90 millas hasta el parai?so
Vladi?mir Eranosia?n


El libro 90 millas hasta el parai?so sera? de intere?s para un amplio ci?rculo de lectores que son aficionados al ge?nero del detective poli?tico y del thriller histo?rico. El argumento se basa en acontecimientos reales y narra acerca del ma?s escandaloso en Ame?rica Latinakidnapping del an?o 2000, el secuestro del nin?o cubano Elia?n Gonza?lez. El proceso judicial ligado a este asunto se convirtio? en un show poli?tico sin precedente con la participacio?n de los ma?s altos li?deres de estados, agencias de inteligencia y clanes de ga?nsteres. A opinio?n del autor, el Comandante Fidel Castro teni?a en este caso y sus motivos personales para el retorno del nin?o a la Patria. Pero los principales protagonistas de la novela son individuos habituales, que no admitieron ni las amenazas, ni el chantaje, ni el soborno y lucharon por Elia?n hasta el fin en esta historia increi?ble.






?El secuestro que conmovi al mundo!



En los momentos transcendentales de la historia de un pueblola actitud de una persona puede compensar la ignominia, con la que han cubierto a este pueblo todos sus traidores tomados en conjunto

Fidel Castro



Se lo dedico a mi mam, a mi hijo Mximo, y a todos los padres. 



El tema est basado en sucesos reales, en la cronolog?a histrica y fuentes fidedignas. Lo imaginario solamente figura para darle una mayor veracidad a la narracin.







Realmente, esta isla es el lugar ms hermoso de los que haya podido ver el hombre.

Cristbal Coln



* * *

2 de diciembre de 1999.

La Habana, Cuba. Palacio de la Revolucin, Residencia del Presidente del Consejo de Estado de la Rep?blica de Cuba Fidel Castro Ruz



Ellos no se han olvidado de qu fecha es hoy. Este d?a, hace 43 a?os, l junto con ochenta y dos rebeldes, entre los cuales figuraba el Che, contra?do por el asma y fatigado por el mareo, desembarcaron del yate Granma, para vencer o morir

La mesa fue servida en la sala de descanso, adyacente al despacho.

Hab?a bogavantes, langostas, langostinos tigres en una salsa agridulce, un delicioso pescado panga, frito en crema a la plancha. A la par con todo eso a Fidel le sirvieron su vino espa?ol preferido, con 50 a?os de solera, as? como una botella de champa?a Dom Prignon. Toda esta abundancia provocadora podr?a desorientar y desanimar a cualquiera, pero de ninguna manera al l?der. El Comandante estaba a la espera de una reunin importante. El hermano Ra?l trajo a la capital a Juan Miguel Gonzlez Quintana, oriundo de la provincia de Crdenas. Era un empleado ordinario, cajero en uno de los hoteles de Varadero. Por l, mejor dicho, por el hijo de 6 a?os de edad, se desencaden un escndalo internacional.

Un d?a antes, los compa?eros de lucha desaconsejaban seguir en el motivo de la juez americana, con un t?pico apellido latinoamericano Rodr?guez, e intentaban convencerle de que no se deb?a permitir al cndido Juan Miguel presentarse ante el juzgado en los EE.UU. Ra?l aseguraba que a este jovencito en Amrica le estaba esperando un refinado tratamiento psicolgico y un soborno directo.

No podr resistir  as? lo declar el hermano un d?a antes, y, a pesar de todo, en el fondo del alma quisiera que hubiera un milagro. l personalmente se dirigi a Crdenas, para traer a La Habana al padre inconsolable.

?Qu te parece, no fallar? por debajo de las espesas pesta?as negras miraban a Ra?l aquellas mismas pupilas fogosas, que pod?an hacer quemar a cualquiera en los agudos instantes del asalto al cuartel Moncada, pero cuyas llamas se han empa?ado desde los d?as de la victoria de la Revolucin. No por la desilusin de los ideales, sino de la traicin humana.

Ya no estoy seguro pronunci pensativamente Ra?l. Es demasiado joven y demasiado categrico en sus reflexiones.

Nosotros tambin ramos jvenes, ramos maximalistas.

Pero nosotros luchbamos en nuestra tierra, mientras que l deber enfrentarse con el enemigo, cabe decir, en la misma guarida de ellos, en Miami, donde han arraigado estos canallas, gusanos.

?A la voluntad de Dios!

Los ojos de Ra?l se entornaron involuntariamente. ?Quin hubiera podido pensar que a fines de los a?os noventa el ate?smo de Fidel empezara a retroceder bajo el empuje de las dudas que surgieron en su alma impetuosa! No retornar a sus manantiales de adolescente En su infancia se consideraba ser uno de los ms aplicados novicios en el colegio de jesuitas. Transcurridos unos a?os debido a los dogmticos retrgrados y a los pedantes atrasados del ambiente de los superiores, de manera impredecible se hizo ateo. La muy creyente madre catlica nada pudo hacer con la prdida de la fe del hijo. La mente curiosa de este exig?a pruebas, mientras que Lina Ruz  hija de una bruja autodidacta  no dispon?a de una formacin slida. Cabe decir, a Stalin los estudios en el seminario espiritual no le impidieron gobernar a los ate?stas. Esto es un hecho. A lo largo de toda la vida l citaba el Evangelio, y en lo que se refiere a la Iglesia Ortodoxa, destruida por Lenin, esta aument la cantidad de parroquias precisamente durante el culto a la personalidad de Stalin.

?De qu manera amenaza a la Cuba socialista tal regeneracin? ?En qu se volc el permiso de Fidel de admitir a los creyentes al Partido Comunista? ?No olvidemos el coqueteo con el Pont?fice y la Congregacin de la Santa Sede! El sacerdote brasile?o Fray Betto hasta public un libro sobre este quisquilloso tema entre los marxistas. La obra Fidel y la religin simultneamente sumi en un shock al Vaticano, y a la lite ate?sta del partido.

?Eso no vale! ?Confiar en la Providencia es el mximo grado de descuido! Solo Fidel ser?a capaz de actuar as?.

Nadie en Cuba dudaba que el absoluto recordman mundial en sobrevivir a atentados, y hubo ms de setecientos treinta, que el embrujado Fidel morir?a por su propia muerte. ?Pero qu ocurrir con ellos? Los que han servido al Comandante en cuerpo y en alma.

Los yanquis y la inmigracin solamente desean la muerte de Castro. Sue?an con una revancha desde los tiempos de aquella derrota vergonzosa en la Bah?a de Cochinos. La juventud, que ha crecido en las condiciones de un dficit total y depravada por la permanente y continua propaganda del consumo, es poco probable que se ponga a defender las conquistas de la Revolucin. Naturalmente, entre los vstagos jvenes habr patriotas tambin. Pero Ra?l solamente ten?a fe en la vieja guardia, en los veteranos de las guerras de liberacin nacional en frica y Amrica Latina. En total son 400 mil personas. Justamente ellos les darn una vez ms a los yanquis y a los mercenarios una patada en el culo. Es verdad que ser mucho ms dif?cil hacerlo sin el carisma de Fidel

Ellos llaman dictador a Fidel. ?Que sabr esa gente de eso? ?Qu es lo que comprenden bajo la palabra dictador? Es ms que risible si aceptamos las conclusiones de mdicos expertos, los cuales afirman que todos los dictadores, sin excepcin, padecen de descomposicin. Los estre?imientos de Hitler y los problemas intestinales de Mao Zedong no ten?an relacin alguna con el neurastnico Benito Amelgara Andrea Mussolini y el diabtico Josip Broz Tito. Cada uno de ellos ten?a sus propias enfermedades. Ser?a extra?o si el viejo Fidel no tuviera problemas con el intestino. ?A fin de cuentas no es un robot! Lo com?n en todo esto era completamente otra cosa, el carisma y la aficin al uniforme militar. Por ejemplo, Tito, el sptimo hijo en una numerosa familia croata, desde la ms tierna infancia so?aba con tener una camisa blanca y zapatos de charol de camarero. Pero una vez cumplido el sue?o, se prob el vestido de camarero de restaurante. Muy pronto entendi que esta ropa de gala no val?a las humillaciones que tuvo que soportar. Quizs por eso Tito haya llegado a ser militar. Hasta en los minutos de ocio en su famosa residencia, en la isla Brioni, donde en ms de una ocasin se ba?aba en la piscina con la bell?sima Sof?a Loren, llevaba puesto el uniforme de gala de mariscal, hecho a medida. ?Qu hay de sedicioso si uno siente la pasin por los uniformes militares y las mujeres hermosas? Es natural que as? se comporte un varn verdadero. El pa?s ha de ser gobernado por personas mentalmente sanas. Fidel, un gran admirador del sexo dbil, tambin prefiere la guerrera militar al traje de paisano, no le son ajenas tales debilidades, as? como el vino espa?ol de solera. En ese aspecto no hay nada censurable. Cabe decir, Ra?l da preferencia al whisky Chivas, de doce a?os de a?ejamiento.

Cuando el asceta y romntico Che visit al l?der yugoslavo en Brioni, no pudo entender la aficin al lujo de Tito. Posiblemente, el garaje con coches Jaguar, Rolls-Royce y Bentley, as? como el safari, parque de cebras, avestruces y leopardos, regalados por el rey de Etiop?a era el colmo. En este caso nadie siquiera discut?a con el Che. Pero las mujeres y el whisky de malta, tra?do en un vuelo especial del estado norteamericano de Kentucky, hab?a alegrado hasta a Guevara, y Fidel estaba muy arrebatado.

Convertirse en el l?der del Movimiento de Pa?ses No Alineados, siendo comunista, en el ajedrez tales jugadores llevan el t?tulo de Gran Maestro. Yugoslavia durante el rgimen de Tito florec?a. La muerte del mariscal, ya al cabo de un a?o, conllev la ruina del pa?s y el desmoronamiento de la unidad internacional. ?Acaso la muerte de Fidel provocar esa misma situacin? No, Tito no ten?a a tal hermano como l, Ra?l. Los dos disponen de cierto tiempo. Mientras que todo siga sin cambios.

El l?der yugoslavo sab?a manipular a los omnipotentes. Orde?aba a todos los que le rodeaban. Tal es la suerte de un dirigente de un pa?s grande o peque?o, pero no potente. l se encuentra en el filo de la navaja, en la punta del cuchillo, en el borde del abismo. Uno debe aprender a obtener provecho de su situacin poco envidiable. Fidel, s?, mejor que otros sab?a cmo hacerlo.

?Quin en la China acomodada de hoy d?a, recuerda los muy reales cuentos acerca del Gran Timonel Mao, que hasta en los ?ltimos d?as de su vida no se limpiaba los dientes y se vaciaba en el foso? ?Que l obligaba a los campesinos a aniquilar los gorriones, con lo que atrajo a los campos a insectos e hizo morir de hambre a millones de personas? ?Homenajear?an los chinos a Mao Zedong porque el revestimiento de terciopelo de su tren especial estaba remachado con clavos de oro? Entonces al dictador rumano Ceaucescu no lo habr?a linchado la multitud, aunque l usaba un inodoro de oro. ?No, naturalmente! El respeto a Mao est ligado con un momento de su historia: empezaron a respetarle a?n ms porque supo hallar la forma de cmo obtener del perspicaz campesino, as? Fidel llamaba a Jruschev, la bomba nuclear y levant el pa?s que estaba de rodillas, convirtindolo de una China retrasada, en una gran potencia nuclear.

Fidel tambin hizo de los ex esclavos una nacin orgullosa. Los cubanos han de quedarse as? para siempre. ?Su suerte es la de conservar la independencia del pa?s o morir! ?Les ayudar en esto Dios? Ser?a bueno  pens Ra?l. En tales casos, parece, se supone rezar. Para sus 74 a?os, Fidel a?n no ha venido al altar con la oracin. ?Quin sabe, quizs lo haga para su jubileo a los ochenta a?os?

S?, naturalmente  aprob Ra?l la fatalidad en la conducta del hermano mayor, pero para s? pens que, si se deja correr el asunto de Gonzlez, ser?a un descuido imperdonable. En el caso de que al joven cubano, seducido con las promesas de una vida paradis?aca, se le ocurra traicionar a su patria, habr que neutralizarlo. Sea como sea. F?sica o moralmente. No tiene importancia. Lo principal es que el pueblo de Cuba vea el castigo inevitable por la traicin

?Pues, este joven est aqu?? pregunt, al fin, Fidel.

El hermano menor lo confirm con un gesto afirmativo.

Hazlo pasar aqu?  le orden a Ra?l.

Inviten a Juan Miguel Gonzlez  orden a los comisionados del Ministro de Defensa.Juan Miguel, de mediana estatura, un joven con una figura bien formada con unas orejas un poquito alargadas, estaba sentado en la sala de recepcin en una silla trenzada indonesia con un espaldar afiligranado  Como un escolar, esperaba amedrentado la entrevista con un gran hombre, el l?der de Cuba. No pod?a imaginar que todo esto le ocurriera a l. Su esposa Nersy, con motivo de una visita a La Habana, oblig a Juan Miguel a que se pusiera una nueva camisa blanca, cuyo cuello le apretaba ahora la garganta, como si fuera un estirado collar de perro.

Pase Ud. le susurr al o?do un negro robusto de la escolta presidencial de Fidel.

Juan Miguel entr en el Sancta Sanctorum, un modesto despacho del l?der de la Rep?blica. En la pared estaba colgado un retrato hecho a leo del hroe de la revolucin, de un barbudo sonriente, Camilo Cienfuegos, cuya muerte origin en los c?rculos de la inmigracin en Miami todo tipo de versiones acerca de las causas de su fallecimiento en un accidente areo fatal. Junto al retrato hab?a un cuadro con la imagen del trabajo voluntario de los ni?os cubanos en la cosecha de la ca?a de az?car, la zafra. Los muebles en el espacioso gabinete de Fidel no parec?an ser lujosos. En el amueblado no hab?a alusin alguna al estilo kitsch de palacio. Al contrario, algo hac?a recordar el mal gusto, el burocratismo y el ascetismo del morador de este espacio.

Apareci Fidel. ?Ah? est l! El hombre leyenda. El Barbudo con una barba ya enralecida. Un orador genial, capaz con su discurso fogoso, en el transcurso de muchas horas, de captar la atencin de cualquier auditorio. Ni una sola vez perdi el hilo de sus comentarios, segu?a la lgica de la narracin, sin que confundiera las fechas, cifras y detalles histricos. Una persona que dispone de una memoria incre?ble y una voluntad inquebrantable. El hroe y El Caballo, el potro que pudo dar vida a la ?ltima criatura, siendo un viejo de 65 a?os

Fidel apret su mano. No permiti que fuera largo el apretn de manos, sino muy breve. Hubo una contraccin muscular en la palma de la mano y Juan Miguel sinti en ese instante la potencia de una gran personalidad. El joven se turb de la mirada fija de la persona 1 en Cuba, y as? mismo sent?a como lo taladraban los ojos de Ra?l, del hombre 2.

Juan Miguel, debers emprender un viaje al juzgado a los EE.UU. Eso lo requieren las circunstancias, el derecho internacional y la Temis americana. En esto insisten el Ministerio de Justicia y los subordinados a este, el Servicio de Inmigracin y Naturalizacin. La presencia del padre en el juzgado relacionado al asunto del retorno de su hijo Elin, lo desea tambin el pueblo norteamericano. All? estn seguros de que, en cuanto te liberes de mi vigilancia, naturalmente, pedirs refugio pol?tico en los EE.UU. Esto significa que el problema de la reunin del padre y el hijo se soluciona automticamente, y para qu se arm ese escndalo ruidoso.

Yo no voy a rendirme. Me han robado al ni?o, y yo quiero solamente una cosa: que sea devuelto Elin a su padre, a su pa?s natal, donde se sent?a feliz.

Las palabras del joven conmovieron a Castro, pero el Comandante no quiso mostrrselo.

En 41 a?os transcurridos despus de la victoria de nuestra revolucin, la legislacin americana no hizo a Cuba ni una sola concesin  continu Castro  los recursos de los que disponen tus oponentes son ilimitados. Tanto en el aspecto jur?dico, como en el financiero.

?Y lo que se refiere a lo moral? el joven cort involuntariamente a Fidel. ?Y el aspecto moral?

Fidel se cruz la mirada con el hermano. A los dos les agrad la rplica del simple muchacho de Crdenas, el cual no tom en consideracin las palabras de los oponentes, insist?a en lo suyo.

La parte moral de nosotros, de los cubanos, siempre se encuentra en el primer plano. Todo el pueblo, y cada uno de por s?, se incorporar a la lucha por su peque?o ciudadano. Iniciando este enfrentamiento, debemos tener slidos motivos, no solo en lo jur?dico, sino en lo moral tambin. Pero ten en cuenta, te esperan grandes pruebas.

Estoy listo a enfrentarlas.

Tu ?mpetu es digno de elogio. Pero debers llevar contigo a tu nueva esposa y a tu nene, as? como a las dos abuelas de Elin.

?Para qu han de estar ellos all?? Yo podr?a ir solo para traer a Elin.

Entonces ellos dirn que Castro dej como rehenes en Cuba a la nueva familia de Juan Miguel y a su madre. El joven est acorralado, en una situacin sin salida. No puede ser libre en la toma de sus decisiones. Es inflexible en sus intentos de hacer volver al hijo a Cuba solo porque a los familiares les amenaza la represin f?sica. ?Es eso lo que quieres?

Juan Miguel, el padre del ni?o, por un instante qued pensativo. Luego exclam:

Lo he comprendido.

Te van a ofrecer mucho dinero y una vida paradis?aca

En el Edn no se necesita dinero  de manera segura lo expres tajantemente Juan Miguel  Por lo tanto, Amrica no puede ser para?so para el cubano. Esto es una cuestin de honor.

Para nosotros esto es a?n una cuestin de confianza  intervino su palabra Ra?l.

No solamente para nosotros  confirm Fidel  Todo el pueblo confiar a ti, Juan Miguel. Para once millones de cubanos de diferentes edades y sexos, naciones y grupos tnicos, catlicos y santeros[1 - "santeros" descendientes de los esclavos, principalmente mulatos, seguidores del culto pagano santer?a, es de origen africano.], t? y Elin se convertirn en s?mbolos de nuestro pa?s. No hay pecado ms terrible que el de enga?ar a la gente que haya confiado en ti ?Cmo se llamaba tu primera esposa, la madre de Elin? de repente pregunt Fidel, como lo hac?a habitualmente si le interesaban algunos detalles.

Elizabeth Brotons  lo dijo muy despacio el joven cubano  No me dijo nada acerca

de sus planes

?Le eras fiel en el per?odo de la vida conjunta?

Juan Miguel agach la cabeza

La respetaba mucho  expres este, justificndose.

Como varn yo te comprendo  Fidel se rasc la barba.

Y yo, siendo comunista, te recomiendo que pienses muy bien acerca de tu actual situacin  expres su opinin Ra?l  No te exhorto a que mientas y te pongas a justificar tu conducta. Ten en cuenta, simplemente, que sus juristas van a engancharse a cualquier hilo posible, para denigrarte, desacreditar ante millones de norteamericanos la imagen de los comunistas, y como resultado, humillar a Cuba. El valor de cada palabra, pronunciada por ti en los EE.UU., crecer de manera incre?ble. Nadie te obliga a confesar que hab?as sido infiel a tu cnyuge.Pueden aprovechar tu honradez, como instrumento contra tu patria. No les concedas a nuestros enemigos una informacin adicional. No les entregues personalmente un triunfo complementario.

Hay una historia en la Sagrada Escritura  record a propsito el Castro mayor Cuando Jos, queriendo aleccionar, y luego perdonar a los hermanos ruines, aprovech un enga?o peque?o. ?No se necesit el enga?o, si este no se utiliza en aras de la bondad?

Este argumento deber?a ser el ?ltimo que aprovechar?a el hermano menor. Acaso

Fidel se ha olvidado de que todos estos cuarenta a?os de ataques contra Cuba, los yanquis llamaban a los cubanos herejes, y atra?an a su lado el nombre de Dios. Los Conquistadores tambin aniquilaban a los indios bajo las banderas Santas. Fidel no pudo olvidar esto. Poseyendo tal memoria, probablemente cree que Dios est a favor de Cuba

La conversacin no finaliz as?. Fidel le pidi a Juan Miguel que saliera por un rato, este ten?a varias preguntas confidenciales a su hermano.

?Qu est emitiendo la hostil radio enemiga, a la cual no pudiste silenciar completamente? se interes Fidel.

Estn demasiado cerca Siguen el ruidoso escndalo histrico en torno al ni?o  inform Ra?l. Estn transmitiendo tambin que has adquirido en Francia un yate tipo flybridge con un bar, una barbacoa y una ba?era de mrmol.

Ser?a mejor dar a conocer que en este se hayan instalado giroscpicos estabilizadores de balanceo y un sistema que mantiene inmvil el yate, sin usar el ancla. Ahora nuestros buzos podrn filmar para el pueblo los buques hundidos y la fauna del mar del Caribe, sin da?ar con el ancla echada los arrecifes de coral.

Siguen comentando que t?, a la manera de Gorbi, el cual devor una pizza italiana para hacer publicidad, permitiste que te fotografiaran por dinero en zapatillas deportivas espa?olas.

?Los ni?os recibieron las zapatillas?

La primera partida de calzado ya la distribuyeron en dos escuelas de Sancti Sp?ritus y en un orfanato en Agramonte.

Ellos promet?an dar muchas zapatillas, y a Gorbachov, seguramente, le hab?an prometido mucha, mucha pizza

Creo que no le enga?aron para que l enga?ara a su pueblo. Adems, Gorbi lo ped?a, no para el pueblo, sino para s?, y eso significa que l no ped?a tanto.

El l?der de tal pueblo de ninguna manera deb?a pedirlo  expres pensativamente Fidel  Sea como sea, yo no comprendo quin les dio el derecho de llamar a su vil radio con el nombre de nuestro hroe nacional, Jos Mart?. Silncialos.

Estn demasiado cerca

?Qu opinas sobre este muchachito de Crdenas?

Es que t? sabes mi opinin. Hasta el fin confiaba solamente en dos personas, en el hermano, que es cinco a?os mayor que yo, y en el Che. Ahora, solo en mi hermano.

Quiero charlar cara a cara con este muchacho. Vete a hacer tus asuntos  orden Fidel y pidi que llamaran a su despacho al se?or Gonzlez

Eres incorregible  as? se expres Ra?l, yndose del despacho  A?n sigues creyendo en la gente

Al volver Juan Miguel al despacho del Comandante, este comprendi que el l?der cubano quer?a hablar francamente con l.

Cuntame sobre tu Elizabeth y Elin  pidi Fidel.

Juan Miguel le narr su historia. Quedo muy sorprendido. Era incre?ble que, a pesar de estar tan atareado, el l?der del pa?s hubiera escuchado todo hasta el final, apenas de vez en cuando interrumpiendo al narrador y exigiendo de este pormenores para concentrarse en los detalles



Municipio Varadero, Cuba

D?as antes de la tragedia



Lzaro Mu?ero, gamberro menudo, que so?aba con ser un gran contrabandista, al fin se decidi a infiltrarse en la habitacin de un entrado en a?os burgus de Frncfort. Vino a descansar con su nieta veintea?era. El cmplice del efractor, Julio Csar, ayudante del barman del hotel Siboney, prometi entretener al alemn un rato, detenindole en la barra del bar.

Lzaro entr sin ninguna dificultad en la habitacin. Le han servido para esto los hbitos de cmo usar la ganz?a, adquiridos en los a?os de su juventud. Entonces, realiz su primer hurto con fractura, extrayendo del despacho del director de la escuela los medios recolectados por los alumnos para comprar medicamentos destinados a los ni?os de Chernbil.

En aquella poca el gobierno de Cuba aprob una decisin sin precedente: sanar gratuitamente a los ni?os irradiados ucranianos. Si a Lzaro lo hubieran pillado en aquel momento, el asunto habr?a adquirido ms bien un carcter pol?tico que penal. Pero la sospecha recay en otro alumno, cuyos parientes denigraban a Castro, a?n en los a?os de la dictadura de Fulgencio Batista, y ahora resid?an en Florida. Al muchachito inocente lo expulsaron de la escuela, lo que Lzaro acompa? con una sonrisita, jactndose ante una nueva amiguita: ?Lo torpe que son!

?Qu hermosura!  por un instante, Lzaro qued maravillado del lujo de la habitacin del hotel y, mirando nerviosamente en torno suyo, se puso a buscar dinero y objetos de valor que pondr?a en su sombrero de paja. Despus de revisar las mesitas de noche, l descubri un frasco de agua de colonia Carolina Herrera, que ya estaba casi vac?o. Se perfum con mucha abundancia y se dirigi al trem. En la caja hab?a varios billetes arrugados de diez pesos. No era tan grande el bot?n ?Pero en la otomana azul, al lado de la cama, l tropez con una videocmara! El ladronzuelo la empaquet cuidadosamente en el sombrero.

Al ver en el silln junto a la mesita de noche una chaqueta de lino, examin con mucho esmero los bolsillos y extrajo un portamonedas con tarjetas bancarias. ?Fritzes de mierda! ?Qu hay de malo en el dinero en efectivo?  Lzaro se puso rabioso. No era posible poder utilizar una tarjeta de crdito en Crdenas, as? como en cualquier otra ciudad. No porque el due?o al enterarse de la prdida, inmediatamente la bloquear. Simplemente, en Cuba usaban las tarjetas exclusivamente los extranjeros, mientras que Lzaro solo so?aba con ser uno de ellos.

S?, ten?a planeado recibir la ciudadan?a estadounidense, y sin duda alguna as? lograr alcanzar su meta, en cuanto gane un gran dineral en el contrabando. En su mente, en ese per?odo, no hab?a una distincin clara entre los trminos contrabandista y americano. El dinero, todo lo solucionan los deseosos billetes de cien dlares, desde los cuales contempla con altivez el inmortalizado Franklin.

?Por fin hay algo de valor!  se alegr Lzaro, habiendo tropezado contra una jarra de cristal. En el fondo de esta hab?a un brazalete muy pesado, decorado con un capullo de ptalos de oro de una orqu?dea. Automticamente lo meti en el calcet?n, enrollndolo al tobillo, y se precipit al cuarto de ba?o. Hace tiempo so?aba con un cepillo de dientes Oral-B con un motorcito. ?Quin sabe, puede ser que el alemn use justamente uno de estos! ?Tendr suerte alguna vez! La puerta del ba?o result estar cerrada.

Al cabo de un segundo esta se abri y ante Lzaro apareci en toda su belleza la pelirroja Magda von Trippe, nieta del entrado en a?os Miljelen Calan.

Poseyendo una cantidad de atributos, Magda no era famosa por su belleza. La ropa interior de color turquesa, que llevaba puesta despus de tomar el ba?o espumoso, no pod?a ocultar los matices de su constitucin idiosincrsica. No se puede decir que ella sea fea Desprovista de gracia femenina, s?. Ms bien deportiva que hombruna. Y de ninguna manera era repugnante, lo que deb?a probar Lzaro ahora mismo.

Justamente as?, ya que Magda midi al malhechor con una mirada inequ?voca, cuyo significado Lzaro pudo evaluar estando ya en la habitacin, en la cama. La muchacha alemana tom la ?nica decisin justa para s?, prefiriendo a la resistencia total a ese cubano de alta estatura y muy simptico, una capitulacin activa

Como se habr?a alegrado por la nieta Miljelen, que en el declive de la vida se aficion seriamente a Sigmund Freud y sospechaba en Magda inclinaciones lesbianas. Lo que se refiere a la ni?a todo estaba en orden, y este resultado se hizo el resumen de todos sus esfuerzos titnicos en la rehabilitacin psicolgica, no demandada ni siquiera entre los alemanes turcos, Magda von Trippe.

Cuba es un pa?s maravilloso donde la gente es jovial, sociable. Ellos bailan por doquier la salsa, el merengue y el reggaetn, siempre estn contentos para ti. No les eres indiferente. Siempre quedan agradecidos por una propina. Y si no les ofreciste mucho dinero, sus sonrisas francas no se hac?an menos deslumbrantes. Y esto, en realidad, est estrechamente ligado con la avaricia de Miljelen respecto a los criados.

