Ángel De Alas Negras
Amy Blankenship






Ãngel de Alas Negras

Serie Cristal del CorazÃ³n Guardian



Author: Amy Blankenship

Translated by Eugenia Rey (https://www.traduzionelibri.it/profilo_pubblico.asp?GUID=ca90601fba79cc6396deddd0100dfbb5&caller=traduzioni)



Copyright Â© 2010 Amy Blankenship

EdiciÃ³n en inglÃ©s Publicado por Amy Blankenship

Segunda EdiciÃ³n Publicado por TekTime

Todos los derechos reservados.










PrÃ³logo â Darious



Las campanas del monasterio sonaron como una alarma, aunque no habÃ­a nadie en el campanario que tirara de las cuerdas. Un relÃ¡mpago atravesÃ³ el patio cuando la tormenta apareciÃ³ de la nada. El viento azotaba sin piedad, trayendo consigo el penetrante hedor de la muerte. Una nube oscura y agorera apareciÃ³ en el horizonte, aproximÃ¡ndose al monasterio a una velocidad vertiginosa. Los monjes, que hicieron de este monasterio su hogar, formaron filas como soldados con sus armas alistadas de madera, hueso y oro. Todas sus vidas se habÃ­an entrenado para esta guerraâ¦ para este momento en el tiempo, tal como lo habÃ­an hecho sus ancestros durante mÃ¡s de un milenio. Los pergaminos sagrados de poder y magia habÃ­an sido desenterrados de la vasta biblioteca, y presentados para hacer su trabajo. Los mantos color azul oscuro y amatista se hinchaban violentamente a medida que los monjes se disponÃ­an a pelear una guerra que secretamente habÃ­an rogado no ocurriera en sus vidas. Los arqueros entrenados avanzaron primero, con sus flechas encordadas y emanando un brillo de azul celestial. Estaban en silencio, de pie contra un enemigo al que ninguno de ellos era realmente capaz de derrotar.

A medida que la nube se aproximaba, se hizo evidente que no era realmente una nube, sino una legiÃ³n entera de demonios resueltos a destruir a la humanidad. Este monasterio, y los monjes que lo habitaban, eran la Ãºnica y Ãºltima esperanza de la humanidad. En el aire se podÃ­a escuchar un hondo zumbido, casi calmante, a medida que los monjes lanzaban sus hechizos de protecciÃ³n, con el brillo de la determinaciÃ³n en sus ojos.

Los pergaminos sagrados habÃ­an predicho la venida de la oscuridad, que desatarÃ­a una plaga de demonios en el mundo. Se habÃ­a profetizado que, una vez que esta batalla terminara, los demonios sobrevivientes se esparcirÃ­an por los cuatro puntos cardinales de la tierra, siguiendo a los guardianes que alguna vez la habÃ­an protegido, de la misma manera en que protegÃ­an el sello.

La razÃ³n de que los guardianes y la sacerdotisa aun no aparecieran era un misterio para algunos, pero no sorprendÃ­a a los ancianos. Esto era algo que ni el destino podÃ­a cambiar.

Se lanzÃ³ una orden tÃ¡cita, y los arqueros libraron sus flechas contra la plaga que se empeÃ±aba en erradicar la tierra. Algunos demonios cayeron ante la primera ola, y los primeros arqueros retrocedieron para dar paso a otros en su lugar. MÃ¡s flechas volaron sobre los campos que alguna vez fueron verdes, desintegrando a los demonios a su paso. Sus esfuerzos, sin embargo, fueron infructuosos. ParecÃ­a que por cada demonio que destruÃ­an, diez de ellos tomaban su lugar.

Los arqueros retrocedieron completamente, y se desenrollaron los pergaminos sagrados. Un muro apareciÃ³ alrededor del monasterio, pero nadie tenÃ­a la capacidad de invocar todo el poder de los pergaminos durante mÃ¡s tiempo. Los ancianos habÃ­an escrito los pergaminos, aunque su significado pleno se habÃ­a perdido a lo largo de los siglos. No obstante, fue suficiente para concederles un poco de tiempo a los monjes.

Se impartieron Ã³rdenes y se cerraron las compuertas del monasterio, trabadas con un sello de protecciÃ³n para darles unos minutos mÃ¡s. Todos se miraban unos a otros, sabiendo que serÃ­a la Ãºltima vez que se verÃ­an en este plano de existencia.

Todos se aferraban a la leyenda que mencionaban los pergaminos, acerca de una persona atada por las cadenas de aquellos demonios empeÃ±ados en destruir el mundo. Estaba escrito que, durante el levantamiento, los demonios le darÃ­an la espalda por error.

Ãlâ¦ un niÃ±o de una furia y melancolÃ­a incontroladas, con el temperamento del mÃ¡s oscuro de los Ã¡ngeles y el poder de cerrar el portal, y asÃ­ encerrar a los demonios en este lado del mundo, pero impidiendo que otros les siguieran. Era este niÃ±o quien cazarÃ­a a los demonios uno por uno, enviÃ¡ndolos nuevamente al reino de oscuridad al que pertenecÃ­anâ¦ vengÃ¡ndose de quienes lo habÃ­an encarcelado por tanto tiempo.

Algunas de las leyendas de los pergaminos lo describÃ­an como un dios, mientras que otros afirman que se trata de un demonio empecinado en matar a los dioses para obtener su libertad. Le habÃ­an dado un nombre, aunque fuese solo para mencionarlo en sus plegariasâ¦ Darious.

Las puertas del monasterio crujieron ante la presiÃ³n, a medida que los demonios finalmente las alcanzaban. La gruesa madera se resquebrajÃ³ y se astillÃ³, mientras que el sello que la sostenÃ­a se debilitaba, hasta que finalmente se rompiÃ³. Las puertas se abrieron y, al igual que un maremoto de sangre y muerte, los demonios entraron como un enjambre, con sus zarpas y sus dientes desgarrando la carne humana.

Los tambores de aceite que encendÃ­an las antorchas se cayeron, cubriendo a algunos que tuvieron la mala suerte de encontrarse batallando tan cerca. Las paredes se prendieron fuegoâ¦ creando una hoguera capaz de competir con el mismo infierno. El suelo se abriÃ³, y mÃ¡s demonios brotaron por debajo de los pies de los monjes.

La lluvia habÃ­a comenzado a caer, derramÃ¡ndose sobre el monasterio envuelto por las llamas, que se rehusaba a ceder a la voluntad de los elementos. Uno por uno cayeron los monjes, ahogados en su propia sangre mientras rezaban por su salvaciÃ³nâ¦ rogando que se cumpliera la profecÃ­a. Miles de demonios ya habÃ­an atravesado el portal, y los monjes no conocÃ­an una barrera lo suficientemente fuerte como para impedirles invadir las tierras que los rodeaban.

Un fuerte ruido de trueno, seguido de un brillante rayo que rasgÃ³ el cielo, generaron una fuerte onda sÃ­smica, que hizo que el monasterio se desplomara al suelo.

El silencio que le siguiÃ³ fue ensordecedor, ya que el viento dejÃ³ de soplar y la lluvia se detuvo abruptamente. El ojo calmo de la tormenta se habÃ­a posado sobre los restos del monasterio; sus muros se elevaban sobre Ã©l, atrapando tanto a los demonios como a los monjes.

Aquellos monjes que todavÃ­a estaban con vida volvieron sus ojos al cielo y murmuraron oraciones de penitencia. La persona que creÃ­an un salvador era mucho mÃ¡s aterradora que los demonios que le habÃ­an precedido.

Estaba parado en el ojo de su propia tormenta, con sus cadenas de preso colgÃ¡ndole de los pies y las muÃ±ecasâ¦ la cadena mÃ¡s gruesa aÃºn rodeaba su cuello. Estas tintineaban de modo inquietante en el silencio, cubiertas de la sangre de los demonios que habÃ­a matado durante su escape.

Su largo cabello ondulado se elevaba ligeramente, debido a la tormenta que lo rodeaba o a su propio poder, imposible saberlo. Su letal cuerpo se encontraba desnudo, como todos los que nacen repentinamente a este mundo. La sangre relucÃ­a en las heridas abiertas que habÃ­a recibido, dando testimonio de la batalla que habÃ­a librado para llegar tan lejos. Dos heridas le atravesaban la espalda en el lugar que antes ocupaban unas magnÃ­ficas alas.

Elevando su perfecto rostro hacia el cielo, unas lÃ¡grimas como de sangre cayeron de sus ojos color mercurio. La tierra bajo sus pies se estremeciÃ³ una vez mÃ¡s y se alzÃ³, atrapando a muchos demonios y reparando el portal, sellÃ¡ndolo.

Una brillante luz blanca pasÃ³ como un rayo y estallÃ³ sobre el paisaje, dispersando al resto de la multitud de demonios hacia las esquinas mÃ¡s recÃ³nditas del mundo.

La profecÃ­a, Darious, bajÃ³ su mirada hacia el centro de lo que alguna vez habÃ­a sido un gran monasterio. AllÃ­, envuelta por un suave resplandor angÃ©lico, se encontraba la estatua de una doncella arrodillada, con las manos extendidas como pidiendo algo que Ã©l no podÃ­a darle. Con la siguiente descarga del rayo, la estatua de la doncella se desvaneciÃ³.



CapÃ­tulo 1 âRisa malvadaâ



Normalmente, la pelÃ­cula âPosesiÃ³n Infernal 2â la hacÃ­a morir de miedo. Pero afortunadamente, Kyoko tenÃ­a tanto sueÃ±o que apenas podÃ­a ver la pantalla, y eso es decir bastante, ya que se trataba de un sistema de cine en casa de 73 pulgadas con sonido envolvente. ParpadeÃ³ un par de veces y luego se despertÃ³ de un salto, levantando la cabeza para mirar el reloj digital sobre la parte delantera del reproductor de DVD.

Â¡Tres de la maÃ±ana! Ese Ãºltimo parpadeo habÃ­a sido su perdiciÃ³n. HabÃ­a estado dormida por mÃ¡s de una hora.

TenÃ­a la costumbre de quedarse despierta hasta saber que todos habÃ­an regresado a casa a salvo, asÃ­ que comenzÃ³ rÃ¡pidamente a contar cabezas. IntentÃ³ sentarse, pero se dio cuenta de que se encontraba atrapada entre el respaldo del sofÃ¡ y Toya.

Mirando hacia abajo, sus mejillas se encendieron. Su rostro estaba enterrado en la parte baja de su abdomen, y uno de sus brazos le rodeaba las caderas. Â¿CÃ³mo era que podÃ­a dormirse cuando se encontraba solo al otro lado de la habitaciÃ³n, y luego despertaba en las posiciones mÃ¡s extraÃ±as junto a Ã©l? Era muy desconcertante. Si no hubiera estado profundamente dormido, lo habrÃ­a empujado al piso.

Kyoko puso los ojos en blanco al saber que habÃ­a pensado lo mismo muchas veces, y hasta ahoraâ¦ Ã©l nunca habÃ­a caÃ­do al suelo.

Su expresiÃ³n se suavizÃ³ al ver su oscuro cabello con reflejos plateados. Se veÃ­a siempre tan dulce cuando dormÃ­aâ¦ realmente era una lÃ¡stima que no pudieran mantenerlo dormido todo el tiempo. SonriÃ³ burlonamente ante su propia broma. Pero quÃ© diablos, era verdad. Toya, tan dulce y amoroso como secretamente era, solÃ­a ser el primero en pelear con ella.

LevantÃ¡ndose sobre la parte trasera del sofÃ¡ para no tener que gatear por encima de Ã©l, adoptÃ³ una posiciÃ³n firme y mirÃ³ a su alrededor.

Kyoko meneÃ³ la cabeza, preguntÃ¡ndose por quÃ© se habrÃ­an hecho el hÃ¡bito de dormir en esta gran sala de estar casi todas las noches, cuando todos tenÃ­an sus propias habitaciones con camas sÃºper grandes. Mirando rÃ¡pidamente a su alrededor, notÃ³ que todas las personas que habÃ­a estado esperando ya habÃ­an llegado, excepto Kyou, lo cual era normal, y Tasuki, quien ella sabÃ­a que trabajaba en el turno nocturno esa semana.

Con Kyou como jefe, supuso que era demasiado pedir que pasara tiempo con los policÃ­as, detectives privados y psÃ­quicos que trabajaban para Ã©l.

Un pensamiento malvadamente gracioso apareciÃ³ en su cabeza, y sonriÃ³. Si alguien hubiese estado despierto para verla, habrÃ­a corrido espantado. Estos muchachos se habÃ­an burlado tanto de ella Ãºltimamente que Kyoko pensÃ³ que era hora de vengarseâ¦ por diez.

En silencio caminÃ³ hacia donde estaba Shinbe, quien dormÃ­a sobre el sillÃ³n de dos plazas. Con cuidado extrajo el control remoto de la TV que de alguna manera habÃ­a terminado sobre su regazo. Kyoko frenÃ³ en seco cuando Shinbe se moviÃ³ y en sus sueÃ±os murmurÃ³ algo sobre una piel de conejo y jarabe de chocolate.

Meneando la cabeza, Kyoko le quitÃ³ el control remoto y silenciÃ³ el televisor.

La adrenalina se disparÃ³ por todo su cuerpo, dÃ¡ndole una sensaciÃ³n de mareo. Una pequeÃ±a parte suya comenzÃ³ a sentirse mal, pero saltÃ³ ferozmente sobre Ã©sta, hasta que esa parte de su conciencia fue callada a los golpes. Luego del incidente con la ropa interior de Kotaro, y del sÃºbito deseo de Toya de correr por los salones hacia su habitaciÃ³nâ¦ se merecÃ­an esto.

AdemÃ¡s, la consideraban como la niÃ±a del grupo. Siempre tenÃ­a que pelearse con ellos para poder hacer cualquiera de los trabajos paranormales mÃ¡s pesados.

Su Ãºnico poder real era el hecho de que, a veces, cuando tocaba algo o a alguien, recibÃ­a visiones del pasado que le ayudaban a resolver los casos. Sin embargo, esto no siempre funcionaba. No podÃ­a simplemente acercarse a un demonio, tocarlo, y saber si Ã©ste iba por ahÃ­ matando personas.

QuizÃ¡s si los sobresaltaba a todos al mismo tiempo, probarÃ­a que no se dejaba intimidar. AdemÃ¡sâ¦la venganza era dulce.

Con el televisor aun en silencio, Kyoko puso el volumen al mÃ¡ximo. HabÃ­a una parte de la pelÃ­cula que la hacÃ­a encogerse de miedo siempre que la veÃ­a. Entonces, rebobinÃ³ hasta esa parteâ¦ la parte en donde toda la habitaciÃ³n comenzaba a reÃ­rse del protagonista con las voces mÃ¡s demenciales.

