Un Amor Como Este
Sophie Love


Las Crónicas del Romance #1
"La capacidad de Sophie Love para transmitir magia a sus lectores está exquisitamente plasmada en frases y descripciones poderosamente evocadoras… [Esta es] la perfecta lectura romántica o de playa, con una diferencia: su entusiasmo y bellas descripciones ofrecen una atención inesperada a la complejidad no solo de la evolución del amor, sino de la evolución de la psique. Es una estupenda recomendación para los lectores románticos que buscan un toque más de complejidad en sus textos románticos".. –Midwest Book Review (Diane Donovan re: Por Ahora y Siempre).? "Una novela muy bien escrita, que describe la lucha de una mujer por encontrar su verdadera identidad. La autora hizo un trabajo asombroso con la creación de los personajes y su descripción del entorno. El romance está ahí, pero no en sobredosis. Felicitaciones a la autora por este increíble comienzo de una serie que promete ser muy entretenida”.. –Books and Movies Reviews, Roberto Mattos (re: Por Ahora y Siempre). UN AMOR COMO ESTE (Las Crónicas del Romance – Libro #1) es el debut de una nueva serie de romance de la autora de bestsellers Sophie Love… Keira Swanson, de 28 años, consigue el trabajo de sus sueños en Viatorum, una revista en Nueva York, como una aspirante a escritora de viajes. Pero su cultura es brutal, su jefe es un monstruo, y ella no sabe si podrá aguantar mucho tiempo… Eso cambia cuando a Keira, por casualidad, le dan una codiciada tarea y una gran oportunidad: viajar a Irlanda durante 30 días, presenciar el legendario Festival del Amor de Lisdoonvarna y desenmascarar el mito de que el verdadero amor existe. Keira, como toda una cínica y atrapada en una situación difícil con su novio de muchos años, está encantada de hacerlo… Pero cuando Keira se enamora de Irlanda y conoce a su guía turístico irlandés, que puede ser el hombre de sus sueños, ya no está segura de nada… Un torbellino de humor y romance tan profundo como divertido, UN AMOR COMO ESTE es el libro #1 en el debut de una nueva y deslumbrante serie romántica que te hará reír, llorar y te hará voltear las páginas hasta altas horas de la noche y hará que te enamores de nuevo del romance… ¡El libro #2 de Las Crónicas del Romance ya está disponible para reservar!





Sophie Love

UN AMOR COMO ESTE




U N  A M O R  C O M O  E S T E




(LAS CRÓNICAS DEL ROMANCE – LIBRO 1)




S O P H I E   L O V E



Sophie Love

La autora número uno de bestsellers, Sophie Love es la autora de la serie de comedia romántica, LA POSADA DE SUNSET HARBOR, que incluye seis libros (y contando), y que comienza con POR AHORA Y SIEMPRE (LA POSADA DE SUNSET HARBOR – LIBRO 1).



Sophie Love es también la autora de la primera serie de comedias románticas, LAS CRÓNICAS DEL ROMANCE, que comienza con UN AMOR COMO ESTE (LAS CRÓNICAS DEL ROMANCE – LIBRO 1).



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NOVELAS DE SOPHIE LOVE




LA POSADA DE SUNSET HARBOR

POR AHORA Y SIEMPRE (Libro #1)

POR Y PARA SIEMPRE (Libro #2)

PARA SIEMPRE, CONTIGO (Libro #3)

SI SOLO FURA PARA SIEMPRE (Libro #4)


LAS CRÓNICAS DEL ROMANCE

UN AMOR COMO ESTE (Libro #1)




CAPÍTULO UNO


Keira Swanson abrió las puertas de cristal de la revista Viatorum y entró con determinación. Era el Día del trabajo, pero ella, junto con el resto del personal de redacción, había sido convocada a trabajar con poco aviso.