En comparacin con el Marmar?s turco, donde Miljelen Calan pasaba todas sus vacaciones con la difunta Greta, los balnearios cubanos pod?an darles a los turcos cien puntos de ventaja. Las mulatas y mestizas, atractivas f?sica y sexualmente, iban y ven?an por todos lados, y las autoridades y, lo ms importante, los varones locales, de manera demostrativa, se tapaban los ojos contemplando sus cortos amores con los extranjeros. La verdad es que la polic?a se los tapaba con peque?os billetes en pesos convertibles. Una nader?a en comparacin con las costumbres de la Porta aliada.

Los turcos no son tan hospitalarios. Se portan sin ceremonia en sus pretensiones importunas a los turistas, y su religin es demasiado severa respecto a las mujeres. La cuestin es otra si hablamos de la santer?a cubana con su panten de dioses, con collares de diminutas conchas marinas y semillas de rboles sagrados.

La admiracin de Miljelen por los dioses paganos, que se asentaron en un pa?s de catlicos merced a los descendientes de los esclavos, tra?dos de la costa occidental de frica, se explicaba fcilmente En la poca del rgimen de Hitler, siendo joven Miljelen, ingres en las Juventudes Hitlerianas, donde entre los ni?os se cultivaba la lealtad incondicional al F?hrer del Reich Germnico, la fe en la superioridad racial de los arios y el respeto piadoso al culto nrdico de Od?n, el que encabeza el panten de los dioses paganos.

Desde aquel entonces transcurrieron a?os y a?os, pero pocos son los individuos que pueden cambiar radicalmente su propia cosmovisin. Hasta bajo el influjo permanente de los golpes del destino. En cuanto a Miljelen, su nacimiento en la patria del gran telogo Mart?n Lutero no le imped?a amar abnegadamente al se?or del pa?s de los Nibelungos, al Rey Sigfrido, decantado por los escaldas a la guerrera Krimilda[2 - Krimilda es un personaje de la obra pica germnica el Cantar de los nibelungos] y Od?n[3 - Od?n(nrdico antiguo (https://es.wikipedia.org/wiki/N%C3%B3rdico_antiguo)?inn), tambin llamadoWotanoWoden, es considerado eldios (https://es.wikipedia.org/wiki/Deidad)principal de lamitolog?a nrdica (https://es.wikipedia.org/wiki/Mitolog%C3%ADa_n%C3%B3rdica), as? como de algunas religionesetenas (https://es.wikipedia.org/wiki/Etenismo).], como ahora lo ve?a tan parecido al Ayaguno cubano, el dios de la guerra.

Valindose de los rumores que llegaron a o?dos del se?or Calan, el propio Fidel se encontraba bajo la proteccin del dios ms fuerte de las diecisis encarnaciones de Obatal, ?dolo supremo de la santer?a. Justamente por eso a l no le da?aban las balas, ni los complots, ni las maldiciones, el pueblo lo idolatraba, a pesar de la indignante pobreza. No es extra?o, Miljelen Calan no era el primero que imaginaba a Castro, ate?sta dubitativo, como adepto de su culto.

La necesidad en la mistificacin se ha unido en el alma del alemn con el abec del anlisis psicolgico, despus de ser le?das las primeras diez pginas del grueso tomo de Freud. La obra completa Interpretacin de las visiones l no pudo tragrsela, aunque lo le?do result ser suficiente para que Miljelen se creyera ser un innato psiquiatra, al descifrar los deseos escondidos de la propia nieta.

En Cuba el alemn pod?a ayudar a Magda y el riesgo apenas ser?an cincuenta euros. En la playa don Calan contrat a uno de los gigols locales, con zarcillos en los dos lbulos. El muchacho se llamaba Guillermo y le orden que al atardecer se presentara en la habitacin de su chica como si fuera un masajista para demostrarle de manera convincente todas las ventajas de la esencia masculina. Miljelen le suministr con aversin un condn, y as? Guillermo adquiri un especial art?culo de goma.

El abuelo avis a Magda acerca de la visita de un magorelajador. Debido a eso, se prepar minuciosamente, literalmente dicho, se lav con fragancias. El abuelo era tan delicado que previamente comunic sobre su intencin de ir a una excursin a La Habana nocturna. Eso significaba que ella se quedar?a con el mago Guillermo t?te-?-t?te. ?Quer?a ella aprovechar la situacin? Naturalmente

Antes de que llevara al cubano a la cama, Magda le quit al husped, enmudecido y tomado por sorpresa, el sombrero de paja, de donde comenzaron a caer ciertas prendas, entre estas, el agua de Colonia y el portamonedas del abuelo. Y la videocmara El macho la pudo coger al vuelo y cuidadosamente la volvi a colocar en el puf con las palabras:

Bitte, danke sch?n. Hard life und I am sorry Das ist total en mobilizationen[4 - Algunas palabras tontas en alemn e ingls]A lo que Magda le contest:

?Cuba libre! ?Hasta la victoria siempre!, dej a Lzaro en calcetines, de paso se quit la ropa interior, y como por encanto, por la iron?a del destino, la tir directamente en el cilindro del sombrero.

Una vez desnuda completamente la alemana, Lzaro concibi que el ser, que apareci de repente del cuarto de ba?o, era del gnero femenino. En primer lugar. En segundo lugar, no ten?a la intencin de armar un escndalo por su incursin delictiva. Tercero, es que lo quer?a claramente

De parte del muchacho no hab?a ni deseo siquiera, pero el miedo a veces hace maravillas

Acabado el asunto, se visti apresuradamente, se cubri la cabeza con el sombrero y se precipit por el pasillo a la escalera, maldiciendo al cmplice de Julio Csar y a la ninfa pecosa, tan vida al amor.

No pas un minuto siquiera y, ante la extendida y desnuda, llena de gozo y placer, Magda von Trippe, se present en las puertas abiertas el verdadero Guillermo. Se puso a cumplir de manera imperturbable sus compromisos pagados, lo que de ninguna manera desalent a Magda. Todo lo contrario, la oblig a creer en la existencia del para?so en la Tierra y la convenci de que este se extend?a en el territorio de la Isla de la Libertad.

Guillermo qued contento de s? mismo y del condn ahorrado

El abuelo volvi tarde, cuando los dos pseudomasajistas ya hab?an hecho los servicios a la nieta. La puerta abierta con una ganz?a le hizo originar malas ideas y pensamientos, los cuales los comparti con su ni?a. Solamente ahora Magda pudo recordar la extra?eza en la conducta del primer masajista. Le narr al abuelo sobre su torpe intento de robar la videocmara y, habiendo examinado sus prendas, declar sobre la desaparicin de un brazalete de oro, el regalo de sus padres con motivo de la mayor?a de edad.

?Qu apariencia ten?a este joven? Miljelen pregunt severamente.

Magn?fica  respondi Magda, y se puso a gimotear como una ni?a.

El abuelo escupi con rabia en el piso y, habiendo descolgado el telfono, pidi al guardia en la recepcin que llamara a la polic?a para declarar el hecho de un robo con allanamiento.

Los inspectores de polic?a, acompa?ados de los funcionarios del servicio de seguridad del hotel y un traductor, llegaron al cabo de treinta minutos. Ni hablar de operatividad en el caso citado.

Las declaraciones de Magda eran confusas y disparatadas. En estas no hab?a lgica alguna. Ella reaccionaba de una manera no adecuada a las preguntas estndares de los investigadores, como si leyera en ellas un subtexto no expl?cito sexual. Miljelen Calan, contemplando tal actitud de la nieta, estaba dispuesto a cambiar su opinin negativa respecto a las lesbianas desde el ?ltimo tiempo, rechazar al dios Od?n a favor del cristianismo tradicional y quemar todos los libros de Freud, salvo aquellas diez pginas que hab?a le?do con tanta dificultad. Por fin, le lleg el turno y el alemn cabece de manera positiva, cuando le preguntaron si ten?a algunas sospechas.

Un barman con demasiado ah?nco intentaba detenerme hablando por hablar. Su nombre Parece que se llamaba Julio Julio Csar. ?Precisamente as?! Miljelen tom la iniciativa de la investigacin en sus manos  l se irritaba artificiosamente cuando yo intentaba apartarme de la barra, se ofend?a por la falta de atencin a su palabrer?a. Y a?n ms, el barman hablaba mal de Fidel Castro y ped?a con insistencia propina.

La suerte de Julio Csar estaba echada



* * *



El bot?n de Lzaro constaba de un brazalete de oro y una ropa interior de color turquesa  una lencer?a con bordadura de encaje. Ven?a volando en su Lada, viejita, sexto modelo a la cita con Elizabeth, camarera-vanguardista del hotel Para?so-Punta Arenas, una fe?cha de veinte y seis a?os, que sufr?a por la falta de atencin de su ex marido.

Crdenas es un peque?o pueblito. Dec?an que Juan Miguel se busc una amante mucho antes de haberse divorciado de Elizabeth. ?Se separaron y todo! ?Para qu compartir un techo? La mujer dijo que l nunca la quer?a, simplemente se compadec?a de ella. Siempre sent?a el complejo de inferioridad de su misericordia. Hasta reconoci que l, Lzaro, le regal la felicidad Elizabeth realmente por primera vez sinti lo que era una pasin, sentir que era deseada, sentir ser una mujer, de la cual no se compadecen, sino que la quieren sinceramente

Lzaro deseaba ?nicamente solo una cosa  lo ms rpido posible conocer a los familiares de Elizabeth, que estaban residiendo en Miami. El t?o de Eliz, su tocayo Lzaro le ayudar?a en los primeros d?as de estancia all?, luego l solo se las arreglar?a. La meta estratgica que era hacerse millonario, ya no parec?a ser una quimera.

En lo que se refiere a Eliz, dicho sea de paso, su cuerpo no era tan malo. Cabe decir, Lzaro dispon?a de un pelotn entero de chicas como ella. Pero precisamente ahora Eliz lo excitaba mucho ms que todas ellas juntas. En ese aspecto, Lzaro se asemejaba ser una ramera, la que goza del orgasmo viendo solamente los grifos de oro en el jacuzzi.

En opinin de Lzaro, el apego a su ex marido Juan Miguel y al hijo Elin llegaba al absurdo. En sus proyectos a Elizabeth se le destinaba el punto clave, y l, como una persona con instinto hipertrofiado de propietario, aguantaba a duras penas tal bifurcacin. Sin embargo, l estaba ms que seguro de que quedaba poco tiempo para compartir a Elizabeth con su ex familia. ?Lo viejo ser destruido para satisfacer lo nuevo!

El ladroncillo no pod?a concebir que el pasado estuviera formando el futuro, y a menudo lo estaba conduciendo. Los individuos de tipo aventurero menosprecian sus viejos pecados, no desean analizar sus errneos modos de actuar. Creen que, al enajenarse del pasado, llegarn ms rpido a la meta. Cul es su sorpresa cuando al final del trayecto se encuentran con el pasado, esta inesperada cita conlleva habitualmente a resultados infortunados.

Yendo camino a la amada, Lzaro hizo una parada imprevista. Pudo ver una vaga silueta conocida en el senderito empedrado, al lado de la parte transitable.

?Quin lo hubiera dicho, Dayana! lo dijo en voz alta y apret el pedal del freno. El coche se detuvo chirriando al lado de la chica, en el pecho de la cual colgaba una mochila con un pituso. El Lada traquete unos segundos y se par espontneamente. El chfer con dificultades hizo bajar el vidrio, se atrancaba la manecilla.

?Y en esta chatarra llevas a turistas? expres con iron?a la muchacha.

Es que t? sabes  esto es provisional  sin salir del coche, Lzaro lo coment entre dientes, estando irritado con su ruidosa chatarra, la cual no arrancaba de ninguna manera.

En tu vida todo es provisional  continu rindose del ex coinquilino la chulona  Aunque una sola vez hubieras venido a visitar a Xavier  suavizando un poco el tono lo pronunci Dayana con reproche. El pituso, al o?r su nombre, balbuce algo ininteligible.

Para qu visitarle, si acabo de verle  lanz esta rplica Lzaro despidindose, estaba contento de que el coche hubiera arrancado. Apret el pedal del acelerador, sin lamentarse dej atrs a su antiguo amor y no deseaba pensar en el destino del ser, en cuyas venas flu?a su sangre.

Al llegar al hotel Paradisus Punta Arena, se reasegur por si acaso  no hizo parar el motor. Quin sabe Con odio iba recordando sus intentos infructuosos al fallarle la llave de encendido hasta que no hubo concebido el olor de una fragancia agradable y no hubo o?do la tierna voz de Elizabeth. Ella ya hab?a saltado al asiento delantero de su coche y cerr as? la portezuela.

Llegaste con diez minutos de demora  le susurr en su o?do.

Para eso hubo causas muy slidas  murmur Lzaro, cubrindola con besos. Hasta en este momento, despus de las simultneas, que organiz la alemana llena de amor en el hotel Siboney, l la besaba con gran placer. Su aficin ven?a impulsada por la comprensin de su completa superioridad sobre la criolla crdula, la que deber?a convertirse en un trampol?n para su ascensin. Despus le dir Adis, y no se pondr a fingir su piedad hacia ella, asemejndose de tal forma a su ex prometido. Adems, ella misma reconoci que la piedad solo humillaba a uno. La dejar?a abandonada sin m?nima compasin, en cuanto llegue la hora. Los millonarios deben tener un montn de criollas, mulatas y chicas de piel negra.

Espera, aqu? no  Eliz hizo parar a su hroe-amante. La mucama Lourdes trab un l?o amoroso con un husped  petrolero de Rusia. Alquil un jeep y se fue con ella a las playas del Caribe, a Trinidad. Sin dificultad alguna podemos penetrar en su bungal  lo pronunci ella de una manera conspirativa, desapretando la palma de la mano y mostrando una llave magntica.

Vamos  no hab?a que persuadir a Lzaro, si se hablaba del sexo en apartamentos lujosos. De adue?arse de algo all?, l tampoco rechazaba esa idea. Verdad es que, yendo por el camino, Elizabeth pudo convencerlo de que no lo hiciera. Adems, Lourdes le hizo un gran favor y ella no estaba acostumbrada a recompensar la bondad con una negra ingratitud. l, a su vez, acept lo expuesto por la amante con pocas ganas.

Un rato despus, ellos ya estaban en el lugar de destino. Realmente, sin ninguna dificultad, por el caminito secreto de su amiga pudieron pasar de largo la guardia por el senderito que llevaba al bungal del hotel Meli Las Amricas.

Al entrar en la casa y viendo los enseres lujosos de sus habitaciones, Lzaro exclam con amargura:

?Por qu todo eso no es para nosotros?

Es para nosotros, pero solo hasta las dos de la madrugada. Debo volver a Crdenas para las dos, de otra manera, Juan Miguel no estar tranquilo  se puso a arrullar Elizabeth, acariciando con su mano las sobrecamas de seda de una enorme cama de dos plazas y echando una mirada coquetona a Lzaro.

As? siempre ocurre lo mismo. En este pa?s del diablo nos limitan en todo  en el tiempo y en la libertad de circulacin  Lzaro se puso a cantar su vieja cancin, arrimndose a Eliz.

Esta isla del diablo, como te expresas t?  es nuestra Patria  repuso Elizabeth.

Y yo voy a hacer el amor con un miembro activo de la Unin de Jvenes Comunistas  observ irnicamente

Adems, muy activo  a?adi Elizabeth mientras iba quitndose la ropa.

Esprate  record de improviso el amigo. Ahora quiso especialmente hallarse inmerso en el pellejo de un oligarca real. Te he preparado una sorpresa, mejor dicho, ser?an dos verdaderas sorpresas. Quiero ponrtelas, sin que esto sea aplazado para despus y tir a la desnuda Elizabeth una ropa interior de encaje de incre?ble hermosura. El color turqus de esta dej asombrada a la joven mujer, la cual pod?a ver prendas semejantes solo en los cuerpos de ricas turistas.

?Qu hermosura! exclam apasionadamente la joven, que salt de la cama en un instante y se peg al espejo. Volvi irradiando alegr?a, la talla le quedaba bien.

?De dnde es esto?

Ven aqu?  la tom de la mano y le puso en su mu?eca un brazalete grande de oro con un capullo en forma de ptalos de una orqu?dea.

En esta ocasin el corazn avaro del donante se estremeci en el pecho. l mismo se asust de la generosidad que se adue? de s?. No obstante, se tranquiliz ya que estaba seguro de que hab?a elegido una estrategia infalible. Ahora la chica le har?a todo, pidiera lo que pidiese. ?Ya ten?a garantizada la vivienda y el estatuto de fugitivo pol?tico en los EE.UU.!

Eliz qued atolondrada, enmudecida.

?De dnde los sacaste? por fin, volvi a pronunciar algo.

Yo s que lo que tienes t? es m?o  respondi el hroe, atrayendo a la amante y se apoder de ella en una enorme cama llena de una concupiscencia vergonzosa. Sus cuerpos se deslizaban por la seda fina, haciendo el amor vicioso, sin recordar nada  ni de la Dayana rechazada, ni del apacible Juan Miguel, ni de los dos peques, uno de los cuales a?n no ha experimentado los sufrimientos por tener la edad de dos meses, y el otro muy pronto deber?a enfrentarse a toda la maldad del mundo

Frenado el instinto animal, Lzaro se extendi en la cama y extrajo de la cajita de ncar un cigarro Hoyo de Monterrey. Se puso a fumar contemplando el techo y reflexionando en voz alta:

Mi padre toda la vida est trabajando duro, extrayendo el petrleo del pozo, pero nunca podr permitirse tener tal bungal. Hasta los rusos comprendieron que el socialismo es una bazofia. Sus petroleros estn haciendo amor con todas nuestras chicas.

?Y a ti, te faltan chicas? interpuso Eliz.

No hablo de eso. Es que antes de la revolucin besbamos el trasero a los yanquis y ahora lamemos los talones de los europeos, canadienses y rusos. ?Hay diferencia alguna? Los cubanos eran y siguen siendo pobres.

En vano lo dices ?Y la medicina gratuita, la educacin, la tierra, dada a los campesinos? Si no hubiera existido el embargo de los norteamericanos, ahora vivir?amos prosperando solamente a expensas de nuestros balnearios  coment Elizabeth  Realmente ellos nos impiden hacerlo.

?Qu bien te ha instruido la educacin gratuita! dec?a intranquilo Lzaro y continuaba opinando, sin sacarse el cigarro de la boca  ?Para qu diablo lo necesito? ?Para trabajar de camarera? ?O lavar los platos de esos burgueses?

No, para poder diferenciar a los jvenes inteligentes de los groseros  Eliz repar ofendida.

No deber?as ofenderte  expres Lzaro valindose de un tono de reconciliacin  Mejor dime: ?qu tal te pareci la ropa interior?

Probablemente, algo de este estilo le pidi que le comprara el joven Che Guevara a Chichita Ferreiro, su primer amor, cuando el futuro Comandante emprendi un viaje por Amrica Latina  Elizabeth en un instante se derriti y continu  ?Nunca has o?do hablar de esta historia? ?No? Ah? la tienes Ella le dio quince dlares y pidi que l le comprara un juego hermoso de ropa interior en Miami. La traves?a no result ser nada fcil, no se dej convencer por su compa?ero de viaje Alberto Granado en gastar esos quince dlares. Hasta en el momento cuando se rompi la moto, hasta cuando pasaban hambre, hasta cuando el Che sinti la exacerbacin del asma, y Alberto exigi este dinero para adquirir medicamentos para el Che enfermo.

?Y luego qu? sonri Lzaro

Y luego le escribi que se cans de esperarle

?Eso significa, que el compa?ero Che no lleg siquiera hasta Miami, como yo ya he hecho en una ocasin, y volver a hacerlo una vez ms! ?El Che no le compr la ropa interior a su Chichita! se re?a Lzaro  ?Yo la consegu? para mi chica, sin abandonar los l?mites de Cuba! Pinsalo bien, qu puedo traerte cuando llegue a Miami por segunda vez. Mejor ser?a si yo te llevara all?. Solamente ah? mis capacidades sern apreciadas. En Cuba no tengo ningunas perspectivas, no hay amplios horizontes A propsito, ?dnde meti el Che aquellos quince dlares?

Parece que se los dio a una familia necesitada de inmigrantes pol?ticos peruanos.  ?Qu ms se puede esperar de un fantico! Quisieron construir un para?so sin dinero, crear una nueva persona, tomando las viejas materias primas. ?Dnde estn ahora los huesos de Che Guevara? ?Se pudrieron en la selva boliviana! ?Su cuerpo no fue inhumado siquiera!

?No hables as?! ?Encontraron sus restos en Vallegrande, Bolivia y con honor volvieron a ser enterrados en Santa Clara! ?Los hallaron al cabo de treinta a?os! se indign Elizabeth.

S?, he o?do hablar que los indios bolivianos adoran al Gran Comandante no menos que nuestros comunistas  se expres Lzaro. Los habitantes de Santa Cruz y Vallegrande hasta quedaron amargados, cuando les quitaron a ellos los huesos

?No te atrevas! le grit Eliz.

Tu misma empezaste sobre el Che tuyo  le reproch Lzaro  Sabes perfectamente que a m? me hacen rabiar los cuentitos acerca de las haza?as heroicas de los guerrilleros. Mejor bajemos a la tierra. Sea como sea, aqu? todo es ms interesante. Y ms a?n  en Miami. Es que t? tienes ah? parientes. ?Hay que largarse en esa direccin!

?Tonter?as! resopl Eliz. En Cuba me conviene todo. Tengo un trabajo estupendo en Varadero. No estoy necesitada de nada. Mi ex marido gana bastante bien

?Esposo!un ataque de ira se apoder de Lzaro  ?Parece que nunca podrs olvidar a tu Juan Miguel!

Djate de celos. Los dos somos como hermano y hermana  lo dec?a excusndose la joven mujer.

?Abre los ojos! ?l gana? hablaba con histeria  ?l es cero! ?Estars metida un siglo en este pozo, sin haber visto el mundo! ?T? no cambiars estos cntimos por un para?so verdadero! ?Solamente en los Estados Unidos seremos felices, vamos a tenerlo todo!

?Es qu no hay mendigos all?? ?No hay guetos? no lo aceptaba la testaruda  ?All? no hay que trabajar? ?All? todos son ricachones y no hay camareras y lavaplatos? ?Ellos mismos se autoservirn? ?Los ni?os de la poblacin de color van a los colegios prestigiosos a la par con los hijos de los millonarios?

?Est?pida! comenz a refunfu?ar Lzaro  ?Seremos ricachones! Ganar tanto dinero, que ni en sue?os lo ha visto tu torpe maridito. ?Estando aqu?, lo ganar en Cuba! ?Sabes cuntas personas inteligentes quieren trasladarse hacia all? ?Miles! Yo les ayudar. ?Contrabando! ?Has o?do hablar de eso? El contrabando de cubanos. Mil dlares por cada uno que ha sido trasladado a Miami. Ganar millones, y t? y yo vamos a vivir como en un cuento. Y no en este pa?s olvidado por Dios, sino en un verdadero para?so. ?Lo has concebido?

Elizabeth sin hablar se quit la ropa interior de color azul turquesa, luego el brazalete y se visti, lo que enfureci finalmente a Lzaro. Apenas contenindose, este vocifer:

?Me quieres humillar no aceptando mis regalos?

Simplemente no s qu voy a decirle a Juan Miguel, si l me ve luciendo tal ropa interior y llevando este brazalete.

Amor m?o  haciendo de tripas corazn, se puso a gorgorear Lzaro  no me complace de ning?n modo que sigas viviendo bajo un techo con tu ex maridito, y posiblemente, deber?a resignarme a que l, hasta en estos minutos, te pueda contemplar en la ropa interior. En doce a?os de matrimonio ha podido verte hasta en aspectos mucho ms quisquillosos. Espero que ahora no tenga tal posibilidad Recuerda que he hecho un regalo de todo corazn. ?Acaso, no te ha gustado? Es que esa ropa interior te queda muy bien, y llevando el brazalete pareces ser una reina espa?ola.

Qu tiene que ver la reina  Eliz volvi a derretirse. Ech una mirada al brazalete, pensando si hay fuerzas en ella para superar la tentacin de no ponerse otra vez la hermosa prenda. Uno pod?a estar admirndolo infinitamente. Qu obra fina y delicada

Puedo decirle a Juan Miguel que el petrolero ruso se lo regal a Lourdes y ella necesitaba con urgencia dinero. Venci la tentacin, Eliz se rindi.

Ni?a inteligente  la felicit Lzaro  reconozco a mi chica. As? agarrars al flamenco de las dos patas  podrs sin miedo llevar el brazalete y le sacars a Juan Miguel unos trescientos dlares.

?De Juan Miguel? ?Trescientos dlares? Esto es casi todo su ahorro Susurr como hipnotizada Eliz. Ya era la hora de volver a casa. Nunca se atrever?a a cometer tal enga?o Si la joya no luciera de manera tan encantadora. No es una pieza de artesan?a de conchas, ni siquiera de coral negro enmarcado en plata. Una verdadera obra maestra de joyer?a. Ella misma es como una reina espa?ola En aras de tal maravilla uno puede acudir a un peque?o enga?o.

Eliz se sent en el coche de Lzaro para irse a Crdenas. En su mano brillaba el brazalete, y en la bolsita llevaba la nueva ropa interior. En su cabeza se hab?a ideado una leyenda precisa y muy ver?dica acerca de las imprevistas adquisiciones. La chica se dispon?a a exponer lo inventado al ex esposo, cuyo respeto era lo ?ltimo que ella no quer?a perder.

Se perdonaba diciendo que Juan Miguel le hab?a prometido comprar algo muy caro inmediatamente despus de que naciera Eliancito, pero result que no hab?a cumplido lo prometido. l es bueno. Uno puede manejar a Juan Miguel como un gui?ol. Lo simpln que es. ?Oh, si en aquellos a?os no hubiera sido tan descuidado! Lzaro, s?, es otra cosa. Este hombre sabe lo que desea y qu es lo que quieren las mujeres. Cada uno cree en lo suyo y se traiciona siempre del mismo modo.



Crdenas, municipio de Matanzas, Cuba



Juan Miguel dorm?a tranquilamente, abrazado a su peque?o Elin, envuelto cuidadosamente en una tierna manta de plumn, que le hab?a regalado al nieto la abuela Raquel  la mam de Elizabeth.

Todo el d?a el chiquillo estuvo jugando con los ni?os vecinos. Primero al bisbol y luego al f?tbol. No, por ahora no le invitaban a jugar en el equipo. Todav?a es peque?o. Pero corri hasta hartarse y varias veces pudo chutar el baln cuando este sal?a fuera del campo.

Pap todo el tiempo estaba al lado suyo. Despus de uno de los sucesivos out, cuando la pelota volvi a hallarse muy cerca de Eliancito, el ni?o, sin pensarlo siquiera, se lanz hacia ella, y le dio con todas sus fuerzas y se precipit a correr tras esta, apartndose as? del campo de f?tbol. Lo alcanz el ochoa?ero Lorenzo, el capitn del equipo que iba perdiendo, contrariado de su propia incapacidad. l grit furiosamente a Eliancito, echando una sarta de exigencias, que le diera la pelota:

?Dmela! ?Esta es mi pelota! ?No nos molestes cuando jugamos!

Al haber quitado el objeto anhelado, el fi?e[5 - Chico  se usa solamente en Cuba] ah? mismo lo puso en juego, hacindolo sacar de la banda del campo.

Hubo un segundo de compasin entre los espectadores respecto al desanimado Eliancito, cuyos ojos se humedecieron de una amargura insoportable. Y luego todos, con admiracin sincera, siguieron los momentos del juego. Solo el padre concibi la gran tragedia del peque?o Elin, el cual vino corriendo hacia l para compartir su ofensa.

No hay nada de malo  le gui? el ojo al hijo  Pasados dos a?os estars crecidito y vas a jugar como el argentino Diego Armando Maradona, el rey del f?tbol. Y entonces, querr venir a Crdenas[6 - A fines de los a?os noventa la estrella del f?tbol Diego Armando Maradona realmente arrib a Cuba, invitado por Fidel Castro para pasar un curso de cuatro a?os de rehabilitacin contra la drogadiccin.]. Le ser curioso contemplar a un ni?o, que se hizo tan mago en el juego, como el propio Maradona. Y cuando te vea, te entregar personalmente una verdadera pelota de f?tbol con su autgrafo.

