­a que Toya tratara de rescatarla.

Kyoko subiÃ³ a la repisa y le arrojÃ³ las piernas. VolviÃ©ndose, ella lentamente se sentÃ­a para apoyarse en la pared. Ella hizo una mueca cuando la piedra parecÃ­a que se le cortaba los pies desnudos, pero ella irÃ­a a travÃ©s de cualquier cosa sÃ³lo para escapar.

Con el mayor cuidado posible, se dirigiÃ³ al lado del castillo. Lo que sÃ³lo tardÃ³ unos cuantos momentos fugaces se sintiÃ³ como horas. PasÃ³ toda la escalada temiendo ser atrapada, pero cuando sus pies finalmente tocaron el suelo, todos los demÃ¡s pensamientos huyeron, salvo llegar lo mÃ¡s lejos posible.

Mirando hacia la ventana, ella retrocediÃ³ lejos de la pared a medias esperando ver Kyou aparecer y arrebatarla de nuevo. No podÃ­a pasar por otro de sus "castigos" como Ã©l lo llamaba.

Ese pensamiento la llevÃ³ a la acciÃ³n. Kyoko se volviÃ³ y corriÃ³ como si los demonios de Hyakuhei la persiguieran a travÃ©s del laberinto de jardines y estatuas que lo rodeaban. Sin detener su precipitada precipitaciÃ³n por la libertad, sus ojos lo tomaron todo, maravillÃ¡ndose de la belleza surrealista de la misma incluso dentro de la oscuridad.

SÃ³lo el temor de ser encontrado por Kyou la mantuvo en marcha cuando sus pulmones comenzaron a arder y sus piernas se estrecharon. Se sorprendiÃ³ cuando llegÃ³ al final de los terrenos sÃ³lo para encontrar una barrera muy potente que brillaba con un matiz azul luminoso. Ella sabÃ­a que tomarÃ­a todos sus poderes de sacerdotisa romper algo que Kyou mismo habÃ­a hecho.

Una vez mÃ¡s mirÃ³ por encima del hombro a la imponente estructura que Kyou llamaba casa. No habÃ­a ninguna duda en su mente que Ã©l sabrÃ­a lo que ella estaba haciendo si la barrera fue derribada. SÃ³lo necesitaba hacer una apertura lo bastante grande como para dejarla pasar.

MordiÃ©ndose el labio inferior, extendiÃ³ una mano temblorosa y tocÃ³ la superficie de la barrera para probar su fuerza y fue recompensada con una leve onda de choque que pasÃ³ a travÃ©s de su cuerpo. No le doliÃ³ ... en su lugar; Se sentÃ­a como si la barrera estuviera tratando de decirle que habÃ­a un peligro desconocido en el otro lado y que ella se quedara adentro donde estaba seguro.

Ella sonriÃ³ sorprendida dÃ¡ndose cuenta de que el escudo era mÃ¡s para protecciÃ³n que para causar daÃ±o corporal ... al menos desde el interior de la barrera. No tenÃ­a ninguna duda de que si alguien o algo trataba de entrar desde fuera sin permiso ... ahÃ­ es donde estarÃ­a el dolor.

Hizo una pausa mientras el sueÃ±o volvÃ­a a ella ... la barrera que Hyakuhei habÃ­a puesto alrededor de ella para protegerse del dragÃ³n que habÃ­a luchado ... tambiÃ©n era sÃ³lo para mantenerla a salvo y ella se habÃ­a sentido segura ... extraÃ±a que pensarÃ­a tan suavemente hacia el enemigo.

"No quiero hacer daÃ±o ... por favor", susurrÃ³ Kyoko mientras volvÃ­a a tocar la barrera. Para su asombro, una abertura apareciÃ³ y rÃ¡pidamente caminÃ³ a travÃ©s de la niebla de color azul lechoso justo cuando el escudo se cerrÃ³ detrÃ¡s de ella. Le habÃ­a dado exactamente lo que necesitaba.

VolviÃ©ndose para ver si la barrera se habÃ­a cerrado realmente detrÃ¡s de ella para borrar el hecho de que habÃ­a escapado, Kyoko se sobresaltÃ³ al encontrar sÃ³lo un desolado bosque cubierto de vegetaciÃ³n exuberante y ningÃºn terreno o castillo en cualquier sitio. ParecÃ­a como si la tristeza y la tristeza hubiesen descendido al silencio, todos viviendo dentro de su enmaraÃ±ada red de miembros.

Â¿SabrÃ­a Kyou si alguien rompiÃ³ la barrera que habÃ­a colocado alrededor de su casa? Â¿HabrÃ­a algÃºn tipo de alarma para avisarlo? SentÃ­a que el miedo se deslizaba a travÃ©s de ella al pensar en lo que harÃ­a cuando la encontrara desaparecida despuÃ©s de advertirle que no se fuera. Kyoko levantÃ³ una temblorosa ceja sabiendo que no iba a ser lo suficientemente estÃºpida como para esperar a ver si el prÃ­ncipe de hielo tenÃ­a un sentido del humor o no.




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