El Observador. La Solución Al Génesis
Alberto Canen


















Alberto Canen





El observador

La SoluciÃ³n al GÃ©nesis









Ilustraciones de tapa e interiores realizadas por el autor.









Agradecimientos









A mi esposa que me apoya en todo.

A mis hijos y sus preguntas.

A Luis Heriberto Rivas por estar siempre disponible a mis consultas y por haberme permitido acceder a materiales muy interesantes.

A Mercedes Bueto por sus correcciones y asesoramiento.

A mi amigo FabiÃ¡n RodrÃ­guez por tener la mente abierta y por sus grandes conocimientos.

A mi cuÃ±ado Pedro Diez por haberme ayudado a cotejar asuntos cientÃ­ficos y astronÃ³micos.

Y a mi familia y amigos que se prestaron como lectores del âmanuscritoâ para ayudarme a mejorarlo.









Copyright 2018

Canen, Alberto

Tekime Edition





El observador / Alberto Canen ; ilustrado por Alberto Canen. â 1a ed. - Boulogne : el autor, 2012.

E-Book.

1. Religion. 2. Espiritualidad. I. Castro, Pablo Rodolfo, ilus. II. TÃ­tulo

CDD 291.4

Fecha de catalogaciÃ³n: 12/05/2018



Ãndice

IntroducciÃ³n

1 â La Biblia, el GÃ©nesis, la creaciÃ³n (#ulink_521f9f35-f6d6-5b8a-896d-bb027dd880fc)

a- Â¿Siete dÃ­as? (#ulink_521f9f35-f6d6-5b8a-896d-bb027dd880fc)

2 â Miles de millones (#u3bd2c60e-748a-5dd1-9774-8d93d3e8e6f9)

3 - Â¡Y en este rincÃ³nâ¦la vidaâ¦! (#uef6a4d64-873f-5afe-8ba2-8661f233cc38)

4 â El GÃ©nesis (#ua6ad2928-006a-5390-9736-87b04788db48)

a- Los monstruos marinos (#litres_trial_promo)

b- Pangea y la deriva continental (#litres_trial_promo)

5 â La ubicaciÃ³n y el entorno (#litres_trial_promo)

a- BabilÃ³nicos (#litres_trial_promo)

b- Egipcios (#litres_trial_promo)

c- Hebreos (#litres_trial_promo)

6 â El escritor sagrado (#litres_trial_promo)

7 â El observador (#litres_trial_promo)

a - Contemplando la creaciÃ³n (#litres_trial_promo)

8 â Mensaje y enseÃ±anza (#litres_trial_promo)

9 â El contenido trascendental (#litres_trial_promo)

10 â El edÃ©n (#litres_trial_promo)

11 - La naturaleza humana en un ambiente controlado (#litres_trial_promo)

12 â El camino espiritual (#litres_trial_promo)

a- Las religiones (#litres_trial_promo)

ApÃ©ndice I (#litres_trial_promo)

a- La Biblia (#litres_trial_promo)

b- Enuma Elish (#litres_trial_promo)

c- JardÃ­n del EdÃ©n

d- Bit-Adinu (#litres_trial_promo)

e- La Vulgata (#litres_trial_promo)

f- LXX (#litres_trial_promo)

g- CaÃ­n y Abel (#litres_trial_promo)

ApÃ©ndice II (#litres_trial_promo)

a- El valle de las ballenas (Wadi Al-Hitan, Egipto) (#litres_trial_promo)

ApÃ©ndice III (#litres_trial_promo)

a- La ubicaciÃ³n del EdÃ©n (#litres_trial_promo)










Chapter 1

IntroducciÃ³n





El relato de la CreaciÃ³n del GÃ©nesis Â¿sÃ³lo una introducciÃ³n a las escrituras bÃ­blicas?

Â¿QuÃ© esconden sus versos?

Â¿Mito, invenciÃ³n o realidad cientÃ­fica?

Este libro intenta abordar un tema que por lo general es incÃ³modo de ser tratado, tanto para el cientÃ­fico como para el religioso.

La ciencia descarta de plano el relato, primero con risas y luego con enojo, y la Iglesia CatÃ³lica lo ha relegado a una simple introducciÃ³n a las sagradas escrituras. âEl relato de la CreaciÃ³n es un texto religioso con enseÃ±anzas religiosasâ, se dice. âNo hay ciencia en Ã©lâ, âno debemos buscar explicaciones cientÃ­ficasâ, claro, por supuesto.

Peroâ¦





Debo reconocer que siempre he sido un duro crÃ­tico del GÃ©nesis. Siempre estuve entre los que disimulaban la sonrisa y cambiaban de tema para no discutir. Hablar del GÃ©nesis y de la CreaciÃ³n en particular me resultaba impensableâ¦, hasta hace unos meses.





Ya va a ser un aÃ±o desde que mi hijo menor me preguntara acerca de Dios con gran interÃ©s, mÃ¡s del que normalmente solÃ­a tener.

En aquel momento charlamos, le expliquÃ© todo lo que pude dentro de mis conocimientos y acordamos leer los libros sagrados de las religiones principales para ampliar mÃ¡s los conceptos. AsÃ­ que empezamos por leer, primero La Biblia [1 (#litres_trial_promo)], como principal libro del catolicismo-judaÃ­smo-islamismo, para luego seguir con el Bhagavad Gita [2 (#ulink_b3d2cd33-4adb-5298-b452-edc979a28337)] del hinduismo-budismo [3 (#ulink_2d0cb166-d113-5125-ae27-561e213b5fc3)].

Al leerle La Biblia, cuando estÃ¡bamos avanzando con el libro de JosÃ©, tuve -lo que podrÃ­amos llamar- una revelaciÃ³n. En un momento comprendÃ­ el porquÃ© de La Biblia, el porquÃ© de la creaciÃ³n del Pueblo Elegido, el motivo de la venida del MesÃ­as, La CreaciÃ³n, El EdÃ©n, las polÃ­ticas de la Iglesia CatÃ³lica, la tarea trascendental del pueblo judÃ­o, el politeÃ­smo, el monoteÃ­smo, y mucho mÃ¡s. Fue tal la conmociÃ³n que me provocÃ³ este descubrimiento que decidÃ­ escribirlo y lo volquÃ© en mi libro Un Ãnico Dios.