Eliancito, inmerso en el cuento de su padre, casi se olvid de la humillacin que acababa de sufrir. En su rostro de repente se manifest una perfidia infantil  l se imaginaba cmo hac?a gambetas con la pelota con rombos negros ante los ojos de su ofensor, del capitn de ocho a?os de la seleccin del barrio, despus de lo cual el ni?o es admitido al equipo y Elin mete un gol.

?Pap, Maradona no puede venir antes? pregunt el chiquillo a su pap.

No, ahora tiene problemas con el calzado  contest rpido Juan Miguel  No tiene con qu jugar. Las botas de f?tbol se rompieron despus de un sucesivo partido, y es que l estaba muy acostumbrado a estas.

?Cmo se rompieron? se sorprendi el ni?o.

Es que demasiado fuerte chut la pelota

Que se ponga otras botas nuevas  continu Eliancito.

El asunto es que l ms bien se ver frustrado, porque empezar usando otras botas. Sus piernas no se sentirn cmodas llevando un calzado nuevo. Esto es como tu casa natal. Alguien quizs pueda tener un apartamento ms espacioso con hermosos muebles, pero estando de visitas en alg?n lado, sue?as solamente una cosa, hallarte en tu casa donde eres due?o de ti mismo, donde la limpieza y el orden dependen solo de ti, donde no estn desparramados los juguetes. ?Y ests contento! Te alegran los huspedes, siempre y cuando no se comporten groseramente en tu casa, aprovechando tu hospitalidad. En este caso, naturalmente, pedirs de manera corts a tus visitantes, muy exaltados, que vuelvan a casita.

?Volver a casita! repiti el ni?o estas palabras y no se sabe por qu empez a re?r a carcajadas.

Y t? dices: Botas nuevas   resumi Juan Miguel  cuando Maradona repare sus botas queridas, entonces l vendr a verte.

?Cundo las reparar? Elin quisiera saber eso.

Habr de ser dentro de dos a?os  con pleno conocimiento de la causa, respondi pap  Cuando seas ya un delantero conocido.

?Ah! exclam Elin  ?Es que hay tiempo todav?a! ?Podr entrenar!

El nimo del ni?o mejor considerablemente. Volvi a correr hacia el borde del campo esperando recibir un pase, aunque siendo por error este, y no era importante de quin.

No hubo tal pase. La causa no era la avaricia de los ni?os, sino un caso de fuerza mayor que interrumpi el partido de f?tbol. Uno de los chicos, salvando la porter?a, golpe con tanta fuerza la pelota que esta cay exactamente en el camino carretero. Ech a rodar hacia abajo por el empedrado y acert a dar bajo las ruedas de un ?koda de alquiler. El turista espa?ol que conduc?a el coche, al o?r el estallido, en ese mismo momento se puso en guardia. El turismo de poca cilindrada continuaba movindose. Eso significaba que no hab?a causas de preocupaciones.

El cuadro que se abr?a ante los ojos de los ni?os del barrio, no era nada agradable, era una arrugada pelota de cuero con dos agujeros y ya no era apta ms para jugar. Un pillo del equipo de Lorenzo alz los restos de la pelota y, metiendo la mano en el orificio, pudo calmar al capitn diciendo:

?Si la pelota estuviera entera, los despedazar?amos como a gatitos ciegos!

?As? es! aprobaron la declaracin los restantes miembros del equipo  ?Como a cachorros mudos!

Lorenzo, el propietario de la pelota magn?fica o, mejor dicho, de lo que qued de esta, hasta el ?ltimo momento segu?a estando en completa postracin, de repente concibi que la derrota del equipo del odioso Enrique, condisc?pulo-pendenciero, podr?a ser disputada en tiempos mejores. Los amigos de Enrique jugaban mejor y en esos segundos lleg una salvacin inesperada. Lamentaba mucho lo ocurrido, pero, como se expresa su abuela de Miami, la cual visita al nieto una vez al a?o, no hay mal que por bien no venga. Justamente ella envi de Estados Unidos esta muestra futbol?stica.

?Pues, olvidemos lo de la pelota! opin sobre eso el fanfarrn peque?o  mi abuela querida me enviar una pelota como esa y hasta a?n mejor. ?Entonces jugaremos el partido! ?Y eso no les saldr bien! dijo de manera amenazante, dirigindose a los contrincantes, tom la pelota pinchada y, sin lamentarse, la tir al contenedor de basura.

Habiendo contemplado esto, los rapaces se desbandaron. Una pareja entrada en a?os, la cual ya hace una hora estaba sin hacer nada en el balcn, de manera casual, hab?a o?do estas rplicas y opin de lo ocurrido:

?Que ni?o tan mimado es este Lorencito! Su abuela Luc?a, cuando hu?a de Cuba, dej su hija con un ni?o de teta y ahora hace penitencia de sus pecados ante ella y el nieto. Los colma de regalos y les hace zalamer?as, v?bora  no de buena manera se expres de la abuela de Lorenzo la se?ora canosa.

Todo lo que env?an los yanquis a Cuba, hay que aplastarlo y echar a la basura  con odio refunfu? el anciano, hroe de la batalla de Playa Girn. Ese es el destino de esta limosna americana.

En esto la historia no ha acabado. Apenas hubo amanecido, Juan Miguel dej a Eliancito dormido y se dirigi a buscar el fat?dico atributo futbol?stico. Sin dificultad alguna encontr en la acera aquel mismo contenedor de basura y extrajo de l el regalo tirado de la abuela Luc?a de Miami.

Por la ma?ana llam al a?n semidormido Elin para ir al campo de f?tbol. El chiquillo dio un grito, cuando el padre, como un mago circense, sac de un paquete, una pelota de f?tbol y la golpe levemente con la pierna, haciendo un pase al hijo. Este inmediatamente se reanim, y la somnolencia se esfum. De manera incansable corr?a tras la pelota, tropezaba, cay varias veces, pero al instante se levantaba, animado por las palabras del padre:

?Maradona nunca lloraba si se ca?a! A l le pegaban de manera muy dura. Los hombres verdaderos no lloriquean como las ni?as. Se levantan inmediatamente. Se ponen de rodillas solamente los lacayos

Eliancito, sudado, ni siquiera not que casi una hora entera estuvo jugando con su pap al f?tbol. l gan. No sab?a que su padre no jugaba con plena entrega. Es que Juan Miguel sinceramente se apenaba e indignaba cuando le met?an goles en su porter?a.

Una hora despus de iniciarse el juego, Juan Miguel se cans. No hay nada extra?o. No peg ojo durante la noche, haciendo meter trapos en la cmara de la pelota rota. Pero la primera etapa de esta muy minuciosa labor para reanimar la propiedad del ochoa?ero Lorencito era apenas la mitad del asunto. Cuando la cmara de la pelota estaba llena hasta el tope con una cantidad numerosa de capas de trapos, por delante hab?a que realizar una operacin, cuyas herramientas ser?an una gruesa aguja de la abuela Raquel e hilos irrompibles de niln y un dedal de esta?o.

El dedal no pudo proteger a Juan Miguel de unos cuantos pinchazos, no obstante, el resultado de su labor abnegada ya adquiri formas concretas hacia la ma?ana. La pelota restaurada parec?a ser nuevita, y en cuanto al peso no lo superaba en mucho a la de la original.

?Pap, ataja! grit Eliancito al padre y asest un fuerte golpe a la pelota con la punta del pie.

Esta pas volando sin acertar en la porter?a y rodando lleg hasta los mismos pies de Lorenzo, cargado de rabia. Toda la banda futbol?stica del barrio se hab?a amontonado tras la espalda de su capitn.

?Ud. rob mi pelota! expuso Lorenzo su acusacin a Juan Miguel. ?Esta pelota es m?a! ?No es suya! ?Ud. es un ladrn!

Juan Miguel tom de la mano a Eliancito y se aproxim callado a los ni?os ah? reunidos.

El pie de Lorencito pisaba demostrativamente su propiedad. Sent?a el respaldo tcito de los compa?eritos de equipo parados detrs de l. Ellos quedaron admirados de que uno de sus l?deres no se hubiera asustado siquiera. La confrontacin desigual entre el audaz capitn y el adulto musculoso don Juan, que result ser ladrn, podr?a terminar quin sabe cmo

Nunca ansiaba poseer los bienes ajenos. Me sobra lo que tengo  se puso a hablar tranquilamente Juan Miguel  Eso se lo estoy ense?ando a Eliancito. Es que ayer alguien ech a la basura un objeto inservible, no apto para nada. Tuve que trabajar con mucho ardor para volverlo a la vida. Primero hubo que rellenarlo hasta el tope, luego coserlo con una aguja muy gruesa. Adems, varias veces me her? el dedo. No habr?a posibilidad de corregir la situacin de otra manera., es sabido que en toda la barriada no hay ni una bomba para este tipo de pelotas. Sea como sea  la pelota es tuya, pues llvatela. Lo que nosotros con mi hijito la aprovechamos jugando, que sea eso el pago por la reparacin

Juan Miguel y Elin se encaminaron lentamente hacia su casa. Los acompa?aban doce pares de ojitos infantiles.

?Eliancito, no quisieras jugar con nosotros? de improviso se oy una tard?a invitacin de Lorenzo.

Elin se volvi asustado, luego esperanzado alz los ojitos hacia el padre. Juan Miguel mene la cabeza aprobativamente, y el hijo feliz se precipit a correr apresuradamente hacia los ni?os mayores. Estos se desbandaron al instante por la cancha y con mucha seriedad iniciaron el sorteo. En esta ocasin Lorencito repart?a a los ni?os en equipos. No permitir ms que el pendenciero Enrique ordene aqu?. ?Pero dnde habr de jugar el chiquit?n Elin, naturalmente, en mi equipo, y yo personalmente voy a proteger al hijo de Juan Miguel, si los chicos de Enrique se atreven a empujarle y jugar duro

Satisfecho con el resultado del partido y la rica cena, que hab?a preparado su pap, ya hacia la noche Elin se puso a bostezar. Juan Miguel lo tom en sus brazos y lo traslad a la cama. Cuidadosamente lo tendi de costado en ella y se acost al lado, contemplando al chiquit?n que se dorm?a.

Duerme, querido m?o, yo le dije a un ngel que te besara por m?, pero este volvi y dijo: Los ngeles no besan a los ngeles  Por eso yo mismo debo besarte.

Le dio un beso ruidoso en la mejilla y, mirando el reloj, comunic:

Son las dos. Pronto vendr mam.

Pero Elin ya no o?a nada. Dorm?a dulcemente, inmerso en panoramas agradables y sue?os dorados.



* * *



Elizabeth sorprendi al ex marido y al hijo durmiendo abrazados. Lleg por la ma?ana el insaciable Lzaro de improviso hizo un enroque, sin que se tomaran en consideracin los planes de ella. Cabe decir, que Eliz no se revel mucho cuando el amante la llev, en vez de Crdenas, a un lugarcito a la muy concurrida casa de trueno del Varadero nocturno. All? se hallaba la discoteca La Cueva del Pirata, ubicada en una gruta natural.

Los extranjeros y las extranjeras, que iban y ven?an en ansiosas b?squedas del amor cubano, fcilmente encontraban a muchachos y muchachas interesados en hacer zambullir a los turistas en, el poco acostumbrado para el ciudadano occidental, mundo de una sincera y despreocupada cordialidad, condimentada con un sexo excelente y bien ensayado.

Los descendientes de los conquistadores espa?oles y esclavos de Ruanda hac?an salir del estado de depresin espiritual a las ninfas, despose?das del mimo masculino, de la Europa, y las mulatas y mestizas cubr?an de besos, derrotados por la emancipacin, a los desdichados canadienses y, los que huyeron de las feministas al vedado cubano, a los papanatas alemanes.

Todo el mundo, salvo los veraneantes rusos, fcilmente pudieron evaluar la esencia que diferencia las civilizaciones. Estos turistas no pudieron notar la diferencia, se lo imped?a hacer la enorme cantidad tomada de daiquiris, mojitos y cubalibres. La borrachera, que en ciertos momentos conllevaba al trastorno mental, no permit?a plenamente concentrarse en lo mgico, lo que suced?a ante los ojos y gozar del sue?o hecho realidad. Las cubanitas brincaban estando con los muchachos rusos, como delfines, que chapoteaban y se zambull?an al lado de la orilla, en espera de exaltaciones infantiles. La reaccin de los rusos, en el mejor caso, se asemejaba a la conducta de las iguanas desconfiadas, en el peor caso a la inmovilidad del cocodrilo.

Pero lo ms inexplicable es el pago por el goce. En realidad, result ser ms bien m?sero en comparacin con el equivalente de los gastos de servicios anlogos en cualquier pa?s de la viejecita Europa, sin hablar ya de Mosc?. Enloquecida esta por el flujo de petrodlares, con sus prost?bulos, camuflados como clubes de striptease. Lo ms extra?o de la prostitucin cubana consist?a en que no era obligatorio el pago, si esto era por amor. Hab?a de sobra voluntarios, tanto entre los turistas, como entre los locales, que estaban sedientos y ansiosos de compartir lo romntico. Aqu? dominaba la sed de comunicacin sobre el vergonzoso sentimiento de lucro. La causa es muy simple. Los cubanos no son solamente una nacin. El cubano es el nombre del orgullo y de la independencia.

Pudieron liberarse del Imperio no solo de facto y de jure, muchos lograron alcanzar la independencia en sus propias cabezas. A esta cohorte numerosa los gobernadores ascetas en el transcurso de largos a?os de soberan?a estatal le han inculcado el desaire hacia Su Majestad el Dlar, lo que, sin embargo, no repugnaba a la gente de ganancias casuales y ayudaba a considerar como temporal cualquier sindineritis. En Cuba pueden ser permanentes solo la temperatura del agua y el aire  de +21?C a +27?C el a?o entero. En tales condiciones del tiempo se fusiona precisamente la codicia. En lo que se refiere a Fidel l tambin es algo permanente. La amplitud de sus variaciones es insignificante. No permite que desaparezca el pueblo por el embargo econmico. El genial longevo Fidel aparentaba ser una especie de corifeo ante los ojos de las masas. Se asemeja a los mdicos cubanos, famosos en todo el mundo, que elaboraron un medicamento eficaz contra el SIDA. Solamente los esculapios cubanos pudieron hacer lo imposible e inventar un preparado, que mantiene el sistema inmune de los infectados por VIH. Solo Fidel fue capaz de realizar un milagro  una pocin extraordinaria de vitalidad de un pueblo poco numeroso cercado por los enemigos. La frmula del elixir se manten?a en absoluto y estricto secreto. Transcurridos los a?os lo misterioso se hizo evidente. Fidel no inventaba nada, l, llamndose ate?sta, materializ en la prctica el postulado cristiano  no teman reproducirse. Dios no dejar sin sustento a sus hijos queridos

Durante los cuarenta a?os de su gobierno la cantidad de habitantes del pa?s se duplic, mientras el incremento de la poblacin del mundo occidental cuenta con unos mezquinos porcentajes. Las sanciones de Estados Unidos justamente as? influyeron en los cubanos. La respuesta de Cuba fue la reproduccin. A sa contribuyeron aquellos mismos mdicos. Y la educacin cubana los hizo altamente cualificados, a lo expuesto no ten?an nada que ver los proxenetas y criminales, lo que nos obliga a retornar la lgica y la continuidad de esta narracin.

Pues, volvamos a nuestro hroe-amante. Jean-Baptiste Molire, autor del inmortal Tartufo, cierta vez not con aire de clarividencia: Los envidiosos morirn, pero la avaricia  nunca Lzaro sufr?a de un malestar espiritual, viendo a una cubanita, paseando con alg?n extranjero a lo largo de la playa. Los dos se las daban de ser una pareja de amantes, arrullando como tortolitos.

Una cosa es el sexo inofensivo, lo que te da una posibilidad segura, al 100%, de conseguir divisas. No ve?a nada reprensible en tal tipo de iniciativa empresarial. Pero es completamente otra cosa entablar relaciones duraderas con estos acicalados dandis. ?He aqu? donde yace la verdadera traicin! As? opinaba el mujeriego Lzaro, el Don Juan local, siendo antes barman, nunca desde?aba arrancar sus intereses de las amiguitas, que fueron ofrecidas a los europeos. No le acusaba la conciencia cuando este viv?a a expensas de las mujeres ca?das. Otra cosa le sacaba de quicio  cuando las citas breves iban cobrando un carcter ms serio. Entonces la indignacin del ex barman se transformaba en ira y acababa en palizas y golpes contra las compa?eras.

Justamente ahora, en La Cueva del Pirata, adonde trajo a Elizabeth la despreocupacin rpidamente cambi por la irritacin. Los nervios se rebelaron porque este lugarcito de moda estaba lleno de parejas de enamorados, donde desempe?aban el papel de machos los ricachones europeos y las hembras, conforme a la definicin de sicolog?a, eran sus compatriotas. ?Tontas! ?Estn listas a entregarse por un ron con cola y bombones! ?Qu beneficios se esfuman!

Su alma baja de proxeneta requer?a de l nuevas acciones y actividades. Pero ahora, cuando en el horizonte se vislumbraba la perspectiva de Miami, Lzaro no empezar?a a ofrecer su mediacin a unas mozas poco conocidas. Los mastines lo ten?an fichado en una nmina especial. ?Val?a la pena arriesgarse en minucias, ya que un gran dineral estaba a la vuelta de la esquina, tras una bah?a? Se hac?a frenar con la idea de que su iniciativa empresarial, a la que en Cuba nadie toma en consideracin, en plena medida ser ?til en realidad en una gran operacin. Para este asuntito se necesitar no solo un fuerte y seguro barquito, sino una astucia incre?ble, de la cual l dispon?a indudablemente. La recompensa ser el sue?o americano hecho realidad. Por eso no se ha de cazar al zunzuncito[7 - Zunzuncito  pjaro mosca, o elfo de las abejas (Mellisuga helenae) es la especie ms peque?a de los colibr?es y de las aves en general.], cuando al pie de la catarata hay una bandada de flamencos rosados

Se llevar lo que merece debido a su talento. ?Vivir como toda esa gentuza, no es para l! Que crean en los cuentos de Castro sobre la vida modesta, pero llena de dignidad humana, los fanticos de l. El mundo a nuestros pies, a eso debemos aspirar. Las doncellas prefieren a los se?ores adinerados. Ellas se lanzarn tras l, como lo est haciendo la fe?cha Eliz  ella es su entrada al para?so. Se ha de llevar adicionalmente a Miami a su mocoso. ?Oh! Como se revelan los gastos de la afeccin maternal. ?Qu bueno es que al tonto Juan Miguel lo haya alejado de ella!

?F?jate como este gordinfln est bailando la salsa! ?Le tiembla la barriga como una bolsa de agua caliente! Lzaro mene la cabeza en direccin al marinero ingls. Este llevaba una barba art?stica y estaba danzando con torpeza al estilo latino.

A Elizabeth le hizo sonre?r la apariencia del amante del mar, en especial, cuando aquel meti en la boca una pipa grande y empez a echar humo como un tren blindado. El contenido de su barriga se vert?a de la izquierda a la derecha como si fuera leche en la ubre de una vaca.

Ella es igual como todas las otras  pens Lzaro  ?Plebe! Cmo les puede divertir ese deforme pretencioso ricachn, que hab?a tra?do a Cuba su desmesurada figura, para que la rasparan con sus lenguas casi gratuitamente nuestras chicas tontas.

?Qu t?o gracioso! re?a a carcajadas la joven mujer.

En torno al barbudo daban vueltas varias mulatas. Sin embargo, a Lzaro nadie podr?a convencerle de que las chicas solamente decidieron respaldar, al que se hizo recientemente el centro de la atencin, bailador de poca val?a, valindose realmente de sus pasos profesionales, aprovechando sus culos, que temblaban como tambores.

Las bailadoras no se dispon?an a galantear al gordinfln con la cara abofada, y por a?adidura, bizco y chueco. Terminada la m?sica, todos los miembros del show improvisado se incorporaron a algo suyo. El ingls no quedar?a en soledad, pero estas dos compa?eritas de la improvisacin no estar?an en compa??a con l. En cuanto a Lzaro, l odiaba precisamente a estas, lo que le comunic a Elizabeth:

?Qu te parece, no le impedir la grasa adue?arse de las dos?

Yo cre?a que tienes celos solamente de m?  improvis Eliz.

?Hay motivo?

Mustrame a un macho, y siempre habr motivo alguno  brome ella.

Estoy seguro de que este gordinfln ser aprovechado no como macho, sino como medio de traslado a Europa.

?Puedes, aunque sea por un instante relajarte? ?Aqu? reina la alegr?a! ?Para qu se ha de complicar todo? se amarg la chica  T? mismo me trajiste aqu?. Aunque te dec?a que no pod?a ir.

Ahora ests vertiendo la furia en aquellos que vemos por primera vez y quizs sea la ?ltima.

No les tengo rabia a ellos, sino a m? mismo  de repente la bes y continu  Porque no puedo comprarte a ti toda suerte de cosas, o sea lo que puede regalar a estas dos chicas el gordinfln con la barba de chivo.

No me hace falta nada  asegur Elizabeth.

Yo s?, que lo necesito  solt avinagradamente Lzaro.

Qu?tate los complejos innecesarios  aconsej Eliz  En el amor no sirven para nada. Lo ms maravilloso del mundo est ya a tus pies. Soy tu esclava. ?Qu ms necesitas?

Quiero ver el mundo y tirar la casa por la ventana en otros pa?ses, como lo hac?an los yanquis en Cuba antes de la revolucin.

No es obligatorio ver todo el mundo para comprender que no hay otro pa?s, que sea ms hermoso que el nuestro  solt con seguridad Eliz.

?Ests segura? se rio sin ganas Lzaro  Es que no disponemos de la posibilidad de comparar.

Elizabeth hizo una pausa antes de contestar a tal argumento fundamentado. Luego dijo:

Para qu comparar lo nuestro y lo ajeno. Lo ajeno puede ser ms grande y mejor, pero lo nuestro siempre es mucho ms querido Adems, no todos los yanquis tienen la posibilidad de tirar el dinero. Y a?n ms Ellos pagan por lo que aqu? se nos ofrece gratuitamente y para siempre. Llvame a casa, ya est saliendo el sol

Lzaro tuvo que obedecer a la patriota incorregible. Qu vas a hacer, habr que aguantar su rebeld?a. Sea como sea, en que yace este amor ilimitado hacia el pseudo para?so socialista con su sistema de racionamiento y pesos diferentes para los turistas y la gente local. Por lo visto, el imbcil Juan Miguel le meti en la cabeza sus convicciones procastristas, quizs l solamente sepa argumentar ante las infames. Todo lo restante lo hacen para otras personas.

Ese d?a Lzaro supo apoderarse de la ex esposa de Juan Miguel en el saln de su chatarra directamente ante el portal de su casa. Al amante le excitaba la propia proximidad del ya ex marido de su cari?o actual. Tal situacin daba lugar a sentir su superioridad varonil. Su vecina, mujer entrada en a?os, do?a Marta fue testigo de una conducta incalificable de Elizabeth. Esta decidi, que despus de lo visto, no se saludar?a con la ingrata Eliz. Y al mismo tiempo no contar?a nada al pobre Juan Miguel. La mujer no quer?a hacer disgustar a este buen joven, que se pasaba el d?a entero con el peque?o Eliancito, dejando aparte su tiempo libre. Es claro, no era una persona impecable, como lo son realmente los varones, pero hasta ahora, por lo visto, est ciego de amor por una zorra indigna, ya que sigue viviendo tras el divorcio con ella bajo un mismo techo.

Todos cre?an que Juan Miguel y Eliz alg?n d?a volver?an a unirse obligatoriamente. Ya que los dos quer?an apasionadamente a su hijito. La gente creer de buena gana en un cuento, y no en el reportaje en directo de un testigo de vista. Do?a Marta lament tener un insomnio progresivo, que hubiera armado un lavado a la madrugada y hubiera puesto a secar la ropa. Ahora la mujer sabe mucho ms de lo que necesita y eso empeora el proceso del sue?o. Es malo que te convenzas una vez ms de la injusticia del mundo. Es bueno que esta provenga solo de la gente imperfecta.

Cansada Eliz se dej caer al sof y al instante se durmi, as? pas inadvertido un pintoresco amanecer incre?ble. Un ligero vientecito del ocano ahuyentaba las bandadas de cirros, dando el camino al sol que se despertaba. Este resplandor pol?cromo se revelaba en las formas de colores lila, rosado o azul. Era, ni ms ni menos, una autntica obra maestra. Aqu? uno contempla un milagro prosaico, el que no puede ser captado por los seres altivos, y que se abre tan fcilmente a los que pueden sentir el dolor ajeno como el suyo propio, y alegrarse tanto de los xitos propios como de los dems



* * *



Juan Miguel fue el primero en despertarse. Hoy era un d?a no laborable, lo que significaba que l deb?a cumplir la promesa dada al chiquillo Eliancito y dirigirse a Camag?ey para mostrarle un pez extico, un marl?n azul, y tiburones amaestrados.

Los amigos-buceadores siempre lo recib?an y atend?an como al husped ms deseado. Ya hace mucho tiempo que no quer?a solo admirar los extravagantes palacios submarinos de arrecifes de coral.

Eliz trabajaba todo el tiempo. Completamente otra cosa era Elin, este recordar para siempre la primera odisea subacutica. Estando en la misma costa, uno puede contemplar los bancos de coral y los peces tropicales en la Playa Santa Luc?a. All? le ense?ar a Elin cmo nadar a estilo braza, ya que su hijo hasta el momento solo asimil su propio estilo de nadar, no aprobado por el Comit Ol?mpico Internacional. All? le permitir al hijo que se ponga el traje de buzo, le ense?ara cmo se ha de ajustar la careta y usar el baln de ox?geno, le permitir sumergirse unas veces bajo la vigilancia del instructor, el cual le relatar sobre la vida de los buceadores.

Los muchachos zambullistas se especializaban en entrenar a los peque?itos. Dec?an que dispon?an de equipos de buceo de tallas peque?as y sin riesgo alguno se pod?a sumergir a Elin, atado a un cable, de unos cinco metros. Juan Miguel rechaz rotundamente esta idea. Para qu acelerar los acontecimientos. Para la segunda ocasin del programa ideado esto era ms que suficiente.

?Pap, veremos los buques hundidos? segu?a preguntando el chiquillo acalorado antes de emprender una lejana traves?a mar?tima en espera de un milagro.

Esto ser un d?a de entrenamiento. Los galeones, de los piratas y espa?oles, no desaparecern hasta la prxima visita ms profesional tuya. Cabe decir, para ese momento ya habrs aprendido a nadar a estilo braza. Te lo prometo.

Comprendido  lo acept Elin.

Eliancito nadaba bastante bien, y para un ni?o de seis a?os eso ser?a algo excelente. Solamente se agitaba mucho, y por eso se cansaba pronto. Al tragar una considerable porcin de agua salada, empezaba a entrar en pnico, pero era un tipo especial de pnico  taciturno, tesonero y lo paradjico era que eso fuera fundamentado.

S?, ten?a miedo, pero no de ahogarse. Tem?a reconocer a pap abiertamente su estado de insolvencia. Es que l ya es adulto, sabe nadar. A?n sab?a que su pap estaba al lado, a unas diez yardas. El padre est observndole y controla la situacin y en el caso de que su hijo de veras empiece a ahogarse siempre lo sacar del agua o le echar un salvavidas. Algo parecido ocurri el oto?o pasado. En la poca de las lluvias en la playa Cayo-Sabinal

Aquel d?a los amigos buceadores los llevaron en una lancha peque?a de un embarcadero en Playa Santa Luc?a hasta un lugarcillo maravilloso, declarado como reserva nacional. Aqu? numerosas bandadas de flamencos compet?an exhibiendo su finura y elegancia con los ibis blancos y lindaban con legiones de tortugas marinas, pesadas y torpes tipo Chaelonidae, que tomaban el sol. A una de estas el chiquillo hasta pudo tocarle el caparazn de la tortuga.

Cuando Pedro el amigo de Juan Miguel, el instructor de buceo, le mostr al ni?o una pesad?sima barracuda que acababan de capturar, Elin estaba loco de admiracin y quiso tocarla. Apenas hubo rozado la aleta del pez, este bruscamente movi la cola y se contrajo, y un poco ms se habr?a deslizado de las fuertes manos del t?o Pedro.