EscabullÃ©ndose hacia la puerta, la abriÃ³ y dio un solo paso hacia el vestÃ­bulo antes de voltearse y sonreÃ­r ante la pacÃ­fica escena. Presionando el botÃ³n de silenciar una vez mÃ¡s, Kyoko arrojÃ³ el control remoto en direcciÃ³n al sofÃ¡ y corriÃ³ como loca.

El fuerte ruido sobrecogiÃ³ a todos, moviÃ©ndolos a actuar, y creando asÃ­ un efecto dominÃ³ que harÃ­a reÃ­r por semanas a todo aquÃ©l que lo hubiera presenciado desde afuera.

Kotaro fue el primero en reaccionar. Estaba sentado en uno de los sillones reclinables, soÃ±ando con un cierto Ã¡ngel de cabello rojizo, cuando se vio envuelto por aquella estrepitosa y desagradable risa. Se parÃ³ de un salto, sacando al mismo tiempo su Beretta y disparando al televisor. Siendo un oficial de las fuerzas policiales locales, fue el instinto lo que lo hizo reaccionar tan rÃ¡pido.

Yohji, el socio de Kotaro en la comisarÃ­a, estaba sentado en otro sillÃ³n. El ruido lo hizo saltar, lo cual a su vez hizo que el sillÃ³n reclinable se volteara hacia atrÃ¡s. Se irguiÃ³ en menos de un segundo, usando el sillÃ³n reclinable como escudo, y apuntando su pistola hacia los restos del televisor.

Shinbe se parÃ³ de un salto gritando algo acerca de abandonar el barco, Kyoko y los pervertidos primero. ParpadeÃ³, despertando de su sueÃ±o y adentrÃ¡ndose en lo que podÃ­a llamarse una pesadilla. InclinÃ³ su cabeza mirando hacia el televisor.

Debido a la posiciÃ³n precaria de Toya en el sofÃ¡, Ã©ste se habÃ­a caÃ­do del borde, aterrizando encima de Kamui, quien dormÃ­a la siesta echado sobre el suelo con un ordenador portÃ¡til abierto en frente suyo. La cara de Kamui golpeÃ³ contra el teclado, y los pies de Toya chocaron contra la pantalla, destruyendo completamente el aparato.

âÂ¿QuÃ© diablos, Kotaro?â, reclamÃ³ Toya.

âÂ¡Saca tu cara de mi trasero!â, chillÃ³ Kamui, y dando un salto arrojÃ³ a Toya al suelo.

Shinbe se frotÃ³ la nuca, agradeciendo a cualquier dios que escuchara que nadie lo habÃ­a oÃ­do.

Yohji se levantÃ³ lentamente y colocÃ³ su PPK dentro la funda, frunciendo el ceÃ±o al ver el televisor en llamas. âLe disparaste al televisor otra vezâ, mascullÃ³. âÂ¿No es el segundo este aÃ±o?â. MirÃ³ furiosamente al televisor y agregÃ³: âY creo que se estÃ¡ riendo de tiâ.

Kotaro, por su parte, miraba fijamente el televisor roto que todavÃ­a resonaba con la malvada risa, aun cuando la pantalla estaba destrozada. La expresiÃ³n de su rostro era de completa sorpresa, y mirÃ³ hacia la Beretta que tenÃ­a en la mano antes de enfundarla muy lentamente. AdvirtiÃ³ unas luces parpadeantes, por lo que mirÃ³ detrÃ¡s suyo y vio a Suki que tomaba fotos con su telÃ©fono celular.

âTres intentos para saber quiÃ©n hizo estoâ, exclamÃ³ Toya corriendo como loco hacia la puerta.

âÂ¡No la mates!â, gritÃ³ Kamui corriendo tras Ã©l. âDÃ©jamela a mÃ­â.

Kotaro no se movÃ­a, todavÃ­a miraba el televisor. Shinbe corriÃ³ tras Toya y Kamui con la resuelta intenciÃ³n de ârescatarâ a Kyoko de la venganza de Toya.

âÂ¡No temas, Kyoko, yo te protegerÃ©!â, exclamÃ³ Shinbe mientras corrÃ­a por el vestÃ­bulo.

Yuuhi, un pequeÃ±o niÃ±o albino, extrajo los tapones de sus oÃ­dos. âTe lo dijeâ, susurrÃ³ con una voz sin emociÃ³n que tenÃ­a un tinte escalofriante.

Amni, que estaba sentado al lado del niÃ±o sobre el mismo sofÃ¡ de dos plazas que Shinbe reciÃ©n habÃ­a abandonado, sonriÃ³ luego de quitarse sus tapones tambiÃ©n. Ambos eran los psÃ­quicos del grupo, y hacÃ­a varios dÃ­as que preveÃ­an esto. No se habÃ­an molestado en avisar a nadie porqueâ¦ Â¿dÃ³nde quedarÃ­a la diversiÃ³n?

âPor lo menos, las cÃ¡maras de seguridad que instalÃ³ Kyou grabarÃ¡n todoâ, dijo Amni. âLa repeticiÃ³n instantÃ¡nea es el mejor invento desde el pan en rodajasâ.

âÂ¿De quÃ© me perdÃ­?â, preguntÃ³ Tasuki mientras caminaba lentamente a travÃ©s de la puerta, contento de dejar de trabajar por esa noche.

âToya va a matar a Kyokoâ, dijo Amni con una voz ominosa, como si estuviera presenciando una horrible visiÃ³n. Luego estallÃ³ de risa cuando Tasuki corriÃ³ fuera de la habitaciÃ³n tan rÃ¡pidamente que generÃ³ una brisa.

Kotaro elevÃ³ una ceja mirando a Amni, âÂ¿Alguna vez te dijeron que tienes un lado malvado?â.

Amni se encogiÃ³ de hombros. âNo querÃ­a que se sintiera dejado de ladoâ.

*****

Darious se inclinÃ³ contra la pared de ladrillos, y obtuvo una impresiÃ³n de la ciudad. Los sonidos y los olores de tantos seres humanos se veÃ­an distorsionados por los ecos demonÃ­acos que nadie mÃ¡s notaba. Incluso podÃ­a sentir sombras que no pertenecÃ­an a la luz del dÃ­a, pero conservaba la calma para mantener sus poderes ocultos por un tiempo.

HacÃ­a mucho tiempo habÃ­a aprendido que sus estados de Ã¡nimo ejercÃ­an un efecto sobre el clima y, hasta ahora, el cielo estaba despejado y la temperatura era perfecta. Era mediodÃ­a y Ã©l buscaba la luz del sol, mÃ¡s aun que la soledad. ParecÃ­a que estaba obteniendo ambas.

Darious sonriÃ³ burlonamente mientras observaba a los humanos. Se mantenÃ­an tan cerca del borde de la amplia acera, que un solo paso en falso los arrojarÃ­a en medio de un intenso trÃ¡fico.

Estaba acostumbrado a que las personas dejaran un amplio arco vacÃ­o alrededor suyo, pero ya no le importabaâ¦ no es que alguna vez realmente le hubiera importado. PodrÃ­a haberles hecho un favor a todos y solo permanecer invisible, pero ser igual a un fantasma todo el tiempo ya lo estaba poniendo nervioso. El Ãºnico motivo por el que se encontraba en medio de una poblaciÃ³n tan densa era porque habÃ­a seguido el olor de tantos demonios hasta ese lugar.

TodavÃ­a estaba intentando averiguar por quÃ© este lugar se habÃ­a convertido en el centro de interÃ©s de los demonios. Era tan abarrotado, ruidoso y sucio, que casi entendiÃ³ por quÃ© los demonios eligieron este lugar, pero eso no significaba que a Ã©l tuviera que gustarle. HabÃ­a evitado lo mÃ¡s posible las zonas muy pobladas, ya que hace mucho habÃ­a aprendido que lugares asÃ­ producen el peor tipo de seres humanos. Algunos de ellos eran casi tan malvados como los demonios a los que perseguÃ­a.

A travÃ©s de los milenios habÃ­a matado incontables demoniosâ¦ pero los mÃ¡s fuertes y rÃ¡pidos de ellos se habÃ­an dispersado y permanecÃ­an escondidos, mientras que Ã©l se ocupaba de matar a los mÃ¡s dÃ©biles. Todas esas pistas parecÃ­an converger aquÃ­â¦ en esta ciudad.

Sus pensamientos se oscurecieron al saber que los demonios jefes ahora conspiraban juntos, creyendo equivocadamente que su ejÃ©rcito, mezclado con tantos seres humanos, serÃ­a capaz de derrotarlo. Esconderse entre los humanos no les ayudarÃ­a. Sus auras se le aparecÃ­an como faros, con un aspecto mÃ¡s similar a unas sombras distorsionadas que a seres vivos reales.

Los ojos de Darious se oscurecieron al pensar en esto. Si tenÃ­a que destruir la ciudad y a todos los humanos en ella, asÃ­ serÃ­a. No les debÃ­a nada a los mortales. AdemÃ¡s, ellos sabÃ­an acerca de los demonios, y tan solo decidieron ignorar ese hecho. Todas las pelÃ­culas de terror eran la prueba, aunque ellos las consideraban ficciÃ³n. De manera ignorante, habÃ­an olvidado que todas las leyendas humanas estÃ¡n basadas en cierto grado de realidad.

Esta era la noche de los demoniosâ¦ los humanos la llamaban Halloween. Durante esta noche, las personas ignoraban lo que estaba justo frente a ellos. Supuso que ese era uno de los motivos por los cuales los humanos se disfrazaban de monstruos una vez por aÃ±oâ¦ para no ser reconocidos por lo real. QuÃ© ignorante se habÃ­a vuelto la raza humana.

Con su aguda vista, Darious mirÃ³ a travÃ©s de la calle bulliciosa hacia adentro de las ventanas de vidrio de los altos edificios, y advirtiÃ³ su propio reflejo. Sus ojos se entornaron, preguntÃ¡ndose quÃ© verÃ­an los demÃ¡s cuando lo miraban, que hacÃ­a que arrastraran a sus hijos al otro lado de la calle.

Acaso verÃ­an su propia falta de conocimiento, su miedo, o quizÃ¡s era una provocaciÃ³n a su asumida ignorancia. Ellos querÃ­an permanecer inconscientes de los verdaderos peligros del mundo. Ãl estaba aquÃ­ para salvarlos, pero lo trataban como si fuera un demonio. Solo los inocentes captaban y devolvÃ­an su mirada por momentosâ¦ los niÃ±os, mientras sus padres los arrastraban lejos de allÃ­.

*****

Kyoko estaba parada en la recepciÃ³n, contenta de que Suki fuese la Ãºnica persona que se encontraba allÃ­. Rio nerviosamente mientras preparaba su primera taza de cafÃ©. SabÃ­a que los chicos se vengarÃ­an por lo que les habÃ­a hecho la noche anterior. TragÃ³, recordando los golpes en el piso debido al fuerte ruido, y cÃ³mo habÃ­a corrido por el vestÃ­bulo intentando llegar a su habitaciÃ³n antes de que la alcanzaran.

HabÃ­a oÃ­do a Toya corriendo tras ella, gritÃ¡ndole todas las obscenidades posibles. Ambos sabÃ­an que si realmente la hubiera alcanzado, no la habrÃ­a lastimado.

En su precipitada carrera hacia un lugar seguro, habÃ­a doblado la esquina y vio a Kyou parado en el umbral de su puerta. VestÃ­a pantalones de seda color negro como la noche, que colgaban peligrosamente debajo de sus caderas, con su cabello plateado luciendo perfecto, aun a mitad de la noche. Fueron sus ojos lo que casi lograron que diera la vuelta y huyera en el sentido opuesto. Eran del color del oro fundido, ardientes, y directamente fijos en ella a medida que corrÃ­a frente a Ã©l y hacia su habitaciÃ³n.

Kyoko atravesÃ³ la puerta y dio un alarido cuando vio a Toya que corrÃ­a disparado hacia ella. Justo en el momento que cerraba la puerta de un portazo, podrÃ­a haber jurado que vio cÃ³mo Kyou movÃ­a su pie unos pocos centÃ­metros, haciendo que Toya tropezara y cayera boca abajo.

Ahora podÃ­a sonreÃ­r cuando pensaba en ello.

Le habÃ­a confiado su vida a Kyou, quien parecÃ­a cuidar de todos los que vivÃ­an y trabajaban en el edificio. SabÃ­a muy poco acerca de Ã©l, pero al mismo tiempo sentÃ­a que lo conocÃ­a tan Ã­ntimamente que a menudo la hacÃ­a sonrojarse.

Los Ãºnicos datos que aparentemente conocÃ­a eran que parecÃ­a tener mÃ¡s dinero que un dios, y se aseguraba de que todos tuvieran mÃ¡s que lo necesario. AdemÃ¡s tenÃ­a una misteriosa forma de saber quÃ© casos paranormales asignarles, y quÃ© armas necesitarÃ­an. Era el hermano mayor de varias de las personas que trabajaban allÃ­â¦ aunque nunca llegÃ³ a averiguar sus edades.

Toya era el segundo. Su cabello era color Ã©bano con reflejos plateados iguales a los de Kyou. Al igual que todos los hermanos, tenÃ­a un cuerpo digno de promocionarse en publicidades de ropa interior. TÃº sabesâ¦ el tipo de cuerpo que hace que una muchacha se detenga para mirarlo.

En casi todos los trabajos asignados a ella, Toya habÃ­a sido su socio, y habÃ­a llegado a quererlo mucho por eso. Â¿CÃ³mo podÃ­a no quererlo cuando la habÃ­a salvado incontables veces de aquellos monstruos que las personas normales no tenÃ­an ni idea que existÃ­an? De muchas formas, Toya era lo mÃ¡s cercano a un hÃ©roe para ella.

El hermano que seguÃ­a en la lÃ­nea era Shinbe, con cabello largo del color de la noche y ojos amatista. ParecÃ­a ser el enigma del grupo, siempre actuando como un pervertido, y con su sentido del humor que a menudo la hacÃ­a echarse al piso de la risa. Pero habÃ­a veces en que se volvÃ­a tremendamente serio. En esas ocasiones, nadie en el grupo lo daba por sentado.

El cuarto hermano, Kotaro, era detective de las fuerzas policiales y se encargaba de los casos que desconcertaban a las autoridades locales. TenÃ­a cabello largo color Ã©bano y ojos de un color azul helado capaces de quitar el aliento. Mientras que el resto de los policÃ­as daban vueltas buscando un sospechoso humano, el pequeÃ±o grupo de Kotaro llevaba el caso a la atenciÃ³n de la agencia paranormal y ayudaba a rastrear a los demonios.

Sorprendentemente, una vez que el caso estaba resuelto, los funcionarios de la ciudad nunca hacÃ­an demasiadas preguntas al respecto. Era casi como si no quisieran saber.