La explicaciÃ³n del relato de la CreaciÃ³n del GÃ©nesis iba a ser parte de ese libro, pero luego de analizarlo con mi correctora y asesora literaria decidimos que era mejor separarlo en un libro independiente ya que ameritaba un trato especial.

2 BhÃ¡gavad-guitÃ¡, el mÃ¡s importante texto sagrado hinduista. Se lo considera uno de los clÃ¡sicos religiosos mÃ¡s importantes del mundo. El tÃ©rmino BhÃ¡gavad-guitÃ¡ significa el canto de BhagavÃ¡n (Dios, que posee [todas las] opulencias). Con frecuencia, el BhÃ¡gavad-guitÃ¡ es llamado simplemente GuitÃ¡ (Gi-ta-). Aunque el sustantivo sÃ¡nscrito guitÃ¡ es femenino (la âcanciÃ³nâ), en espaÃ±ol se puede ver muchas veces como masculino (el âcantoâ), y acentuado grave o llano (el GuÃ­ta). Es parte del texto Ã©pico MajÃ¡bharata (posiblemente del siglo III a. C.) y consta de 700 versos. Su contenido es la conversaciÃ³n entre KrisnÃ¡ -a quien los hinduistas consideran una encarnaciÃ³n de VisnÃº (mientras que los krisnaÃ­stas lo consideran el origen de VisnÃº), o tambiÃ©n como la principal personalidad de Dios, y su primo y amigo Ãryuna en el campo de batalla en los instantes previos al inicio de la guerra de Kurukshetra. Respondiendo a la confusiÃ³n y el dilema moral de Ãryuna, KrisnÃ¡ explica a Ã©ste todos los misterios de la espiritualidad. Durante su discurso, KrisnÃ¡ revela su identidad como el âmismÃ­simo Diosâ (suaiam BhagavÃ¡n), bendiciendo a Ãryuna con una impresionante visiÃ³n de su divina forma universal entre otras enseÃ±anzas.

3 Aunque gran parte del Budismo niega que su doctrina tenga su esencia en el Bhagavad Gita -y por lo tanto en el hinduismo- es innegable que las enseÃ±anzas de Buda estÃ¡n basadas o son las mismas que las de hinduismo: el dharma (la acciÃ³n correcta) y el fin del samsara (ciclo de nacimientos) al alcanzar el nirvana (iluminaciÃ³n).









Al concluir con el libro Un Ãnico Dios -en agosto de 2011- volvÃ­ sobre el relato de la CreaciÃ³n del GÃ©nesis y me aboquÃ© a resolverlo.

Era claro para mÃ­ que el GÃ©nesis era un relato real, eran hechos que podÃ­an haber ocurrido pero que estaban de alguna manera enmascarados.

Â¿CuÃ¡l era la clave?, Â¿cuÃ¡l era la piedra roseta que me permitirÃ­a interpretar la narraciÃ³n?

La clave -descubrÃ­-, era que el relato, el texto, era una narraciÃ³n de alguien que contaba lo que veÃ­a. Esa era la clave, ese era el tablero -por decirlo asÃ­- sobre el que habÃ­a que montar las piezas de este rompecabezas.

En el texto de la CreaciÃ³n existÃ­a un observador, un narrador. No eran sÃ³lo versos, no, estaba claro que era un relato. El relato de un observador.

Al introducir esta variable -el observador-narrador-, todo cobrÃ³ sentido. A partir de allÃ­ lo demÃ¡s fue simplemente buscar las preguntas correctas: Â¿fue una visiÃ³n o una revelaciÃ³n?, Â¿o ambas?, Â¿quÃ© tiempo le llevÃ³ la visiÃ³n?, Â¿quiÃ©n era?, Â¿dÃ³nde vivÃ­a?, Â¿cuÃ¡l era su ubicaciÃ³n?

La ubicaciÃ³n, la ubicaciÃ³n era determinante.

El observador y su ubicaciÃ³n eran las piezas fundamentales para comprender el relato de la CreaciÃ³n.

Este libro describe el camino que debÃ­ realizar desde La Biblia hacia la ciencia en un ida y vuelta permanente hasta lograr desentraÃ±ar el misterio.





Los animo a que me acompaÃ±en en mi descubrimiento.

Tomemos una taza de cafÃ©, busquemos un sillÃ³n cÃ³modo, y dejemos de lado por un momento los preconceptos.

Abramos nuestra mente y observemos que misterios han estado ocultos detrÃ¡s de los versos del GÃ©nesis por mÃ¡s de tres mil aÃ±os.





La versiÃ³n que he utilizado para esta comparaciÃ³n es La Biblia de JerusalÃ©n.

La Biblia de JerusalÃ©n (Bible de JÃ©rusalem) es una versiÃ³n de la Biblia publicada en fascÃ­culos entre los aÃ±os 1948 y 1953 que luego la Escuela bÃ­blica y arqueolÃ³gica francesa de JerusalÃ©n publicÃ³ fruto de la traducciÃ³n de los manuscritos griego y hebreo, al francÃ©s. Posteriormente fue traducida a otras lenguas vernÃ¡culas, y finalizada integralmente a la lengua espaÃ±ola. El criterio de su traducciÃ³n fue la comparaciÃ³n con los textos originales en hebraico-aramaico y griego.





Chapter 2

1

LA BIBLIA, EL GÃNESIS,

LA CREACIÃN

Â¿Siete dÃ­as?









QuiÃ©n no se ha preguntado: Â¿siete dÃ­as? SÃ­, Â¿quiÃ©n no? -ademÃ¡s de mirarnos de reojo, con una media sonrisa maliciosa.

Ciertamente, es asÃ­, cada vez menos personas pueden creer que Dios haya creado los cielos y la tierra en siete dÃ­as.

Â¿Y los dinosaurios? Bueno, para el momento en que surge esa pregunta (meramente retÃ³rica, por supuesto) ya nos encontramos enzarzados en una discusiÃ³n que posiblemente avergÃ¼ence hasta al barra brava mÃ¡s pintado.