Unnimemente se decidi que hab?a que fre?r a la intratable moradora del ocano en una fogata y comerla por complacer el apetito que se hab?a desatado. Fue preparado un plato exquisito en el propio litoral. Una vez terminada la comida, el padre pidi a Eliancito que le ayudara a recoger la basura  ya que no se permit?a dejarla en la blanca arena cubana.

Organizaron el fest?n en la misma lancha. Habiendo tomado un tentempi, los viajeros se dirigieron hacia la bah?a de Nuevitas, a una cueva rocosa, un paraje muy elogiado solamente entre los conocedores de tales maravillosos lugares costeros. Aqu?, probablemente, escond?an sus botines los corsarios de Henri Morgan  filibustero ingls que horrorizaba la Corona espa?ola.

Aqu? tienes veinte y cinco centavos  entregando al hijito la moneda, Juan Miguel le advirti en voz baja que Elin deb?a entrar solo en la cueva  tales son las reglas. De otra manera el Santo Cristbal no cumplir?a tu deseo. Lo debes pronunciar con susurro y solo una vez, tapando la boca con la palma de la mano. De este modo Solamente a las paredes se les permite o?r los deseos ?ntimos de los ni?os peque?os y hacerlos pasar a la consideracin del Santo Cristbal. En las paredes se puede confiar, ellas pueden guardar los secretos.

?Se puede encargar solo un deseo? Elin, con los ojos desorbitados, pronunci intimidado.

Solamente uno, lo ms importante  afirm el padre  Por eso, m?ralo bien antes de que le pidas algo.

?Puedo pedirle una patineta autntica? Es que la m?a, hecha de una tabla y cojinetes, la vienes reparando cada d?a.

Ya no se puede, es que me has contado lo de tu deseo recndito, y yo te advert? que lo guardaras en estricto secreto.

?Es que t? eres mi pap! se ofendi el ni?o resentido, intentando clasificar y ordenar en la mente sus innumerables deseos seg?n el grado de importancia de estos.

Tales son las reglas. Yo no las he ideado. Son como las normas de trfico. Si no te gu?as por estas, entonces obligatoriamente sufrirs alg?n accidente. El hombre como tal debe subordinarse a ciertas normas. De otra manera, simplemente no podr sobrevivir. ?Lo has comprendido? As? que apres?rate, ap?rate. Y no olvides echar la moneda en el hueco, en el centro de la cueva. Vers adonde tirarla  all? en el fondo hay cantidad de monedas.

?Resulta que el Santo Cristbal necesita dinero? Pregunt desconfiadamente Elin.

Todos necesitan dinero. Pero no lo aceptar de todos los deseosos. Solamente de aquellos que lo merecen. No le importa cunto dinero has dejado  es que uno puede dar cien pesos y otra persona no juntar un centavo siquiera. l tomar el dinero de los que de verdad quieren a su pa?s y obedecen a los padres.

?Y si yo quiero mucho a mi pa?s, puedo encargar un solo deseo o varios? ?Aunque sean tres? Elin se puso a regatear el derecho de encargarse para s? una nueva bici china a cambio de la patineta, del machete de juguete, que brilla en la oscuridad en una funda de cuero, y un enorme Mickey Mouse de peluche. O, siquiera, un Batman mecnico, en el caso de que todos los Mickey Mouses se hayan agotado. Si no, por si acaso hasta podr ser aprovechado un Mickey de plstico peque?o como el que tiene Lorencito.

No, solo un deseo  se oy una respuesta severa.

?Puede ser que aqu? en las cercan?as haya otra cueva? tal variante retorcida ofrec?a Elin a su padre.

En las cercan?as hab?a solo manglares intransitables  lo comunic en manera implacable Juan Miguel.

Eliancito deca?do de nimo, pasaba pisando de una piedra a otra, se encamin lentamente hacia la cueva. El padre que ten?a el ce?o fruncido y el t?o Pedro sonriente quedaron al lado de la lancha.

Estando dentro de la cueva, Elin se qued aturdido, mirando las paredes porosas de las cuales colgaban bloques de piedras. En el fondo del peque??simo hueco, en medio de la cueva, en el agua cristalina brillaban las monedas de diferentes pa?ses. Elin se sent por un momento en la ?nica piedra plana pulida por el agua, cubierta por algas y musgo. Qued muy pensativo.

?Qu hay que pedirle al Santo Cristbal? ?Por qu estableci tales reglas severas, permitiendo pedir un solo deseo, el ms ?ntimo que haya? Eliancito reflexionaba calladamente hasta que no hubo sentido que de la humedad de la cueva empez a acalorarse. Entonces, el chiquillo se levant decididamente de la piedra plana, se arrim a la pared y tapando la boca con la mano, susurr:

Santo Cristbal hasta el momento no puedo elegir de todos mis deseos lo ms importante, y por eso quiero pedirte que hagas lo siguiente Hazlo de tal manera, que yo vuelva aqu? obligatoriamente. Para ese momento lo habr examinado minuciosa y debidamente lo que yo quiero ms de todo en el mundo. Cuando vuelva a estar aqu?, te pedir un solo deseo

El ni?o sali de la cueva empapado de lgrimas.

?Qu ha ocurrido? sin entender algo, pregunt el padre. Dej escapar mi deseo  sollozaba amargamente Elin  le ped? al Santo Cristbal solamente poder volver aqu?.

?Volver? Repiti tras el hijo el padre  un deseo excelente  poder volver. ?Y qu te ha apesadumbrado as??

?Cmo es que no lo entiendes? Resulta que no recibir nada. Volver simplemente y todo. No tendr ni la bici, ni a Mickey Mouse, ni el machete con una funda de cuero Chorreaban las lgrimas de los ojos.

El padre estaba desconcertado. No sab?a qu hacer para calmar al hijito.

Esprate, esprate  intervino en la conversacin el ingenioso t?o Pedro  ?Qu tienes en la mano?

Eliancito abri el pu?o. Brill una moneda de veinte y cinco centavos, que se la hab?a dado su padre antes de visitar el refugio secreto de los corsarios.

Conforme a las reglas, la peticin entra en vigor solamente despus de que se haya pagado el impuesto al Santo Cristbal. Si el dinero no ha llegado al destino, quiere decir que t? no has pedido el deseo  el amigo del padre pronunciaba be por be, acariciando el bigote  Lo que t? has pedido acerca de volver aqu?, el Santo Cristbal lo considera obligatorio para cada uno que viene a visitarle.

?Cmo es eso? sin creer a?n en su dicha, pero ya sin llorar grazn Elin.

De este modo  continuaba don Pedro, encontrando nuevos argumentos  Pero si t? no volvieras para agradecerle por haber cumplido tu deseo  eso, s?, ser?a malo. Si la persona est muy agradecida, pues, esta puede volver hasta cien veces aqu?. Y a?n ms, si no se ha definido qu es lo ms importante para ella.

?Hurra! Grit Elin, alegrando de tal forma a Juan Miguel  ?Pues, volver  esto no es un deseo!

Es tu derecho legal  afirm Pedro.

Antes de que pusiera rumbo al oeste, don Pedro ech el ancla cerca de un faro. El sol iba ponindose, hab?a una plena bonanza, y los amigos decidieron refrescarse. El t?o Pedro tom un salvavidas de la caseta de timn y lo tir bastante lejos al agua. Yo tambin quiero nadar  balbuce lastimosamente Eliancito.

Ya hab?a ca?do la noche.

A los ni?os les est prohibido ba?arse en alta mar  se lo prohibi el padre, y salt al agua. El siguiente en lanzarse de a bordo fue el t?o Pedro.

Este largo rato estuvo sumergido en el mar, solamente al cabo de unos minutos se vio aparecer su cabeza calva sobre la superficie del agua. Juan Miguel cubri unas cincuenta yardas a estilo libre, y luego ven?a nadando atrs, valindose del estilo braza. Apoy las manos en la lancha y quiso empujarse de ella para ver cmo ser?a su estilo mariposa, pero unos brotecitos de alarma surgieron en su subconsciencia. A bordo reinaba un silencio sospechoso. Eliancito no emit?a ni un sonido. Es que no pudo ofenderse hasta tal grado

?Elin! llam el padre.

Silencio en respuesta.

?Eliancito! Grit en voz alta Juan Miguel  ?No bromees as?!

Nada se oy. Ni una palabra.

?Juan Miguel! ?Est a veinte yardas tras la popa! ?Rpido! las palabras proven?an de atrs. Lo dec?a a grito pelado Pedro, el cual advirti al ni?o en el agua y este se agitaba desesperadamente. El salvavidas ya iba volando en esa direccin y cay unas diez yardas ms lejos del chiquit?n. Eliancito lo vio caer, pero ya no estaba en condiciones de seguir a nado hasta ese lugar. Se ahogaba y, adems, no pronunciaba ni un sonido.

El padre se precipit en ayuda del hijo. Entre l y el peque hab?a unas treinta yardas y el salvavidas. La distancia iba disminuyendo. Pero las fuerzas de Elin se agotaron completamente El corazoncito traqueteaba como una ametralladora que ronca. La pierna derecha estaba acalambrada. Y pap no estaba a su lado

En ese momento, de repente, no se sabe de dnde, emergi el salvavidas. l lleg solo hasta all?. Quedaba solamente agarrarse a l. As? lo hizo Elin. Todo Est fuera de peligro. Fue su padre el cual, con todas las fuerzas disponibles, hizo impulsar hacia el ni?o el salvavidas y este en unos instantes estaba al lado del ni?o. Luego se aproxim nadando Juan Miguel y lo llev tirando con el salvavidas hacia la lancha. Estando ya a bordo, el padre lo abrazaba, lo besaba, lo secaba con una toalla, repitiendo:

Querido m?o, hijito m?o

El t?o Pedro con gran aplicacin se puso a arrancar el motor, gimiendo y blasfemando.

Perdname, por favor, ti?to  resoplaba por la nariz el chicuelo ya recobrado del choque.

Pero el padre, parece, no le guardaba rencor. A cambio, le acariciaba la cabeza y se reprochaba de lo ocurrido:

?Por qu pas eso? No me lo habr?a perdonado Si

Es extra?o  pens en ese momento el golfillo  Pap, posiblemente, me castigar despus por la desobediencia.

?Travieso! refunfu? por entre los bigotes el t?o Pedro, poniendo el rumbo al oeste. Elin ya echaba de menos a su mam, a las abuelas Raquel y Mariel, a Crdenas con sus casas de varios colores y las calles asfaltadas, llenas de carruajes con traccin equina, los ciclistas que giran las miradas despreocupadamente y la chiquillada intranquila.Hacia la noche las olas crecieron mucho y, mirando la nube que se avecinaba, pap tom la decisin de pernoctar en la casa de Pedro:

No se puede bromear con el ocano, especialmente, cuando te advierte la posibilidad de haber mal tiempo y la aproximacin de una posible tormenta. Llegaremos a Crdenas ma?ana.

Qu d?a magn?fico ha sido. Espero que pap no se haya ofendido y obligatoriamente volveremos juntos

Habiendo salido al patio de su modesta vivienda, Juan Miguel aspir a pleno pecho el aire fresco y, echando una mirada al embate de colores celestes, qued entusiasmado de lo visto. Hoy es un d?a hermoso. Justamente como para volver a visitar inesperadamente al buceador Pedro.

Al otro lado de la calle l advirti la figura corpulenta de do?a Marta. Juan Miguel le grit: Buenos d?as. La mujer casi no reaccion al saludo del vecino, haciendo una leve inclinacin de cabeza, pas rpidamente a la puerta de su casucha. La se?ora ya antes no expresaba el deseo de conversar, por eso a Juan Miguel no le sorprendi nada esa rareza en su conducta. l tambin volvi a casa para llevarle a la cama el caf con bocadillos a Elizabeth. Se le olvid que estaban oficialmente divorciados. Es que l tiene a Nersy, y Eliz tambin, seguramente, tiene a alguien. Que sea feliz con el otro, ya que entre ellos no hubo nada

Ambos dorm?an  dos personas queridas por l. ?Podr haber algo ms valioso en todo el mundo? Aqu? est el hijo, su vida y felicidad para el padre. Y all? Eliz, la mejor mujer de Crdenas. Mejor dicho, de todo el municipio de Varadero, y, quizs, de toda la provincia de Matanzas. l la tiene a ella, una mujer con la cual est divorciado. Y nada podrs hacer. Nunca ser como antes. En sus relaciones desapareci el sexo, pero qued el amor. Eso ocurre entre las personas

l respeta sus opiniones. Cree en ella y por eso siempre fue fiel con Eliz. Cierta vez le confes su adulterio. Probablemente, fue algo est?pido e injusto respecto a ella. As? se lo dijeron unnimemente los amigos Se divorciaron, pero no se separaron. Puede ser que pronto y vivirn separadamente, pero, acaso, podrn estar largo tiempo sin verse el uno al otro. S?, habr que acostumbrarse a esta idea y aceptar lo inminente, no existe ms una muy plena y completa familia. Hay solamente unos buenos recuerdos y un vac?o. Este que ha de ser llenado con la vida futura. Solamente este nicho no deber?a ser ocupado por la vanidad, la que siempre est tirando a expulsar lo ms valioso que hay en la vida, el amor verdadero.

No quisiera uno pensar en lo amargo. No pod?a encontrar una solucin, creyendo que el tiempo se lo dir?a, cmo deb?a actuar. Todo se arreglar?a. No pudo hacerla feliz. Sigue querindola, aunque tiene relacin con otra mujer. Aqu? est su contradiccin. Su cruz que la lleva a cuestas. Ama a una, pero quiere con ardor a la otra. La ama, porque son almas gemelas; compart?an sus sue?os en una cama. La quiere, por el hecho de que ella dio a luz a Elin

?Eh, levntate, dormiln! T? mismo me pediste que te despertara ms temprano. ?O te has olvidado que deber?amos ir a Camag?ey?



* * *



A principios de los noventa, despus de desmoronarse el campo socialista, Fidel Castro orden que debiera sobrevivir.

La brusca reduccin en el intercambio de mercanc?as con los ex aliados impact en Cuba mucho ms fuerte que el embargo de los yanquis. El pa?s donde dominaba el monocultivo, donde no crece nada, salvo la ca?a de az?car, el caf y el tabaco, perdi los mercados de suministro.

Fidel, amigo de las paradojas, encontr varios mtodos capitalistas de ayuda al socialismo, gracias a los cuales Cuba pudo resistir. Introdujo la libre circulacin de divisas, permiti funcionar a las peque?as empresas y empez a atraer a inversionistas extranjeros en el rea del turismo. Adems, el estado manten?a en sus manos las carteras de control de todos los hoteles. Hasta permiti a sus irreconciliables enemigos ideolgicos, a la dispora de Miami, enviar dinero a sus familiares a Cuba.

Pronto Castro cre una alianza pol?tica con Hugo Chvez, l?der venezolano, que escap de la tutor?a de los EE.UU., despus de sentir las crecientes ambiciones imperiales de Rusia, copiadas del modelo de la pol?tica internacional de la Unin Sovitica, l concibi que los buenos viejos tiempos estn retornando. Predecir esto no era tan fcil, pero los experimentados ajedrecistas deben tener a su alcance numerosas jugadas adelantadas. Los yanquis se precipitaron a dar por perdido al Barbudo. Pero no fue as?.

Primero, Fidel ayud a su amigo Chvez a comprar a los rusos una partida de cien mil fusiles de asalto Kalashnikov. A ninguna persona en el mundo le surgi duda alguna contra quien estar?an apuntados esos ca?ones, la mitad del territorio de Colombia se hallaba bajo el control de los guerrilleros. Muchos de los Comandantes de los rebeldes se cubrieron de barro por las relaciones con los capos de la droga de Cali y Medell?n. El peso y la influencia de Castro en la regin disminuyeron en el per?odo del principio de los noventa. Hay que decir, se reanimaron y con cada a?o, iban creciendo enormemente.

Fidel en este sentido parec?a ser el ave Fnix, el que siempre est en vela y despejado. Hasta cuando todos en torno suyo duermen y estn algo loqueados, y, puede ser, especialmente en momentos como estos

Naturalmente, los fanticos de los coches en Cuba se mov?an en carcachas y las amas de casa miraban los antiqu?simos televisores. Sea como sea, la mayor?a de la gente estaba dispuesta a sufrir las incomodidades domsticas y la muy larga parada en los a?os cincuenta, ya que Fidel personificaba la mentalidad de los propios cubanos. Eran pobres, pero una nacin orgullosa. El gu?a se fusion con el pueblo y se arm de su principal dignidad, el amor a la libertad. ?Son palabras altivas? Probablemente. En especial, si tomamos el hecho de que la dignidad de los ciudadanos del gran y potente pa?s de los Sviets, que dejaban caer la lgrima al o?r el himno nacional y ver como izaban la bandera con la hoz y el martillo, no pudieron resistir a un par de tejanos Rifle y a un trago de Coca-Cola de una botellita de relieve de vidrio.

Puede ser que los cubanos estn hechos con otra pasta, amasados en condiciones de un verano eterno y la esclavitud todav?a fresca no se ha borrado en la memoria. Aunque, lo ms probable ser?a, que son ellos las ms corrientes personas como todos los pueblos que habitan el planeta.

Simplemente respetaban a su Fidel, es que ante l se inclinaban todos los enemigos. No se retiraba de l solamente la vejez, precursora de la muerte.

Todo el mundo solamente hablaba de una posible revancha, cuyos planes fraguaban los yanquis, los antiguos due?os de Cuba. ?Pero quer?an los cubanos el retorno de la dictadura de t?teres, latifundistas, oligarcas, mafiosos e inmigrantes, que se han achanchado, cebados por los norteamericanos? Claro que no. Lo que se refiere al debilitamiento de la opresin, el levantamiento del bloqueo y las sanciones econmicas, eso es aceptable. Pero no ha de haber ninguna restauracin de los viejos rdenes.

La muerte de Fidel, indudablemente, podr servir de impulso a variar la r?gida pol?tica de Estados Unidos respecto a Cuba a favor de una menor opresin. Sin embargo, no hay que enga?arse respecto a lo dicho y enterrarse en ilusiones acerca de que la mayor?a de los cubanos desea la muerte de la persona, a la que respeta. Sinceramente, ser?a el punto supremo del cinismo.

Tales ilusiones pod?an haber nacido solamente en las costas de Florida, en el balneario de Miami en expectativa del desenlace de un espectculo muy alargado, cuyo fin inevitablemente tendr lugar con la prdida de Fidel, de su capacidad de obrar, o, lo que saboreaba la inmigracin pol?tica de Miami, con el pronto fallecimiento del l?der de los comunistas.

A contrapeso el mdico personal de Castro expidi solemnemente un veredicto prestigioso relacionado con su paciente de alto rango. Quitando sudor de la frente, el maestro asegur a todo el mundo con esta conclusin: ?Fidel llegar a vivir hasta los ciento veinte a?os! El esculapio, probablemente, qued pasmado de una declaracin tan audaz, pero se la hizo pasar a l y pidi cortsmente que la leyera el propio jefe del ms influyente servicio de investigacin de Cuba  DI[8 - LaDireccin de InteligenciaoDI, anteriormente conocida comoDireccin General de InteligenciaoDGI es el principal organismo estatal deinteligencia del Gobierno deCuba (https://es.wikipedia.org/wiki/Cuba).]  Jos Mndez Cominches.

En cuanto a la medicina, en Cuba confiaban. Y no solamente porque es gratis y accesible para todos. Simplemente, en realidad, es la mejor en toda Amrica latina y puede competir con los fabulosamente caros tratamientos en Occidente.

Todo lo positivo de la sanidad p?blica de Cuba Juan Miguel y Elizabeth lo pudieron apreciar en plena medida, cuando despus de unos intentos infructuosos de tener un ni?o, al fin y al cabo, lograron alcanzar lo deseado, y con ayuda de los mdicos de La Habana apareci el fruto de su amor y heredero del linaje, el peque?o Elin.

Esto tuvo lugar despus de tener siete abortos, unas decenas de consultas, investigaciones en el servicio gentico en el hospital Ramn Gonzlez Coro. ?El octavo embarazo condujo a alcanzar la meta deseada  el 6 de diciembre de 1993 entre Juan Miguel y Elizabeth, oficialmente divorciados, pero que viv?an bajo un mismo techo, naci un ni?o sano!

Padre y madre Por fin, se han hecho padres. No pod?an apartar la vista del pituso envuelto en pa?ales con las cejas pegadas. Era muy dif?cil creer que esta diminuta criatura hace poco se mov?a en la barriga de Eliz. Los dos estaban locos de alegr?a. El mu?eco era la encarnacin del sue?o de ellos. Pertenec?a de igual manera a los dos. Ambos se sacrificar?an, si se necesitara algo para este ser indefenso.

Eres una verdadera hero?na  as? alentaba Juan Miguel a la a?n dbil Eliz. Su cara despus del parto estaba cubierta de peque??simas pintas  debido al parto, se reventaron numerosos vasos capilares. Se sent?a cohibida de su apariencia impresentable y, adems, de que hubiera engordado tanto. ?Qu tonter?as! Nunca antes Eliz hab?a sido tan guapa. As? francamente lo cre?a su ex marido. Cuando ellos se conocieron, la chica apenas hab?a cumplido catorce a?os. Quin sedujo a quin, es una pregunta problemtica. Elizabeth, muchachita animada, siempre lograba alcanzar lo que quer?a. Juan Miguel era el primero y ?nico varn en su vida. Para Cuba, donde los criterios de edad tienen sus espec?ficos marco. Esa relacin sexual tan temprana se consideraba, si no una norma, ya establecida, entonces habiendo un acuerdo mutuo y si no se manifiestan en contra los familiares, era algo habitual y com?n. Inicialmente sus relaciones se llenaron de pasiones irresistibles, que desembocaban en inolvidables placeres de la carne. Al correr los a?os, el ardor sexual se relaj, y los sentimientos se transformaban en algo ms prximo serio y maduro.

Eliz quer?a tener una familia normal, quer?a ser verdaderamente una mujer adulta, ser madre. Juan Miguel so?aba de la misma manera que su esposa.

Se festej un casamiento modesto, los dos sin demora se pusieron a cumplir las tareas planteadas  dar a luz a un ni?o. El tiempo pasaba volando, pero la criatura no quer?a nacer. El sexo de manera gradual adquiri un carcter de trabajo minucioso, cuya finalidad era tan noble y generosa que ya ni hablar de la concupiscencia.

La seriedad de las intenciones empeoraba la ilusin ligada a los permanentes fracasos. El miedo ante el sucesivo aborto conllevaba a los dos a un estado de desesperacin. Cada intento de iniciar todo desde el principio finalizaba con un nuevo fiasco.

A Juan Miguel y Elizabeth transcurridos ocho a?os tensos y, siendo este un per?odo poco feliz, ya no les hac?a falta explicar qu significaba la imperfeccin y el sentimiento de perdicin irremediable.

Muchas familias en todos los rincones de la tierra padecen de un ansia similar, repitindose esta de a?o en a?o en intentos fallados de tener un angelito. Algunos hallan el motivo para re?ir y llevan el asunto hasta el divorcio, ocultando la causa verdadera con las habituales frases: No nos llevbamos bien. Otros caen en una depresin horrible y buscan formas de relajarse en ligues romnticos fuera de la casa. Algunos, a semejanza de Juan Miguel y Elizabeth, al haber perdido la agudeza de la pasin carnal, siguen yendo hacia la meta, costara lo que costara. En el caso de que la alcancen, ellos sern los seres ms dichosos del mundo.

Se concentraron en lo ms importante. Juntos alcanzaron el fin. Su peque Eliancito  un ser vivo, su hijito querido  se hizo ciudadano del pa?s, al cual los dos lo quer?an con locura.

En ellos hab?a tanto de com?n. Si lo hubieran comprendido antes, no habr?a ocurrido lo que tuvo lugar seis a?os despus de nacer su criatura



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La polic?a encontr rpidamente a Lzaro. Decidieron arrestarlo directamente a la salida de la discoteca La Rumba  meca de la reserva tur?stica de Varadero.

La entrada aqu? a las cubanas, que se dedicaban a la prostitucin, se les estaba prohibida rotundamente. Se las arreglaban para pasar el cordn de seguridad, yendo tomadas del brazo de alg?n novio cubano

Lzaro interven?a en esta ocasin como cortejador de Yoslaine, una mulata exuberante con colmillos de oro. Las lechuguinas habaneras no se olvidaron de adquirir este atributo de estilo, tomado de los videoclips puertorrique?os y de Miami, y difundir la moda de estas coronas de oro a todas las grandes ciudades, desde la capital tabacalera Pinar del R?o hasta el carnavalesco Santiago y la colonial Trinidad.

La tarea de la parejita era simple. Primero, pasan a la discoteca, aparentando ser unos enamorados. Luego, la mulata encuentra a un extranjero y se pone de acuerdo en reunirse con el cliente en la calle. Lzaro se la lleva del club y la acomoda en el coche del turista. Ella le entrega diez pesos convertibles por el servicio, de los cuales dos llegarn al pico del guardia. Todos quedan satisfechos.

Lzaro Mu?ero Garc?a en ms de una ocasin se vio realizando tales negocios. Los guardias de La Rumba le reconocieron y uno pod?a notar en estos una alegr?a prudente, ya que esperaban recibir una propina.

La parte principal del trayecto de la puta  que se extend?a en torno a la pista de baile, llena de un p?blico variado  ya se hab?a superado. Lzaro hasta tuvo tiempo de apurar tres copas de cubalibre. Lo bueno es que la entrada la pag la compa?era.

No se puede decir que Lzaro haya agarrado una borrachera hasta la insania, pero su natura bronquinosa empez a mostrar actividad en busca de cmo usar las maniobras de judo, aprendidas a?n en el colegio. Sin embargo, la sed de dinero fcil y el miedo ante una docena de miembros de la seguridad apag el inicio de un escndalo.

Pero se verti hacia afuera la pasin del eterno discutidor respecto a las disputas. Dicen que en la discusin nace la verdad. ?Y si ambos discutidores estn seguros en que sus justificaciones son correctas y no toman en consideracin los argumentos del oponente? Los expertos aseguran que en tales discusiones muere la verdad

?Actuando as? vas a buscar largo tiempo a un cliente! Lzaro vocifer con irritacin a Yoslaine, pegada a la barra esperando a alg?n turista simptico. No quisiera entregarse a un bebedor, un gordinfln o un monstruo.

As? no se hacen los asuntos  incitado a largas peroratas con el cctel de turno de ron blanco y cola, continu Lzaro  hay que buscarlo no entre los jvenes juerguistas, los cuales arden por bailar. ?Estos pueden bailar con frenes? un par de horas, sin pensar en una chica! Ah? hay dos. Estn sentados con un fin muy concreto  enganchar a alguien. ?Quieres yo mismo se lo explique a ellos? Solo el precio por mis servicios se duplicar. ?De acuerdo? Un billete de veinte. ?OK?

Ponte de acuerdo mejor con tu Elizabeth. ?Cmo es que te aguanta? hizo pasar tras los dientes Yoslaine  ?Sabe ella que t? eres un animal ordinario?

Eres tan audaz porque aqu? todo est lleno de vigilantes dijo rabiosamente Lzaro Y si no, te meter?a tu leng?ita aguda en aquel ?nico lugar, al cual est destinada.

S?, un animal ordinario repiti Yoslaine, sonriendo al mismo tiempo a un italiano. Aquel de manera extra?a reaccion a la sonrisa y los gestos de llamada de la mulata, y eso bast para concluir que era gay.

Primero, no es ella la que me aguanta, sino yo la aguanto. Soy seis a?os menor que ella y yo soy un guapetn  continu, hacindose un reclamo con aplomo, el ex barman  Segundo, est loca por m? y est segura de que yo la amo.   ?Le has pegado ya alguna vez? era una pregunta normal respecto a Lzaro.   No  contest l.

Entonces, ella tiene dinero o algo imprescindible que t? necesitas tanto  la ramera hizo esta conclusin  claro, naturalmente, es camarera en Varadero. ?Te alimentas a costa de ella!

Estoy en condiciones de sustentarme  no lo acept Lzaro.

S?, pero solamente a expensas de las mujeres o asuntitos turbios.

?Esto lo est diciendo una ramera ordinaria!

Se lo est diciendo a un jinetero.