Tasuki y Yohji eran dos muchachos que trabajaban bajo las Ã³rdenes de Kotaro en la comisarÃ­a. Kyou los habÃ­a invitado a vivir allÃ­, ya que trabajaban en este lugar mÃ¡s que en el departamento de policÃ­a. AdemÃ¡s, se habÃ­an robado a la secretaria de la comisarÃ­a, que ahora trabajaba allÃ­. Su nombre era Suki, y Kyoko la querÃ­a como a una mejor amiga. AdemÃ¡s, Kotaro convenciÃ³ a Kyou de que invitara a dos hermanos psÃ­quicosâ¦ Amni y Yuuhi. Eran de mucha ayuda.

El mÃ¡s joven de los hermanos, aunque ella no estaba segura de su edad ya que todos aparentaban tener entre diecinueve y veintisiete aÃ±os, era Kamui. Su cabello era de muchos colores, con los mÃ¡s asombrosos reflejos color amatista. SabÃ­a ciertamente que sus ojos cambiaban de color mÃ¡s de lo que un adolescente cambiaba de ropaâ¦ y eso realmente era decir algo.

Dentro del grupo era el genio de la informÃ¡tica, capaz de infiltrarse en cualquier banco de datos del mundo para obtener la informaciÃ³n que necesitaban. MÃ¡s de una vez habÃ­a ingresado en los altos organismos internacionales, solo para molestarlos.

VolteÃ¡ndose con su taza de cafÃ© para concentrarse en lo que Suki habÃ­a estado diciendo durante los Ãºltimos minutos, Kyoko casi se quemÃ³ cuando su vista aterrizÃ³ sobre Kyou.

Una vez mÃ¡s, se encontraba reclinado sobre la bisagra de la puerta, mirÃ¡ndola desde el umbral de su oficina con la misma mirada que tenÃ­a la noche anterior. Cuando sus ojos se encontraron con los suyos, le produjeron un crudo y sensual escalofrÃ­o que la sacudiÃ³ bien adentro.

Un dÃ­a de estos, Kyoko tenÃ­a la determinaciÃ³n de averiguar exactamente cÃ³mo lo lograba. En realidad, habÃ­a visto a muchas mujeres desvanecerse cuando Kyou, en raras ocasiones, abandonaba el santuario de su oficina y caminaba por las calles de la ciudad.

âÂ¿Supongo que has dormido bien?â, preguntÃ³ Kyou estoicamente, aunque Kyoko pudo advertir un leve toque de diversiÃ³n en sus ojos.

âSÃ­, de hechoâ, afirmÃ³ Kyoko con una sonrisa.

âHmm, creo que debiÃ³ ser bastante difÃ­cil, con cuatro hombres resueltos a permanecer junto a tu puerta toda la noche, discutiendo sobre quiÃ©n iba a derribarlaâ.

VolteÃ¡ndose rÃ¡pidamente en direcciÃ³n opuesta para ocultar su cara sonrojada, Kyoko mirÃ³ por la amplia ventana que daba a la atestada calle de la ciudad. A veces, vivir en este edificio podÃ­a ser muy duro para el corazÃ³n de una muchachaâ¦ eso sin mencionar sus hormonas.

Sintiendo que los escalofrÃ­os le subÃ­an por la nuca, ella supo que no podÃ­a escapar, asÃ­ que solo intentÃ³ dejar que su mente vagara sin rumbo. MirÃ³ a travÃ©s de la calle hacia la fila de edificios que se encontraba en frente del suyoâ¦deseando estar en uno de ellos en lugar de allÃ­â¦ al menos hasta que la angustia adolescente de la noche anterior se disipara.

Sus labios se entreabrieron cuando notÃ³ la presencia de un hombre que estaba justo cruzando la calle. ParecÃ­a como si la estuviera mirando fijamente, pero sabÃ­a que no podÃ­a ser, ya que los vidrios eran ahumadosâ¦se podÃ­a ver hacia afuera pero no hacia adentro. Kyoko se acercÃ³ aÃºn mÃ¡s a la ventana y colocÃ³ una mano contra el vidrio ahumado, justo en frente de su visiÃ³n de ese hombre.

Ese hombre encarnaba la quietud, mientras que todo lo que lo rodeaba se movÃ­a a un ritmo apresurado. ExhibÃ­a una calma serenidad, que era seductora pero al mismo tiempo temible. En algÃºn lugar recÃ³ndito de su mente, ella sabÃ­a que era mentiraâ¦que era Ã©l quien se movÃ­a, mientras todo lo demÃ¡s permanecÃ­a inmÃ³vil en su presencia.

Llevaba anteojos oscuros, y una larga gabardina oscura lo suficientemente abierta como para revelar la ajustada camiseta que llevaba debajo. TenÃ­a el cuerpo de un dios griego, y su rostro era perfecto, aunque su largo cabello oscuro lo ensombrecÃ­a en gran parte. Algo en Ã©l exclamaba peligro y sexo, todo al mismo tiempo. ParecÃ­a pertenecer a las eras oscuras, junto con los dragones y los magos.

Una visiÃ³n abrupta de Ã©l arrodillado y ensangrentado, con cadenas alrededor de sus muÃ±ecas, tobillos y cuelloâ¦ dentro de una caverna subterrÃ¡nea caÃ­da en el olvido, irrumpiÃ³ en su mente haciÃ©ndola querer gritar de angustia. Kyoko podÃ­a sentir cÃ³mo se arrastraba at travÃ©s de rÃ­os de sangre en direcciÃ³n a Ã©lâ¦ deseando salvarlo. Lo sentÃ­a literalmente, deslizÃ¡ndose por su piel y como un peso sobre su ropa

Frunciendo el ceÃ±o cuando las sensaciones y la imagen desaparecieron, Kyoko se inclinÃ³ mÃ¡s cerca del vidrio y tuvo la clara impresiÃ³n de que en realidad estaba intentando acercarse a Ã©l.

Darious sintiÃ³ que algo invadÃ­a su espacio, y entornÃ³ la vista hasta atravesar su propio reflejo en el vidrio espejado, divisando a la muchacha que lo miraba. Por lo general, los humanos solÃ­an apartar la vista apenas advertÃ­an su presencia, a menos que fuesen inocentesâ¦ es decir, niÃ±os. Nunca lo habÃ­a entendido, pero los niÃ±os nunca le tenÃ­an miedo. Sus ojos oscuros acariciaron a la muchacha con curiosidad, sabiendo que ella no era una niÃ±a.

Kyoko tenÃ­a un hermoso cabello largo color rojizo, que no era ni lacio ni ondulado, sino que tenÃ­a vida propia. Aguzando la vista, advirtiÃ³ unos ojos brillantes color esmeralda, rodeados por pestaÃ±as pecaminosamente oscuras. La forma en que lo miraba con una fascinaciÃ³n mÃ³rbida hizo calentar su sangre, y eso lo confundÃ­a.

GruÃ±Ã³ cuando el sol desapareciÃ³ sÃºbitamente detrÃ¡s de las nubes. Los humanos nunca le habÃ­an interesadoâ¦ solo los demonios, y solo durante el tiempo que le llevaba rastrearlos y matarlos. En el instante en que ella se apartÃ³ de la ventana, Darious se envolviÃ³ en su propio poder, haciÃ©ndose invisible.

âKyoko, Â¿has oÃ­do algo de lo que te dije?â, preguntÃ³ Suki, consciente que habÃ­a estado hablando sola durante los Ãºltimos minutos.

Kyoko vacilÃ³ y se volteÃ³ para ver a su mejor amiga detrÃ¡s del escritorio. âOhâ¦ hmmâ¦ Â¿eh?â, parpadeÃ³, âÂ¿cuÃ¡l era la pregunta?â. Notando una sombra a su derecha, echo una mirada a la puerta de la oficina de Kyou, y se relajÃ³ al advertir que Ã©ste habÃ­a desaparecido una vez mÃ¡s.

Suki meneÃ³ la cabeza, âdije que tenemos la reuniÃ³n matutina arriba en cinco minutosâ. RecogiÃ³ una pila de papeles y dio la vuelta al escritorio mientras que Kyoko regresaba a la ventana. âÂ¿QuÃ© es lo que mirabas con tanto detenimiento?â, preguntÃ³.

Los hombros de Kyoko se desplomaron al ver que el extraÃ±o ya no estaba allÃ­. Se mordiÃ³ el labio inferior preguntÃ¡ndose el porquÃ© de su decepciÃ³n. âEstoy buscando un taxi para poder escaparme de la reuniÃ³nâ, dijo, y le guiÃ±Ã³ el ojo a Suki.

âBueno, si yo no te quisiera ya te habrÃ­a matado cuando la madre de todas las malditas bombas sacudiÃ³ las ventanas anoche. AdemÃ¡s, obtuve algunas fotos muy buenas para publicar en internet. DeberÃ­as haber visto la expresiÃ³n en el rostro de Kotaro cuando se dio cuenta de que le habÃ­a disparado al televisorâ¦ te lo mostrarÃ© mÃ¡s tardeâ.

Viendo que la atenciÃ³n de Kyoko se dispersÃ³ una vez mÃ¡s hacia la calle, colocÃ³ las manos sobre sus hombros y la volteÃ³ en direcciÃ³n al ascensor. âVamosâ¦ ya es hora de que admitas tu acto de terrorismoâ.

âÂ¿Terrorismo?â, se defendiÃ³ Kyoko en tono culpable. âÂ¿Y cÃ³mo llamas a lo que ellos me hacen constantemente? â¦ Â¿Civilizado?â.

Suki rio nerviosamente y empujÃ³ a Kyoko hacia adentro del ascensor. âSube, y si hay gritosâ¦asegÃºrate de que sean ellos quienes gritanâ.

Darious elevÃ³ la vista hacia el nombre impreso sobre el vidrio donde antes se encontraba la muchachaâ¦âInvestigaciones paranormalesâ. CerrÃ³ los ojos, tanteando para orientarse en su camino a travÃ©s del edificio, y apretÃ³ los dientes a medida que su poder daba con las almas antiguas. InhalÃ³ cuando encontrÃ³ el alma de Kyoko cerca de la cima del edificio. Ãsta se dirigÃ­a directamente hacia el grupo de almas que estaban contaminadas con elementos no humanosâ¦pero que tampoco eran demonios.

AbriÃ³ sus ojos color de Ã©bano cuando comenzÃ³ a llover. La acera se humedecÃ­a, excepto adonde se hallaba su cuerpo invisible.

Â¿Por quÃ© lo miraba con tanto interÃ©s, acaso era porque estaba ligada a las cosas paranormales? DejÃ³ que su poder recorriera su alma una vez mÃ¡s, buscando detectar la presencia demonÃ­aca en su aura. Su poder la rodeÃ³ durante varios latidos, y pudo sentir cÃ³mo su fuerza vital se elevaba y lo miraba directamente.

Y en ese momento, lo oyÃ³â¦ el eco de un suave llanto que apenas podÃ­a recordar, por encima de sus propios gritos torturados. La Ãºnica vez que habÃ­a oÃ­do ese sonido fue en el momento en que las cadenas de la eternidad se habÃ­an roto. HabÃ­a dejado el sonido atrÃ¡s al luchar por salir del pozo, y Ã©ste se le habÃ­a aparecido en su memoria muchas veces. Cuanto mÃ¡s se acercaba a esta ciudadâ¦ mÃ¡s lo empezaba a acechar ese recuerdo.

Â¿QuÃ© cosa en ese llanto le habÃ­a cerrado el pecho ahora, y no hace siglos atrÃ¡s cuando realmente importaba? Â¿Por quÃ© de repente importaba ahora? Darious sacudiÃ³ la cabeza sintiÃ©ndose irritado. No podÃ­a cambiar el pasado, entonces, Â¿por quÃ© permanecer en Ã©l?

Justo cuando Kyoko abrÃ­a la puerta de la habitaciÃ³n en la que todos esperaban, sintiÃ³ como si alguien la rodeara con sus brazos, y respirÃ³ sÃºbitamente. Volteando a la derecha, elevÃ³ su vista hacia la oscuridad. Dentro de esa oscuridad se encontraba el mismo rostro que habÃ­a visto cruzando la calleâ¦ esta vez sin anteojos de sol. Sus ojos la sumieron en la fascinaciÃ³nâ¦eran del mÃ¡s extraÃ±o color de la plata turbulenta, con un reflejo azul helado.

Kyou girÃ³ hacia la puerta, sintiendo que Kyoko se acercaba, pero la expresiÃ³n extraÃ±a en su rostro lo obligÃ³ a actuar. CorriÃ³ hacia adelante y la sostuvo antes de que cayera. Sintiendo cÃ³mo un elemento no bienvenido la tocaba por detrÃ¡s, su gruÃ±ido de advertencia dispersÃ³ al poder sobrenatural que la rodeaba.

Ãste la abandonÃ³ como una ola furiosa en el mismo momento en que un trueno sacudiÃ³ las ventanas por la tormenta que se aproximaba. Kyou entornÃ³ sus ojos dorados, levantÃ¡ndola en brazos de forma posesiva y colocÃ¡ndola cuidadosamente sobre el sofÃ¡, ante la presencia de todos. Cuando todos avanzaron, Ã©l sostuvo su mano en alto, ordenÃ¡ndoles que se quedaran atrÃ¡s.

Darious se retirÃ³ y abriÃ³ los ojos, mirando hacia la cima del edificio. TodavÃ­a podÃ­a sentir el calor de su alma, y era la primera vez que habÃ­a experimentado una sensaciÃ³n de calidez desde que tenÃ­a memoria. TambiÃ©n habÃ­a pasado mucho tiempo desde la Ãºltima vez que se sintiÃ³ impactado por el poder de otro ser.

EsbozÃ³ una sonrisa frÃ­a y maliciosa a medida que se escabullÃ­a. El lugar seco sobre el pavimento se fue oscureciendo cuando el cielo se abriÃ³, dando paso a un intenso chaparrÃ³n.










CapÃ­tulo 2 âMitos peligrososâ



La audiciÃ³n de Kyoko volviÃ³ aun antes de que abriera los ojos. Cuando escuchÃ³ la voz de Shinbe anunciando que seguramente estaba embarazada, sus ojos se abrieron rÃ¡pida y sÃºbitamente, y le clavÃ³ una mirada fatal.

âYoâ¦â, se vio interrumpida de inmediato cuando Toya la jalÃ³ hacia sus brazos y casi la exprimiÃ³ contra Ã©l.

âÂ¡No hagas eso! Casi me das un maldito ataque cardÃ­acoâ. La sostuvo fuertemente hasta que recordÃ³ que todos estaban mirando. Su mandÃ­bula comenzÃ³ a temblar, sabiendo lo que se avecinaba.

âAawww, quÃ© dulceâ, rio Kamui burlonamente, âToya estÃ¡ todo acaramelado con Kyoko. No sabÃ­a que eras asÃ­â.