Por lo general hablar del GÃ©nesis nos lleva, indefectiblemente, a una divisiÃ³n irreconciliable entre ciencia y religiÃ³n. Al parecer, una invalida la otra. Si el GÃ©nesis dice siete dÃ­as, y la ciencia ha probado que fueron seis mil millones de aÃ±os, todo apunta a que algo estÃ¡ mal, obviamenteâ¦, en La Biblia.





Es difÃ­cil que podamos afirmar que el anÃ¡lisis de la ciencia estÃ© mal, mÃ¡s allÃ¡ de -posiblemente- cien millones de aÃ±os mÃ¡s, o cien millones de aÃ±os menos. Por lo que -siguiendo esta lÃ³gica-, tomaremos de base para realizar este anÃ¡lisis lo que la ciencia sostiene que fueron los primeros momentos del sistema solar y de nuestro planeta, la Tierra, en funciÃ³n de los actuales descubrimientos.





Bien, si el Sistema Solar y la Tierra llevan mÃ¡s de seis mil millones de aÃ±os desde que eran apenas una nube de polvo y gas estelar flotando a la deriva en nuestra bella galaxiaâ¦ Â¿cÃ³mo es que llegamos a esos siete dÃ­as? Claro, ya sÃ©, no me lo digan: pura supercherÃ­a, mitos, cuentos antiguos de mitologÃ­as varias. Bien, no los culpo, asÃ­ pensaba yo hasta que leyÃ©ndole la Biblia a mi hijo menor descubrÃ­ que en los textos del GÃ©nesis algo andaba mal, Â¿o bienâ¦?





Algo en los textos sagrados llamÃ³ mi atenciÃ³n y por un momento me detuve a observarlos y pensÃ©: Â¿y si el GÃ©nesis tuviese sentido?, Â¿quÃ© pasarÃ­a si la narraciÃ³n coincidiera con la explicaciÃ³n cientÃ­fica?, Â¿quÃ© pasarÃ­a si el texto del GÃ©nesis fuese la visiÃ³n de alguien que ha visto la creaciÃ³n del Sistema Solar como en una pelÃ­cula? Y recordÃ©, cuÃ¡ntos descubrimientos se han iniciado con esa simple frase: âÂ¿Y siâ¦?â.

Y sÃ­, intentemos enfocar el tema desde esa perspectiva, Â¿total?... Â¿quÃ© podrÃ­amos perder?...





Por supuesto, debo aclarar en este punto que yo creo en Dios. Creo que Dios ha creado todo. Soy, lo que se llama, un creyente.

FilosÃ³ficamente me inclino mÃ¡s hacia el lado hinduista-budista, que hacia el catÃ³lico-judÃ­o-musulmÃ¡n, pero como el Dios es el mismo en ambos casos, no veo conflicto en leer los libros sagrados de ambas religiones, y analizar lo que Dios le ha dicho a los hombres, sean estos de la Mesopotamia, o del valle del Indo.





Bien, vayamos entonces, a ver, que nos ha dicho Dios.






Chapter 3

2

MILES DE MILLONES









Primero, reflexionemos sobre los ânunca bien ponderadosâ siete dÃ­as.

Por supuesto, los siete dÃ­as bÃ­blicos debÃ­an tener algÃºn tipo de explicaciÃ³n -pensÃ©-, y me aboquÃ© a resolverlo.

Lo primero que se me ocurriÃ³ fue que si Dios era infinito, posiblemente, un dÃ­a de Dios podrÃ­a durar mil millones de aÃ±os, por lo que siete dÃ­as de Dios bien podrÃ­an ser seis mil millones de aÃ±os. Ustedes dirÃ¡n Â¿por quÃ© seis mil millones de aÃ±os? Bueno, porque actualmente se calcula, que desde la nebulosa original al presente han transcurrido seis mil millones de aÃ±os, y cuatro mil seiscientos millones de aÃ±os desde la consolidaciÃ³n de la Tierra.





Aunque Occidente no ha manejado cifras importantes -y al decir cifras importantes me refiero a guarismos tan grandes como de miles de millones de aÃ±os- en sus mitologÃ­as, puede ser interesante observar que en India -para la Ã©poca en que se escribiÃ³ el GÃ©nesis- ya estaban acostumbrados a pensar nÃºmeros de esa magnitud.

Por ejemplo: segÃºn las escrituras vÃ©dicas [4 (#ulink_e77c294a-d094-5de7-8436-6c4bdb94b4d7)], los cuatro yugÃ¡s (eras) forman un ciclo de 4.320.000 aÃ±os (un MajÃ¡-yugÃ¡, o âgran eraâ), que se repite una y otra vez. La primera es la SatyÃ¡-yugÃ¡ o âera de la verdadâ de 1.728.000 aÃ±os de duraciÃ³n. En la que el promedio de vida de una persona era de 100.000 aÃ±os. Es la Era de Oro, segÃºn otra clasificaciÃ³n.

Luego, adviene la DuapÃ¡ra-yugÃ¡ o âsegunda eraâ que abarca unos 1.296.000 aÃ±os. Con un promedio de vida de 10.000 aÃ±os; tambiÃ©n denominada Era de Plata.

La âtercera eraâ, Treta-yugÃ¡ durÃ³ unos 864.000 aÃ±os; en ella el promedio de vida que tenÃ­a un hombre era de 1.000 aÃ±os; tambiÃ©n es conocida como Era de Bronce (aunque no se pretende que coincida con la Edad de Bronce en la India).

Finalmente, Kali-yugÃ¡ o âera de riÃ±aâ de 432.000 aÃ±os de extensiÃ³n donde el promedio de vida de un ser humano era de 100 aÃ±os (al comienzo de ella, hace 5100 aÃ±os). Denominada Era de Hierro (tampoco se pretende que coincida con la Edad de Hierro en la India).

4 Se denomina Vedas (literalmente âconocimientoâ, en sÃ¡nscrito) a cuatro textos muy antiguos, base de la religiÃ³n vÃ©dica, que fue previa a la religiÃ³n hinduista. La palabra sÃ¡nscrita vedÃ¡ proviene de un tÃ©rmino del idioma indoeuropeo (weid), relacionado con la visiÃ³n, del que surgieron el latÃ­n vedere (ver) y veritÃ¡s (verdad) y las palabras espaÃ±olas âverâ y âverdadâ. Los textos vÃ©dicos se desarrollaron dentro de lo que se denomina la cultura vÃ©dica, basada en castas (varna o âcolorâ) y Ã¡sramas (etapas de vida religiosa).