?Muy pronto le meter ca?a, chuchas vendibles!

?Volvers a largarte a Miami y luego volvers a la crcel? ?Ella sabe que t? estuviste de manera ilegal en los EE.UU., que te agarraron y ahora te encuentras bajo la vigilancia de la polic?a?

Lo sabe.

Lo dudo mucho Aunque las agujas en un costal no se pueden disimular, y t? eres una aguja verdadera, tratas de emplastarte en disgustos y arrastrar as? a los que te rodean.  ?Tonta! ?Soy el muchacho ms perspectivo en toda la comarca! Cuatro meses me las pas tomando el sol en las playas de Miami Beach. ?Sabes lo que he comprendido yo? ?Aqu? no tengo nada que hacer! Aqu? soy un elemento antisocial, eso soy yo. Escoria de la tierra. Criminal. Parsito. ?Cmo los odio a todos!

?Para qu has vuelto, entonces? ?Para que los guardafronteras te acogieran y te encarcelaran? ?Para que luego te rescataran con dinero de las rameras piadosas?

He vuelto porque en aquel sistema es dif?cil lograr xitos si no posees un capital inicial. Empezar siendo lavaplatos no es para m?. Esa profesin podr quedarse contigo para siempre. El primer dinero puede ser ganado aqu?. Mejor dicho, con ayuda de aquellos que residen aqu?, pero all? tienen familiares ricos. T? les ayudas a ellos  estos te ayudan a ti.

Robar es lo ms fcil y menos peligroso  como si lo estuviera viendo Yoslaine, la cual sol?a ratear a los clientes.

Esto son minucias  iba expansionndose el pobre hombre de negocios, estando ya bien mamado  voy a tener una flotilla entera que se dedicara al traslado ilegal de los cubanos a Miami. Ni siquiera voy a surcar las aguas del golfo de Florida. Solamente acanchar buques, contratar equipos y recoger dinero de los ricachones norteamericanos por el traslado desde Cuba de sus desdichados parientes.

?No tienes miedo? Es que soy miembro del Comit de Defensa de la Revolucin  la chica no se sorprendi ni un pice al o?r los grandiosos planes de Lzaro, pero, como de costumbre, no los tom en serio

 En realidad no hab?a nada que pudiera asombrar a uno con tales proyectos. El embargo y las limitaciones de visas de Estados Unidos para los cubanos hac?an imposible el trfico legal al para?so a tales personas como Lzaro Mu?ero.

En primer lugar, a tales tipos nunca les dejar?an pasar los suyos  Fidel Castro dispon?a de su propia lista para casos de esta ?ndole. En segundo lugar, no quer?an admitir a tal categor?a de refugiados en el otro lado del mar  ?a quien le hace falta un individuo con reputacin de criminal!

Sin embargo, los norteamericanos no hab?an tomado en consideracin algo muy importante. Hasta, mejor dicho, no contaron la cantidad de aspirantes, los cuales saltar?an a chorros al pa?s de las mil maravillas, si el t?o Sam abre las compuertas. Aunque no sean oficiales. Pero, naturalmente, nadie en Norteamrica empanzada pudo prever la reaccin del Comandante a la acogida cordial de los estadounidenses a los migrantes ilegales, provenientes de su Isla. En el a?o 80, se registr algo extraordinario  como piedra ca?da del cielo, cuyo nombre es Mariel 

Actuando en el cauce de su pol?tica de descreditar el rgimen dictatorial de Castro, y flirteando con la dispora cubana de Florida, que iba cobrando fuerza, los yanquis recib?an con los brazos abiertos a todos los fugitivos de Cuba. A todos, los que lograban alcanzar las costas ilegalmente, en barcazas robadas, peque?as improvisadas embarcaciones, en balsas, botes, lanchas destartaladas y yates rechinantes, hasta en los aviones de pasajeros, tomados por la fuerza.

Aquellos, a los que antes les negaban las visas en los propios EE.UU., comprendieron que obtendr?an lo deseado, si iban a empu?ar las delincuencias so pretexto especioso de heterodoxia. A los que pisaron la costa disfrutable de Florida, ciudadanos de Cuba, inmediatamente los sub?an hasta las nubes como refugiados pol?ticos, les conced?an cartas de ciudadan?a, trabajo y subvenciones.

Ah? es cuando sucedi un caso imprevisto. La finalidad de mostrar a todos los norteamericanos, que el socialismo es el mal ms all de los l?mites, que de este todos huyen, ligada a una idea fija de hacer una mala jugada a Fidel personalmente  todo esto en conjunto fracas. Fidel abri el puerto Mariel para todos los aspirantes a abandonar la isla. En total hubo 125 mil personas

A Florida se precipitaron todos los que tomaban por asalto las embajadas extranjeras, abrigando la esperanza de acelerar su partida de la Isla de la Libertad al continente norteamericano, ya que este era el sue?o de ellos. La mayor?a de estos no sab?a que tendr?a por delante so?ar con una suerte mejor, fregando los pisos y lavando los platos a los nuevos due?os. Iban a hablar de la Libertad sin haberla conocido y perdindola para siempre. En efecto es libre solamente el que se siente libre dondequiera. No se sent?an libres en su patria, los EE.UU., mientras tanto, te daban una oportunidad, pero no a todos. Pero dif?cilmente, en la categor?a de selectos figuraban los que nunca habr?an evaluado la libertad, ya que no la habr?an comprendido. Los que de manera incondicional la aceptar?an perdiendo la libertad por un tarro de mermelada y una cesta de galletas.

Junto con los disidentes, a los ms escarceadores de ellos con motivo de este caso hasta los soltaron de los manicomios, Castro embarc en las barcazas a miles de criminales, a los que se cans de alimentar en sus crceles.

Las autoridades de inmigracin se llevaron las manos a la cabeza, pero ya era tarde. La descomunal marea que trajo la escoria inund las calles de Miami, complet las filas de los pordioseros y los marginales, y al mismo tiempo las bandas callejeras, las corporaciones de asesinos y los sindicatos de narcotraficantes. Solo los hermanos Castro habr?an podido meter en un pu?o a los gnsteres cubanos.

Miami se hizo el cielo en rejas para los bandidos ambiciosos de origen cubano en muchos casos, pero ya en una crcel del T?o Sam, o una necrpolis. Para algunos este lugar se convirti inicialmente en un trampol?n para una rpida ascensin a los superiores eslabones de la jerarqu?a criminal, y solamente despus se hizo necrpolis. El final, en esta ocasin, ya lo tienes dise?ado y vaticinado, como el fin de la pel?cula hollywoodense El precio del poder con Al Pacino, siendo este el capo de la droga Tony Montana, que no reconoci bajo la influencia de la coca?na su mortalidad propia, hasta habindose ido al otro mundo.

Como resultado, los senadores y congresistas, los que cabildean los intereses de los oligarcas y latifundistas que perdieron sus bienes en Cuba, no pudieron hacer la mala jugada a Castro. Y, entonces, con pocas ganas, anunciaron un armisticio temporal, aumentando la cuota de visas. Se redujo la cantidad de migrantes ilegales. Pero hasta cierto tiempo. La paz entre la Cuba socialista y el pilar del mundo libre, Estados Unidos, como tal no pod?a existir.El embargo no ha finalizado. Ven?an turnndose las generaciones de cubanos en condiciones de un embargo incesante. Las numerosas sanciones econmicas hac?an endurecer al pueblo, formaba en la gente la diligencia y la parsimonia, pero al mismo tiempo estas ven?an creando a nuevos aventureros, dispuestos a aprovechar el dficit reinante en el pa?s. Lzaro Mu?ero Garc?a era uno de ellos. Su business project, desde el punto de vista de materializarlo en la vida, no parecer?a ser utop?a ni a los residentes habitantes del lujoso Miami, ni a los ciudadanos de Cuba, cansados del realismo socialista, que estn esperando el transfer prohibido a Florida.

Hay que destacar las dcadas de la confrontacin con la ms poderosa potencia, reforzaron a Fidel en la tesis de Lenin sobre la posible victoria de una revolucin socialista en un solo pa?s. Su esp?ritu, desmoralizado por haberse desmoronado el pa?s de los Soviets, se afianz a fines de los a?os noventa al adquirir un nuevo aliado en la persona del formidable Chvez. Lo que significaba que la guerra continuaba.

Los norteamericanos se encontraban en un estado de euforia, despus de ser destruida la segunda superpotencia, disfrutaban de plena impunidad, lo que significaba menospreciar a sus enemigos. S?, ellos aprendieron a derrocar reg?menes indeseables no solamente aplicando la fuerza de una intervencin directa, sino hasta valindose de revoluciones de colores. Pero no tomaron en consideracin que Fidel con el tiempo aprendi a adaptarse a nuevos y mejores cambios en el mbito pol?tico. Para la revolucin cubana, cualquier otra neoliberal era una contrarrevolucin  como se ha de portar con la contra en Cuba lo sab?an desde la derrota de los mercenarios, saboteadores y bandidos en la Playa Girn y en los macizos monta?osos del Escambray

 Lzaro midi a Yoslaine con una mirada furiosa, murmurando impulsado por una porcin sucesiva de ron:

?Ests hablando de que eres miembro del Comit? Yo tambin soy miembro.

No lo dudo siquiera  sonri la chica. Con el rabillo del ojo advirti aproximarse a un gilipolla con una gorra vasca de color verde oliva con una estrellita roja, con bigotes y una barba a lo Che Guevara. En un concurso de dobles, siendo este un pueblecito cualquiera, no tendr?a ningunas posibilidades de ganar un premio. Pero aqu?, el estado de embriaguez de La Rumba, lo identificaban como hroe.

Apenas hubo frotado un segundo el culo sobresaliente de Yoslaine, el imitador de Che le hizo soltar el humo del cigarro y le comunic que ella le gustaba mucho:

?Linda muchacha! ?Magn?fico! ?Admirablemente buena! ?Soy soltero, soy alegr?a!

De que ella era guapa, Yoslaine no lo dudaba. No necesitaba de los cumplidos de este frico, mientras, que el pseudo Che, que en el momento dado estaba solo, le conven?a. Se pudo averiguar que l, como el ?dolo favorito, es argentino, y est residiendo en un hotel de dos estrellas y eso no tiene nada que ver con que el portamonedas est vac?o, sino exclusivamente relacionado a la esencia del ascetismo de los guerrilleros.

Entrate, solo de manera cuidadosa, si tiene dinero  susurr al o?do de la puta el impaciente Lzaro.

No es un consejo de un chico, sino de un adulto  dijo rabiosamente Yoslaine, preguntndole a quema ropa al argentino. ?Tienes dinero?

Treinta pesos convertibles  le dio a conocer El Che.

Es poco  la puta balance negativamente la cabeza  ?Cuarenta!

En el hotel hay a?n  lo reconoci de pocas ganas el imitador.

?Ests con carro? ?Que pregunta est?pida, cmo el husped de un hotel de dos estrellas puede tener un coche! Bien, habr que tomar un taxi hasta el hotel. Te esperar en el coche. En Crdenas tengo una casa. Eso requerir de ti quince pesos ms. ?De acuerdo?

El argentino se puso a fumar un Coh?ba, imitando as? un ataque de asma. Luego, mostrando una fila alineada de dientes blancos, expres:

 ?Forever!

Hoy tendr que follar con un loco  coment el caso la muchacha Yoslaine.

El proxeneta hizo salir a la chica, y a un viejo conocido, que estaba a la salida, le entreg un peso arrugado. El taxista taciturno con una impenetrable cara de confidente precis la direccin del punto de destino. La verdad es que cuando el chfer vio al argentino con la imagen del Che comprendi que esta situacin no huele a propina. Tales idiotas pagan de acuerdo a las indicaciones del tax?metro. La chica ya hab?a empujado al Che en el saln y estaba dispuesta a zambullirse en l. Lzaro la par.

??Y mis diez?! manten?a fuertemente el asa de la portezuela.

Lo dejamos para despus  intent deslizarse la moza.

?Eso no estaba as? acordado! estando ya a punto de gritar, refunfu? Lzaro.

OK. Dame, por favor, diez convertibles a cuenta de mi honorario  se dirigi ella al argentino. Aquel no pudo extraer inmediatamente del bolsillo trasero del pantaln el billete arrugado y se lo entreg a la doncella.

Yoslaine descontenta le alarg el dinero a su gu?a, y despidindose le regal una mirada despreciativa.

Lzaro tom lo suyo, ech una risita nerviosa con la esquina de la boca, e invit a la se?ora al saln con un gesto de comediante con el fin de golpear demostrativamente la portezuela.

Todo fue as?. Golpe con la portezuela y arrim el billete arrugado a la nariz. Por lo visto, quer?a una vez ms cerciorarse de que el dinero, sin embargo, huele. En ese dulce momento una mano velluda, aplicando un brusco movimiento, arranc el muy arrugad?simo billete debajo del rgano olfatorio de Lzaro.

?Diablo!  maldijo a todo el mundo el jinetero desgraciado, concibiendo que le est tocando el brazo una mano fuerte y pesada, la del morrocotudo teniente Manuel Murillo. Este hab?a sido puesto a vigilar al ex barman despus de la prisin. Junto con el sargento Esteban de Mendoza los dos eran un par de polic?as conocidos en el distrito, a los cuales los llamaban Grande y Peque?o. Estos sobrenombres eran los ms neutrales de todos los apodos y motes, los cuales serv?an para denominarlos a sus espaldas.

?Hasta cunto puede jugar uno! solt con amenaza el teniente corpulento.

A Yoslaine y al mariquita infortunado, haciendo la imagen de hroe, lo estaba sacudiendo fuertemente el colega del teniente, el paticorto sargento Mendoza, cuyo sobrenombre ms injurioso era la palabra ba?o. Si pasaba a visitar a alguien, Mendoza ante todo preguntaba dnde se encuentra el cuarto de ba?o. Todos sin excepcin comprend?an que en el caso dado estaba buscando un retrete  el sargento padec?a de los ri?ones, cargado con urocistitis y hemorroides, con a?adidura. En cuanto a los detenidos siempre apuraba los asuntos, era una cosa hecha a la represin y muy concreto, dando el precio para obtener la indulgencia para esta.

Veinte  no le ced?a a la chica, al mismo tiempo convenc?a al argentino, que hab?a usurpado la imagen del Che, que en lo que se refiere a l no ten?a ningunas pretensiones y, adems, no dudaba que los veinte convertibles tendr?a que darlos el turista. Si no, a la palomilla nocturna de largas pernas la ha de acompa?ar al departamento el pernicorto guardador de la ley.

Sea como sea, el pseudo Che se despidi del ?ltimo billete que dispon?a de veinte pesos convertibles. Los dejaron libres. El taxi a toda velocidad se dirig?a al hotel barato y la chica se prometi no tener nunca ms relaciones con Lzaro Mu?ero. Este buitre desgraciado trae solo disgustos. Es como si atrajera desdichas. Donde est Lzaro, ah? siempre hay problemas

?Teniente, y yo qu tengo que ver? Ahora, cuando soltaron a la puta, ya no hab?a motivo de temer algo. ?No hay testigo, no hay delito! No estoy bajo arresto domiciliario, sino solo estoy bajo la vigilancia. ?Resulta que ya no puedo divertirme siquiera!

He aqu? lo que has conseguido, Lzaro  el teniente cerr las esposas en las mu?ecas del delincuente.

Helado, ?qu ha cometido este malvado? muy rpido pregunt el sargento Mendoza dirigindose al compa?ero. La cuestin es que Murillo, como millones de otros golosos, no era indiferente al riqu?simo helado cubano de Coppelia y no perd?a la oportunidad de comprarse un helado sin ponerse en la cola, utilizando la posicin oficial. A los peque?uelos, que les indignaba la conducta de Murillo, este les explicaba que estaba muy apresurado porque deb?a arrestar a un delincuente muy peligroso. Dos chiquillos suyos le pidieron a pap que les trajera helados.

A las presuposiciones razonables de los adolescentes acerca de que el helado de igual manera se derretir?a hasta que el polic?a lo llevara hasta sus ni?os, el sin prole Murillo contestaba que no habr?a tiempo para derretirse. l no taca?eaba en este caso, ya que se ingeniaba a exterminar la golosina como si fuera un meteoro. Necesitaba pocos minutos para acabar con los helados. S?, minutos porque, habitualmente, ya que l no se limitaba a dos-tres porciones. La cifra aceptable para Helado era seis. El teniente conoc?a a fondo los problemas de la urinaria y otras evacuaciones, y ya un a?o entero intentaba obtener en el Departamento de Polic?a a un nuevo compa?ero de trabajo, que no sea tan listo como el favorito de la jefatura, el sargento Mendoza. En su labor ingrata, el apresuramiento solamente causa da?o.

Este charanguero quedaba satisfecho con las menudencias y hasta no pod?a imaginar que en sus redes ahora qued atrapado un pez gordo.

Solamente el teniente Murillo, el que decidi que no val?a la pena dar a conocer el asunto a su socio, conoc?a de vista a Lzaro Mu?ero.

Mendoza, pasa por La Rumba  ah? hay un magn?fico cuarto de ba?o. Haz tus necesidades apremiantes, mientras tanto hablar con un viejo conocido.

Bien  sin pensarlo mucho, Ba?o se dirigi al club.

Ahora escucha, guapetn  haciendo una mueca terrible y, adems, empujando con el dedo ?ndice en el pecho del sospechoso, rugi a Lzaro el polic?a  Tu amiguito Julio Csar ya no tendr la oportunidad de ingresar en el Club de Cantineros. Aunque result ser un chivato de primera. Tu cmplice te entreg con los callos, y lo hizo como en la palma de la mano. Es as? como arreglaron el asunto con el alemn. Lo de Che Guevara es una buena jugada tuya  hay que acostumbrarse, ya que estars encarcelado en la ciudad de la guerrilla, en Santa Clara. Estars tras las rejas unos veinte a?os, como pol?tico. Un robo con allanamiento en un hotel es un sabotaje ideal contra uno de los art?culos fundamentales del presupuesto del estado. ?Sabes qu instrucciones nos cursan antes de montar la patrulla? Nos advierten que soplemos el polvo de los turistas. ?Y no ves eso? ?La polic?a vial no los detiene por exceso de velocidad, y hasta no los multan en el caso de conducir en estado de embriaguez! Nos tapamos los ojos a todo eso. Solamente que vengan de turistas al pa?s. ?Que traigan esas divisas malditas! ??Y t? qu ests haciendo?! Ests socavando. ?Eso es! ?Ests socavando! ?Pero lo sabes que ests socavando?

Al haber concebido que de improviso lleg el apocalipsis, la frente de Lzaro se cubri de sudor. Meneaba la cabeza de manera inadecuada, pero el teniente Murillo percibi esos gestos como respuesta negativa a su pregunta. ?No lo sabes! Cmo puedes saberlo Sern las bases Ests socavndolas. ?Crees drsela con queso a todos? Es que dispongo de informacin, que en aquella ocasin lograste alcanzar Miami. A todos les dijiste que hab?as ido de pesca. ?Es sabido que varios meses estuviste fuera de aqu?! ?Crees que somos tontos? Simplemente nos compadecimos de ti y de tu madre. ?Cmo nos agradeciste, bastardo! ?Puede ser que los gusanos de Miami te hayan dado una misin  saquear a los turistas en Varadero y en Guardalavaca, para reducir el flujo de extranjeros y debilitar la econom?a de la Cuba Libre?

Sultame, Manuel  implor sollozando Lzaro  tengo trescientos dlares Devolver el brazalete y la videocmara. Y la ropa interior

La conversacin iba adquiriendo para el se?or Murillo una forma espec?fica, comercial. Continuando de esta manera la conversacin se podr?a obtener un gran dineral Si no hubieran partido los huspedes alemanes de Cuba sin sus declaraciones, ya que el robo tuvo lugar un d?a antes del vuelo a Frankfurt, el teniente no se habr?a internado en las explicaciones del corriente momento pol?tico al proxeneta y alborotador incorregible, tal como era el detenido Lzaro Mu?ero. Pero las v?ctimas se esfumaron. El socio de Lzaro se derrumb, el ayudante eterno del barman Julio Csar, pudo haber denigrado al amiguito. Quin lo sabe. Le dieron unos buenos garrotazos, y este desoll al primero, que le vino a la mente, solamente para poder justificarse as?. Pues, hab?a que llegar a un acuerdo hasta que volviese Mendoza.

Hoy, de ti espero el brazalete y el dinero. La videocmara me la traers ma?ana. Hasta la ma?ana ya te habr fabricado una coartada veros?mil, lo que est balbuceando tu amigo Julio Csar no es admisible. No hay huellas dactilares tuyas, y solamente los alemanes podrn identificarte. A propsito, esto ha de ser lo ms dif?cil. Clmate, las declaraciones de los testigos son de mi incumbencia. Lo ms importante es que hoy ya habr que devolver a los burgueses aunque sea el brazalete y, tenlo bien claro, la lealtad del equipo de investigacin no es algo gratuito. En el caso dado, trescientas divisas no sern bastante para cubrir el asunto  se rasc la barbilla el bonachn simpatizante Murillo.

Esto es todo lo que pudo conseguir hoy  jur el ladrn esperanzado  el brazalete y el dinero lo tiene mi chica. Habr que pasar por su casa y traerlos. No est lejos, en Crdenas.

Vale, la pasta restante la devuelves luego. Tendrs que disponer aproximadamente de una suma como la de hoy. Hazlo sin apresurarte mucho. Me las devolvers al cabo de cinco d?as. ?Qu te parece? Solamente no ms tarde de los prximos d?as de descanso. Habr que hacerlo a tiempo  el domingo es mi cumplea?os. De tu parte un regalo.

Pues, me voy a buscar el brazalete y el dinero ?Manuel, puedes quitarme las esposas? Lzaro, al tropezar con la habitual manera corrupta de los patrulleros, gradualmente, iba recuperndose.

Mientras tanto permanecers esposado. En el coche no despegues la boca acerca de la conversacin sostenida. ?Comprendiste? le advirti severamente Murillo.

Lzaro hizo un gesto aprobativo.

En la oscuridad se vio aparecer la silueta de Esteban Mendoza.

?Qu decidiste hacer con este engendro? pregunt muy interesado el sargento.

Creo que no estars en contra de que hoy yo tengo merecidamente mis veinte convertibles. Aunque sea por la muy amplia informacin dada por este canalla  balbuce con refunfu?o Murillo, haciendo empujar al detenido al coche de polic?a  ?No tiene consigo ni un centavo! Tendremos que ir a la casa de su chica.

El coche emprendi la marcha hacia Crdenas.

 Lzaro se alegr al haberse enterado de que Elizabeth estaba sola en casa.

Y si Juan Miguel y Eliancito ya hubieran vuelto de Camag?ey  lo recibi con manera descontenta la adormilada Eliz.

?Vuelves a temblar de miedo ante el ex marido! Tengo problemas, cari?o m?o. ?Ves el coche de polic?a? Esta es mi escolta. Necesito dinero con urgencia. ?Lo devolver! Si no me ayudas, repito, aqu? llegar mi fin

?Qu es lo que volviste a hacer de mala gana? intimidada pronunci Elizabeth.

Dejmoslo para despus. Si no me ayudas, repito  aqu? llegar mi fin. Me met? hasta los codos.

?Cunto dinero necesitas?

Trescientos dlares.

No dispongo de tal suma.

Entonces, estoy perdido. Me metern en cana. La ?nica salida es untar las manos de estos bastardos Hurt a unos extranjeros.

A Elizabeth, de improviso, se le ocurri la idea de que el brazalete y la ropa interior, que le hab?an regalado el d?a anterior, todo estaba ligado de una manera muy estrecha. Lzaro sufri por ella. Pobre chico

?El brazalete? en este caso la intuicin no le enga?aba a ella. Y solamente la motivacin de su hroe se extend?a tras los l?mites de la compresin de la confiada mujer enamorada.

Lzaro refunfu? algo ininteligible, confirmando con su barboteo las suposiciones de Elizabeth.

Su amado est en peligro y ella puede ayudarle. Es que hay dinero en casa. Juan Miguel repet?a incansablemente que hasta en la actual situacin, tras el divorcio, ellos dispon?an de un presupuesto com?n y ella pod?a tomar de all? hasta toda la suma, actuar a su propio parecer. Una buena mitad de los ahorros eran las propinas de Eliz, juntadas durante casi dos meses. En la hucha secreta se acumularon unos trescientos dlares y algunas moneditas. Y el brazalete Eso simbolizaba ni ms ni menos que un desgraciado atributo de un mundo ajeno, casi csmico, quizs. Hasta al ponrselo en la mu?eca, le parec?a ser un cuerpo extra?o, la mente se negaba a reconocer la propia mano, anillada con una cara bagatela. Habr que devolvrselo

Estaba extrayendo el contenido del jarro secreto y con tejemaneje recontaba el dinero. ?Qu dir Juan Miguel cuando descubra en el lugar secreto solo unos pesos cubanos? ?Qu pensar? ?Cmo explicarle la desaparicin del dinero? ?Inventar algo? ?Decirle que les robaron, o dar a conocer lo ocurrido? ?Y luego qu? ?Y ahora qu? Los une solamente la criatura. Los dos lo comprenden bien. Nada puede volver a ser como antes, como no se puede reanimar un cadver

He aqu? el dinero y el brazalete  le tendi la suma necesaria a Lzaro y el objeto que le ard?a en la mano.

All? se encuentra eso Habr que devolver esa ropa interior  le hizo recordar el amante.

?Cmo no! Solt un grito Eliz y, un ratito despus, regres con un peque?o paquete  ah? lo tienes. Entrgales todo, que te dejen libre y todo.

l, sin agradecerle siquiera, se larg con los regalos devueltos y el dinero de una familia ajena a sus escoltas. Elizabeth qued sola compartiendo un pensamiento, no pod?a hacerlo de otra manera.

Habiendo entrado otra vez en su dormitorio, ech un vistazo a la mesita de noche abierta con el cajoncito extra?do, de donde un minuto antes hab?a sido sacado el brazalete robado. All? hab?a otra joya ms, un abalorio de semillas y conchas, el primer regalo de Juan Miguel. Lo tom en sus manos y la voz interna constat el hecho: Eso me pertenece a m? y es solamente m?o, y nadie me pedir que sea devuelto 

Pero la voz proveniente de la subconsciencia en ese mismo instante qued callada. Eliz puso cuidadosamente el abalorio en su sitio y cerr el cajoncito.

 El teniente Murillo, que hab?a dejado a Ba?o en el coche intercept a Lzaro en la esquina y se llev el dinero junto con el brazalete sin actas ni protocolos.

?Aqu? hay trescientos? Frunci las cejas el polic?a largo de u?as  no voy a recontarlos. Dispones los cinco d?as para anular la parte restante. ?Un brazalete y esto qu es? La ropa interior Se los devolver hoy mismo a los agredidos. Lo principal es que no te pongas a comentarlo. Lo de los alemanes, creo, que hasta ma?ana por la noche, todo estar arreglado, as? como la coartada tuya tambin. Punto final, ests libre Hasta ma?ana. ?Espero que la videocmara est en buen estado?

Murillo abri las esposas y Lzaro se lanz a correr de ese lugar.

Ahora estamos pagados. Ambos hemos cortado dos de a veinte convertibles  hizo un gui?o p?caro Manuel a Esteban.

Tu ganancia ser mayor que la m?a, amigo  le insinu el sargento a la picard?a de su socio.

Murillo se sali de sus casillas:

??Qu tienes en cuenta?!

?Pinsalo! ?Crees que no he visto como, a?n estando en ?La Rumba, le arrancaste a l diez pesos convertibles! Eso ser?a que del ex barman recibiste treinta pesos y no veinte. ?Me da igual, lo ?nico que yo no quiero es que me tomes por un papanatas! ?No soy un fracasado total!

?Vete a! escupi por la ventanilla el teniente, ya estando tranquilo. Ba?o pod?a contemplar solamente la punta del iceberg, lo m?nimo del asuntillo que hoy pudo arreglar Helado.