Toya soltÃ³ a Kyoko tan rÃ¡pido que cayÃ³ contra el brazo del sofÃ¡. âVas a sentir mi puÃ±o en tu cara si no te callas, mocosoâ. GruÃ±Ã³, pero su expresiÃ³n volviÃ³ a suavizarse cuando dio un paso atrÃ¡s y vio a Kyoko que se incorporaba. âLo que quise decir esâ¦ Â¿QuÃ© estÃ¡s intentando hacer, terminar de darnos el ataque al corazÃ³n que empezaste anoche?â.

âSi siguen asÃ­, quizÃ¡s lo hagaâ, dijo Kyoko con una sonrisa burlona dirigida a Toya. âLuego irÃ© a esconderme a la habitaciÃ³n de Kyouâ.

âÂ¿Por quÃ© te esconderÃ­as allÃ­?â, preguntÃ³ Toya, sintiÃ©ndose celoso al instante.

Kyoko suspirÃ³ y soplÃ³ apartando un mechÃ³n de su cabello de los ojos. Toya era inteligente pero, a veces, si no fuera por su aspecto, jurarÃ­a que tenÃ­a la edad mental de un niÃ±o de cinco aÃ±os.

âPorque Kyou tiene barreras a prueba de nerds en su puertaâ, aportÃ³ Kamui sin apartar la vista de su nuevo portÃ¡til, que mantenÃ­a lejos de Toya.

Toya gruÃ±Ã³ y se dio vuelta para enfrentar al mÃ¡s joven del grupo. âSigue asÃ­, Kamui, y hare que tu sistema informÃ¡tico colapseâ.

âÂ¿Y esto lo dice el hombre que siquiera sabe dÃ³nde estÃ¡ la tecla Enter en el teclado?â, preguntÃ³ Kamui arqueando una ceja. âMe sorprenderÃ­a si supieras dÃ³nde estÃ¡ el botÃ³n de encendido de un monitorâ.

Toya se inclinÃ³ hacia Ã©l. âNo estaba hablando del disco rÃ­gidoâ. Sus labios apenas esbozaron una sonrisa malvada cuando Kamui sujetÃ³ el portÃ¡til con mÃ¡s fuerza y se estremeciÃ³.

âÂ¡Suficiente!â, dijo Kyou, con una voz que hacÃ­a eco de su autoridad. âSiÃ©ntense todos. Kyoko, tÃº puedes quedarte en el sofÃ¡ si lo deseas y, no, Toyaâ¦ no va a compartirlo contigoâ. DirigiÃ³ una mirada irritada a su hermano.

Toya comenzÃ³ a murmurar algo acerca de ciertos hombres con palos y microchips en sus traseros, antes de dejarse caer sobre la silla de Kyou. Ãste lo mirÃ³ fijamente con la expresiÃ³n impÃ¡vida por la cual era famoso. Cuando el hombre de cabello plateado sintiÃ³ un pequeÃ±o tirÃ³n sobre su mano, mirÃ³ a Kyoko, que moviÃ³ sus pies de modo tal que Kyou pudiera sentarse sobre el otro extremo del sofÃ¡.

Kotaro y Yohji rieron disimuladamente al ver que Kyou aceptÃ³ la invitaciÃ³n y se sentÃ³, con los pies de Kyoko sobre su regazo.

âComo todos bien saben, esta noche es Halloweenâ, comenzÃ³ Kyou.

âÂ¡No me digas!â, mascullÃ³ Toya, intentando no mirar con furia a los pies de Kyoko en contacto con su hermano.

âLo cual significaâ, continuÃ³ Kyou dirigiendo una mirada asesina a Toya, âque hoy habrÃ¡ mayor actividad. Los rituales paganos saldrÃ¡n mal como de costumbre, y la actividad paranormal tambiÃ©n se intensificarÃ¡. Todos nosotros estaremos en estado de alerta durante las prÃ³ximas veinticuatro horas. Considerando que las fiestas de Halloween se extenderÃ¡n hasta mÃ¡s tarde en la noche, y siendo sÃ¡badoâ¦creo que todos entienden la ideaâ.

âSÃ­, sÃ­, lo entendimosâ, exclamÃ³ Toya. âUy, tengan cuidado porque habrÃ¡ mujeres desnudas corriendo por las calles, perseguidas por pandillas de violadoras lesbianas, Â¡uh!â

âÂ¿AdÃ³nde?â, preguntÃ³ Shinbe a todo volumen, que no habÃ­a prestado demasiada atenciÃ³n desde que Suki entrÃ³.

Kyou masajeÃ³ el espacio por encima de sus cejas, donde sentÃ­a que se acumulaba una ligera presiÃ³n. Ãl y sus hermanos escondÃ­an bien sus poderes del mundo, pero a veces se preguntaba si no habÃ­an retrocedido demasiado. HabÃ­an sido enviados aquÃ­ para mantener a Kyoko a salvo sin que ella lo supiera, y para liberar al mundo de tantos demonios como pudieran. HabÃ­a establecido la agencia en cuanto notÃ³ la elecciÃ³n de carrera que ella habÃ­a hecho.

Kotaro levantÃ³ la voz. âEl departamento de policÃ­a designÃ³ a mi brigada a la plaza de la ciudad esta noche debido a la sobrecarga de las fuerzas policiales. Otros policÃ­as estarÃ¡n allÃ­ a intervalos porque el aÃ±o pasado las fiestas barriales no terminaron sino hasta el amanecer, y varias personas desaparecieron esa nocheâ.

Kamui asintiÃ³, volteando su portÃ¡til para que todos vieran: âChicos, tenemos una bruja en la ciudadâ.

âA ver si te enteras, niÃ±oâ¦ esta noche tendremos un montÃ³n de brujas en la ciudadâ, Yohji sonriÃ³ burlonamente. âAlgunas mÃ¡s sensuales que otrasâ.

âEsas brujas no estÃ¡n absorbiendo la vida de niÃ±os pequeÃ±osâ. Kamui seÃ±alÃ³ una lista de nombres de la guardia infantil del hospital. âTodos estos niÃ±os estÃ¡n en coma, y todo ocurriÃ³ durante la Ãºltima semana. Los mÃ©dicos estÃ¡n desconcertados, porque en todos los casos los niÃ±os se encontraban afuera despuÃ©s del anochecer, y todas las pruebas que les hicieron no revelaron ninguna lesiÃ³n. Simplemente no se despiertanâ.

Kyoko frunciÃ³ el ceÃ±o intentando concentrarse en la reuniÃ³n. Era difÃ­cil, porque no podÃ­a sacudirse esa extraÃ±a sensaciÃ³n que habÃ­a permanecido en ella desde que vio a aquÃ©l hombre al otro lado de la calle, y luego sintiÃ³ lo que podrÃ­a jurar que eran sus brazos rodeÃ¡ndola.

Apartando el recuerdo por un momento, su rostro se entristeciÃ³ pensando en todos esos niÃ±os del hospital. Una vez habÃ­a leÃ­do que si una bruja toma una parte de tu alma, caes en un profundo sueÃ±o. Luego tienes pesadillas por siempre, a medida que la bruja se alimenta de tu miedo. Â¿Acaso todos esos niÃ±os estaban atrapados en aquellos sueÃ±os, gritando para que alguien los salvara?

âNo creo que echarle un cubo de agua en la cabeza funcione, pero yo quiero ir a la caza de algo tan cruel. Â¿CÃ³mo reconoceremos a la bruja si la vemos? Â¿Alguien ha visto una alguna vez? Â¿Acaso no son solo seres humanos que accedieron a una potente magia?â. ComenzÃ³ a disparar preguntas mientras intentaba incorporarse, pero Kyou le puso la mano sobre los tobillos para impedÃ­rselo.

Kyou no mirÃ³ a Kyoko, esperando que ella pensara que no era intencional, mientras rodeaba sus tobillos con sus dedos como si fuera un brazalete. En ese momento sostenÃ­a una barrera protectora sobre ella, que se mantenÃ­a en su lugar solo mediante su toqueâ¦ ademÃ¡s, todavÃ­a no estaba listo para perder contacto con ella.

Ãl habÃ­a sentido la poderosa aura que la rodeÃ³ justo antes de que se desmayara. Y si bien la habÃ­a apartado de ellaâ¦ todavÃ­a sentÃ­a el rastro de su presencia. Eso solo era suficiente para enojarlo. HabÃ­a colocado barreras contra demonios en todo el edificio, y en cada esquina de cada piso, ocultas dentro del panel de yeso para que no las notaran.

Sus ojos dorados se elevaron hacia la gran ventana panorÃ¡mica que se hallaba en medio de la pared exterior. Se suponÃ­a que durante ese dÃ­a y esa noche el clima estarÃ­a despejado y frescoâ¦entonces, Â¿de dÃ³nde habÃ­a salido esa tormenta? Mientras miraba la lluvia de cerca, advirtiÃ³ una silueta que no era traspasada por la lluvia.

Sin querer que la apariciÃ³n supiese cÃ³mo la habÃ­a ubicado, Kyou puso su atenciÃ³n en la entusiasmada descripciÃ³n que Shinbe hacÃ­a de las brujas.

âLas brujas reales nunca fueron humanas. Sus almas son demonÃ­acas y eternas. Se mantienen vivas tomando la fuerza vital de los niÃ±os, alimentÃ¡ndose de sus pesadillas. Ese es su alimento. En cuanto a su aspecto, como tantos niÃ±os han sido sus vÃ­ctimas, a esta altura deben haber adoptado una forma inusualâ¦jÃ³venes, hermosas, e incluso de apariencia angelicalâ.

Shinbe aclarÃ³ su garganta y borrÃ³ la imagen erÃ³tica que rondaba su cabeza. âNo muestran su verdadera forma hasta el momento en que toman la fuerza vital de otra persona, o en plena batalla. Cuando se alimentan, su aspecto es verdaderamente espantosoâ.

âTÃº debes saberloâ, afirmÃ³ Toya con voz lÃºgubre.

Shinbe dirigiÃ³ a Toya una mirada que le ordenaba permanecer en silencio y, por Ãºnica vez, Toya tuvo la decencia de dejarlo ahÃ­.

Yuuhi se encontraba parado junto a la silla en la que estaba sentado su hermano Amni, pero sus ojos estaban fijos en la lluvia que caÃ­a afuera. âElla estarÃ¡ en el centro de la ciudad, dentro de la zona de fiestas, cerca del festival infantil, pero no serÃ¡ el Ãºnico demonio en el lugar. Se cuida de los que tienen poderes superiores a los suyos. Es por eso que tiene tanta ansiedad por comerâ¦quiere almacenar energÃ­a para la pelea que sabe que se avecina. Esta noche aÃ±adirÃ¡ nuevas vÃ­ctimas a su frenesÃ­ alimentarioâ.

Tasuki se frotÃ³ los brazos para despejar los escalofrÃ­os. âOdio cuando haces esoâ, murmurÃ³ mirando a Yuuhi a los ojos. La Ãºnica diferencia entre el muchacho y un autÃ©ntico albino era el hecho de que Yuuhi tenÃ­a ojos profundamente oscuros, y su negrura se acrecentaba cuando recibÃ­a una visiÃ³nâ¦lo cual era simplemente espeluznante.

Mientras Tasuki lo miraba, Yuuhi volteÃ³ su vista hacia Ã©l, y sus pupilas color Ã©bano se tornaron enormes y luminosas.

âNo serÃ¡ una bruja lo que deberÃ¡s enfrentar esta nocheâ, Yuuhi retrocediÃ³ para mirar la lluvia como si no acabara de dar un susto mortal a Tasuki.

Tasuki apretÃ³ los puÃ±os, sabiendo que el niÃ±o no le dirÃ­a a quÃ© deberÃ­a enfrentarse. Decidiendo ignorar al resto de las personas en esa habitaciÃ³n, la mayorÃ­a de las cuales resoplaban divertidos por lo bajo, caminÃ³ hacia los armarios que contenÃ­an todo tipo de armas contra los demonios, y extrajo un pequeÃ±o saco de sal marina, deslizÃ¡ndolo rÃ¡pidamente dentro de su bolsillo.

SabÃ­a algunas cosas de verdadera magia, y si la sal marina no mataba a la bruja o a los demonios que la acompaÃ±abanâ¦ al menos le darÃ­a una ventaja inicial.

Amni sonriÃ³ con suficiencia al ver cÃ³mo Tasuki tomaba la sal. Era demasiado bueno como para dejarlo pasar. Luego de aclarar su garganta en silencio, hizo una muy buena imitaciÃ³n de la malvada bruja del oeste.

Tasuki debiÃ³ saltar como una milla por encima de sus botas, volteÃ¡ndose con una mano en el corazÃ³n y mirando furiosamente al psÃ­quico rubio.

âÂ¡Buena, Amni!â, exclamÃ³ Toya.

âÂ¡Vete al infierno!â, gruÃ±Ã³ Tasuki.

âÂ¡Tasuki!â, Kyoko lo regaÃ±Ã³. âÂ¿Quieres que llame al abuelo otra vez?â.

Tasuki se quedÃ³ inmÃ³vil y sintiÃ³ cÃ³mo un escalofrÃ­o le recorrÃ­a el cuerpo hasta los huesos. SÃ­, habÃ­a asuntos de la agencia que le daban mucho miedoâ¦ pero nada era peor que una visita del maestro del terrorâ¦ el abuelo Hogo.

âNo necesariamente, Kyoko, tan solo mantÃ©n a ese loquito lejos de mi esta nocheâ, atinÃ³ a decir finalmente Tasuki, esperando que el viejo no apareciera en el centro de la ciudad esa noche. TenÃ­a la costumbre de aparecerse de la nada durante sus cacerÃ­as de demonios.

Amni volviÃ³ a sonreÃ­rle burlonamente, haciÃ©ndole un guiÃ±o sugestivo a Tasuki para lograr que palideciera antes de volver a dirigirse al grupo. PresionÃ³ las puntas de los dedos y cerrÃ³ los ojos, invocando su poder de videncia. DetrÃ¡s de sus pÃ¡rpados, el tiempo se acelerÃ³, el dÃ­a se volviÃ³ noche, y se encontrÃ³ volando por los rascacielos del centro de la ciudad. De forma abrupta, Amni se vio en medio de la ciudad despuÃ©s del anochecer, rodeado de humanos vestidos con disfraces de Halloween.

Dirigiendo su vista sobrenatural en todas las direcciones, inhalÃ³ lentamente, buscando sentir los elementos que no pertenecÃ­an allÃ­â¦ habÃ­a tantos. Sombras distorsionadas se retorcÃ­an a su alrededor, absorbiendo personas en todas las direcciones antes de desaparecer de vista. Espectros que no parecÃ­an otra cosa que vaporosas telas de araÃ±a volando a su alrededor como si desearan atacar, pero no habÃ­a nada allÃ­.