Interesante, muy interesante.





Hasta aquÃ­ no encontrÃ© inconvenientes en sopesar los âsiete dÃ­asâ.

Si uno cree en Dios, lo normal, a mi entender, serÃ­a creer que es infinito, por lo que la relaciÃ³n miles o millones de aÃ±os-dÃ­as de Dios no me ha generado ningÃºn conflicto.





Sigamos.

Analicemos ahora la explicaciÃ³n que nos brinda la ciencia acerca del nacimiento del Sistema Solar y de nuestro planeta Tierra para, de esta manera, luego poder compararla con el texto del GÃ©nesis.





Los invito a situarnos en el lugar y en el tiempo.

Vayamos hasta ese momento en el que todo se iniciÃ³ en nuestro pequeÃ±o rincÃ³n del universo.





Hace seis mil millones de aÃ±os, una nube de gas y polvo estelar -lo que se denomina una nebulosa planetaria-, flota a la deriva en el espacio.

Esta nebulosa, esta nube de polvo y gas estelar es el producto residual de una estrella, que luego de su muerte como supernova [5 (#ulink_ab226241-00e9-5ebd-acae-a5ab2f3112a6)] (estrella que explota en su muerte, su estadÃ­o final) esparce en el espacio los materiales que ha producido en su interior a partir de elementos mÃ¡s simples.

Los elementos creados en ese horno estelar -ahora mÃ¡s complejos- componen esta enorme nube de polvo, hielo y gas que flota plÃ¡cidamente a la deriva. Nuestra nebulosa local.

5 Supernova: Estrella que estalla y lanza a su alrededor la mayor parte de su masa a altÃ­simas velocidades. Luego de este fenÃ³meno explosivo se pueden producir dos casos: o la estrella es completamente destruida, o bien permanece su nÃºcleo central que, a su vez, entra en colapso por sÃ­ mismo dando vida a un objeto muy macizo como una estrella de neutrones o un Agujero Negro.

El fenÃ³meno de la explosiÃ³n de una supernova es similar al de la explosiÃ³n de una Nova, pero con la diferencia sustancial que, en el primer caso, las energÃ­as en juego son un millÃ³n de veces superiores. Cuando se produce un acontecimiento catastrÃ³fico de este tipo, los astrÃ³nomos ven encenderse de improviso en el cielo una estrella que puede alcanzar magnitudes aparentes de -6m o mÃ¡s.

La explosiÃ³n de una supernova es un fenÃ³meno relativamente raro. De todos modos tenemos testimonios de hechos de este tipo: en 1054, se encendiÃ³ una estrella en la constelaciÃ³n de Tauro, cuyos restos aÃºn pueden observarse bajo la forma de la esplÃ©ndida Crab Nebula; en 1572, el gran astrÃ³nomo Tycho de Brahe observÃ³ una supernova brillando en la constelaciÃ³n de Casiopea; en 1640, un fenÃ³meno anÃ¡logo fue contemplado por Kepler. Todas Ã©stas son apariciones de supernovas que estallaron en nuestra Galaxia.

Hoy se calcula que cada galaxia produce, en promedio, una supernova cada seis siglos. Una famosa supernova de una galaxia exterior es la aparecida en 1885 en AndrÃ³meda.





En determinado momento, esta calma, este flotar plÃ¡cido, se ve alterado por la llegada de olas, olas-ondas de choque producidas posiblemente por la explosiÃ³n de otra supernova, otra estrella que termina sus dÃ­as en las cercanÃ­as.

Estas ondas de choque, estas olas que impactan y sacuden a nuestra apacible nebulosa desencadenan en ella su contracciÃ³n, y al contraerse comienza a girar y a achatarse.

Este disco achatado que es ahora nuestra nebulosa planetaria, conduce la mayor parte de la materia hacia el centro donde Ã©sta se acumula.

Este enorme cÃºmulo de materia (en su mayorÃ­a gas) hace que -bajo su propio peso y por efecto de la gravedad- colapse, iniciando asÃ­ la combustiÃ³n de la incipiente estrella central, el Sol.





La misma fuerza de gravedad -la misma fuerza gravitacional- que genera la acumulaciÃ³n de materia en el centro y como consecuencia la creaciÃ³n de una estrella, en nuestro caso el Sol, tambiÃ©n produce remolinos y grumos en el disco de polvo, disco de polvo en el que se ha convertido la nebulosa original y que ahora gira lentamente alrededor del Sol.

Estos grumos que giran como remolinos sobre sÃ­ y que continÃºan su viaje en torno al centro, son los nodos que van a dar origen a los planetas.

Estos planetas primigenios, estos nodos o remolinos de materia estelar, continÃºan su camino en torno al Sol, pero no con un movimiento circular, sino en forma de espiral, cayendo hacia Ã©l, acercÃ¡ndose un poco mÃ¡s en cada vuelta, en cada Ã³rbita. Por lo que se deduce que cuando iniciaron sus giros, los remolinos originales, se encontraban mÃ¡s lejos de lo que los planetas âterminadosâ se encuentran actualmente.

Â¿Y cuÃ¡l fue la consecuencia de ese acercamiento al Sol por ese camino en espiral? Bien, lo que ocurriÃ³ fue que esos planetas bebÃ©s -podrÃ­amos decir-, fueron âlimpiandoâ de escombros, polvo, y gas, el espacio por donde pasaron y, de esa forma, acrecentaron sus masas con la materia capturada.





Entonces, recapitulemos y observemos el panorama general.

Primero: surge una nube de polvo y gas caÃ³tica que flota en el abismo interestelar, fruto de la explosiÃ³n previa de alguna supernova que desperdiga por el espacio su materia.

Segundo: se genera un disco de acreciÃ³n a partir de esa materia que va a dar origen, primero al Sol y luego a los planetas.

Tercero: ese disco es en sÃ­ mismo una nube de polvo y gas, que los planetas al orbitar irÃ¡n limpiando del espacio circundante.