Los reveses de la vida. Lo que pudo ver Mendoza, result ser bastante para que en un futuro no lejano, cuando los agentes de seguridad empezaran la investigacin acerca de un asunto completamente diferente, en el cual tambin figuraba Lzaro Mu?ero Garc?a, acusar al teniente Murillo en actos de corrupcin:

No conoc?a visualmente a Mu?ero. Mientras que el teniente Murillo lo conoc?a ya que efectuaba la instruccin. l sab?a que aquel sospechaba en el robo de los turistas alemanes y lo solt por treinta pesos. Se vendi por treinta monedas de plata, Jud. Los colegas del departamento no dudaban que Murillo y Mendoza val?an el uno como el otro. Haciendo recordar una tarifa entera de apodos de los dos compa?eros inseparables, definieron unnimemente para evaluar la situacin de la manera ms oportuna posible, echando una broma muy precisa y certera en el vestuario:

Ba?o, por fin, defec ?Era helado!



* * *



Huir Huir. Y cuanto antes, mejor. En este pa?s maldito desde la infancia lo ?nico que hac?an era humillarle, expulsndolo de una de las escuelas, o de otra mientras que l simplemente defend?a su opinin, como pod?a

No importa que el casco sea viejo y el motor estuviera en las ?ltimas. Hasta Florida hay 90 millas. Las pasaremos cueste lo que cueste

Para la traves?a se alistaron siete clientes de pago. Dinero en vivo. Podemos llevarnos a la madre recin recuperada del infarto, al padre y el hermano. Ser?a bueno si llevramos a la criatura. Magn?fica idea. Correcto. Aunque sea para hacerle una faena a Dayana y a su madraza ciza?era, a do?a Regla. Nunca lo respetaba, no lo consideraba ser un digno partido para su hijita. Procuraba encontrar alg?n nomenclador alisado de la Unin de Jvenes Comunistas. Le tildaba de ignorante y desafortunado. Por ella todo se fue al garete lo de Dayana, la muchacha terca, que nunca se escapar?a de la tutela de su madraza.

La chica no estaba en casa. Su madre, vieja quisquillosa, no quiso dar a Lzaro el peque?uelo Javier Alejandro. ?Qu es lo que se est permitiendo! ?Es su criatura! Oh, si en casa, en vez de la se?ora, hubiera estado solamente el padre de Dayana, don Oseguera, entonces, Lzaro habr?a podido realizar lo ideado, el viejo Lorenzo era un inocentn, y ser?a muy fcil enga?ar a tal dominguejo.

Ya no hab?a tiempo para organizar el secuestro del beb. Do?a Regla sospech algo. ?Una bruja sagaz! No obstante, Lzaro no parec?a estar muy disgustado, ya que hurtar a su propia criatura era para l una tarea secundaria. El hecho de que, al finalizar exitosamente la traves?a, el peque?uelo Javier pod?a ser para l en los EE.UU. un agobio, tranquiliz la flagelacin de Lzaro por este intento fracasado de un enga?o justo.

El teniente Manuel Murillo, su vigilante avaro, lo segu?a persiguiendo. Lzaro no ten?a la intencin de volver a cruzarse con l en esta vida pecadora y, ms a?n, no ten?a ni el menor deseo de pagarle un tributo eterno.

El aventurero quemaba las naves. Aqu? no ten?a nada que perder. Para l la isla de la Libertad pod?a convertirse solamente en una crcel.

Desde la infancia l era el ms fuerte entre todos sus coetneos, pero ellos con su esp?ritu gregario y colectivismo siempre se un?an contra l, o, en vista de su debilidad, se quejaban a los maestros. Y si l juntaba entorno suyo a muchachos, los cuales reconoc?an su liderazgo incondicional y su autoridad innegable  lo clasificaban como delincuente y casi siempre conllevaba acabar expulsado del colegio.

Siempre hab?a motivo alguno para actuar as?. Es que l era una persona de acciones. Si a alg?n escolar lo han herido con una lezna, si a alguna alumna de los grados superiores le romp?an la nariz o han tirado por el patio del colegio latas con excrementos, ya no hab?a que dudar que esto ser?a asunto de manos de Lzaro y sus amigos.

Tales como l conquistan Amrica. Porque act?an sin volver la cabeza atrs. Prosperando en los EE.UU., se vengar del sistema que lo ha rechazado

No le dejaba en paz el problema principal, hab?a que persuadir a su amante. Sin ella, ms exactamente dicho, sin sus parientes forrados ser?an muy penosos los primeros d?as de estancia all?.

Lo tengo todo preparado. ?Ya ma?ana t? y Eliancito estarn en el para?so! no admit?a objeciones Lzaro, impidiendo a la mujer a tomar la decisin, su decisin, en la casa de los padres.

No me dispongo a irme a ning?n lado  no lo admit?a Eliz.

La artiller?a pesada de argumentos a favor de partir inmediatamente de modo inesperado tron los labios de la madre canosa de Lzaro, do?a Mar?a Elena, mujer imperiosa y locuaz, la cual intervino en la conversacin de los amantes muy a propsito para Lzaro, que iba perdiendo la paciencia.

Chica m?a  se puso a arrullar do?a Mar?a Elena  mi hijo te ama a ti. Si no fuera as?, no habr?a vuelto de Miami. Vino, arriesgando su vida y la libertad, solamente por ti. Te necesita

F?jate  se enfureci Lzaro  si no les va a gustar, no ser nada dif?cil para m? hacer volver a los dos. ?Esto es coser y cantar!

Qu significa que no te va a gustar  intercal estas palabras la madre aliada  all? no puede ser que no te agrade. Eliz, mi chico sabe cmo ganar dinero. Ya consigui siete mil dlares. Lo que aqu? es ilegal en aquel pa?s es normal y admisible. Podrs ayudar a tu familia como esta merece.

Elizabeth permanec?a callada. De repente, al haber recordado a Juan Miguel, pronunci:

Para Juan Miguel Elin es su hijo, como para m? tambin. Eso ser injusto respecto a l.

?Injusto? Se eriz la do?a entrada en a?os  he aqu? un caso monstruoso de injusticia respecto a ti, chica. Por si fuera poco, toda la ciudad siempre sab?a sobre sus andanzas, te difamaba, no ve?a en ti a una mujer, a diferencia de mi chico. Pues l, quiero dec?rtelo, se la pasa casi todo el tiempo libre con su hijito de pecho.

?Eliancito no es el ?nico ni?o? no lo crey Elizabeth.

Llvatela a esta direccin  le orden al hijo la madre y le tendi un desgarrado papelito, en el cual con una letra ordenada y apretada estaban dados la direccin y el n?mero de la casa  que lo vea con sus propios ojos, solo hay que ir ahora mismo  a?adi esta susurrando al o?do del hijo. Lzaro trajo a la mujer conforme a las se?as dadas por la madre de l. Aparc su coche, sin apagar el motor, al lado de un edificio pintado de color azul, en una callecita empedrada de guijas entre el puerto y la fbrica de ron. No esperaron mucho rato. A la casa ven?a aproximndose una pareja. El hombre sosten?a en sus manos una criatura. Los dos entraron en la casa y desaparecieron tras una puerta de hierro. Este era Juan Miguel.

?Vaymonos! orden Eliz con un tono decidido.

?Puede ser que pasemos y veamos a qu se estn dedicando? su contrincante saboreaba el desenmascaramiento de Juan Miguel, el cual hasta hace un rato pose?a una imagen impecable. El plan de su madraza result ser exitoso. El padre de Elin qued denigrado. Apareci ante Eliz con un aspecto de embustero o, digamos, semi mentiroso. ?Da igual! El resultado es lo primordial. Eliz pidi dos d?as para los preparativos



* * *

22 de noviembre de 1999.

Los suburbios de Crdenas 



El viento segu?a soplando ya hace dos d?as, infundiendo la inquietud no solamente en las columnas desordenadas de las olas ocenicas, sino en los corazones de media docena de personas, que se decidieron a abandonar la patria y que hab?an confiado su suerte en el piloto diletante que se llamaba Lzaro Mu?ero.

All? est el para?so  as? hablaba un hombre que llevaba colgado un machete del cinturn, pero el peque?o Eliancito, no se sabe por qu, no cre?a en eso, mirando el cielo deslucido, y a un repugnante buitre negro con la cabeza roja, que planeaba sobre la barcaza miserable, en la cual se hab?an reunido los condenados para emprender una traves?a peligrosa.

La gente portaba los ba?les con las prendas, pisando la escalera oxidada, volviendo la cabeza hacia atrs y rega?ando al caudillo muy seguro de s? mismo. Se desped?an muy de prisa y corriendo con los pocos familiares, cuyos ojos se humedec?an por las lgrimas.

El buitre negro, conocido como aura o tragn de carro?a, ahora estaba dando vueltas sobre la barcaza en compa??a de otras aves, unindose en una bandada entera de compa?eros de esta especie. Desplegando las alas ralas, ellos se lanzaban en picada a las rocas ribere?as, o se levantaban por las nubes, la trayectoria inconcebible pod?a ser emparentada al caos, en el nimo que reina entre los refugiados. A las aves que volaban de ac por all, sin ser capaces de determinar la altura requerida, algunos de los que vinieron a despedir a los suyos cre?an que era el presagio de una desgracia.

Una de las jvenes mujeres, que se llamaba Ariana, se arriesg a emprender un viaje tan peligroso con su hijita de cinco a?os, pero le fallaron los nervios. Una escaramuza violenta con Lzaro le hizo comprender que arrancar sus mil dlares pagados, en calidad de avance por el traslado, ella de ninguna manera podr?a obtenerlos de nuevo, ya que el dinero hab?a sido gastado en la preparacin de la expedicin. Entonces, la mujer entreg forzosamente a su chicuela a la madre, que vino a despedirse de ellos, y mostrando su desdn hacia Lzaro, o al riesgo que ahora le amenazaba solamente a ella, iba portando el ?ltimo brtulo al casco. Este era de una vitalidad dudosa. Para Ariana ahorrar tal suma era prcticamente algo irreal, por eso no le quedaba, a su parecer, otra salida. La traves?a de la peque?a Estefan?a y su madre anciana la aplazaba para organizarla despus Cuando estuviera bien plantada en los EE.UU.

?Mam, por qu pap no se va con nosotros? pesta?eaba con sus ojitos casta?os Eliancito.

??No ests harto de chacharear sobre tu padrazo?! Lo cort bruscamente Lzaro, estando acalorado de la disputa con la loca Ariana, te las pasas callejeando de un lado a otro los d?as enteros. Ya es hora de hacerse mayorcito. Ma?ana estars en un pa?s donde hay todo lo que puedas so?ar

?Y un Mickey Mouse grande? la pregunta del peque?o desconfiado Lzaro mentalmente la clasific como primitiva, pero de igual modo contest:

Mickey Mouse no ser lo ?nico que podrs ver all?.

?Y una nueva patineta?

En ella irs a ver a Mickey Mouse  lo expres con mordacidad este, cansado del interrogatorio est?pido del ni?o.

?Habr un machete de juguete en un estuche de cuero con motivos indios y con el perfil de Hatuey[9 - Hatuey  cacique de los indios. Encabez la sublevacin de 15111512 contra los colonizadores espa?oles. Fue hecho prisionero por la orden de Diego Velzquez de Cuellar fue quemado en la hoguera.]? sigui preguntando el chico melindroso.

?Para qu necesitas un machete de ese tipo? F?jate, tengo uno verdadero. Con l se puede cortar tu leng?ita desobediente, si no cesa de desembanastar  La amenaza no parec?a ser tan inofensiva, en especial para Eliancito, que se asust no tanto del irritado tono del conocido de mam, sino del aspecto amenazador de su machete con un mango macizo hecho de madera rosa.

?Es obligatorio que te la pases asustando al ni?o? intervino la madre.

No te enojes con l, ni?a m?a  como siempre surgi a tiempo do?a Mar?a Elena, fumando un cigarro  Todo eso tiene lugar por las divisas malditas. Le hicieron perder la cabeza al pobre chico. Ahora lo est pagando con el propio trabajo. Est tan atareado que no le queda tiempo para elegir las adecuadas expresiones. Querida, debers comprenderlo. Es que l tambin est esforzndose por ti. En primer trmino, es por ti, nena.

Quiero ver a pap  mirando con esperanza a su mam, pidi Eliancito.

Ahora l es tu pap, la vieja anciana con el cigarro en la boca, parec?a ser un babalao[10 - babalao  es t?tulo Yoruba que denota a los Sacerdotes de Santer?a materializaron en la prctica su sue?o y no llegaron hasta el para?so en la Tierra.], indic al conocido de mam.

No hay dos paps. ?Pap ha de ser solo uno! rechaz esas palabras el ni?o, apretando los labios y buscando con los ojitos la afirmacin de su conclusin, aunque fuera con una gesticulacin m?mica aprobatoria de su mam. Pero esta no reaccion siquiera a su rplica. Permanec?a callada.

?Es verdad, mam? lanz un grito Elin, tirndola de la manga.

La mujer no contestaba al hijo, observando ensimismada al ?ltimo viajero que subi a bordo, en cuya mirada pudo leer sus propios pensamientos.

A Don Ramn Rafael, se le pod?a o?r gimiendo, era el padre de Lzaro. El hijo y la mujercita de l pudieron convencerle de trasladarse solamente mediante un ultimato directo, afirmando que si l contin?a obstinndose  desamarrarn solos.

?Cmo l, una persona solitaria y de edad avanzada, podr vivir luego sin sus familiares? Sean como sean, pero son los ms allegados. Si parara a estos viajeros, lo martirizar?an luego con reproches, chantajes y cavilaciones. Le pondr?an el gorro a l, acusndole de que por culpa suya no materializaron en la prctica su sue?o y no llegaron hasta el para?so en la Tierra.

?Quin sabe dnde est ese para?so? Puede ser que est aqu?, en Cuba Si una persona habla constantemente, que est viviendo mal, el Se?or puede mostrarle como es realmente mala la vida. Cuando un hombre ve lo bueno hasta en condiciones donde la

vida no es muy fcil, Dios mostrar lo que es verdaderamente bueno.

Puede ser que Fidel de verdad sea profeta, semejante a Moiss. Cuarenta a?os a partir de 1959 estuvo l indicando el camino limitndose a una isla, explicando que no hay nada que buscar, que en realidad se hallan en el para?so. En su isla poblada por miles de animales excepcionales y no hay ninguno que sea venenoso. Donde los rboles sagrados e imponentes, la ceiba, que crece junto a Caesalpinias fogosas. Donde se abre la mariposa n?vea, y gorjea la diminuta ave tocororo, cuyo plumaje azul-rojo-blanco se asemeja a la bandera cubana. Quizs transcurridos cuarenta a?os de andanza por la isla su tierra se haya convertido en un para?so, adems, lleg a ser el Edn con ayuda de sus manos cansadas, que con la misma obstinacin saben manejar el arado y el fusil

Debes ir por tu hijo  as? se expresaba Mar?a Elena, instruyendo a don Ramn para el lejano camino  aqu? estar perdido, se pudrir en las mazmorras de Ra?l. All? se abren inimaginables perspectivas Tu hijo te necesita. No lo traiciones.

 Cuando el caudillo de la primera guerra por la independencia de Cuba, Carlos Manuel de Cspedes, fue puesto por los espa?oles ante la opcin de salvar a su hijo natal o traicionar a la patria, el hroe prefiri sacrificar la vida del hijo a rescatarla mediante el precio de la traicin.

Don Ramn Rafael se orientaba bien en la historia, pero no cre?a poder ser capaz de un acto de hero?smo. Por dentro se arrepent?a por la bajeza de esp?ritu y con todo corazn sent?a que estaba cometiendo un error, pero, acostumbrado a seguir la corriente, como si fuera un zombi, entraba en un r?o turbio lleno de ilusiones ajenas, sin saber a dnde lo llevar?a la corriente tempestuosa.

?Dame el extremo! ?T?ramelo! Vociferaba Lzaro a un torpe jovencito, el cual intentaba sacar la soga del bolardo  ?Por qu eres tan lento? ?Apaga el motor, la soga se puso tensa! No lo podr hacer este debilucho

?Puede ser que demos marcha atrs? pregunt de manera insegura el duro de o?do Bernardo, que se asumi voluntariamente el modesto papel de contramaestre, pero, ponindose al timn, inmediatamente crey ser Magallanes.

?Apaga el motor y aprtate del timn, idiota! orden Lzaro, mientras acompa?aba sus exigencias con gestos expresivos

?Ests seguro de que luego lo pondremos en marcha? Lo dud el contramaestre rechazado, aunque se someti al cacique, par el motor con pocas ganas, baj del puente de mando y con aire sombr?o se dirigi al escotilln que llevaba a la bodega. Mejor ser?a ir a comprobar el remiendo hecho con soldadura en caliente, ejecutado de prisa en la sala de mquinas, que o?r todo tipo ofensas. Realmente, en esta embarcacin oxidada de los d?as de Batista, que era tan caduca, como el submarino alemn, hundido en estas aguas a mediados de la Segunda Guerra Mundial, hab?a ms de un remiendo bajo la l?nea de flotacin. Pero Lzaro y su contramaestre solamente sab?an la existencia de un agujero remendado.

?Tira la soga para s?, pachucho! Vociferaba a todo grito Lzaro, Ah? est, holgazn. ?T?rala a bordo! Por fin. ?Desamarramos! Hac?a todo lo posible para que lo vieran en accin  dec?a palabrotas, se agitaba, se acaloraba

A duras penas al motor se le aclar la voz a fondo. Este comenz a traquetear con aire enfermizo y apenas pod?a arrastrar a los fugitivos hacia el horizonte tras el cual se extend?a la deseada Florida  puesto avanzado del sue?o americano.

?Yo quiero ver a pap! mirando el agua tempestuosa tras la popa, Eliancito les hizo recordar que estaba a bordo.

?Clmalo, o si no yo lo tranquilizo! Ense? los dientes como un lobo a Elizabeth, le advirti groseramente Lzaro  llvalo al camarote.

Ah? tampoco hay sitio  le contest Eliz mostrando la cara de pocos amigos y apret al ni?o contra el pecho.

Este Lzaro tiene un machete afilado, como una cuchilla. De estar mi pap aqu?, sabr?a cmo arreglrselas  pens Elin, y este pensamiento grato, junto con la manta de lana, con la cual mam tap al ni?o, empez poco a poco a adormecer al joven pasajero del yate maldito. El aspecto poco atrayente de esta barcaza del sue?o de manera adecuada correspond?a a lo que le estaba predestinado por la suerte, ser el ?ltimo refugio para los doce ciudadanos de Cuba, que se iban en b?squedas de una vida mejor.

La mayor?a de ellos, a semejanza de Lzaro, no apreciaba su ciudadan?a. Algunos, como don Ramn, quedaron sometidos a la voluntad ajena y segu?an yendo por el trayecto trazado. Otros, como Elizabeth, actuaban instintiva y espontneamente, obedeciendo a la primera emocin y prestando o?do solo a una amargura fugaz y una ofensa insoportable a primera vista. Esto es una bien marcada caracter?stica de las mujeres latinoamericanas. Pero hab?a entre esos desdichados, afectados por el virus de la desesperacin y otros que intentaban hallar el suero de la salvacin, no en el lugar donde lo produc?an, un hombrecillo que vagamente se imaginaba a donde lo llevaba una fea y destartalada embarcacin del miedo, a la cual no se sabe por qu la tomaron por un deslumbrante buque n?veo de la Esperanza

* * *



Las incansables olas se bat?an contra los bordes, haciendo aflojar el yate, como un r?o feroz lanza de un lado al otro la canoa de los descuidados extrmales  fanes del balsismo. El mareo, novia eterna de la tormenta, cubri a todos con un velo inmovilizador.

La gente, no acostumbrada al balanceo, vomitaba ah? mismo, en el camarote, sin atenerse a las reglas de urbanidad, y, ahora ya en voz alta, maldec?a a Lzaro. En efecto, l convenci a todos que, habiendo calma en el mar y siendo el tiempo despejado, las lanchas fronterizas estar?an yendo y viniendo por todos lados, lo que significaba que no se pod?a evitar la desgracia. Mientras que, en un d?a nublado, acompa?ado de una tormenta leve, no podr?an ser abordados. En condiciones de mala visibilidad podr?an pasar inadvertidos Ser?a mejor que los advirtieran.

Uno de los remiendos en el fondo, junto a la quilla, estaba despegndose, y por ah? dejaba pasar el agua

El ingenioso plan del intrigante se volvi contra l mismo. Transcurridas seis horas, despus de iniciarse la traves?a a ciegas, el motor exprimi de s? todos los jugos y se puso a escupir con gasleo de mala calidad. En definitiva, bramando dentro de sus l?mites de potencia, empez a rugir como una fiera herida de muerte, y en un instante se par, o se deterior o simplemente muri, y al final despidi holl?n.

Lzaro no habr?a podido comprender la causa de la rotura, y no lo intentaba siquiera. La barcaza ven?a inclinndose estrepitosamente al borde izquierdo, y al mismo tiempo se hund?a en el mar por el lado de la toldilla. Parec?a ser, que el agujero se form atrs en el lugar de aquel remiendo de acero. La presin del agua lo hizo saltar, como si fuera un corcho de champa?a.

Ahora nadie pensaba acerca de los hbitos nuticos del piloto-impostor. El pnico no deja lugar a las reflexiones cuando todos concibieron que el buque estuviera hundindose, el miedo ya hab?a expulsado los ?ltimos focos del raciocinio. Los ancianos fueron las primeras v?ctimas. No pudieron salir siquiera a la cubierta superior. El camarote qued inundado en unos segundos. Entre ellos quedaron sepultados los padres de Lzaro, do?a Mar?a Elena y don Ramn, y cinco desgraciados ms.

Una enorme ola cubri la cubierta sin que dejara la m?nima posibilidad de encontrar all? un refugio. Ahora la gente estaba cara a cara contra el mar. La barcaza, mejor dicho, los restos que quedaron de esta, se desped?a expidiendo los ?ltimos gorgoteos y pompas efervescentes

Hallndose fuera del yate, Elizabeth vio a unos pobretes que se ahogaban, los cuales uno tras otro iban hundindose. No gritaba como los mayores, no ped?a ayuda. All?, a unas veinte yardas de ella, estaba el peque?o Eliancito. l combat?a contra las olas, sintiendo que ya se le agotaban las ?ltimas fuerzas, y bataneaba con sus peque?as palmas el ocano cruel. Ten?a miedo. No pod?a ver sus salpicaduras, se lo imped?an hacer las olas pesadas, de las cuales se hac?a ms y ms dif?cil escurrirse.

Su padre todav?a no aparec?a ?Dnde est? Ahora aparecer el salvavidas, y luego llegar a nado su taita. Obligatoriamente llegar hasta aqu?, habr que resistir un poquito. Es que su pap le ense?o a nadar

Juan Miguel en este momento realmente ven?a corriendo para socorrerle. Se aproximaba a la orilla inconsciente, la arena porosa le obligaba a desacelerar la velocidad, pero ya el agua le llegaba a la rodilla. Apartando con las manos las olas endiabladas, iba avanzando ms y ms. Estas le pegaban bofetadas, hacindole borrar al mismo tiempo las lgrimas de su desesperacin. l grit por su incapacidad y presintiendo algo muy horrible

La nota, esa extra?a nota de Elizabeth con una palabra alarmante Perdname. Una s?plica humana, expresada mediante un verbo en forma imperativa. Perdname siempre lleva prcticamente un significado global, y casi nunca se refiere un deseo de ser indulgente por alguna culpa concreta. Por eso, probablemente, es ms fcil implorar perdn por todo lo hecho. ?Por qu perdonarle?  Juan Miguel estaba atormentado por las dudas, ?Dnde est Eliancito? ?Para qu Eliz se llev todo el dinero? ?Qu ocurri?

Algo desconocido lo empuj afuera, a la calle, a la avenida, al ocano Iba guiado al encuentro por la inminencia.

Las olas le pegaban en el pecho, mientras que l solamente intentaba resistir y no cometer una locura. Quer?a moverse a nado y no pudo explicarse a s? mismo hacia adnde y para qu Se sent?a como una part?cula de arena, impotente e in?til. Pero en este mundo hab?a una persona, un hombrecito mucho ms vulnerable, este era su Eliancito. Ya por eso no deb?a ser debilucho. Es que l es el padre

?Elin!  gritaba Juan Miguel a la lejan?a infinita, pero su voz iba perdindose en un ruido roncador de las hileras amenazadoras. Las falanges alineadas de las olas ven?an avanzando, y la presin iba creciendo. Ellas lo hac?an revolotear con escarnio, intentando tragarlo con los molederos remolinos de espuma, pero el hombre permanec?a parado, segu?a llamando a su hijo:

?Elin!

Su ni?o permanec?a callado. Sab?a que su pap lo estaba mirando, que l de un instante a otro le tender?a la mano y lo salvar?a. Como en aquella ocasin Su pap no dejar que l se ahogue

Ya no hab?a ninguna barcaza. Elizabeth pudo visualizar una figura ms, estaba al lado, a unas diez yardas, agarrada a un neumtico inflado. Lzaro se val?a de l para desplazarse por el agua y era el ?nico accesorio de salvamento que hab?a en la embarcacin ya hundida. Con la mano libre remaba en direccin opuesta al lugar donde Eliancito, con sus ?ltimas fuerzas, pretend?a mantenerse a flote.

?Vuelve! ?Atrs! rog Eliz, Lzaro se encontraba ms cerca a su hijo. Pero su llamamiento condenado qued sin respuesta. l continuaba alejndose, sin poder imaginar que la desolacin dio a Eliz un incre?ble cogulo de energ?a, la oblig a tomar una decisin drstica.

Ya no nadaba, sino que se empujaba del agua con las manos y los pies, avanzando precipitadamente. Parec?a que las olas la estaban apretando. La distancia hasta su ex amante iba disminuyendo. En total eran cinco yardas, tres, dos, una y he ah? su pie Ella ya lo agarr del tobillo y con fuerza dio un tirn hacia s?. Ella misma, habiendo alcanzado el neumtico, como si fuera una martillista, lo hizo girar hacia el lugar donde supuestamente se encontraba Eliancito. Aplicando todas las fuerzas disponibles, hizo sacar del pecho la ?ltima posibilidad de salvar al ms querido, que ten?a ella, a su primognito, al hijito suyo.

?Dnde est? ?Acaso es tarde? ?Puede ser que todo ha acabado? La vida de ella no vale nada, solamente hacerlo a tiempo, solamente llegar al lugar donde est el peque?uelo

Algo la tiraba hacia atrs. Era la mano musculosa de Lzaro. Emergi del torbellino ocenico que le estuvo dando vueltas. Eliz se dio vuelta a l y sinti un fuerte golpe. Un potente pu?etazo en el entrecejo. No sent?a dolor. La sangre brot como un chorro y la ola se la lav con un manotazo salado.

Por primera vez le peg. Era ms fuerte. Pero ella era ms audaz. Este intentaba salvar su vida, y ella la de su ni?o. Esta era su principal superioridad. Perdi el sentido por un instante y al volver en s? reanud la persecucin.

Las olas parec?an burlarse de Lzaro, organizando danzas delante de su nariz, e impidindole determinar el lugar donde se hallaba el neumtico. ?Y qu misterio es esto? ?Otra vez la bruja! Hab?a que asestarle un golpazo en la frente y as? acabar para siempre con ella. La mujer lo agarr con las dos manos, ?y qu est haciendo? ?En qu est pensando? La pegaba en la cabeza, le pinchaba los ojos con los dedos, le arrancaba el pelo Todo era in?til.

?Sultame! vociferaba frenticamente en un estado de pnico el desgraciado piloto anheloso. Ya ten?a presa de muerte la nuez de la garganta y lo arrastraba al fondo, tras s?, ya que hab?a decidido firmemente alcanzar las profundidades del ocano en compa??a de un varn. ?Habr?a que enterarse si estaba all? el ni?o y si logr alcanzar el neumtico? Ella mor?a, liquidando la amenaza a Elin.



El cuerpo de Lzaro, al haberse desprendido de las manos de Eliz, encontr un refugio al lado de un enorme cornudo coral cerebro, rodeado de plumas de gorgonias. Esta ca?da inesperada de algo ajeno alarm a una colonia de esas esponjas de dos metros. Se pegaron al cadver como si fueran sanguijuelas, habiendo expulsado una cantidad inimaginable de tintura de color lila. Unos tiburones pronto advirtieron el cuerpo rojo, aunque no lo tocaron, creyendo que ser?a venenoso. Tampoco lo hicieron con Eliz, la que estaba durmiendo el sue?o eterno. Se acomod en una cavidad poco accesible para sus mand?bulas macizas entre los corales negros, en un campamento retirado de peces balistes y angelotes, nmadas del Atlntico.