Al borde de la conciencia, Amni comenzÃ³ a escuchar algo siniestro, casi como unas garras de demonios rascando contra metal. Algo gritÃ³ al pasar junto a Ã©l, y se vio regresado abruptamente al presente. SintiÃ³ una pequeÃ±a mano sobre su hombro, y luego mirÃ³ hacia los ojos cÃ³mplices de Yuuhi. En ese momento, Amni notÃ³ que se encontraba en el piso, y la silla en la que antes estaba sentado se habÃ­a dado vuelta.

âNadie debe salir solo hoyâ, fue todo lo que dijo Amni mientras se apartaba de su hermano y ambos miraban afuera hacia la lluvia. La silueta se desvaneciÃ³, dejando que la lluvia cayera dentro del espacio vacÃ­o.

âEsta noche, todos formarÃ¡n parejas y llevarÃ¡n sus telÃ©fonos celularesâ, ordenÃ³ Kyou. âKamui los seguirÃ¡ a todos desde aquÃ­, asÃ­ que llÃ¡menlo si tienen problemas. La persona que estÃ© mÃ¡s cerca suyo serÃ¡ enviada a ayudarles. Yuuhi y Amni se quedarÃ¡n con Kamui, de modo que Ã©ste pueda transmitirles cualquier alertaâ.

Kyou mirÃ³ a Kotaro: âKotaro, tÃº y Yohji patrullarÃ¡n la plaza de la ciudad para el departamento de policÃ­a, y adonde quiera que envÃ­en a Tasuki, Shinbe lo seguirÃ¡. Toya y Kyoko se disfrazarÃ¡n para integrarse a los festejos, y quizÃ¡s para mantener sus identidades a salvo en caso de que ocurra algo inesperado. PatrullarÃ¡n el Ã¡rea infantil, en busca de la brujaâ. Le hizo un leve guiÃ±o a Kyoko, sabiendo que era lo que realmente querÃ­a.

âAmni, tÃº y Yuuhi ademÃ¡s actuarÃ¡n como el equipo de âlimpiezaâ. Si algo se sale de control y hay demasiados espectadores, deberÃ¡n estar listosâ. En silencio los mirÃ³ para hacerles saber que debÃ­an borrar la memoria de todo ser vivo en caso de sentirlo necesario. âSuki estarÃ¡ esperando con la camioneta por si necesitan armas, o que los recojanâ.

Toya cruzÃ³ los brazos sobre su pecho, completamente satisfecho ante el hecho de estar con Kyoko esa noche, incluso si significaba disfrazarse para Halloween. La sospecha lo invadiÃ³ al advertir que Kyou no habÃ­a revelado su posiciÃ³n para esa noche.

âÂ¿Y quÃ© hay de ti?â, preguntÃ³ Toya con desconfianza.

Kyou entornÃ³ la vista hacia la ventana, sabiendo que ya no estaban solos en la habitaciÃ³n. HabÃ­a sentido cÃ³mo el aire se desplazaba con un movimiento inadvertido, y el poder que se ocultaba en Ã©l era impactante.

âTerminÃ³ la reuniÃ³nâ. Kyou mantuvo su voz tranquila pero exigente para no alertar a los demÃ¡s.

Al principio nadie se moviÃ³, esperando que Kyou se marchase como normalmente solÃ­a hacerlo luego de las reuniones. Cuando se hizo evidente que no se irÃ­a, uno por uno se levantaron y abandonaron el lugar. Kyoko tambiÃ©n se dio por aludida cuando Kyou soltÃ³ su tobillo. En unos instantes, la habitaciÃ³n estaba vacÃ­a y Kyou cerrÃ³ la puertaâ¦trabÃ¡ndola para no ser interrumpido.

ReclinÃ³ su espalda contra la puerta y mirÃ³ la habitaciÃ³n vacÃ­a.

Kyou dejÃ³ que sus sentidos aumentados exploraran cada centÃ­metro cuadrado del lugar antes de elevar su vista hacia la ventana. MirÃ³ atentamente hacia un lugar ubicado directamente junto al marco. SabÃ­a que Ã©sta tenÃ­a que ser la misma entidad que habÃ­a hecho desmayar a Kyoko hacÃ­a algunos minutos. Lo que no podÃ­a saber era por quÃ©. Era obvio que no tenÃ­a malas intencionesâ¦ casi era como si solo estuviese de visita.

Sin embargo, Kyou no podÃ­a sacudirse la sensaciÃ³n de haber sentido la presencia de esta entidad antes. Sin importar quÃ© fuera, Kyou sabÃ­a que debÃ­a averiguar sus secretos y el motivo por el que estaba allÃ­. Mientras tanto, consintiÃ³ la idea de mirar fijamente hacia su escondite hasta que se presentara o se fuera.

Darious estaba sentado sobre el amplio alfÃ©izar, recostado contra el marco, con una pierna apoyada en posiciÃ³n relajada. HabÃ­a oÃ­do todo, y se habÃ­a quedado con una extraÃ±a sensaciÃ³n de pertenencia que intentaba ignorar. Siempre habÃ­a trabajado solo contra los demonios, y aquÃ­ encontrÃ³ una habitaciÃ³n repleta deâ¦ humanos no era la palabra adecuada para algunos de ellos, si bien pretendÃ­an serlo.

Prueba de esto era el hecho de que el hombre sabÃ­a dÃ³nde estaba, aÃºn sin poder verlo. Sin embargo, la mirada que le dirigÃ­a ese hombre era un reto a su naturaleza. Ese hombre de cabellos plateados no era humanoâ¦no era un demonioâ¦ Â¿quÃ© rayos era? Darious frunciÃ³ un poco el ceÃ±o hasta que una poderosa aura recorriÃ³ la habitaciÃ³n hacia Ã©l. No era amenazanteâ¦ tan solo expresaba que sabÃ­a exactamente adÃ³nde se encontraba.

Darious entornÃ³ los ojos en direcciÃ³n al hombreâ¦ Kyou, se llamaba. Â¿DÃ³nde habÃ­a escuchado ese nombre antes? Se quedÃ³ inmÃ³vil a mitad de su inspiraciÃ³n, y sus ojos oscuros se transformaron en pozos sin fondo. Era imposible.

Al regresar al monasterio, solo para encontrarlo abandonado y descubrir que la estatua habÃ­a desaparecido, habÃ­a explorado los tÃºneles que se encontraban debajo de los escombros, y allÃ­ encontrÃ³ los pergaminos perdidos que pertenecÃ­an a los guardianes. Fue en esos libros que leyÃ³ acerca de Kyou y sus hermanos. Los escritos del monje indicaban que los guardianes rodeaban a su princesa y protegÃ­an al mundo de los demonios.

Antes pensaba que los guardianes eran un mitoâ¦ apenas la esperanza de la humanidad sumada a los funestos vaticinios de los pergaminos. BuscÃ³ en su memoria para recordar quÃ© decÃ­an realmente los pergaminos, pero Ã©sta lo eludÃ­a porque no le habÃ­a prestado ninguna atenciÃ³n a las fÃ¡bulas. HabÃ­a dejado los pergaminos en el mismo lugar en que los encontrÃ³, para regresar aÃ±os mÃ¡s tarde y encontrar que nuevos pergaminos habÃ­an sido agregados. Ãstos trataban sobre los guardianes.

Una cosa que sÃ­ recordaba del nuevo pergamino era que Ã©l era mayor que los guardianes, y que Ã©stos habÃ­an abandonado el mundo en el mismo momento en que se habÃ­a roto el sello. Incluso los monjes no entendieron por quÃ© los habÃ­an abandonado en sus horas mÃ¡s oscuras.

Ahora habÃ­an regresado, y fingÃ­an ser humanosâ¦ viviendo entre ellos como si pertenecieran, mientras que Ã©l debÃ­a quedarse afuera en el frÃ­o, combatiendo a los demonios como si asÃ­ tuviera que ser. Â¿QuÃ© hacÃ­a que los humanos aceptaran a los guardianes mientras a Ã©l siempre le habÃ­an temido? Los humanos no le habÃ­an ofrecido otra cosa que soledad.

Darious se irguiÃ³ hasta alcanzar toda su altura, y dirigiÃ³ sus ansias nuevamente mÃ¡s allÃ¡ de los rÃ­gidos muros que lo mantenÃ­an atrapado. Si se permitÃ­a sentir, solo encontrarÃ­a dolorâ¦ habÃ­a aprendido esa lecciÃ³n de la forma mÃ¡s dura. Nunca habÃ­a necesitado a nadie, y no iba a empezar ahoraâ¦ especialmente, no necesitaba de seres mÃ¡s dÃ©biles que Ã©l. Sigilosamente le rugiÃ³ al hombre antes de retirarse, destrozando la ventana al salir.

Kyou se quedÃ³ allÃ­ con las manos enterradas en los bolsillos de su pantalÃ³n, dejando que el viento azotara sus largos cabellos. ArqueÃ³ una ceja preguntÃ¡ndose quÃ© habrÃ­a hecho para enojar a la entidad. No estaba mÃ¡s cerca de averiguar quÃ© eraâ¦ pero, otra vez, su familiaridad lo obsesionaba. Algo le dijo que no serÃ­a la Ãºltima vez que sus caminos se cruzaran.

Volteando hacia la puerta, esbozÃ³ una sonrisa cÃ³mplice. RÃ¡pidamente la abriÃ³ y saliÃ³ justo a tiempo para ver como todos caÃ­an por el umbral.

HabÃ­an abandonado la habitaciÃ³n, pero tan pronto como Kyou trabÃ³ la puerta tras de sÃ­, ellos se congregaron contra Ã©sta, presionando sus orejas contra la madera barnizada. Les tomÃ³ por sorpresa cuando la puerta se abriÃ³ abruptamente, haciÃ©ndolos caer al piso hacia adelante.

âSupongo que esto significa que tendrÃ© que volver a entrenarlos a todos en sus habilidades de interceptaciÃ³nâ, afirmÃ³ Kyou antes de salir de la habitaciÃ³n. âY Suki, llama a los obreros para que arreglen la ventanaâ.

*****

Toya tiraba del cuello de su camisa, gruÃ±endo frustrado. Kyou se habÃ­a encargado de vestirlo. El atavÃ­o se parecÃ­a a las porquerÃ­as que, segÃºn habÃ­a visto, usaban los vampiros bobos de las pelÃ­culas, y se completaba con un accesorio de encaje con volados alrededor del cuello. Los pantalones solo le llegaban a las rodillas, y usaba medias blancas. Â¿Medias? Â¿QuÃ© diablos se creÃ­a Kyou que era?â¦ Â¿un mariposÃ³n?

Toya se habÃ­a rehusado a usar peluca, conformÃ¡ndose con atar su largo cabello en una cola de caballo sobre la nuca, con varios mechones que caÃ­an a los costados. La Ãºnica parte del complejo disfraz que sÃ­ le gustaba era la larga capa negra con capucha y forro rojo. Realmente combinaba bien con el resto del atuendo. El otro beneficio era que los ojos de Kyoko se habÃ­an iluminado cuando lo vio lucirla.

Sus ojos dorados se suavizaron al verla. Ella lo habÃ­a llamado el vampiro mÃ¡s sensual que jamÃ¡s habÃ­a visto. Su mirada recorriÃ³ su cuerpo haciendo la misma apreciaciÃ³n.

Ella llevaba un atuendo igual de elaborado que el suyo, pero al que se habÃ­a adaptado mucho mejor. Kyou le habÃ­a elegido un vestido que recordaba a la Ã©poca colonial. Era una bonita combinaciÃ³n de rojo y negro decorada con una pequeÃ±a borla en la parte trasera que, para Toya, parecÃ­a balancearse a cada paso que daba. Llevaba una sombrilla negra de raso y un sombrero de copa femenino sobre su cabello rojizo que no cumplÃ­a otra funciÃ³n mÃ¡s que ser elegante.

El Ãºnico problema del atuendo de Kyoko era que era corto adelanteâ¦ solo le llegaba hasta la mitad del muslo, mientras que la parte trasera era larga y se arrastraba por el suelo. La parte superior del corsÃ© tambiÃ©n era de corte bajo, y mostraba mÃ¡s escote de lo que Toya querÃ­a que otros vieranâ¦otros excepto Ã©l.

Seductora fue la primera palabra que se le vino a la mente, pero no compartiÃ³ ese cumplido con ella. Solo respondiÃ³ a sus bromas diciÃ©ndole que les presentarÃ­a a su primera enamorada a los muchachos del Ã¡rea infantil.

A pesar de que el atuendo revelaba al pervertido que Kyou llevaba adentro, Toya tuvo que admitir que su hermano mostrÃ³ un impecable estilo al escogerlo. Ninguno de ellos tenÃ­a aspecto de monstruo aterrador, de modo que estaban bien para pasearse entre los niÃ±os en los festejos. Si Kamui y Amni tenÃ­an la informaciÃ³n correcta, la bruja iba a raptar a otro niÃ±o esa noche.

âÂ¡PROBANDO!â

Kyoko se llevÃ³ una mano al costado de la cabeza y pestaÃ±Ã³ un poco, mientras que Toya dio un gruÃ±ido al sentir el dispositivo de escucha en su oreja.

âÂ¡Baja el maldito volumen, desgraciado nerd!â, exclamÃ³ Toya en voz alta, esperando que los parlantes de Kamui estallaran.

Kamui rio nerviosamente. âLo siento, no pude resistirme. Ah y Toya, si quieres seguir desvistiendo a Kyoko con tus ojos, no lo hagas aquÃ­â.

âÂ¿CÃ³mo diablosâ¦?â, mascullÃ³ Toya mirando alrededor.

Kyoko sonriÃ³ y puso una mano sobre el brazo de Toya para captar su atenciÃ³n, luego seÃ±alÃ³ hacia la cÃ¡mara de trÃ¡fico montada por encima del semÃ¡foro.

âHijo de perraâ, gruÃ±Ã³ Toya. âOtra vez accediÃ³ al centro de control del trÃ¡ficoâ. SonriÃ³ y mirÃ³ a Kyoko. âÂ¿QuÃ© tal si le muestro?â.

Kyoko golpeÃ³ a Toya en el brazo y lo mirÃ³ furiosa, con las mejillas enrojecidas.

âEl Ãºnico que verÃ¡ a Kyoko desnuda soy yoâ, exclamÃ³ Kotaro con buen humor desde algÃºn lugar de las cinco cuadras que se habÃ­an acordonado para las fiestas de Halloween. âEs a mÃ­ a quien ama realmenteâ.

âÂ¡HA!â, exclamÃ³ Kamui. âA Kyoko le gustan mÃ¡s los tipos tranquilos, lo cual me coloca al frente por el momentoâ.

âAcabas de gritar en su maldita oreja con tu pruebaâ¦ Â¿cÃ³mo rayos te convierte eso en un tipo tranquilo?â, argumentÃ³ Toya.

âÂ¿Pueden dejar de bromear?â, exigiÃ³ Tasuki. âEstamos aquÃ­ para buscar demonios, no para discutir la vida sexual de Kyokoâ.

âÂ¿QuÃ© tal la falta de vida sexual?â, preguntÃ³ Yohji, desatando otra ola de risas contenidas.