Al âbarrerâ ese material, al atraerlo hacia sÃ­, los planetas incrementarÃ¡n su tamaÃ±o con el polvo y el gas capturado.

Muchas de esas rocas, polvo y hielo, remanentes de aquella nube, son los meteoritos que aÃºn hoy continÃºan precipitÃ¡ndose a la Tierra, y que han dejado tan marcada la superficie de la Luna y de nuestro propio planeta.

TambiÃ©n el viento solar, producto de la combustiÃ³n nuclear del Sol, limpia el espacio circundante del material liviano y lo desaloja hacia los confines del sistema.

Mientras esa ola de gas y polvo liviano es expulsada por el viento solar, vuelve a ser capturada en su camino por la gravitaciÃ³n de los planetas que encuentra a su paso, acrecentando asÃ­ âun poco mÃ¡s- la masa de cada uno de ellos.





Bien, ya tenemos entonces, planetas primitivos que giran en Ã³rbitas casi circulares en torno al Sol, porque al estabilizase el movimiento general del sistema, dichas Ã³rbitas han dejado de ser espiraladas.

Estos planetas, que estuvieron recibiendo material del gas y polvo del espacio -posiblemente, muchas veces, en forma de colisiones violentas-, tienen que haber existido, en ese momento, en estado de lava fundida (en el caso de los planetas no gaseosos), porque la fricciÃ³n genera calor, y las colisiones de esa materia produjeron muchÃ­sima fricciÃ³n lo cual derivÃ³ en un gran aumento de temperatura que derritiÃ³ las rocas y el polvo uniendo todo ello en masas Ãºnicas, por lo general, de forma casi esfÃ©ricas.





Los planetas, al recibir cada vez menos impactos, comenzaron a enfriarse, y al enfriarse generaron una cÃ¡scara, una costra, una superficie sÃ³lida, la corteza terrestre sobre la que actualmente caminamos. No sÃ³lo se formÃ³ la superficie, sino que ademÃ¡s, los gases que se liberaron y quedaron atrapados por la fuerza de gravedad dieron lugar a una atmÃ³sfera, como es el caso de nuestro planeta Tierra y la atmÃ³sfera cuyos gases hoy respiramos.





Por su parte, el hielo de la nube original, tambiÃ©n atrapado, originÃ³ el agua y, por consiguiente su acumulaciÃ³n generarÃ­a los mares, los rÃ­os, la lluvia.





Bien, muy bien, ahora pensemos cÃ³mo fue ese tiempo en que el planeta, aunque ya se habÃ­a enfriado bastante como para que la costra terrestre se formara, aÃºn era demasiado caliente como para que el agua lograra acumularse en forma lÃ­quida sobre la superficie. En esa Ã©poca, el ciclo de: evaporaciÃ³nâcondensaciÃ³nâlluvia era mucho mÃ¡s rÃ¡pido debido a las altas temperaturas de la superficie. En ese tiempo, la humedad era verdaderamente insoportable. Lluvias y tormentas elÃ©ctricas se sucedÃ­an sin soluciÃ³n de continuidad. La lluvia se evaporaba tan sÃ³lo tocar la tierra.

Un cielo impenetrable, mucha niebla, y la luz del Sol que apenas lograba filtrarse.

Seguramente habrÃ­a sido imposible para una persona, de haber podido estar en la superficie, haber visto las estrellas o el mismo Sol debido, por un lado, a lo cerrado de las nubes y la niebla, y por otro, a causa del polvo remanente que aÃºn flotarÃ­a en el espacio entre los planetas en formaciÃ³n.

Â¿Suena muy complicado o difÃ­cil de imaginar? SÃ­, es posible.

Me parece que un buen ejercicio, para ubicarse en esa situaciÃ³n, serÃ­a imaginarse estar en medio de una fuerte tormenta de arena y una vez allÃ­ intentar ver el Sol.

Seguramente verÃ­amos la luz, el resplandor que nos rodea, pero difÃ­cilmente podrÃ­amos identificar con exactitud la fuente, el origen de esa luz. El polvo, âla arenaâ que vuela en la tormenta, ese polvo en suspensiÃ³n nos impedirÃ­a ver el Sol.

Por otra parte, mientras âafueraâ se desarrolla esta âtormenta de arenaâ aquÃ­ dentro, en la atmÃ³sfera del planeta, nos encontrarÃ­amos en medio de una lluvia hirviente torrencial, con nubes, rayos y relÃ¡mpagos, ademÃ¡s de erupciones volcÃ¡nicas, lluvias de cenizas y vapores venenosos.

Ciertamente todo un escenario, un tremendo escenario, un escenario muy distinto del actual.

Este escenario, en el que hoy probablemente no durarÃ­amos vivos ni un minuto, crearÃ­a las condiciones ideales para iniciar el camino de la vida (humedad, temperatura, rayos cÃ³smicos y radiaciÃ³n solar -que impactaban sin casi ningÃºn impedimento). Condiciones ideales que crearÃ­an los primeros aminoÃ¡cidos, las primeras cadenas moleculares. Cadenas que luego darÃ­an origen a organismos mÃ¡s complejos.





Ahora, que las condiciones estÃ¡n dadas, vamos a adentrarnos en el siguiente paso. La evoluciÃ³n de la vida.










Chapter 4

3

Â¡Y EN ESTE RINCÃNâ¦ LA VIDAâ¦!









Ya vimos antes que la vida, como la conocemos en nuestro planeta, se iniciÃ³ con y en el agua. El agua tiene un papel fundamental para nuestro tipo de existencia. Pensemos que nosotros, los humanos, estamos compuestos por un setenta por ciento de ese elemento, casi podrÃ­amos decir que somos animales acuÃ¡ticos adaptados a la superficie.

Bien, debemos situarnos en el lugar y pensar que, de manera simultÃ¡nea, el planeta se enfrÃ­a, el agua permanece en estado lÃ­quido por mÃ¡s tiempo, y se acumula en los lugares mÃ¡s bajos por simple efecto de la gravedad.

Este ocÃ©ano inicial -al parecer-, era uno solo y las tierras -como continentes- tambiÃ©n.