Unos peces raros susurraban un no s qu a la bella durmiente, imaginndose ser guardias, que desterraban el ajetreo y las dudas. Le aplicaban un maquillaje de tranquilidad en su semblante, intentando quitar de su cara el velo inmvil de un temor incompresible. No te molestes, princesa un adepto habr?a podido leer los desahogos mudos, valindose de los labios  Esta es una de las ms hermosas inhumaciones terrenales. Aqu? reina la calma y la pacificacin

Si no fuera el severo Epinephelus el que siempre sacude las aletas y menea la cola, como si supiera algo de importancia que solamente lo dar a conocer cuando los otros le abran el paso. Pues, por favor. Expn tu noticia, fanfarroncito. ?Qu viste all?, estando arriba, en la superficie de las aguas maliciosas? Un ni?o desesperado que se ahogaba. Se val?a de las ?ltimas fuerzas para alcanzar un neumtico de goma, se encaram en este y pudo mantenerse hasta que se estableci la bonanza. Ahora est durmiendo en medio del centellante espejo del mar. El sol le hace cosquillas en la nariz

?Y nada ms? ?Esa es toda la novedad? ?Se hinch como si supiera unos detalles s?per importantes! No quieren o?rme hablar, como quieran  Epinephelus sali a escape, advirtiendo una maravilla azul cielo, era un Acanthurus que se filtr por detrs del coral, dando a entender que el pececito ser?a un oyente mucho ms agradecido. No obstante, apenas hubo desaparecido el Epinephelus, los sarcsticos balistes y los irnicos angelotes percibieron con sus escamas que la alarma en su oculta cavidad ya desapareci sin dejar rostro, y de la faz de la princesa se esfum la m?mica de un temor incomprensible y apareci una sonrisa misteriosa



La ma?ana del 23 de noviembre de 1999

Alta mar, a 10 millas del puerto de Key West 

Extremo meridional de Florida



?Hombre al agua! vocifero un pescador barbudo, haciendo bajar un bote de salvamento al agua.

Unas fuertes manos cargaron cuidadosamente al ni?o al bote y lo hicieron subir a bordo del buque pesquero que iba a la deriva, donde Elin inmediatamente volvi en s?.

?Chiquillo, como es que has llegado aqu?? sin esperar la respuesta del chico sin fuerzas, completamente agotado. Solamente Dios sabe lo que habr sufrido, barboteaba uno de sus salvadores.

Me siento mareado  pronunci con una voz vibrante el peque?o tendido en la cubierta de madera.

?Qu acaba de decir? exigi la traduccin el capitn irlands.

Se queja de que est mareado  sin volverse respondi un barbudo cubano, en un instante se convenci de que el chavalito era compatriota suyo.

En la tripulacin hab?a muchos cubanos. Se mudaron a Miami en la poca de Camarioca, en el a?o 62 tras la crisis del Caribe, cuando Castro por primera vez declar que la construccin del comunismo era un asunto voluntario y que a nadie le sujetar?a de la mano. Del puerto cubano de Camarioca empezaron a circular centenares de lanchas y yates, transportando a miles de descontentos, a tales como este barbudo. l era representante de una profesin libre y esperaba que la joyer?a lo sustentara en los EE.UU. Pero no fue as?. Un ducho experto jud?o en orfebrer?a y diamantes, examinando con su mirada experta los hbitos y la manera del Faberg cubano, como se imaginaba ser el inmigrante, con indulgencia no le ofrec?an siquiera trabajo de aprendiz, temiendo que el refugiado del hambre pudiera hasta meterse al robo, sino un aprendizaje de pago. El instructor, disgustado al examinar su pieza, profiri en la primera clase: Esto es algo de mal gusto y primitivo. Algo as? nadie lo comprar. Entonces, el joyero fallido golpe la puerta y se hizo pescador.

Ard?a por encontrarse all?, donde le admirar?an, donde ser?a una persona respetable, pero como se suele decir, muy pronto en la vida es demasiado tarde En la patria l ahora pertenec?a a la escoria[11 - Las escorias son un subproducto de la fundicin de la mena para purificar los metales.] , es decir le estaba prohibido el camino a casa. En el barco, aunque sea un poquito, pero estaban ms cerca a las costas natales, en comparacin con aquellos para los cuales todo el mundo estaba limitado a los barrios de la Peque?a Habana.

?Cul es tu nombre? pregunto al ni?o un buen pescador.

Elin  pronunci el chicuelo.

?Cul es tu apellido?

Gonzlez Tengo hambre, interrumpi el interrogatorio Eliancito.

Todo va estar en orden con l  report el pescador  Quiere comer. ?Traigan arroz con frijoles! All? en la cocina en la caldereta. Todav?a no est fr?o.

Trajeron un plato con cangrejo. Nunca pens que los ordinarios moros y cristianos, una comida que l prob cientos de veces, puede ser tan rica. Luego le ofrecieron tostones, bananas en rodajas fritas en aceite. Este postre era el plato especial de su querida mam.

Debe de estar cerca de aqu?, la encontrarn otros pescadores, y pronto ellos todos juntos, l, mam y pap se sentarn a la mesa a comer. Habr en esta todos tipos de manjares, tales sabrosos como les que acaban de convidar los generosos pescadores.

A ellos, naturalmente, pap y mam debern invitarles obligatoriamente hasta que queden rehartados. Mam especialmente para ellos preparar un pollo asado y camarones. De postre servir mermelada de guayaba. ?Sabrosura! ?Para chuparse los dedos! El mozalbete contento se entorn los ojos en espera de inevitables exaltaciones culinarias de sus nuevos amigos.

Habr que dar un anuncio en El Nuevo Heraldo. Creo que sus familiares darn se?ales de vida y nos contestarn. Es que no vamos a ahijarlo  reflexionaba el sombr?o capitn, contemplando con curiosidad al lobato orejudo, el cual iba tragando uno tras otro los pedacitos de bananas, sin masticarlos.

Yes, sir  gesticul el pescador  estoy seguro de que los parientes se darn a conocer. De otra manera nos arruinaremos sustentndole aqu?, este glotn traga la comida, como un depsito de cereales. Si lo incluimos, a este troglodita, en las listas de abastecimiento, toda la tripulacin morir de hambre.

Todos en la cubierta se pusieron a re?r a carcajadas. Acababan de salvar a una persona y este hombrecito estaba sano y salvo

Se re?a Elin. Aunque no comprendi el significado del dicho, pero con todo el corazn sent?a una atmsfera amistosa y estaba contento de su salvacin. Los ojos de los pescadores, su temperamento alegre irradiaba la sinceridad. Esto bastaba para complacer al peque?uelo. Todo era claro como la luz del d?a. En las miradas de ellos se reflejaba un dulce sosiego y una calma contagiosa. Aunque, dicen, que incluso no todos los adultos saben leer mirando los ojos. Pero en el caso arriba mencionado, todo era muy simple. Quien no comprende una mirada, tampoco comprender una larga explicacin



2 de diciembre de 1999.

La Habana, Cuba. Palacio de la Revolucin, Residencia del Presidente del Consejo de Estado de la Rep?blica de Cuba Fidel Castro Ruz



Ellos conversaban con el Comandante varias horas seguidas, como dos viejos amigos, lo ?nico que uno de los dos era instructor por derecho. Una persona sabia, es decir, buena. Juan Miguel estaba impaciente por preguntarle algo.

Fidel  susurr con un sentimiento de prdida irremediable, ?Puede ser probable que los yanquis no me entreguen al ni?o?

El l?der de Cuba con tristeza pas la mano por la barba y mene la cabeza.

?Si no, ordena a un grupo especial de operaciones que saquen a mi Eliancito, o dame un arma para que yo mismo lo haga! dijo decididamente el padre del chico.

No, la estrategia ya est elaborada. Intervendr en directo por la televisin nacional. Te ayudar. Cuba te ayudar. Libraremos la lucha aplicando medios leg?timos. Nos valdremos de la opinin p?blica internacional. Ser?a bueno si lo hiciramos de una manera civilizada, es decir, como deber?a actuar un estado soberano, enfocar este problema quisquilloso y vencer con ayuda de Dios. Ser?a ideal si se solucionara el litigio utilizando mtodos procesales. Teniendo en cuenta que lo suyo no se roba. Lo suyo se ha de devolver

La madre de Elin falleci. Eres el ?nico, el cual tiene el derecho de educar al chico. Pero piensa lo que ests exigiendo. ?A qu consecuencias conllevarn los actos de las Fuerzas Especiales cubanas en el territorio de un estado hostil? Tal decisin ser?a errnea.

Comprendo tus sentimientos, pero te lo pido, compadcete no solamente de ti, sino tambin de tus compatriotas. No debes imitar en todo al temerario Fidel, el cual hasta hoy est dispuesto, siendo ya una persona anciana, a volver otra vez a las monta?as de la Sierra Maestra, habiendo un motivo insignificante, abrindose paso por intransitables manglares y defenderse de las hordas de mosquitos, pensando que todos los cubanos sin excepcin alguna son tales arrojados, como su gu?a.

Las provocaciones no acabarn nunca. Pero no somos aquellos, los de antes. No somos gatitos ciegos y terminamos los estudios de diplomacia, la tctica en enfrentamientos mediticos. El pueblo ya hace tiempo que est cansado de esa tensin permanente y ansia una vida pac?fica. Sue?a con la buena vecindad con todos. Y con los EE.UU. en primer lugar. Pero all? me han alistado a la legin de diablos junto con Sadam, Bin Laden, Kim Jongil y Lukashenko. No quieren llevar las conversaciones conmigo. Es un circuito cerrado. Pero lo romperemos con la fuerza de la verdad. Por su peque?o ciudadano no intercede Fidel, sino Cuba. ?No quieren hablan con Castro? Entonces debern llevar las conversaciones con todo el pueblo cubano, y t?, un simple joven de Crdenas, sers su representante plenipotenciario

Tras estas palabras, Fidel respir hondo y agreg de manera confidencial:

En mi vida he cometido muchos errores. Debido a mi propia inexperiencia, influencia del mbito que nos rodea. Te parec?a imposible llevarlo a cabo de otra manera. Luego me arrepent?a. A veces ya era tarde. Uno de estos casos es la invasin de las tropas soviticas en Checoslovaquia. No supe encontrar fuerzas para condenarla. Otro caso a?n peor, a partir de la segunda etapa de nacionalizacin, cuando nosotros seg?n el modelo estereotipado sovitico comenzamos a expropiar los bienes de los guajiros. Entonces ofendimos a la gente. Luego largo tiempo pagbamos el pato. Pero el error ms grande de mi vida yo creo que es una historia muy antigua, que no figur en ninguna de las crnicas. En aquella poca yo era demasiado joven, era muy iracundo y ego?sta. Te lo relatar. Ha de ser un gran secreto A mi hijo Fidelito se lo llevaron a los EE.UU. sin autorizacin m?a. Eso lo hizo su madre natal, mi primera esposa Mirta Balart. Era una buena mujer y una esposa fiel. Su t?o, cmplice de Batista, la oblig a cometer tal tonter?a. Entonces enviamos a Miami a unos muchachos atrevidos. Ellos trajeron a Cuba a mi chico. Hasta hoy d?a estoy lamentando ese episodio. No se deb?a privar a la criatura del amor maternal. Ofend? a la mujer, la cual me quer?a sinceramente, pero al mismo tiempo estaba muy apegada a los suyos y se hallaba entre tenazas de su procedencia noble.

Cre?a que costara lo que costase me pondr?a en razn. Y siguiendo los consejos de su familia hizo una estupidez. ?Y yo qu? Le contest con una estupidez a la suya, lo que reconozco solamente hoy d?a, transcurridos muchos a?os. Estoy castigado por eso.

Cuando Fidelito creci, se hizo insoportable. Todo el tiempo me reprim?a porque no tuve en cuenta la opinin de su madre. Pero el peor castigo fue que mi peque?a Mirta nunca, jams, hasta la misma muerte, no se permiti decir ni una sola mala palabra en cuanto a m?. Nada malo acerca de la persona que le priv del hijo para siempre. Ella no hizo ninguna declaracin sobre el secuestro a las autoridades. Hasta se enteraba de los xitos de su criatura mediante personas ajenas, temiendo que de alg?n modo podr?a causar da?o con su atencin a su hijo natal. Por eso la historia no fue de dominio p?blico.

Otros no pod?an perder una ocasin sin que se ganaran alg?n dinero, denigrando a Fidel Castro. En los Estados Unidos eso lo hizo Juana, mi hermana natal. De Espa?a se o?a llegar acusaciones de la hija natal Alina. Me llamaba demente y difund?a rumores incre?bles. Permanec?a callada solo Mirta, la ?nica mujer ante la cual yo me siento culpable



La Habana, Cuba,

Agosto del a?o 1947



El Malecn como hab?a prometido el presidente Grau San Mart?n a sus protectores norteamericanos se llen de gente apasionada justo para el mediod?a. Hasta que expirasen sus plenos poderes quedaba un a?o, pero la suerte del demagogo de las Antillas ya estaba predestinada. Su trono ya se tambaleaba. Los gringos consideraban al colega Grau demasiado cobarde porque este intentaba ganarse los favores no solamente ante ellos, sino ante los jefes de las bandas locales. Los gnsteres intrusos no pod?an admitir la dualidad de poderes. Deber?an entronizar una marioneta mucho ms segura.

El acompa?ante del presidente, el peque?o sargento, llevaba hombreras de coronel, el ambicioso mestizo Fulgencio Batista, con todas sus entra?as arrastrantes present?a que los planes grandiosos de los gringos de convertir su pa?s en un s?per-prost?bulo no han de llegar a materializarse sin su muy activa participacin. Por lo consiguiente, en Grau ya es hora de poner cruz y raya.

Que empiece la marcha  San Mart?n dio la se?al a los jefes del carnaval a travs de su encargado.

El crucero n?veo Benjam?n Franklin con los influyentes yanquis a bordo se encontraba a doscientas yardas de los bolardos de amarre. En el amarre, en el lugar determinado donde bajar?an los huspedes de alto rango, por la escalerilla del buque tendieron una alfombra de pasillo, una copia alargada de la bandera nacional. A nadie se le habr?a ocurrido que, en una situacin de tal ?ndole se pisoteaba la bandera nacional, hubiera un subtexto pol?tico. Y cinismo, por a?adidura. Sea como sea, el suceso promet?a ser algo simblico.

A todo lo largo de la alfombra de pasillo sobresal?an palmas decorativas, asperjadas con un spray dorado. De estas estaban colgados, como si fueran arbolitos de Navidad, pjaros disecados como colibr?s, pjaros carpinteros y tocororos, as? como cajas con cigarros cubanos, bananas, caracoles y botellas de ron Paticruzado con mo?os en los golletes.

San Mart?n trajinaba en el muelle, como un escolar esperando a los severos y justos examinadores. Le presionaban las previstas salvas de bienvenida, la de dos ca?ones de grueso calibre. Estos hab?an sido fundidos en plena correspondencia con la poca de Coln y transportados con tal motivo a la fortaleza Castillo del Morro, directamente de Madrid.

El evento, en realidad, una reunin a celebrarse en la cumbre, no ten?a anlogos hasta ahora en la historia universal. Era un encuentro entre un vendedor y un comprador. Cuba serv?a de mercanc?a

El rgimen corrupto de San Mart?n se hizo, aunque no del todo ideal, garante de blanqueo del dinero sin riesgo de la mafia estadounidense. Cuba en los prximos a?os ten?a todo para convertirse en base de partida de un armisticio a largo plazo entre familias de gnsteres.

Dieron inicio a la reunin cubana el antiguo amigo de Lucky Luciano, rey del gambling[12 - Gambling  los juegos de apuestas implican arriesgar una determinada cantidad de dinero o bienes materiales en la creencia de que algo, como un juego, una contienda deportiva, etc., tendr un resultado predecible.], el genio financiero de la mafia Meyer Lansky y el mafioso de Chicago Salvatore Giancana. Al haberse iniciado la conquista de Las Vegas y las inversiones millonarias en Nevada no imped?an a los clanes seguir pensando en el desarrollo paralelo del business. El futuro de Cuba se vislumbraba a?n ms risue?o, que las ganancias a obtener del casino en el desierto.

Los norteamericanos ricos, sin duda alguna, preferir?an la isla de playas blancas, palmas reales y una fiesta eterna, al estado que ten?a una reputacin de pol?gono nuclear. Estando alejados de la tutela de los omnipresentes federales y de la galanter?a servil del reyecillo local, esta situacin real apresuraba a los mafiosos a tomar lo ms pronto posible las principales decisiones tcticas, para que fuera aprobada la ?nica tarea estratgica, Cuba se convertir en un para?so en la Tierra, con una sola reserva, que el para?so es solamente para ellos.

Constantine "Cus" D'Amato, tesorero de Sam Giancana, segu?a por todos lados a su patrn, llevando en las manos dos pesados maletines llenos de dinero en efectivo. Ese dinero se supon?a que ha de ser gastado en asuntos de la pol?tica. La comisin, el consejo superior consultivo de la mafia de Sicilia, aprob la iniciativa cubana.

Viniendo en calidad de pasajeros en el crucero Benjam?n Franklin, la gente de Lucky Luciano, de Albert Anastasia, representantes de la familia de Banano, de los hermanos-extorsionistas Rocco y la estrella de Columbia Records, favorito de las jovencitas actrices hollywoodenses, Frank Sinatra, siempre actuando como titular de plantilla, eso mostraba la coordinacin de todas las familias y una plena unanimidad en cuanto a la participacin igual al repartir la torta cubana.

Hab?a un pero  Al otro lado de la bah?a de Florida, el de sobra conocido Vito Genovese, hac?a su propio solitario. l hab?a traicionado a Mussolini y volvi de Italia como hroe del desembarco. Vito se sent?a defraudado, y es que l tambin ech el ojo a Cuba con su potencial gigantesco de un contingente de trescientas mil rameras Pero el principal motivo de Vito era la muy remota enemistad hacia Albert Anastasia y el deseo de ocupar la slida posicin en la jerarqu?a mafiosa, que l hab?a cedido debido a la forzada comisin de servicio. A su ex patrn Lucky Vito no lo tomaba en serio. En primer lugar, porque a Luciano lo deportaron a Italia, y segundo, aquel bailaba al son que le tocaba el jud?o Lansky, el cual convenci al capo de todos los capos, que Vito apunta al puesto del rey ?Pues que sea as?! Con qu satisfaccin Vito le agujerar?a la frente a este p?caro zorro Lansky. Pero este se ocultaba tras la espalda del matn Bugsy Siegel y se amparaba en la amistad con el indubitable Lucky, al cual hasta ahora le respetaban y tem?an.

En lo que se refiere a Lansky, Vito decidi no apresurarse. Pero, en cuanto a Anastasia, ya no se pod?a demorar ms. De otra manera, el jefe del clan de asesinos profesionales personalmente se las arreglar?a con l. Vito con anticipacin entabl contacto con uno de los capos de la familia de Anastasia, Carlo Gambino, prometindole respaldo en el caso de que liquidara a su jefe. Pronto Alberto Anastasia desapareci. Encontr su muerte en una peluquer?a. Carlo Gambino encabez su propia familia y Genovese pod?a tranquilamente dirigir la mirada a Cuba y as? impedir que Meyer Lansky gobernara indivisiblemente la isla. El rey del gambling estaba en guardia. Luego regal a Batista el hotel Nacional, en La Habana, y prometi pagar tres millones de dlares al a?o reservndose el derecho exclusivo de repartir los terrenos para edificar hoteles y casinos en el litoral cubano.

Pero hasta ese momento hab?a a?n tiempo de sobra. Casi cinco a?os. Mientras tanto, Lansky y los socios tuvieron que luchar contra Genovese. Menospreciaron su audacia. En 1948, Vito logr entablar amistad con el nuevo presidente de Cuba, Pr?o Socarrs. Sin embargo, las ambiciones de Vito de ninguna manera dominaban sobre su previsin. La victoria provisional sobre Lansky y otras familias neoyorquinas estaba dispuesta a cambiarla por un armisticio a largo plazo, con la condicin de que se le concedieran iguales oportunidades para blanquear los beneficios en la isla de los prost?bulos y casinos.El acuerdo para organizar la revuelta, encabezada por el sargento de bolsillo de Lansky, Fulgencio Batista, Genovese lo aprob solamente en 1952 tras el exitoso atentado contra Albert Anastasia y las palabras de Joe Bonano, que asegur que ni Lansky ni nadie ms se pondr?a a obstaculizar el business hotelero y el negocio de apuestas de Vito en La Habana, as? como tambin atentar contra la vida de su amigo cubano Pr?o Socarrs. Adems, sabiendo las prioridades de la organizacin de Genovese, se declar que la familia de Bonano no admitir?a la venta de drogas: Uno puede relajarse sin esta mierda cuando hay tantas terneras y ron.

El leg?timo presidente derrocado, aunque adquiri una imagen estable de ladrn, pod?a servir en el caso de que el dictador empezara a rebasar todos los l?mites. De tal modo, Vito convenci a los jefes de las otras familias que ellos necesitaban a Pr?o vivo. En eso quedaron de acuerdo. En la poca de Batista, Vito edific un hotel con un casino en La Habana. Transcurr?an los a?os, y el dictador no lo irritaba, podemos decir, que luego, pasados los a?os, pod?a ser ofrecido Socarrs al feroz Fulgencio y a los colegas de la mafia. Echa un hueso al perro y se olvidar de la pechuga de pato.

Dej de existir la necesidad de Vito de contactar con Socarrs, a?n porque los competidores no se resist?an a sus contactos directos con Fulgencio, sin la mediacin de ellos. Este galgo result ser un buen chico. Espacio bajo el sol hab?a para todos. Cuba era una mina de oro, cada a?o iba convirtindose en un autntico El Dorado. La dictadura de Batista serv?a a todos los que ten?a dinero.

No era casual que apostaran por l. A diferencia del ladrn-liberal Socarrs, el mestizo rabioso pod?a asegurar la entereza de las inversiones norteamericanas, aplastar cualquier heterodoxia y romper la oposicin en el huevo. Para estos fines dispon?a de un ejrcito de cuarenta mil personas, armado con el dinero de la mafia.

Quien, en aquella poca, en 1947, en el carnaval, cuyo motivo oficial era crear el Comit de Amistad Americanocubana, pudo pensar que la vida del siguiente, a continuacin, destronado presidente de Cuba, el aristcrata Pr?o Socarrs, ser?a salvada, en cierto grado, gracias a la revolucin. En la multitud de miles de pazguatos estaba parado un altaricn forzudo con facciones correctas de la cara y con una mirada ojimorena ardiente, al cual le estar?a predestinado encabezar la revolucin. Mirando el aquelarre, organizado por los gnsteres y oligarcas, el muchacho dijo entre dientes con odio:

Los yanquis ahora se limpiarn las botas con nuestra bandera. Para ellos nuestra bandera es solamente una toalla en una guarida, en la que estn convirtiendo nuestra isla Pasados algunos a?os, bajo la direccin de este joven, los cubanos expulsarn a todos los que hoy han estado dirigiendo este carnaval ejemplar. Batista apenas se quit de en medio, salvando su vida. Rockefeller perder sus refiner?as de petrleo, plantaciones de caf y tabaco. Los latifundistas quedarn sin los inmensos campos de ca?a de az?car. Meyer Lansky, yndose precipitadamente, olvidar en la isla el malet?n con quince millones de dlares en efectivo y se despedir de la esperanza de recuperar sus inversiones. En Cuba, el que menos sufri de toda dicha epopeya fue Vito Genovese, pero solamente debido a que, para el momento de la marcha triunfal de los rebeldes barbudos, en julio de 1958, l ya habr sido acusado en la venta de drogas y encarcelado en los EE.UU. Hasta la victoria de la revolucin quedaban doce a?os

Mientras que a bordo del buque de seis cubiertas los yanquis examinaban con arrogancia la infinita hilera de faroleros, bailarines con molinetes de diferentes colores y banderines acoplados de Cuba y Estados Unidos. As? mostraban la hospitalidad del pueblo hacia los huspedes forasteros. Es verdad que los visitantes inicialmente pretend?an desempe?ar el papel de anfitriones. Estaban dispuestos a dictar a los abor?genes las nuevas reglas de la vida, cuya universalidad se demostraba no mediante referendos, sin acudir a una civilizacin altamente desarrollada, sino valindose del dinero. ?Perlas en enorme cantidad! Eso apestaba a cadveres, pero ninguno de ellos lo notaba. En efecto tambin eran difuntos. Solo eran vivos nominalmente. Y no a largo plazo

Los negros semidesnudos cuerpo arriba rompieron a golpear las congas africanas y las percusiones. Centenares de bailarinas casi desnudas, en exticos trajes de plumas, se pusieron a agitar las nalgas al son de los tambores

Los mafiosos, uno tras otro bajaban, por la escalerilla a la alfombra de pasillo. Tronaron los ca?ones. El jefe de la seccin de la guardia honoraria, no se sabe por qu, asustado, hizo el saludo militar. Batista dio un taconazo. A?n siendo todav?a presidente, San Mart?n llev la mano a la visera por inercia e hizo entrega a los norteamericanos en una almohadilla la llave simblica de La Habana, lo que sirvi de se?al para hacer soltar fuegos artificiales y cometas. Las puertas de la ciudad, que durante toda su historia se consideraba ser una fortaleza invulnerable, en esta ocasin las abr?a voluntariamente a unos intrusos. La multitud alborozada sonre?a a mand?bula batiente. Los que pierden el orgullo se convierten en lacayos de los que prefieren la altaner?a, al orgullo.

La ?nica persona que no se regocijaba era un muchacho alto con pelo negro ondulado, cuya cabeza se elevaba como un pico inalcanzable sobre las coronillas de un bosque humano mixto. Acababa de cumplir 20 a?os, no se cohib?a expresndose, y no intentaba siquiera contener su clera.

?Acaso ustedes son ciegos? ?No ocultan su desdn hacia ese miserable payaso! en voz alta declar este, lo que asust horriblemente a la gente parada al lado. Se echaron a un lado de l, como si fuera un leproso y se desvanecieron por los lados.

Transcurridos unos instantes, junto al mozalbete ya no hab?a nadie. Los circundantes miraban con la boca abierta al hombre robusto, locuaz, estando a una considerable distancia, sin desear meterse en una discusin con el joven imprudente, ni a?n ms llamar a la polic?a que hab?a inundado ese d?a El Malecn. Sin embargo, la curiosidad ya no es s?ntoma de indiferencia.

De repente, el gigante sinti el roce de una mano delicada de una chica. Le tiraba de la mano una hermosa rubia, parecida a un ngel bueno, pero muy frgil. Lo arrastraba tras s?, apartndole de los espectadores tuturutos.

?Para qu te expones a tal riesgo? pregunt ella tras haber alejado al orador de la multitud que le rodeaba a una distancia conveniente.

?Te es grato ver cmo a los cubanos los estn convirtiendo en gente de segunda, solamente por ser ms pobres! pronunci apasionadamente estas palabras el guapo joven cubano.

No pareces ser pobre. Habl con muchachos ms pobres que t?  mir la chica evaluando su ropa y el calzado.

Soy hijo de un latifundista, pero eso no cambia nada. Toda nuestra tierra pronto lo comprarn los yanquis a precios casi regalados. Y los que se negarn a venderla, ellos quedarn enterrados ah?.

?Hijo de un latifundista? volvi a preguntar la joven.

S?, soy hijo de Don ngel Castro y Lina Ruz Gonzlez. Me llamo Fidel Alejandro, ?y cmo te llamas t??

Soy Mirta D?az-Balart  se present la muchacha  Pero si eres hijo de un latifundista, entonces, probablemente tu familia recibi la invitacin a la fiesta benfica, que organiza el presidente San Mart?n en el hotel Nacional en honor de los gringos, amigos de Cuba.