âÂ¿QuÃ© tal si se callan todos?â, ordenÃ³ Kyoko, sÃºbitamente enojada por estar sonrojÃ¡ndose con diez tonos de rojo. âSolo porque no tengo novio no significa que puedan burlarse de miâ.

La expresiÃ³n de Toya se suavizÃ³, acercando a Kyoko hasta abrazarla. âLo sientoâ, susurrÃ³.

âÂ¡OH, DIOS MÃO, RÃPIDO, LLAMA A LOS MEDIOS!â¦ Â¡TOYA ACABA DE DISCULPARSE!â, gritÃ³ Kamui en el intercomunicador.

âTÃº sabes.â, dijo Toya. âEstoy tentado de volver y patearle el traseroâ.

Kyoko rio, âNo te preocupes por eso ahora. DejarÃ© que te diviertas mÃ¡s tardeâ.

SonriÃ³ tÃ­midamente, dÃ¡ndose cuenta de que habÃ­a sonado un poquito mÃ¡s obscena de lo que era su intenciÃ³n. Al cruzar miradas, ella advirtiÃ³ que su cabello habÃ­a caÃ­do sobre su rostro, que era suave y tierno bajo la luz tenue. ApartÃ¡ndole un mechÃ³n de cabello por detrÃ¡s de la oreja, lo besÃ³ en la mejilla.

Todo lo que Toya pudo hacer fue respirar mientras se sonrojaba ante el comentario con doble sentido y el tacto de sus suaves labios contra su piel. SonriÃ³ maliciosamente a la cÃ¡mara escondida y le sacÃ³ la lengua antes de tomar la mano de Kyoko y guiarla lentamente a travÃ©s de la multitud de gente que los rodeaba. Al menos sus Ãºltimas palabras habÃ­an logrado callarlos a todos.

La fiesta barrial estaba en pleno apogeo, con bandas de mÃºsica tocando en todas las esquinas y en todos los clubes. La luna creciente se encontraba bien alto, proyectando retorcidas sombras a su alrededor. HabÃ­an estacionado al otro lado de la plaza porque Kyoko querÃ­a recorrer todo y tener una idea del lugar antes de llegar a la cuadra de los niÃ±os.

Hizo que Toya se detuviera, seÃ±alando hacia un drenaje cerca de la acera.

Toya asintiÃ³, soltando su mano y acercÃ¡ndose a Ã©ste. âEy Kamui, aquÃ­ vemos que alguien quitÃ³ una rejilla del drenaje que se encuentra cerca deâ¦â, mirÃ³ alrededor para obtener la referencia mÃ¡s cercana, que casualmente estaba justo en frente del drenaje.

ArqueÃ³ una de sus oscuras cejas, âCasa de los gritosâ¦rayos, quÃ© cursi. Â¿Quieres revisarlo?â

âYohji y Kotaro pueden revisarlo si dejan de manosear a Kyoko de una vezâ, respondiÃ³ Kamui con voz irritada.

Toya gruÃ±Ã³ al voltearse y ver, cÃ³mo no, a Kotaro rodeando a Kyoko por los hombros, mientras que Yohji la tomaba por la cintura, con las manos peligrosamente cerca de sus caderas. Toya se pasÃ³ la mano por la frente como si estuviera sufriendo, hasta que finalmente dio unos largos y decididos pasos hacia ellos.

Inmediatamente retrocedieron de un salto, sujetando las manos detrÃ¡s de la espalda y tratando de verse lo mÃ¡s inocentes posible. Kotaro incluso tuvo la audacia de comenzar a silbar mirando hacia los edificios circundantes como si fueran lo mÃ¡s fascinante de la tierra.

âKotaroâ, gruÃ±Ã³ Toya, âmantÃ©n tus manos lejos de Kyoko.â

Kotaro hizo una mueca y Toya desviÃ³ su furiosa mirada hacia Yohji, quiÃ©n fue lo suficientemente tonto como para devolvÃ©rsela.

âNi lo piensesâ, dijo Toya. âAhora bien, Â¿ustedes dos van a revisar ese drenaje o tengo que arrojarlos adentro de Ã©l?â.

Kotaro levantÃ³ las manos en seÃ±al de rendiciÃ³n. âDe acuerdo, de acuerdoâ¦ nos encargaremos. Pero te enviarÃ© la cuenta de mi tintorerÃ­aâ. RÃ¡pidamente apartÃ³ a Yohji del riesgo al advertir que el muy idiota estaba intentando besar a Kyoko en la mejilla. âVamos, tontÃ­n, antes de que los demonios no sean lo Ãºnico con que debas pelear esta nocheâ.

Kotaro tocÃ³ su auricular, âEy, nerd informÃ¡tico, Â¿adÃ³nde conduce este drenaje?â.

âEspera, estoy buscandoâ, dijo Kamui lentamente. âCreo queâ¦ sÃ­, Â¡lo tengo! Conduce hasta debajo de la casa embrujada que se encuentra directamente frente a ti. Veamos, es un lugar bastante antiguoâ¦dame un minutoâ.

âSolo dinos si hay una forma de entrar a los drenajes desde la casaâ, exigiÃ³ Yohji.

âÂ¿Y quÃ© diablos crees que estoy buscando?â, gritÃ³ Kamui en respuesta. âVaya, parece que todos creen que estas cosas son fÃ¡ciles de encontrar. Â¡Requiere investigaciÃ³n, carajo!â.

Yohji dirigiÃ³ a Kotaro una expresiÃ³n impÃ¡vida. âEsto viene del tipo que puede irrumpir en la base de datos de la CIA mientras duermeâ.

âComo sea, los dejaremos que discutan al respectoâ, dijo Toya. âLlevarÃ© a Kyoko a la parte infantil del festival, para que podamos hacer nuestra parteâ.

Toya rodeÃ³ a Kyoko por los hombros y la condujo lejos de ellos. Se quedaron inmÃ³viles cuando la voz de Kamui regresÃ³ a travÃ©s de los auriculares.

âHm, genteâ¦ tenemos un problemaâ.

âÂ¿QuÃ© pasa, mocoso?â, preguntÃ³ Toya, cuya voz cambiÃ³ de tono ante la seriedad que emitÃ­a Kamui.

âEse drenaje conduce a la casa, es ciertoâ¦ a travÃ©s del sÃ³tano. TambiÃ©n conduce al cementerio local ubicado a unas cinco cuadras. Aparentemente, los tÃºneles fueron cavados durante algÃºn tipo de revoluciÃ³n. Las leyendas locales dicen que era una âautopistaâ subterrÃ¡nea para la actividad demonÃ­acaâ.

âDiablos, me alegro de no estar en su lugar, muchachos. Estar en su lugar ahora sÃ­ que apestaâ, dijo Toya con una sonrisa burlona. âEy, Shinbe, Tasuki, Â¿creen que pueden venir a ayudar a estas muchachas?â.

âMis humildes disculpas, Toyaâ, dijo Shinbe por la radio. âPero Tasuki y yo estamos al otro extremo de la cuadra y, desafortunadamente, en este momento estamos ocupados en nuestro propio trabajoâ.

âSÃ­â, afirmÃ³ Tasuki y luego gritÃ³.

âÂ¿Tasuki?â, preguntÃ³ Kyoko. âÂ¿EstÃ¡s bien?â

âEstÃ¡ bienâ, dijo Shinbe intentando no reÃ­rse. âSolo se llevÃ³ el susto de su vida por culpa de un viejo y un intento de zombie adolescente. Ey, Tama, me encanta el disfrazâ.

âCambiamos de opiniÃ³n, allÃ­ vamosâ, gruÃ±Ã³ Tasuki. âMaldito viejo, siempre me hace cagar de miedoâ.

Kyoko rio nerviosamente junto con Suki. Al parecer, el abuelo Hogo habÃ­a encontrado a Tasuki.

âSaluda al abuelo de mi parte, y dile que lo llamarÃ© maÃ±anaâ, dijo Kyoko.

âÂ¡No le dirÃ© nada a ese vejestorio!â, exclamÃ³ Tasuki de mal humor.

âDile, o de lo contrarioâ¦â, le advirtiÃ³ Kyoko, con sus ojos esmeralda agitÃ¡ndose en tormenta.

Kotaro, Yohji y Toya retrocedieron dos grandes pasos lejos de la mujer de cabello rojizo. Cuando el rostro de Kyoko adoptaba esa expresiÃ³n, solo habÃ­a una alternativaâ¦ correr.

âUm, vamos a avanzar y revisar la parte de adentroâ, dijo Kotaro con vacilaciÃ³n. âLos mantendremos informados de lo que sucedeâ.

Yohji ni siquiera necesitÃ³ una indicaciÃ³n. Retrocedieron un par de pasos mÃ¡s como si Kyoko fuera a atacarlos cuando se hubieran dado la vuelta, y luego recorrieron apresuradamente el camino hacia a la casa.

âKyokoâ, dijo Toya perplejo. âDas miedo, Â¿lo sabes?â.

Kyoko sonriÃ³ con suficiencia, âEs de familiaâ.

âNo me digasâ, murmurÃ³ Tasuki al auricular.

Se podÃ­a escuchar a Suki riÃ©ndose otra vez, âY se preguntan por quÃ© amo trabajar con ustedesâ.

âSuki, queridaâ, dijo suavemente Shinbe. âTÃº puedes dar miedo todo lo que quierasâ¦ eso solo me hace desearte mÃ¡sâ.

âCÃ¡llate, Shinbeâ, dijo Suki con frustraciÃ³n.



CapÃ­tulo 3 âCasas embrujadasâ



Darious se encontraba de pie en la sombra, mirando cÃ³mo el pequeÃ±o grupo se dispersaba. No se habÃ­a molestado en hacerse invisible porque, entre todas las noches, esta noche se confundirÃ­a bien entre ellos. EntornÃ³ los ojos al ver que Toya tomaba a la mujer por los hombros. Â¿Por quÃ© ellos eran tan aceptados dentro del cÃ­rculo humanoâ¦ mientras que a Ã©l siempre lo habÃ­an rechazado? Â¿QuÃ© hacÃ­a a los guardianes tan especiales?

Su mirada taciturna acariciÃ³ el rostro de Kyoko mientras sonreÃ­a, y supo que ella no les temÃ­a, sino que se mezclaba entre ellos como si perteneciera. Â¿QuÃ© no darÃ­a por recibir una sonrisa asÃ­â¦como si fuera un hombre y no un monstruo?

Algo se tensÃ³ en su pecho, pero Darious se sacudiÃ³ su melancolÃ­a al tiempo que su atenciÃ³n volvÃ­a a dirigirse a los dos policÃ­as que entraban a la burda casa embrujada.

PodÃ­a sentir la actividad demonÃ­aca en su interior, pero le interesaba mÃ¡s la fuente de dicha actividad. El patrÃ³n que controlaba a los peones era lo que debÃ­a encontrar. Destruye al jefe y destruirÃ¡s a sus subordinados. Era un concepto que la mayorÃ­a ignoraba con demasiada facilidadâ¦ hasta que realmente debÃ­an enfrentarse a un jefe en combate. Solo que entonces no parecÃ­a tan fÃ¡cil.

Primero y principal, necesitaba encontrar a los demonios jefes y matarlos. Los guardianes podrÃ­an encargarse del resto de las alimaÃ±as que andaban sueltas esa nocheâ¦los blancos fÃ¡ciles. Lentamente volteÃ³ la cabeza y mirÃ³ en direcciÃ³n al cementerio antes de desaparecer del lugar.

Kamui sorbiÃ³ ruidosamente su granizado de arÃ¡ndano y luego mordiÃ³ el sorbete por un momento. PresenciÃ³ el acto de desapariciÃ³n del hombre que habÃ­a acechado a Kyoko desde que ella y Toya habÃ­an llegado, y eso lo hizo sonreÃ­r. GirÃ¡ndose hacia otro de los portÃ¡tiles abiertos frente a Ã©l, echÃ³ un vistazo al fotograma congelado de Darious.

âAsÃ­ que finalmente nos has encontradoâ, pensÃ³ Kamui para sÃ­, asegurÃ¡ndose de mantener ese pensamiento inaccesible para Amni y Yuuhi. A menudo se habÃ­a preguntado si el Ã¡ngel oscuro todavÃ­a merodeaba por las tierras.

AgrandÃ³ la foto y su sonrisa se desvaneciÃ³ al ver la mirada solitaria que atormentaba los ojos de Darious.

*****

Kotaro y Yohji se acercaron a la mujer que estaba de pie en la entrada de la casa de los gritos, y comenzaron a entrar. Inmediatamente advirtieron un cartel afuera que indicaba que no se permitÃ­a la entrada de ninguna persona menor de dieciocho aÃ±os, lo cual significaba que estaban controlando las tarjetas de identificaciÃ³n.

âÂ¿Por quÃ© tanto problema con el lÃ­mite de edad? Â¿Acaso tienen zombies desnudos o algo asÃ­?â, bromeÃ³ Yohji, esperando secretamente estar en lo cierto.

âLo siento caballerosâ, dijo la mujer. âTienen que pagar una entrada de diez dÃ³lares para entrarâ.

Yohji se ahogÃ³. âÂ¿Veinte dÃ³lares? Eso es un robo a mano armadaâ.

Kotaro mostrÃ³ su insignia y sonriÃ³. âTÃº no quieres nuestro dinero, y ya es hora que te tomes un descansoâ.

La insignia llamÃ³ la atenciÃ³n de la mujer, que la siguiÃ³ con la mirada, incapaz de apartar la vista, ya que Ã©sta emitÃ­a un tenue brillo azul.

âNo quiero su dineroâ, repitiÃ³ con voz embobada.

Kotaro le echo un vistazo a Yohji, cuya sonrisa se habÃ­a esfumado. âVamosâ.

Caminaron hacia adentro, dejando a la mujer de la entrada meneando la cabeza confundida, hasta que mirÃ³ su reloj, decidiendo que era hora de ir por un bocadillo.

La puerta delantera se cerrÃ³ tras ellos, y los dos hombres miraron a su alrededor. La habitaciÃ³n delantera tenÃ­a forma hexagonal, con pequeÃ±as mesas redondas a cada esquina. En el centro se encontraba una mesa redonda mÃ¡s grande con flores marchitas y fruta podrida falsa dentro de un tazÃ³n, todo lo cual se hallaba cubierto de aserrÃ­n y telas de araÃ±a de fantasÃ­a.

Ambos hombres siguieron en alerta mÃ¡xima al notar un cartel con la palabra âEntreâ, garabateada con letras torcidas junto a una puerta cubierta por una cortina, sin que hubiera ningÃºn guÃ­a. Los parlantes reproducÃ­an una espeluznante mÃºsica de Ã³rgano de tubos, dÃ¡ndole a la habitaciÃ³n lo que se suponÃ­a que era cierto ambiente, pero que al final solo resultaba cursi.