La ciencia llama hoy a ese sÃºper continente Ãºnico VaalbarÃ¡-Pangea [6 (#ulink_a28ea217-1a71-5277-b9a0-b513588b5d26)].

Pangea no permanece como Ãºnico continente sino que se fractura y sus segmentos derivan, navegan, por decirlo asÃ­, sobre la lava fundida que estÃ¡ debajo de la corteza y dan lugar a los continentes que hoy conocemos.

6 Pangea (VaalbarÃ¡-Pangea): Deriva del prefijo griego âpanâ que significa âtodoâ y del tÃ©rmino griego âgeaâ, âsueloâ o âtierraâ. De este modo, quedarÃ­a una palabra cuyo significado es âtoda la tierraâ.

Pangea es el resultado de la evoluciÃ³n del primer continente VaalbarÃ¡, que probablemente se formÃ³ hace unos 4.000 millones de aÃ±os. Pangea se fracciona hace unos 208 millones de aÃ±os en Laurasia y Gondwana. En la actualidad fragmentos de este antiguo continente forman parte de Ãfrica, Australia, India y Madagascar.

CronologÃ­a

Supercontinentes Menores o Parciales:

-Nena (Supercontinente, surge hace aproximadamente 1.800 millones de aÃ±os).

-Atlantica (Supercontinente, surge hace aprox. 1.800 millones de aÃ±os).

-Gondwana (Surge hace aproximadamente 200 millones de aÃ±os).

-Laurasia (Junto con Gondwana, Laurasia surge hace aproximadamente 200 millones de aÃ±os).

-Eurasia (Eurasia es el supercontinente actual conformado por Europa y Asia).

Supercontinentes Mayores:

-VaalbarÃ¡ (Surge hace aproximadamente 4 mil millones de aÃ±os).

-Ur (Supercontinente, surge hace aproximadamente 3 mil millones de aÃ±os).

-Kenorland (Surge hace aproximadamente 2.500 millones de aÃ±os).

-Columbia (Supercontinente, surge hace aproximadamente 1.800 millones de aÃ±os).

-Rodinia (Surge hace aproximadamente 1.100 millones de aÃ±os).

-Pannotia (Surge hace aproximadamente 600 millones de aÃ±os).

-Pangea (Surge hace aproximadamente 300 millones de aÃ±os).





Realicemos por un momento un racconto y pongamos todos estos hechos en perspectiva.

Observemos que la vida, al evolucionar, surge primero en el mar y luego migra a la tierra, mientras el supercontinente VaalbarÃ¡-Pangea se fractura y se desplaza por el globo terrÃ¡queo hasta ocupar los lugares que nos son familiares hoy.

En el mar, donde la vida creÃ³ animales, tambiÃ©n se generaron las plantas, las que pasaron a la tierra y se convirtieron en la vegetaciÃ³n terrestre -Ã¡rboles, pasto, etc..

Algunos de esos animales marinos que habÃ­an âsalidoâ a la tierra, mientras evolucionaban, volvieron al mar donde continuaron su evoluciÃ³n -por ejemplo: los cetÃ¡ceos (ballenas, delfines, etc.).

Otros de estos animales primigenios, se habituaron a vivir en la superficie y dieron lugar a los famosos dinosaurios, quienes reinaron sobre el planeta durante unos ciento sesenta millones de aÃ±os.

No quiero abrumarlos ni agobiarlos con la historia de nuestro mundo -seguramente muchos estÃ¡n familiarizados con ella-, pero es importante que la refresquemos e intentemos notar determinados âdetallesâ porque son pistas imprescindibles para comprender el tema que nos ocupa.





Sigamos, (con una pequeÃ±a acotaciÃ³n).

Los dinosaurios surgen unos doscientos treinta millones de aÃ±os atrÃ¡s y desaparecen -se extinguen- hace aproximadamente sesenta y cinco millones de aÃ±os.

Si tomamos en cuenta que la especie humana, el primer Homo, aparece reciÃ©n en los Ãºltimos dos millones de aÃ±os, comprenderemos, que dinosaurios y humanos nunca convivieron.

Entre el Ãºltimo dinosaurio y el primer Homo hubo un lapso de sesenta millones de aÃ±os, lo suficiente como para no se hayan encontrado nunca.





En este punto me gustarÃ­a enfocar la atenciÃ³n sobre algunos detalles de la evoluciÃ³n de la vida que cuando analicemos el GÃ©nesis van a cobrar cierta importancia.

Es interesante seÃ±alar que algunos dinosaurios fueron voladores -como el Pterosaurio-, y es posible que hayan tenido sus hÃ¡bitats en las playas. Pensemos que estos animales tenÃ­an alas como las de los murciÃ©lagos y que no eran aptas para carretear como un aviÃ³n o como un pato, sino que necesitaban lanzarse desde alguna zona alta, algÃºn risco elevado, para iniciar asÃ­ el vuelo; y para eso, quÃ© mejor que un acantilado sobre el mar. Algunos de ellos fueron animales muy grandes que llegaron a tener 12mts de envergadura, casi como una pequeÃ±a avioneta.

TambiÃ©n -y muy importante- es recalcar que los seres humanos han sido los Ãºltimos en aparecer en esta historia, la historia de la evoluciÃ³n.





Bien. Como habrÃ¡n notado el Sistema Solar tardÃ³ en formarse unos seis mil millones de aÃ±os y el hombre hizo su apariciÃ³n en los Ãºltimos dos millones de aÃ±os.

Por lo general, es comÃºn, que se compare esos seis mil millones de aÃ±os con un aÃ±o de trescientos sesenta y cinco dÃ­as, en el que la nebulosa empieza a colapsar el primero de enero y la especie humana hace su apariciÃ³n a las once de la noche del treinta y uno de diciembre.

El hombre tiene su momento al final, muy final de todo el proceso.





Creo que este breve racconto de la historia de la Tierra nos permite contar con la base de informaciÃ³n suficiente y necesaria para poder realizar nuestra comparaciÃ³n, asÃ­ que, Â¡probemos!










Chapter 5

4

He aquÃ­â¦

EL GÃNESIS [7 (#ulink_68b62a47-ba22-58fc-a366-b63c6bacbbe7)]









Â«En el principio creÃ³ Dios los cielos y la tierra.