?Los amigos de Cuba? Fidel frunci las espesas cejas y refunfu? como una cobra  Cuba tiene solo dos amigos, el honor y la dignidad. Creme, el demagogo que lame las botas del gringo, aunque l sea tres veces profesor, no podr por mucho tiempo enga?ar al pueblo. Nuestro presidente es un mu?eco de cartn piedra, el cual, de un momento a otro, ha de ser quitado de la mu?eca y lo cambiarn por otro nuevo. Los marionetistas verdaderos le ense?arn al nuevo mu?eco a asimilar varias cosas, ladrar lo ms alto posible a su propio pueblo, saludar sonriendo a los due?os y sin piedad aniquilar a aquellos que atentan contra la propiedad de los norteamericanos.

?Siempre ests tan furioso? ?O solamente al ver a los gringos bien mimados, mejor vestidos que t?? Mirta interrumpi las palabras del joven.

?Y t? siempre eres una tonta o te convertiste en ella en el momento cuando tomaste otro color, el de pelirrubia? se lo dijo groseramente Fidel e inmediatamente se larg lo ms lejos posible de la procesin de carnaval, y yndose dec?a irritado, ?Hay alguna diferencia si miramos lo que lleva puesto una persona? Se puede toda la vida llevar la misma ropa, lo principal es que est limpia y planchada como una guerrera militar La se?orita ofendida qued inmvil unos instantes, como si estuviera inmersa en una orgullosa soledad, luego lanz al vac?o:

?Grosero, soy rubia natural! ?Vete al Diablo! Tengo que prepararme para la fiesta.

Habiendo tragado la injuria, Mirta se fue a casa. All? la esperaba una manicura y la modista con nueva ropa hecha. La costura del muy caro ropaje se lo pag generosamente su t?o rico, futuro ministro del gobierno de Batista.



* * *



Aproximadamente para las ocho de la noche hacia el Nacional empezaron a arribar las limusinas. De la mano fcil del presidente titular toda la lite de cubanos, los grandes terratenientes, los pol?ticos, los militares, la bohemia vino a presentar sus respetos a los inversionistas norteamericanos. A todos les ofrec?an torta y caf. Los camareros con lazos llevaban en las bandejas copas con champa?a francs.

Las chicas con sombreros hongos y fraques puestos al cuerpo desnudo ofrec?an whisky escocs. El tradicional ron cubano lo serv?an en el lobby-bar. Se supon?a que los gringos que a?n no tuvieron tiempo para probarlo, se juntar?an en la barra. Mientras los locales preferirn beber bebidas extranjeras.

La banda de jazz ejecutaba a las mil maravillas Sun Valley Serenade. Frank Sinatra para el p?blico de ac no era una gran estrella, pero como animador actuaba bastante bien.

Y si no fuera as?, quin entonces aqu? podr?a tomar en consideracin a los reyecillos patrios. Gradualmente, a eso de las doce de la noche, el papel de los cubanos se estrech en infinitas aseveraciones y juramentos de fidelidad a las autoridades, as? como mostrar la hospitalidad a los yanquis. Ciertas esposas de los nuevos ricos, aquellas que se ve?an arreglar sus vestidos, expresaron as? su amabilidad en una muy original forma, directamente en los apartamentos del hotel. Los gringos estaban contentos.

Sinatra, no se sabe por qu, no invit al micrfono al presidente, sino al coronel Batista. El efecto de tal sorpresa hizo desembriagar a la lite local, hab?a quedado claro a quin los forasteros daban preferencia. La alusin expl?cita era igual a una humillacin p?blica a San Mart?n.

?Se?oras y se?ores! empez de manera muy animada el futuro dictador con una copa en la mano. Batista no se sent?a molesto en cuanto al presidente, que se hab?a turbado. Tales minucias no le incomodaban nada. El brindis val?a mucho. ?Eso s?! Todo ha de ser correcto. Es importante, Me conocen a m? como un partidario acrrimo de la democracia y adepto devoto de la ley. Estoy orgulloso de que mis convicciones las forj en el mismo lugar donde recib? mi educacin. Era una academia militar que se extend?a apenas a noventa millas de nuestro pa?s, en un enorme estado amistoso, baluarte del mundo libre y un escudo seguro contra la peste comunista, nuestro gran vecino del norte, ?Estados Unidos de Amrica! ?A la salud de nuestros amigos!

l termin muy inspirado, y la multitud se puso a aplaudir. Todos menos una persona

Mirta se equivoc cuando supuso que el padre de Fidel, don ngel Castro Argiz, recibir?a las invitaciones para la velada en el Nacional. En primer lugar, don ngel viv?a en la lejana provincia de Oriente, en segundo lugar, era un terrateniente de recursos medios, poco destacado para el p?blico capitalino, adems, pose?a una m?sera instruccin, aunque de manera muy activa abordaba la pol?tica. Tercero, siendo villano de origen, inmigrante de la pauprrima provincia espa?ola de Galicia, ngel lleg a alcanzar todo en la vida valindose de su listeza humana y las cansadas manos callosas. El ex campesino gallego se sent?a incmodo, hallndose entre los altaneros herederos de enormes latifundios, a pesar de tener sus abundantes cosechas de ca?a de az?car, las que se hicieron leyendas en las inmediaciones de Santiago.

Los chismosos sol?an decir que don ngel estaba ganando hasta trescientos pesos al d?a. Esta informacin originaba una insana obsecuencia con relacin a su hijo Fidel en las almas de los condisc?pulos del ni?o en el Colegio de la Orden de los Jesuitas.

Hubo un per?odo que, a este emprendedor hombre de negocios, que pose?a la ms lujosa y magn?fica vivienda, lo frecuentaban los politicones de Santiago. Estas conversaciones y promesas fcilmente convenc?an al confiado don ngel que este ofrendara considerables sumas a las campa?as electorales. Como resultado el dinero, que logr alcanzar con sudor y noches sin sue?o, desaparec?a en la nada.

No hay mal que por bien no venga. Tras estos contactos absurdos don ngel se puso, por fin, a prestar o?do al raciocinio y a la exhortacin de su cnyuge semianalfabeta, oriunda de la provincia de Pinar del R?o, Lina Ruz Gonzlez. La querida esposa consigui alcanzar el fin deseado, deshabitu a los huspedes chinchorros y pedig?e?os y le quit las ganas a su esposo de meterse en proyectos dudosos.

El miedo ante los engre?dos alfabetizados don ngel lo llevaba por dentro. Por eso do?a Lina no ten?a que persuadirle para que asignara dinero a la educacin de los chicos. La ambicin por el saber se hizo culto en la familia de Castro. Los ni?os agradecidos pagaban a los padres cuidadosos con su aplicacin en los estudios.

El graduado del colegio catlico Beln, el hijo de don ngel Castro y do?a Lina Ruz, Fidel, junto con el diploma de graduacin de la institucin docente jesuita recibi del rector monse?or Savatini un diploma de despedida, en el cual se dec?a: Fidel Castro Ruz pudo ganarse en el colegio una plena admiracin y el amor. Quiere dedicarse a las ciencias jur?dicas, y no dudamos que en el libro de su vida inscribir numerosas pginas maravillosas[13 - La cita del libro de Moreno Rodr?guez Fidel Castro. La biograf?a. Fue editado en 1959 en La Habana.]

En 1945 Fidel se hizo estudiante de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana. Teniendo en cuenta el ?nico defecto de su padre, al cual pod?an embrollar los granujas de vasta cultura, y, habiendo heredado de su madre la insaciable pasin por los conocimientos, Fidel muy temprano se aficion a la lectura. Hasta emprendiendo viajes lejanos, por ejemplo, hallndose en la tempestuosa Colombia, insubordinada al rgimen pro americano, en la mochila de uno de los l?deres estudiantiles de La Habana, cuyo apellido era Castro, apenas cab?an cuidadosamente encordeladas peque?as pilas de libros de literatura e historia. Los amigos se re?an del ascetismo y los cachivaches del joven, ya que en realidad cre?a que podr?a sustentarse por veinte centavos al d?a, sin que nada le faltara

Risa con risa, pero en una celda solitaria, en un calabozo de la isla de Pinos  rplica funesta de la prisin estadounidense de Sin-Sin  precisamente el amor abnegado a sus acompa?antes-libros, que embellec?an la reclusin forzada y ayudaban a olvidar el completo aislamiento, en cierta ocasin ese amor le salv la vida. El celador, que hab?a recibido la orden de envenenar al caudillo de los rebeldes, se compenetr de gran respeto al preso audaz despus de un caso incre?ble

Aquel d?a en la isla se desat un huracn terrible. El cielo expel?a truenos y rfagas, sollozando con una incesante lluvia tropical. Pues, en ese momento del cataclismo, cuando el agua brot de todas las redendijas y fisuras en las cmaras, el recluso Castro lo primero que hizo fue lanzarse a salvar sus libros. Fidel, habiendo sido advertido por el fallido asesino, rechaz el bodrio de Batista, y declar el inicio de una huelga de hambre contra las condiciones inhumanas del mantenimiento de los detenidos.

Luego le permitirn verse con Mirta, y ella, como siempre, se pondr a convencerle de que reniegue de esa lucha desprovista de sentido y reconozca la legitimidad de la junta a cambio de la amnist?a. Fidel hizo para s? una observacin muy notable a partir del lejano momento del encuentro entre ellos en el hotel Nacional, la apoliticidad de la chica no sufri ningunos cambios visibles. Aquella fue la primera cita de los dos. La que se hab?a dividido en dos encuentros en un solo d?a. Era un d?a de agosto de 1947. Fue muy fogoso, hasta demasiado fogoso

Eres t? de nuevo, y vuelves a destacarte de la multitud, no solo por la estatura, sino por un muy marcado desprecio hacia el orador  Fidel se alegr al o?r una vez ms la vocecita de la rubia caquctica huesuda.

Orador  eso no se refiere a l. Es simplemente un can, que brinca en las patitas traseras esperando recibir un huesito grasoso  salud fr?amente a la nueva conocida.

?T? viniste a contemplar una funcin de circo? ?Es que t? en realidad eres indiferente a tales juergas, qu ests haciendo entonces aqu??

?Puede ser que vine esperanzada de verte? hizo pasar la conversacin a otro plano el macho  estudiante de derecho de segundo a?o, que llevaba bigotes ralos  lo que desconcert a la estudiante de la Facultad de Filosof?a y Letras.

?Para qu necesitas a una tonta de nacimiento, es que nac? rubia! con desaf?o lo dijo la chica.

No s por dnde empezar. Se acumularon dos causas enteras para que yo acuda aqu? invitado no invitado.

?En qu sentido no invitado  no comprendi Mirta  acaso tu familia no recibi la invitacin?

No.

?Cmo entraste sin ella?

La rob.

La respuesta hizo sonre?r a la guapa. l no tergiversaba la verdad. La invitacin ingres en la Universidad de La Habana en un solo ejemplar y lleg a nombre de un l?der formal de una organizacin juvenil que no gozaba de autoridad. Los estudiantes radicales no reflexionaron mucho rato, quin deb?a ir a la velada. Se hab?a decidido aprovechar la tribuna para hacer una declaracin pol?tica. No encontraron tiempo para organizar una accin, pero el ardor revolucionario acaloraba la sangre joven.

Mientras tanto, Mirta ard?a por enterarse de cules eran las dos causas que motivaron a este galn a visitar el hotel Nacional, donde se hab?a reunido una tan desagradable compa??a para l:

Ahora reltame acerca de los dos motivos que te empujaron a venir a esta cloaca de aduladores y payasos. ?Espero que la causa primordial sea yo? ?Probablemente quer?as verme para disculparte por la groser?a tuya?

No tuvo tiempo Mirta en recibir, aunque sea una m?nima respuesta, y en ese instante entr con violencia en el hotel, aullando y ululando, una bandada de representantes de la vanguardia revolucionaria del estudiantado de La Habana. Unas cuarenta personas, principalmente jvenes no mayores de veinte a?os, se precipitaron al vest?bulo, arrollando en su camino a los guardias, porteros y maestresalas, gritando consignas antigubernamentales, tirando contra los burgueses y plantadores tomates podridos.

?Esta es la causa principal! grit con furia Fidel, y, dispersando al p?blico con los codos, se dirigi a la escena.

Le atajaron el camino mocetones robustos de la seguridad personal de Grau. Al lado de la tribuna se entabl una pelea. Los compa?eros de Fidel llegaron a tiempo para prestarle ayuda.

La m?mica no adecuada de los m?sicos de la banda de jazz y la confusin del animador contrastaban con el empuje seguro de los golfos. Se ofreci a aplastar el ataque de los rufianes desaforados el edecn de Batista, enfurecido del impacto directo del tomate a su nuevo uniforme de gala. Dispar hacia arriba con una pistola tipo Beretta, pero acert desafortunadamente en una enorme ara?a de cristal. Una lluvia de trocitos empez a caer sobre el p?blico, que hace poco tiempo se ve?a muy pausado, lo que conllev a un desenfrenado atropello lleno de pnico entre ellos. Varias damas cayeron desmayadas y sus esposos intentaban torpemente portarlas lo ms lejos posible de la bacanal. El poco exitoso tirador, habiendo advertido que, a su patrn, al presidente, y a la delegacin de los huespedes los apartaron muy lejos del pecado, concibi que no hab?a ante quien hacerse el hroe, y se dirigi a pedir refuerzos.

Habiendo alcanzado la tribuna con el escudo de Cuba, uno de los jvenes patriotas arranc del mstil decorativo la bandera estrellada a rayas, la arrug y la tir a la multitud. Luego vocifer algo al micrfono, que no ten?a nada que ver con el momento de la accin, ser?a algo sobre la flora y fauna. Solo comprendido por l, su lenguaje de metforas profundas resulto ser inaccesible al auditorio, por su contenido como tal, y tampoco porque alguien ya hab?a desconectado los micrfonos. La decepcin no dobleg al joven, aspir un metro c?bico del aire y vocifer a grito pelado:

?Gringo! ?Go home!

Esta rplica la comprendieron todos, peridicamente, o, aunque sea una vez en la vida, la pronunci cada uno, pero en total el speech no fue exitoso. Al fallido Cicern lo hicieron bajar de la tribuna tres pares de manos velludas. El vest?bulo lo inundaron los polic?as y los militares con fisonom?as sombr?as y gente vestida de paisano con jetas de shar-pei. Los civiles daban rdenes a los que llevaban uniformes. A los alborotadores pronto los hicieron retroceder hacia la salida. Ah? les dieron una buena paliza aplicando las porras. A alguno de ellos le ataron las manos y los cargaron en los coches de la polic?a y en un camin militar.

Fidel de nuevo evit el arresto. Es que los que intentaban doblegarle se hallaban tendidos en el parqu lacado, contrayndose del dolor, como si fueran Bandar-logs, enganchados con la pata del temible oso Baloo.

?Y Mirta qu? Ni un solo paso se separ del hroe alocado. Apenas se hubo aclarado que la accin espontnea de los estudiantes fracas estruendosamente, y el orden en el hotel poco a poco iba restablecindose, ella, sin incomodarse, lo tom del brazo y lo condujo a la salida.

Una dama de ciertos kilos encima, en un vestido de gala, de repente, refunfu? a espaldas y luego lanz un chillido, mostrando con un abanico plegado en direccin del fortachn:

?Este es su dirigente! ?Este es su gu?a! ?Ese joven robusto con bigotes asquerosos!

Es bueno que las exclamaciones de la se?ora desaparecieran en ese griter?o. La misma Mirta, como un gato salvaje, refunfu? de manera amenazante a la delatora. Aquella, sin encontrar respaldo, despleg el abanico y se puso a agitarlo, siguiendo resoplando de calor o de rabia.

El edecn de Batista arrib con un refuerzo, finalizando ya el espectculo. No pudo interceptar a su ofensor, al lanzador de tomates despeluzado. Tuvo suerte el hooligan. Si lo hubieran agarrado, lo primero que habr?an hecho con l, lo obligar?an a lavar a mano el uniforme estropeado.

?A rodear el hotel! ?Disprsense por el per?metro! iba dando sus rdenes tard?as a los soldados, mirando de un lado a otro en busca de su patrn

En lo que se refiere a Fulgencio, esa insolente acometida de los desbocados radicales favoreci a su pol?tica. Meyer Lansky y Sam Giancana una vez ms pudieron convencerse de la incapacidad del presidente Grau de evitar tales intervenciones por parte de los extremistas. Es que justamente la travesura proveniente de la juventud desarmada y de cara amarilla dir?amos que son unas florecitas en comparacin con las bayas, que representan una amenaza real de la oposicin de izquierda.

l nunca pudo vaticinar un fenmeno y adelantarse a l  el ex escribano-parven? del estado mayor a sus due?os norteamericanos.

?Podrs hacerlo? Lansky le mir como fiera carn?vora.

He sido creado para esto  le asegur Fulgencio  har pudrirse a esos holgazanes en las prisiones y voy a castigar a los incitadores de los desrdenes. Los fusilar sin juicio alguno. Crear una estructura especial destinada a cazarlos. Abrir la temporada de caza de los rojos.

En este caso no te diferenciars en nada del dictador Machado y te derrocarn tambin  expres su opinin Sam Giancana.

No te olvides que Machado en el a?o 1933 huy a las Bahamas justamente gracias a nuestro amigo Fulgencio  le hizo recordar Lansky, satisfaciendo as? a Batista y a?adi  Est bien, te haremos presidente y te regalaremos este lujoso hotel Nacional. Pero recuerda que hemos gastado y a?n gastaremos aqu? cantidad de dinero. Hay que decir que de manera argumentada exigiremos la proteccin de nuestras inversiones en tales proyectos.

El ejrcito de Cuba est a vuestra disposicin  como si hubiera dado parte Fulgencio conmovido.

Y a tu disposicin tienes a la Cosa Nostra  se sonri Sam. Esa rplica ven?a oliendo a intimidacin. Pero Batista no tem?a enfrentarse a la responsabilidad. l sabr cmo ganarse los favores y ante la mafia, y ante la CIA, cuando reciba el poder ilimitado sobre su propio pueblo. Estaba dispuesto a santificar su juramento de lealtad a los que donan el poder con sangre. No con la suya, sino del altar de sacrificios humanos. Sus antepasados, indios de la tribu siboney, hallndose en un estado de xtasis religioso, no registraban cuntos ser?an los sacrificados que deber?an satisfacer a sus ?dolos.

?Capo, aqu? hay alguien! uno de los guardaespaldas inform eso al jefe. Giancana se apart bruscamente de los arbustos, donde vio en ese lugar una visible agitacin. Otros dos guardias ya hab?an sacado sus revlveres para rechazar el ataque y proteger a Lansky y Giancana. Fulgencio tambin sac de la ca?onera su pistola, con una empu?adura incrustada y un grabado con la imagen de una, ?nica en su especie, mariposa cubana en el ca?n y tom la pose de guardaespaldas.

?Jefe, aqu? en los arbustos hay una dulce pareja! se sonri un gnster desdentado. Mirta, en un abrir y cerrar de ojos se orient debidamente en la situacin y cubr?a de besos a Fidel. Sea como sea, no dir?amos que l intentaba oponerse. Al contrario, a los oradores le gusta besarse con las chicas guapas.

?Mirta D?az? Batista hizo grandes ojos de la sorpresa  La conozco. Es la sobrina de mi futuro Ministro del Interior. ?Con quin ests?

Es mi amigo, Fidel. Es el hijo de un latifundista de Birn  con un tono suplicante susurraba la chica  no se lo cuente, por favor, a mi t?o y a mi padre.

"Por favor" en sus labios son con aire suplicante y servicial. A Fulgencio eso le pareci la ?nica y verdadera entonacin en este caso concreto. Naturalmente, no se pondr a desenmascarar a la jovencita ante el severo padrazo, otra vez exhibir la condescendencia, la cual no le costar nada.

Giancana perdi el inters por la pareja descubierta y habindose despedido de Lansky y Batista, se dirigi a sus apartamentos. Mientras Lansky mostr una mayor curiosidad.

Parece que el joven perdi la palabra  pic este a Fidel  ?Do you have an invitation?[14 - Do you have an invitation? ?Tiene Ud. una invitacin? (ingl.)]

El joven permanec?a callado. Esto pod?a ser solamente entendido porque l no dominaba el ingls. La chica suplicaba a Dios que el muchacho no se descubriera. Pero, parec?a, que de ella ya nada depend?a. Se acerc a Batista corriendo su edecn jadeante. Probablemente, para reportar algo. Pero al ver a la persona bigotuda, a este le indic con el ca?n de la beretta, expresndose as?:

?Este es el caudillo de los rebeldes! l quer?a arrestar a Fidel, pero Batista hizo parar con un gesto a su subordinado ardiente, se aproxim muy junto al joven Castro y le susurr al o?do:

Si es as?, estoy muy contento de conocer al caudillo.

Fidel segu?a guardando silencio. Batista una vez ms lo perfor con su mirada, mir severamente a Mirta y gui?ando a Lansky, que no comprend?a ni una palabra en espa?ol, sentenci ms bien para el edecn:

Es poco probable que lo diga.

Meyer Lansky esperaba las explicaciones.

Se?or Lansky, mi edecn por todos lados ve a conspiradores ocultos  tom del brazo a su protector, apartndole de Mirta y de su acompa?ante  los hijos de los ricos no son peligrosos para nosotros. En sus cabezas sopla el viento.

El viento comunista  le corrigi Lansky, descontento de que el rebelde haya podido evitar el castigo merecido, como si lo presintiera  en un futuro no lejano habr hechos desagradables ligados con este hombre callado. Como si mirara en el agua.

Fidel nunca se reputaba de ser una persona callada, pero Batista, muy seguro de s? mismo, ni esta vez, ni en las veces posteriores, no apreci debidamente al joven robusto, considerndole un advenedizo torpe, a semejanza de decenas de tales gritones del partido de ortodoxos, de la Federacin de Estudiantes Universitarios, del as? denominado Directorio Revolucionario. Adems, el larguirucho est?pido, sin saberlo, le hizo un gran favor, poniendo de manifiesto a sus socios toda la incapacidad de los presidentes civiles.



* * *



El 10 de marzo de 1952, Batista, valindose del dinero de Lansky y Giancana, dio un golpe de estado. El pueblo estaba en shock, el presidente leg?timo huy a los EE.UU., aunque el putch ven?a revelndose en los medios. Pero Batista, justificando ante los norteamericanos la reputacin de una persona de accin, de mano fuerte, cerr los peridicos Hoy y La palabra, las revistas Mella y La ?ltima hora. La gente de Fulgencio llev a cabo un ataque al programa televisivo Universidad en el aire. Lo destruyeron y golpearon cruelmente a los corresponsales. Para que sea completo el acto, este suspendi una transmisin de TV  absolutamente inofensiva, que no ser?a clasificada como neutral, sino contemplativa  Ante la prensa. Fue hecho por si las moscas.

La prensa norteamericana, llevada de la mano de Lansky y las familias neoyorquinas, justificaba la actividad del dictador, ligndola a la necesidad de organizar una severa resistencia a la difusin de la peste comunista. La guerra fr?ase hallaba en pleno apogeo y favorec?a a la pol?tica de Batista y de la mafia. Se estableci una dictadura.

Fidel result que se hallaba en la crcel tras el intento fracasado del asalto al cuartel Moncada, en Santiago de Cuba, el 26 de julio de 1953. A ciento treinta y cinco sublevados se le opon?an dos mil soldados del ejrcito regular. Decenas de compa?eros de lucha de Fidel fueron asesinados cruelmente por la soldadesca. Qued vivo milagrosamente, y tras las rejas esperaba el juicio. El l?der rechaz al abogado. Decidi defenderse a s? mismo.

En las audiencias del asunto 37 de 1953 presid?a la sesin un tribunal extraordinario. Precisamente aqu? no naci un l?der de una separada banda de insurgentes, sino un pol?tico a escala pancubana. El Movimiento 26 de julio se dio a conocer por la boca de su l?der, como una fuerza real en Cuba. El discurso acusatorio en su defensa, lleno de un enojo justo, maravill hasta a los lameculos de Batista y fue acogido con entusiasmo por el pueblo.

El 16 de octubre, en una peque?a sala de una escuela de enfermeras adjunta al hospital Saturnino Lora, se celebr una farsa judicial sobre Castro. l ya hab?a sobrevivido a dos atentados fallidos en la celda de arresto del municipio, donde lo colocaron en una cmara individual. Cuando se irgui en toda su estatura, llevando una toga descolorida, ante sus acusadores, aquellos comprendieron que en vano le permitieron hablar a Castro. Pero ya era tarde.

Su discurso dur mucho ms que el del procurador, que motiv la necesidad de encarcelar a Castro a 26 a?os de prisin, se limit a hacerlo en dos minutos. En realidad, a la brevedad le da igual de quien hermana ser: del talento o de la dislalia. Fidel necesit varias horas para exponer su opinin, y nadie se atrever?a a interrumpirle, ya que l dec?a la verdad. No obstante, el procurador varias veces lo interrumpi con rplicas maliciosas, repugnantes comentarios y preguntas mordaces. Las respuestas del arrestado hicieron alzar a este ante los ojos de los soldados que lo escoltaban.

Acudimos a la violencia de manera forzada, como lo hac?an los hroes cubanos. Jos Mart?, idelogo inspirador de nuestro asalto.

Alzamos la mano a los que realizaron la revuelta militar contra la Constitucin y el poder leg?timo, porque no ve?amos otro medio de luchar contra la junta criminal. Podemos justificar nuestro proceder no solo desde el punto de vista moral, sino en el plano jur?dico. Siendo jurista, envi a la Corte Suprema del pa?s una denuncia sobre la usurpacin ilegal del poder por el general Batista. Mi queja fue ignorada por el juicio, aunque, si tomamos el total de los cr?menes cometidos por Batista, a este se le deber?a condenar a cien a?os de prisin. Eso me convenci a m? y a mis partidarios en tomar las armas en las manos, ya que era imposible cambiar algo en el pa?s recurriendo a otros medios.

Si los rganos del poder p?blico no resultaron ser capaces de enfrentarse contra los rebeldes militares, y el ejrcito pas al lado del dictador inmoral y bajo la direccin de este realiz un golpe de estado, eso significa que el pueblo no solamente puede, sino ha de armarse y conquistar la independencia con las armas en las manos. ?El pueblo tiene derecho a sublevarse contra la tiran?a!




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   ,     (https://www.litres.ru/pages/biblio_book/?art=56058825)  .

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notes








1


"santeros" descendientes de los esclavos, principalmente mulatos, seguidores del culto pagano santer?a, es de origen africano.




2


Krimilda es un personaje de la obra pica germnica el Cantar de los nibelungos




3


Od?n(nrdico antiguo (https://es.wikipedia.org/wiki/N%C3%B3rdico_antiguo)?inn), tambin llamadoWotanoWoden, es considerado eldios (https://es.wikipedia.org/wiki/Deidad)principal de lamitolog?a nrdica (https://es.wikipedia.org/wiki/Mitolog%C3%ADa_n%C3%B3rdica), as? como de algunas religionesetenas (https://es.wikipedia.org/wiki/Etenismo).




4


Algunas palabras tontas en alemn e ingls




5


Chico  se usa solamente en Cuba




6


A fines de los a?os noventa la estrella del f?tbol Diego Armando Maradona realmente arrib a Cuba, invitado por Fidel Castro para pasar un curso de cuatro a?os de rehabilitacin contra la drogadiccin.




7


Zunzuncito  pjaro mosca, o elfo de las abejas (Mellisuga helenae) es la especie ms peque?a de los colibr?es y de las aves en general.




8


LaDireccin de InteligenciaoDI, anteriormente conocida comoDireccin General de InteligenciaoDGI es el principal organismo estatal deinteligencia del Gobierno deCuba (https://es.wikipedia.org/wiki/Cuba).




9


Hatuey  cacique de los indios. Encabez la sublevacin de 15111512 contra los colonizadores espa?oles. Fue hecho prisionero por la orden de Diego Velzquez de Cuellar fue quemado en la hoguera.




10


babalao  es t?tulo Yoruba que denota a los Sacerdotes de Santer?a materializaron en la prctica su sue?o y no llegaron hasta el para?so en la Tierra.




11


Las escorias son un subproducto de la fundicin de la mena para purificar los metales.




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Gambling  los juegos de apuestas implican arriesgar una determinada cantidad de dinero o bienes materiales en la creencia de que algo, como un juego, una contienda deportiva, etc., tendr un resultado predecible.




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La cita del libro de Moreno Rodr?guez Fidel Castro. La biograf?a. Fue editado en 1959 en La Habana.




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Do you have an invitation? ?Tiene Ud. una invitacin? (ingl.)