âParece una funerariaâ, murmurÃ³ Yohji. âIncluso tienen un ataÃºd aquÃ­â.

Yohji caminÃ³ hacia el ataÃºd, y por mÃ³rbida curiosidad levantÃ³ la tapa. Fue una decisiÃ³n que lamentÃ³ al instante, arrugando la nariz ante el olor.

âKotaroâ¦ dime que esto es falso y serÃ© tu mejor amigo por siempreâ, rogÃ³ Yohji suavemente, encogiÃ©ndose de miedo.

Kotaro ya habÃ­a comenzado a dirigirse a la cortina que cubrÃ­a la siguiente puerta. RetrocediÃ³ para mirar dentro del ataÃºd y se alejÃ³ enseguida. El humano a medio comer yacÃ­a sobre el satÃ©n ahora cubierto de sangre, grotescamente torcido de modo que las dos mitades de su cuerpo miraban en direcciones opuestas, tres en total, si se tenÃ­a en cuenta que la cabeza estaba colocada en Ã¡ngulo.

Se trataba de un humano inocente que probablemente se habrÃ­a ofrecido como voluntario para una noche de diversiÃ³n, fingiendo levantarse del ataÃºd y dando un susto a quienes buscaban emociones fuertes al entrar a la habitaciÃ³n. Pero este hombre nunca se levantarÃ­a otra vezâ¦ o al menos Kotaro esperaba que no lo hiciera.

Kotaro cerrÃ³ la tapa del ataÃºd sabiendo que no habÃ­a nada que pudieran hacer por ese hombre.

âCreo que eso responde a la pregunta de por quÃ© no hay un guÃ­aâ, reflexionÃ³ Yohji mientras retrocedÃ­a lejos del ataÃºd y miraba con ansias a la puerta por donde habÃ­an entrado.

âPara esto te apuntaste, Yohjiâ, afirmÃ³ Kotaro. âLo sabÃ­as cuando Kyou te ofreciÃ³ el trabajo. Lo Ãºnico que podemos hacer es asegurarnos de que no maten a nadie mÃ¡s como a este pobre tipoâ.

ColocÃ³ la mano en el auricular, sabiendo que los demÃ¡s estaban escuchando. âComenzÃ³ el recuento de cadÃ¡veresâ.

âY empezÃ³ la noche de los demoniosâ, dijo Kamui suavemente.

Kotaro bajÃ³ la cabeza, con la esperanza de que la vida en el mÃ¡s allÃ¡ fuese mÃ¡s amable con ese hombre destrozado, pero algo le llamÃ³ rÃ¡pidamente la atenciÃ³n en el piso junto al ataÃºdâ¦huellas de sangre.

âEy, Yohjiâ, dijo suavemente Kotaro y se moviÃ³ en direcciÃ³n opuesta al ataÃºd, caminando lentamente sobre el piso. âMira estoâ, terminÃ³ por decir, seÃ±alando la alfombra.

Yohji mirÃ³ fijamente lo que parecÃ­an ser huellas, que recorrÃ­an la alfombra y desaparecÃ­an detrÃ¡s de la cortina de la puertaâ¦ No eran humanas. SegÃºn podÃ­a ver, Ã©stas tenÃ­an una forma extraÃ±a, con unos dedos anormalmente largos y uÃ±as todavÃ­a mÃ¡s largas, que dejaban unas sangrientas impresiones en forma de puntos.

Kotaro se llevÃ³ un dedo a los labios, indicando silencio, y Yohji asintiÃ³, extrayendo su PPK de la pistolera. Cubriendo la retaguardia, Yohji siguiÃ³ a Kotaro hacia la prÃ³xima habitaciÃ³n detrÃ¡s de la cortina.

Recorrieron varias habitaciones por el laberinto de luces estroboscÃ³picas y los gritos activados por movimiento, comenzando a relajarse al pensar que el resto de la casa estaba vacÃ­a. Doblando la esquina hacia la siguiente habitaciÃ³n, se quedaron inmÃ³viles al encontrar a un grupo de visitantes que saltaban y chillaban, y algunos de ellos se reÃ­an ante la escena que presenciaban.

Contra la pared, detrÃ¡s de un cordÃ³n rojo, habÃ­a un montaje de una de las pelÃ­culas de la Masacre de Texasâ¦ una de las favoritas de Kotaro. El Ãºnico problema era que el tipo que hundÃ­a la motosierra en el cuerpo sobre la mesa ensangrentadaâ¦ no era humano. Sin embargo, el cuerpo sobre la mesa era muy realâ¦ y todavÃ­a estaba vivo. La mujer estaba atada y gritaba, suplicando ayuda, pero los visitantes pensaban que eso era parte del show.

Kotaro sintiÃ³ cÃ³mo la bilis le subÃ­a por la garganta, y mirÃ³ furiosamente al monstruo que lucÃ­a una piel humana real estirada sobre su rostro. Sin duda era de otro pobre humano que habÃ­a caÃ­do vÃ­ctima del demonio esa noche.

âÂ¿Por quÃ© no escuchamos los gritos desde la entrada?â, susurrÃ³ Yohji horrorizado.

Kotaro se moviÃ³ cuando la motosierra comenzÃ³ a descender hacia la pierna ya ensangrentada de la mujer. Justo en el momento en que las luces parpadeantes se apagaron, saltÃ³ por encima del cordÃ³n y acuchillÃ³ el techo, reventando una tuberÃ­a por encima suyo, haciendo que lloviera agua frÃ­a sobre los buscadores de terror.

âAsegÃºrate de que estas personas salgan por la puerta delanteraâ, resoplÃ³ Kotaro al auricular para que Yohji oyera, mientras sacaba su Berretta. âYo me encargo de estoâ.

Yohji asintiÃ³ y condujo a las personas hacia afuera de la habitaciÃ³n y de regreso por la sala. CerrÃ³ la puerta tras ellos y puso el candado para que nadie pudiera volver a entrar. Yohji tenÃ­a el presentimiento de que a muchas personas les tendrÃ­an que devolver el dinero, pero era mejor estar decepcionado que muerto.

Con una ruidosa exhalaciÃ³n, girÃ³ apartÃ¡ndose de la puerta y se congelÃ³ de terror al ver que el cadÃ¡ver del ataÃºd se habÃ­a incorporado sÃºbitamente. Se movÃ­a de forma rÃ­gidaâ¦ y de Ã©l emanaba un lÃ­quido que Yohji ni siquiera quiso identificar, que chorreaba por los costados del ataÃºd hasta el piso. Su reacciÃ³n se vio retardada por la conmociÃ³n cuando el cadÃ¡ver se irguiÃ³ y arremetiÃ³ contra el detective, hundiÃ©ndole los dientes en el hombro.

Yohji fue derribado por la fuerza del cadÃ¡ver, y entrÃ³ en pÃ¡nico a medida que el dolor le explotaba en el cuello. HabÃ­a dejado caer su PPK, de modo que usÃ³ sus puÃ±os para aporrear a la cosa antes de finalmente lograr quitarse sus dientes de encima.

Tomando su pistola del piso, Yohji hizo una mueca al ver que el cable de su auricular estaba cortado, de modo que no podÃ­a llamar a Kotaro para pedirle ayudaâ¦algo que de todas maneras no podrÃ­a haber hecho, ya que su socio se encontraba peleando su propia batalla.

La criatura fue por Ã©l una vez mÃ¡s y, esta vez, Yohji hizo lo Ãºnico que se le ocurriÃ³â¦ gritar y correr como un loco.

El demonio, viÃ©ndose interrumpido, balanceÃ³ torpemente la motosierra sobre Kotaro. Ãste se agachÃ³ para esquivarla, dejando caer su pistola en busca de un arma mucho mÃ¡s eficaz. El Ãºnico problema era superar la motosierra. Cuando el demonio recuperÃ³ el equilibrio, lo hizo a costa de la vida de la mujer. La motosierra la cortÃ³ por la barriga y se incrustÃ³ dentro de ella, salpicando sangre por todos lados.

Volviendo a mirar para asegurarse de que Yohji estuviera fuera de vista, Kotaro elevÃ³ la mano y emitiÃ³ una luz azul directamente sobre la criatura. Confundida, Ã©sta levantÃ³ la motosierra, y luego girÃ³ el estruendoso aparato sobre sÃ­ misma. La motosierra cayÃ³ sobre su hombro, aÃ±adiendo presiÃ³n mientras lo cortaba diagonalmente por el pecho, saliendo por el otro lado. Cuando la cabeza y uno de los brazos del demonio cayeron sobre el piso, Kotaro pulsÃ³ su auricular.

âYohji, lo tengoâ, dijo Kotaro y esperÃ³ un momento antes de fruncir el ceÃ±o. âÂ¿Yohji?â.

El silencio fue ensordecedor, hasta que escuchÃ³ un grito aterrorizado que le recordÃ³ al personaje de dibujos animados Johnny Bravo, quien era famoso por gritar mÃ¡s fuerte que un grupo de chicas en un concurso de gritos.

Kotaro presenciÃ³ abruptamente cÃ³mo Yohji corriÃ³ dentro de la habitaciÃ³n, pasÃ³ al lado suyo, y siguiÃ³ corriendo hacia la siguiente puerta, tan rÃ¡pido que produjo una brisa. Luego escuchÃ³ los repugnantes pasos que solo un cadÃ¡ver poseÃ­do podÃ­a dar. DesplazÃ¡ndose hasta interponerse en su camino, lo esperÃ³ en silencio.

La cosa rengueÃ³ hacia la habitaciÃ³n y se detuvo, llegando a verse cara a cara con el apuesto detective. Los ojos azul hielo de Kotaro brillaron con un regocijo sÃ¡dico al embestir a la criatura en el rostro con la palma de su mano.

âÂ¡Abajo!â, le gruÃ±Ã³ Kotaro al cuerpo poseÃ­do que ahora tenÃ­a un hueco en su rostro, lo suficientemente grande como para atravesarlo con el puÃ±o. VolviÃ©ndose, se largÃ³ por la puerta por la que Yohji acababa de retirarse.

Yohji ni siquiera habÃ­a reducido la marcha al pasar junto a Kotaro, ya que creÃ­a ciegamente que el cadÃ¡ver todavÃ­a lo perseguÃ­a a una corta distancia. Lo Ãºltimo que querÃ­a hacer era pasar por toda la casa embrujada, de modo que cuando divisÃ³ una puerta parcialmente oculta, internamente cantÃ³ alabanzas al dios que estuviera oyendo por haber encontrado una salida. Pero, al abrir la puerta, el enviÃ³n fue demasiado fuerte y no pudo detenerse a tiempo.

HabÃ­a abierto la puerta a unas escaleras que conducÃ­an hacia abajoâ¦ escaleras que pasÃ³ de largo. Yohji volviÃ³ a gritar cuando comenzÃ³ a caer a la oscuridad.

Kotaro alcanzÃ³ a Yohji justo cuando su socio abriÃ³ la puerta de golpe y saliÃ³ volandoâ¦ literalmente.

Usando sus poderes, Kotaro se moviÃ³ mÃ¡s rÃ¡pido que el mismo viento, atrapando a Yohji justo antes de que impactara contra el implacable cemento del piso del sÃ³tano. Retuvo al hombre contra sÃ­, advirtiendo que el policÃ­a se habÃ­a desmayado del sustoâ¦ pero ese no era el problema. El problema era la enorme mordida que el demonio le habÃ­a hecho a Yohji en el hombro.

âDiablosâ, exclamÃ³ Kotaro pulsando su auricular. âKamui, tenemos un problema. Derribaron a Yohji. Repito, derribaron--â

No pudo terminar la frase porque un montÃ³n de demonios comenzaron a salir de un hueco bastante grande en la pared. Kotaro usÃ³ su aguda vista para ver a travÃ©s de ellos hacia el tÃºnel subterrÃ¡neo que, estaba seguro, Kamui habÃ­a dicho que conectaba la casa con el cementerio.

âÂ¿Kotaro?â, respondiÃ³ Kamui, y luego dijo una sarta de groserÃ­as que hubieran enorgullecido a un marinero. âÂ¡Suki!â

âÂ¡Estoy en eso!â, exclamÃ³ Suki mientras conducÃ­a a toda velocidad por las calles traseras hacia la casa embrujada. âÂ¿Tenemos idea a quÃ© nos enfrentamos?â

âDemonios necrÃ³fagosâ, dijo la escalofriante voz de Yuuhi por el intercomunicador.

âÂ¡Fuego! Puedes matarlos con fuegoâ, aÃ±adiÃ³ Kamui rÃ¡pidamente.

Suki sonriÃ³ al doblar la esquina y detenerse con una ruidosa frenada. Luego de conducir la camioneta hacia dentro del parque, saliÃ³ y abriÃ³ la puerta trasera. Con una enorme sonrisa en la cara, tomÃ³ el lanzallamas de entre el arsenal y atÃ³ el tanque de combustible a su espalda.

Levantando el arma inusualmente pesada, Suki corriÃ³ a toda velocidad hasta la entrada de la casa embrujada.

Llevaba un uniforme militar verde y unas botas de combate. Dos cinturones de balas cruzados sobre el pecho y un cinturÃ³n comÃºn alrededor de la cintura, junto con una espada y un cuchillo dentro de una funda sobre las caderas. Alrededor de su cuello colgaban un par de placas con su nombre y un nÃºmero de identificaciÃ³n.

El atuendo se completaba con un paÃ±uelo color rojo sangre atado a su frente, y su cabello estaba suelto y al viento. Se veÃ­a como reciÃ©n salida de un campo de batalla, lo cual hizo que mÃ¡s de un hombre se le quedara mirando.

Las balas, el cuchillo y el lanzallamas parecÃ­an adornos falsos de Halloween, pero nadie sabÃ­a que eran cien por ciento reales.

âRayos, Sukiâ, susurrÃ³ Kamui. âÂ¿Acaso podrÃ­as verte mÃ¡s sÃ¡dica?â.

Suki le sonriÃ³ a la cÃ¡mara montada sobre el semÃ¡foro de la esquina. âÂ¿Te gusta?â.

âÂ¡Claro que sÃ­!â, exclamÃ³ Kamui. âPero a Shinbe le gustarÃ­a todavÃ­a mÃ¡sâ.

âÂ¿Que me gustarÃ­a quÃ©?â, la voz de Shinbe sonÃ³ por el transmisor, pero Suki lo ignorÃ³ mientras caminaba hacia la puerta de entrada y le daba una dura patada, haciÃ©ndola volar contra la pared.

âOh, nadaâ, dijo Kamui inocentemente. âA menos que te guste el aspecto cabrÃ³n de Suki, sosteniendo un lanzallamas y mostrando suficiente escote como para avergonzar a una chica de revistaâ.