Â«La tierra era caos y confusiÃ³n y oscuridad por encima del abismo, y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas. Dijo Dios: âHaya luzâ, y hubo luz. Vio Dios que la luz estaba bien, y apartÃ³ Dios la luz de la oscuridad; y llamÃ³ Dios a la luz âdÃ­aâ, y a la oscuridad la llamÃ³ ânocheâ. Y atardeciÃ³ y amaneciÃ³: dÃ­a primeroÂ» (GÃ©nesis 1:1-5).

7 GÃ©nesis. El nombre griego proviene del contenido del libro: el origen del mundo, el gÃ©nero humano y el pueblo judÃ­o, la genealogÃ­a de toda la humanidad desde el comienzo de los tiempos. TambiÃ©n âgÃ©nesisâ tiene el sentido de âprÃ³logoâ, ya que la historia judÃ­a comienza propiamente con el Ãxodo, del cual el GÃ©nesis es simplemente un prolegÃ³meno. Este tÃ­tulo aparece en la VersiÃ³n de los Setenta o Septuaginta Griega (LXX). En hebreo, el libro se llama âBereâschÃ­thâ: âEn el Principioâ, se toma de la primera palabra de la frase inicial. El texto que utilizo para el anÃ¡lisis pertenece a La Biblia de Jerusalem, Editions du Cerf, ParÃ­s, 1973.





Observemos detalladamente lo que nos relata este primer pÃ¡rrafo.

En esta descripciÃ³n, distingo claramente el caos original de aquella nebulosa de polvo cÃ³smico que nos menciona la ciencia. Un âmarâ de polvo, para alguien que tal vez lo estÃ¡ viendo en la oscuridad, y que no tiene la mÃ¡s mÃ­nima idea de que aquello que estÃ¡ presenciando no es agua sino una nebulosa en la que Ã©l (nuestro posible observador) se encuentra âflotandoâ. Este individuo se halla en el lugar, en el sitio preciso, en el que cientos de millones de aÃ±os despuÃ©s se va a ubicar la Tierra en formaciÃ³n. AdemÃ¡s, como aÃºn no pisa terreno sÃ³lido lo Ãºnico que Ã©l puede vislumbrar o comprender, segÃºn sus parÃ¡metros, es el abismo, el abismo del espacio.

Luego, este mismo individuo (que continÃºa su observaciÃ³n y narra lo que ve) percibe que la luz brilla por primera vez y cree que Dios en ese preciso momento la crea -como luz-, ya que aÃºn no puede ver que es el sol el que la origina. Ve la luz, pero no de dÃ³nde proviene. Para Ã©l es como si Dios hubiese âencendidoâ la luz.





Es necesario aclarar que cuando hablo de un observador me refiero a alguien que en una Ã©poca reciente -digamos hace unos tres mil aÃ±os atrÃ¡s-, recibe una visiÃ³n o una revelaciÃ³n de Dios y a travÃ©s de ella logra ver la creaciÃ³n del Sistema Solar.

No significa que el observador haya presenciado la creaciÃ³n en el momento en que Dios la realizaba, sino que la vio o la captÃ³ con posterioridad, a travÃ©s de algÃºn tipo de visiÃ³n extremadamente resumida.





Entonces âal aparecer la luz pero no haber podido ver los astros- aparece el primer gran dilema tÃ­pico del GÃ©nesis: Â¿cÃ³mo puede crearse la luz antes que los astros?, (esta pregunta -obviamente retÃ³rica- por lo general va acompaÃ±ada de algÃºn gesto escÃ©ptico, mirada cÃ³mplice jactanciosa y la intenciÃ³n de terminar la conversaciÃ³n). SÃ­, es cierto, no puede ser, pero -siempre hay un pero-, Â¿quÃ© pasarÃ­a si situÃ¡ramos al observador en el lugar exacto donde se encuentra el remolino primigenio?, el que va a dar lugar al planeta. Es obvio que nuestro observador podrÃ­a ver la luz, pero serÃ­a incapaz de saber de dÃ³nde procede, de dÃ³nde viene esa luz, ya que como advertimos antes, la âtormenta de polvoâ se lo impedirÃ­a. TambiÃ©n, al estar âparadoâ (de pie) sobre el remolino, percibirÃ­a el paso de dÃ­a-noche, luz-oscuridad, debido a su rotaciÃ³n. Esta persona, al estar parada, instalada, sobre el remolino, girarÃ­a con Ã©l, y por ello, un momento estarÃ­a de frente a la luz, y en el siguiente, de espalda a ella.

AquÃ­, ya podemos darnos cuenta de que es fundamental, fundamental, la existencia de un observador y -mÃ¡s aÃºn- su ubicaciÃ³n, para poder comprender el GÃ©nesis.





Este individuo que observa, y luego relata lo que ha visto, lo contempla desde un sitio determinado, desde una ubicaciÃ³n concreta. En algÃºn lugar se encuentra apostado en el momento en que âveâ, en el momento en que recibe la visiÃ³n, la revelaciÃ³n. Y ese lugar, esa ubicaciÃ³n en la que se halla, es la que hace la diferencia, eso es lo que nos da la pauta de que la descripciÃ³n del GÃ©nesis puede tener sentido, es la clave del acertijo. La clave que abre un mundo de posibilidades

(Â¿Y ahora?, Â¿el gestito jactancioso?...).









Creo que el GÃ©nesis nunca tuvo sentido para muchos. O al menos creo que no tuvo sentido porque la mayorÃ­a de quienes lo analizan parten del presupuesto de que la informaciÃ³n de la CreaciÃ³n (el GÃ©nesis) se le deberÃ­a haber dado a la persona que escribiÃ³ La Biblia con el formato de un libro de ciencia, con datos cientÃ­ficos, tablas y grÃ¡ficos; o con la estructura de una revelaciÃ³n detallada, que permitiera comprender lo ocurrido desde todos los Ã¡ngulos. EspecÃ­ficamente con esa posibilidad: la de poder ver los hechos desde todos los Ã¡ngulos.