Suki tambiÃ©n ignorÃ³ ese comentario mientras se adentraba en la casa embrujada. Se encargarÃ­a del genio de la informÃ¡tica mÃ¡s tarde. Atravesando la cortina, se acercÃ³ al demonio muerto que yacÃ­a en el piso, y arrugÃ³ la nariz al ver a la otra criatura cortada al medio.

âEsos dos policÃ­as son mÃ¡s caÃ³ticos que unos niÃ±os de tres aÃ±os a la hora de la cenaâ, murmurÃ³. ApretÃ³ los labios cuando vio a la mujer arriba de la mesa. Cruzando la habitaciÃ³n, notÃ³ que habÃ­a una puerta abierta al costado y un terrible alboroto que venÃ­a de la oscuridad de abajo. Alzando el lanzallamas, Suki comenzÃ³ a bajar por las escaleras.

âBueno, aquÃ­ voyâ, informÃ³ a quien estuviera escuchando.

Kotaro recostÃ³ a Yohji suavemente sobre el escalÃ³n inferior y se volteÃ³ para encarar a la mortÃ­fera multitud que se encontraba frente a Ã©l. Con el fin de mantenerlos alejados de su socio herido, avanzÃ³. Era como vadear por un espeso barro, que olÃ­a espantosamente.

El dolor estallÃ³ sobre su mejilla derecha cuando uno de los demonios lo mordiÃ³, haciÃ©ndole rechinar los dientes. LevantÃ³ al que lo habÃ­a mordido y lo arrojÃ³ hacia los demÃ¡s por el tÃºnel, derribando a muchos que querÃ­an entrar al sÃ³tano.

EstirÃ¡ndose hacia atrÃ¡s, Kotaro extrajo un chuchillo de hoja larga que llevaba oculto en la parte trasera del pantalÃ³n. MoviÃ³ el brazo dibujando un amplio arco y lo levantÃ³, perforando carne y salpicando sangre para todos lados.

PegÃ³ un grito cuando otros dientes se hundieron en su brazo izquierdo, y sumergiÃ³ el cuchillo dentro de la cabeza del demonio. Un gruÃ±ido salvaje emergiÃ³ de su garganta, y luego sintiÃ³ tres mordidas mÃ¡s en sus piernas. Retirando la hoja, Kotaro volviÃ³ a mover el cuchillo, esta vez decapitando al demonio que tenÃ­a mÃ¡s cerca.

Un agudo chasquido, seguido de un fuerte siseo, hicieron que los monstruos miraran hacia la cima de las escaleras, tras lo cual Kotaro sonriÃ³ ante los demonios que lo rodeaban.

âÂ¿Trajiste la salsa barbacoa?â, le preguntÃ³ a la dama que habÃ­a captado la atenciÃ³n de todos.

*****

Darious se encontraba en el patio trasero de la casa embrujada con los ojos cerrados, no solo presenciando la batalla que se desenvolvÃ­a adentro, sino ademÃ¡s escuchÃ¡ndola. HabÃ­a jugado con la idea de atravesar la casa hasta llegar a los tÃºneles subterrÃ¡neos, pero al darse cuenta de que esto lo demorarÃ­a, se quedÃ³ con su plan original.

Los guardianes podrÃ­an cuidarse solosâ¦ como cuando lo habÃ­an abandonado, hacÃ­a tanto tiempo.

Retirando su poder de videncia del sÃ³tano, Darious enterrÃ³ los sentimientos de odio y apartÃ³ sus emociones inÃºtiles. InhalÃ³ profundamente, oliendo el aroma de los demonios jefes por detrÃ¡s del tumultoâ¦los habÃ­a olido antes. ArpÃ­as del infiernoâ¦ los humanos las llamaban brujas, pero Ã©l sabÃ­a lo que eran, y sabÃ­a que habÃ­a tres de ellas en la ciudad esa noche. No era una sorpresa, ya que por lo general viajaban en grupos de tres.

DeberÃ­a matarlas antes de que los demonios regresaran al infierno al que pertenecÃ­an.

Encontrando el camino fÃ¡cilmente, Darious empezÃ³ a caminar casi con indiferencia por los callejones de la ciudad. Una vez que abandonÃ³ el centro principal, se vio rÃ¡pidamente envuelto en los sonidos de la noche. En las oscuras esquinas acechaban los demoniosâ¦escondidos, escupiendo y siseando su nombre mientras pasaba. Los ignorÃ³, sabiendo que tenÃ­a pescados mÃ¡s grandes que freÃ­r en esta vÃ­spera de todos los santos.

A medida que se acercaba al cementerio, Darious sintiÃ³ una presencia muy familiar, y gruÃ±Ã³. Lo irritÃ³ el hecho de que solo los jefes mÃ¡s dÃ©biles se hubieran despertado primero, mientras que la amenaza real dormÃ­a en algÃºn lugar debajo de la ciudad.

Lo que mÃ¡s lo enojaba era que nunca habÃ­a deseado regresar aquÃ­ despuÃ©s de leer los pergaminos por segunda vez. Luego de que el monasterio fuese destruido, los monjes habÃ­an regresado a reconstruirloâ¦solo para dejar que cayese en ruinas al darse cuenta de que la tierra estaba maldita. HabÃ­an abandonado este terreno, sabiÃ©ndolo inÃºtil.

Ahora los olvidadizos humanos habÃ­an construido una pujante metrÃ³polis sobre el corazÃ³n de la maldad durmiente.

*****

Kyou estaba parado en medio del cementerio, explorando el Ã¡rea con su aguda vista. HabÃ­a escuchado a los demÃ¡s hablar por el intercomunicador, y si bien se habÃ­a divertido un poco, sabÃ­a que el problema no estaba adentro de la casa embrujada. El cementerio era el verdadero centro de la actividad demonÃ­aca. No era la naturaleza de un demonio abandonar el lugar de su banquete sin que hubiera un jefe tirando de sus hilos.

Cerrando los ojos, Kyou dejÃ³ que sus sentidos se diseminaran alrededor y por debajo suyoâ¦buscando el poder que Ã©l sabÃ­a que estaba allÃ­.

PodÃ­a sentir cÃ³mo los muertos se inquietaban en sus tumbas, y comprendiÃ³ que este cementerio estaba afectado desde hacÃ­a tiempo. HabÃ­an perturbado a los muertosâ¦ algo que todos guardianes sabÃ­an que era un gran tabÃºâ¦simplemente no estaba permitido.

ApretÃ³ los labios sabiendo que la mayorÃ­a de las tumbas debajo suyo estaban vacÃ­as. HabrÃ­an sido devorados o se habrÃ­an levantado y estarÃ­an caminando por ahÃ­, esa era la pregunta. Sus ojos dorados se abrieron y se entrecerraron al voltear la cabeza hacia el gran mausoleo a su derecha.

Avanzando, Kyou abriÃ³ la pesada puerta de la cripta, ignorando los crujidos de las bisagras. Se dio cuenta del daÃ±o que se habÃ­a hecho, y comprendiÃ³ por quÃ© habÃ­an elegido esta cripta en particular. La familia que allÃ­ habitaba debÃ­a tener siglos de antigÃ¼edad, sin parientes vivos que siguieran cuidando de ella. BÃ¡sicamente era ignorada, lo cual jugaba a favor de los demonios.

Todos los ataÃºdes habÃ­an sido violados y yacÃ­an abiertos sobre el piso. HabÃ­a restos de esqueletos esparcidos por el suelo, algunos de ellos todavÃ­a colgaban de sus bÃ³vedasâ¦desgarrados y a merced de los elementos. En el centro habÃ­a dos ataÃºdes mÃ¡s grandes. Claramente se trataba de las matriarcas de la familia. El lado femenino no presentaba casi ninguna alteraciÃ³n, mientras que el lado masculino habÃ­a sido profanado.

Un gran agujero atravesaba el ataÃºd masculino y lo que quedaba del cuerpo dentro de Ã©ste. Nadie tuvo que decirle adÃ³nde conducÃ­a el otro extremo de ese tÃºnel. El demonio probablemente habÃ­a hecho que los cadÃ¡veres lo excavaran y lo conectaran con los tÃºneles principales.

Un ruido que venÃ­a de mÃ¡s atrÃ¡s en la cripta lo hizo mirar hacia arriba. Kyou se alejÃ³ de las tumbas profanadas, siguiendo un sendero angosto que lo conducÃ­a de regreso y cuesta abajo. Supo de inmediato que se encontraba completamente bajo tierra, ya que el aire se volviÃ³ denso y cargado de moho.

OyÃ³ algo que extraÃ±amente sonaba como si alguien estuviera hablando, y caminÃ³ en torno a una pared, para descubrir otra fila de ataÃºdes. Varios de ellos habÃ­an sido extraÃ­dos de sus bÃ³vedas y arrojados sobre el piso, abiertos. Una arpÃ­a del infierno en su verdadera forma se encontraba inclinada sobre uno de los cuerpos en descomposiciÃ³n, susurrando un encantamiento a su oÃ­do.

Era espantosa, con su largo cabello blanco retorciÃ©ndose alrededor de las mejillas hundidas, y con ojos demasiado grandes para su rostro. Su piel era seca y agrietada, como momificada en vida. Sus uÃ±as largas y descuidadas rascaban el piso y el cadÃ¡ver, como si tocara a un amante.

Kyou gruÃ±Ã³ al ver que el muerto comenzaba a retorcerse, haciendo que la bruja elevara bruscamente la cabeza para dirigirle una furiosa mirada con esos horrendos ojos. Una tormenta de poder pareciÃ³ descender sobre Ã©l como un viento invisible que agitÃ³ sus ropas y sus cabellos. El aire que lo rodeaba crujÃ­a, y unas alas doradas y translÃºcidas emergieron de su espalda, enrollÃ¡ndose sobre Ã©l casi como una protecciÃ³n a medida que avanzaba.

VolÃ³ por encima del ataÃºd, atrapando a la bruja por el cuello con el pliegue del codo, y aventÃ¡ndola hacia la pared del otro lado. Cayeron piedras y argamasa al romperse por el otro extremo. Se sentÃ³ a horcajadas sobre su vientre con una mano rodeÃ¡ndole la reseca garganta.

âÂ¿Te atreverÃ­as a enviar esas inmundas cosas a mi ciudad?â, le rugiÃ³ Kyou en la cara mientras ella chillaba y le clavaba las garras.

La arpÃ­a no pudo asestar un buen golpe, ya que las alas translÃºcidas de Kyou todavÃ­a lo cubrÃ­an, evitando el ataque. Tras un abrupto destello de poder, ella cambiÃ³ su forma, de una viejita arrugada a una belleza despampanante. Su voz se tornÃ³ suave y flexible, mientras su horrendo cabello se alisaba, volviÃ©ndose de un blanco purÃ­simo como la nieve.

âNo tienes el poder de detenerme, guardiÃ¡nâ, susurrÃ³ colocando los dedos sobre su mejilla. âTan parecido a Ã©lâ¦ pero tan diferenteâ, reflexionÃ³ justo antes de clavarle las garras en el rostro.

Kyou quedÃ³ pasmado cuando un brillante destello explotÃ³ justo en frente suyo y se vio impulsado hacia atrÃ¡s por el agujero que habÃ­an cavado, hacia la pared opuesta de la cripta. Sintiendo el latido de su corazÃ³n en los oÃ­dos, dejÃ³ que su furia lo consumiera. Este demonio era poderoso, y debÃ­a acabar con ella antes de que sus sÃºbditos mataran a mÃ¡s humanos inocentes.

Se incorporÃ³ de la pared para atacarla, y justo en ese momento unas huesudas manos rompieron los ladrillos detrÃ¡s suyo. Lo envolvieron por el pecho y lo jalaron con tal fuerza que Kyou perdiÃ³ el aliento.

De pronto se encontrÃ³ rodeado de demoniosâ¦ sus manos carnosas lo jalaban en direcciÃ³n opuesta a la bruja, que reÃ­a al ver cÃ³mo sus sÃºbditos cumplÃ­an sus Ã³rdenes. Justo antes de que los demonios lo jalaran fuera de vista, Kyou vio que del piso subÃ­a una niebla, que la rodeaba y se arremolinaba siniestramente. Un hombre emergiÃ³ de la niebla justo en frente suyo. Su largo cabello negro se agitÃ³ al voltearse para enfrentar a los demonios que venÃ­an por Ã©l, y de su palma dejÃ³ escapar un hilo de fuego que los prendiÃ³ en llamas.

Darious girÃ³ la cabeza para mirar a la bruja a los ojos. Viendo cÃ³mo el miedo invadÃ­a sus ojos color sangre, dejÃ³ que una sonrisa satisfecha se esbozara en sus labios. Ella siseÃ³ e intentÃ³ escapar, solo para detenerse abruptamente en su camino cuando un hoyo negro apareciÃ³ debajo de sus piesâ¦ haciÃ©ndola caer en una trampa para demonios.

âNo tan rÃ¡pido, arpÃ­aâ, la voz de Darious era tan oscura que hizo que la temperatura del mausoleo, que ya era baja, descendiera unos cuantos grados mÃ¡s.

Muy lentamente, la bruja se volteÃ³ para mirarlo con una espantosa mueca en los labios. âTe recuerdoâ, siseÃ³ con falsa bravuconerÃ­a, mientras volvÃ­a a adoptar su autÃ©ntica forma. âTÃº llevabas las cadenasâ¦ nos turnÃ¡bamos con el lÃ¡tigoâ¦ quÃ© placer fue ver a los jefes arrancarte las alas de la espaldaâ¦â

Viendo interrumpidas sus palabras, dio un alarido cuando de pronto un magma subiÃ³ desde el vacÃ­o bajo sus pies, un magma que formaba cadenasâ¦ y que se cerraba sobre sus tobillos y muÃ±ecas, quemando la carne que Ã©stas tocaban.

Sus ojos se tornaron escarlata al oÃ­r el recordatorio. âHizo falta mÃ¡s que tÃº y tus hermanas para mantenerme encadenado, pero te darÃ© un regaloâ¦ el mismo regalo que me hicieron los demonios. Estas cadenas tienen un nombreâ¦ se llaman Eternidad. No estarÃ¡s sola en la oscuridad por mucho tiempoâ. EsbozÃ³ una sonrisa siniestra. âTus hermanas te acompaÃ±arÃ¡n prontoâ. Habiendo dicho esto, los amarres se ajustaron y comenzaron a arrastrarla hacia el foso.

âÂ¡No sobrevivirÃ¡s!â, gritÃ³ la bruja resistiÃ©ndose al tirÃ³n de las cadenas. âNuestro jefe te destruirÃ¡ y te diezmarÃ¡ de la misma forma en que tÃº lo hiciste con nosotros al momento de tu escapeâ¦ nunca te librarÃ¡s de nosotrosâ.

Darious retrocediÃ³ mirando frÃ­amente cÃ³mo la bruja seguÃ­a descendiendo. Le largÃ³ una gran cantidad de maldiciones, que divirtieron a Darious. Incluso al cuando su derrota era evidente, estos demonios nunca se quedaban callados.




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