Es posible, que el motivo de este preconcepto se encuentre, en que nuestra mente cientificista espera que los datos cientÃ­ficos sean acompaÃ±ados de grÃ¡ficos, tablas, estadÃ­sticas y -por supuesto- el formato correcto. Sin embargo, si nos remitimos a cÃ³mo las personas que reciben visiones o revelaciones de Dios âvenâ lo que Ãl les revela, vamos a comprender mejor que esas manifestaciones divinas nunca ocurren segÃºn los parÃ¡metros humanos. Por lo general, estas visiones o revelaciones son, justamente eso, visiones. Visiones semejantes a pelÃ­culas muy cortas sobre las que el espectador no tiene ningÃºn control. Las visiones suelen ser similares a un sueÃ±o.

A veces, estas visiones son acompaÃ±adas de una idea que se aclara tras la contemplaciÃ³n extÃ¡tica o, en algunos casos, hay alguien que le habla a la persona que tiene la experiencia y le explica algo en particular que puede -o no- estar relacionado con lo que ha visto.





Bien.

Avancemos un poco mÃ¡s con nuestro enfoque e intentemos desentraÃ±ar este misterio.





Si este individuo (nuestro observador) se hubiese encontrado flotando en el espacio por encima del Sistema Solar en formaciÃ³n habrÃ­a âvistoâ que la estrella nace junto con la luz, pero es claro que no fue asÃ­ ya que Ã©l percibe primero la luz y mucho despuÃ©s la existencia de los astros. Entonces, llegado a este punto me preguntÃ©: Â¿por quÃ©?, Â¿por quÃ© no lo ve?, Â¿por quÃ© no ve algo tan evidente?

Simplemente porque no puede.














Es indudable, para mÃ­, que su ubicaciÃ³n -el sitio desde donde observa-, no se encuentra en el espacio sino a nivel del disco de acreciÃ³n, en el nivel donde se crean los planetas, y es justamente por ello que los astros le quedan ocultos tras el polvo remanente. La clave, la llave de este misterio es la ubicaciÃ³n del observador, y esa ubicaciÃ³n tiene que ser -sin lugar a dudas- algÃºn punto sobre la superficie del planeta. Por lo tanto, vamos a continuar nuestra comparaciÃ³n bajo el supuesto que el observador se encuentra parado sobre lo que va a ser en algÃºn momento la superficie de nuestro planeta, la Tierra.





Leamos lo que ocurre en el segundo dÃ­a:

Â«Dijo Dios:

Â«âHaya un firmamento por en medio de las aguas, que las aparte unas de otrasâ. E hizo Dios el firmamento; y apartÃ³ las aguas de por debajo del firmamento, de las aguas de por encima del firmamento. Y asÃ­ fue. Y llamÃ³ Dios al firmamento âcielosâ. Y atardeciÃ³ y amaneciÃ³: dÃ­a segundoÂ» (GÃ©nesis 1:6-8).





En este fragmento, nuestro observador se mantiene en el mismo sitio, la superficie de la Tierra (ahora ya formada), y desde allÃ­ cuenta lo que âveâ, es la visiÃ³n que Dios le envÃ­a.

Para mÃ­ es obvio que estÃ¡ observando el enfriamiento del planeta y, como consecuencia de ello, la condensaciÃ³n del agua, el agua que se empieza a acumular en la superficie y la clara separaciÃ³n de los gases de la atmÃ³sfera que van a formar el firmamento, el cielo.

Para Ã©l, antes de la separaciÃ³n de las aguas, todo se encontraba mezclado, de ahÃ­ la âseparaciÃ³nâ. Pero Â¿quÃ© es lo que estÃ¡ mezclado? El agua y el aire (el firmamento).

Es tal el vapor y la humedad existente, a la que se suman las nubes -posiblemente volcÃ¡nicas-, que su sensaciÃ³n es que el firmamento estÃ¡ mezclado con el agua de la lluvia y del mar.

Para Ã©l esta situaciÃ³n es muy confusa. Mas al enfriarse paulatinamente la Tierra (el planeta), la separaciÃ³n de aguas -podrÃ­amos decir- se hace evidente. La lluvia es lluvia, la tierra es tierra y el mar es mar.





(Â¿Ya captÃ© su atenciÃ³n?, Â¿no?, Â¿todavÃ­a no?)

Bien.





Tercer dÃ­a:

Â«Dijo Dios:

Â«âAcumÃºlense las aguas de por debajo del firmamento en un solo conjunto, y dÃ©jese ver lo secoâ; y asÃ­ fue. Y llamÃ³ Dios a lo seco âtierraâ, y al conjunto de las aguas lo llamÃ³ âmaresâ; y vio Dios que estaba bien.

Â«Dijo Dios:

Â«âProduzca la tierra vegetaciÃ³n: hierbas que den semillas y Ã¡rboles frutales que den fruto, de su especie, con su semilla dentro, sobre la tierraâ. Y asÃ­ fue. La tierra produjo vegetaciÃ³n: hierbas que dan semilla, por sus especies, y Ã¡rboles que dan fruto con la semilla dentro, por sus especies; y vio Dios que estaban bien. Y atardeciÃ³ y amaneciÃ³: dÃ­a terceroÂ» (GÃ©nesis 1:9-13).





AquÃ­ surge, nuevamente, lo que ya habÃ­amos observado en nuestro racconto acerca de lo que la ciencia dedujo sobre la evoluciÃ³n del planeta, sÃ³lo que en extremo resumido.

No debemos olvidar que nuestro observador presencia estos hechos a un ritmo verdaderamente vertiginoso, tuvo que haber sido asÃ­, ya que -como mucho- los seis mil millones de aÃ±os, o al menos los cuatro mil seiscientos millones del planeta, le fueron resumidos en siete dÃ­as.

Analicemos un poco este tercer dÃ­a.

El agua se acumula en un solo ocÃ©ano-mar y la tierra en un solo conjunto.

Estoy convencido de que nuestro observador se refiere aquÃ­ al supercontinente VaalbarÃ¡-Pangea.

Es demasiado coincidente la observaciÃ³n que realiza el narrador acerca de una tierra y un mar, demasiado coincidente y casi innecesaria si no fuera porque realmente ocurriÃ³ de esa forma.




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