Keira sabía muy bien que no había ninguna emergencia real, nada importante como para convocar a una reunión en medio de un día festivo. Pero la revista de viajes era un ambiente sumamente competitivo y a su jefe, Joshua, le gustaba «crear oportunidades para deshacerse de los débiles». Cualquiera que armara demasiado escándalo por trabajar en un día festivo o que luciera demasiado miserable en sus reuniones estaría desempleado en un abrir y cerrar de ojos. Keira había luchado tanto por un trabajo como escritora que no iba a caer en este obstáculo, aunque significara dejar a su novio, Zachary, en casa como anfitrión de un almuerzo familiar sin ella.

Ella se apresuró a su escritorio, con sus tacones negros de aguja deslizándose por los inmaculados azulejos blancos. El cuartel general de Viatorum estaba ubicado en la zona más moderna de la ciudad de Nueva York, en un enorme y antiguo almacén que había sido remodelado de forma muy elegante para usarlo como oficina. Las ventanas eran enormes, extendiéndose desde el suelo hasta el techo acampanado, donde las vigas de acero con grandes pernos aún se encontraban en su lugar desde los días en que se había utilizado como almacén. El ambiente abierto significaba que todas las conversaciones se escuchaban. Incluso los susurros resonaban. También significaba que nadie se atrevía a traer algo demasiado condimentado para el almuerzo. Keira todavía podía recordar el momento en que una nueva escritora, una chica tonta llamada Abby, había traído una ensalada de atún en su primer día. En el momento en que Joshua percibió el olor, se aseguró de que fuera el primer, último y único día de Abby en Viatorum.

Al mirar a través de la enorme habitación, Keira notó que no era la primera en llegar. Nina, su amiga y una de las asistentes de edición de Viatorum, ya estaba encorvada sobre su escritorio, martillando el teclado. Le lanzó a Keira una sonrisa rápida antes de sumergirse de nuevo en su trabajo.

Keira dejó su bolso sobre el escritorio y se desplomó en la silla, con cuidado de dejar salir un suspiro inaudible. No se había dado cuenta de que trabajar en la prestigiosa revista Viatorum implicaría actuar tanto, fingir tanto interés en las conversaciones, tanto fingir ser cumplida.

A través del cristal que separaba a Joshua de sus empleados, Keira se dio cuenta de que la estaba vigilando. Se preguntaba en qué pensaba, si estaba sorprendido al ver que ella era la segunda persona que había respondido a su convocatoria urgente, o si solo buscaba a alguien para despedir y ella se había convertido en la presa que había entrado en su territorio.

Joshua entró por la división de vidrio. Llevaba un traje azul intenso, con el cabello peinado en un copete. Se acercó al escritorio de Keira.

"¿Terminaste la investigación sobre Irlanda?" preguntó, sin siquiera molestarse en saludar.

Ah sí, el artículo del Festival del amor que Joshua fue asignado para escribir, por Elliot, el Presidente de Viatorum. Se suponía que era un proyecto enorme e importante, al menos eso es lo que Joshua había dicho, aunque la propia Keira no podía entender cómo un tonto artículo sobre un casamentero durante una ceremonia anticuada en un pintoresco pueblo irlandés podía ser interpretado como importante. Aun así, Joshua había estado de un humor aún más desagradable que de costumbre y, como su escritora más joven, a Keira se le había encomendado la tarea de hacer toda la investigación que él estaba «demasiado ocupado» para hacer.

«Más bien demasiado engreído», Keira pensó en silencio, mientras levantaba la vista y sonreía.

"Te envíe todo por correo el viernes antes de irme".

"Envíamelo otra vez", exigió Joshua sin perder el ritmo. "No tengo tiempo de buscarlo en mi bandeja de entrada".

"No hay problema", dijo Keira, sonando tan servicial como siempre.

Joshua regresó a su oficina y Keira le envió el correo electrónico que contenía una gran cantidad de información sobre el Festival Irlandés del Amor, sonriendo para sí misma al recordar lo tonto que era todo, lo asquerosamente romántico.

Tan pronto como el correo dejó su bandeja, las puertas se abrieron y un puñado de escritores de Viatorum entraron, cada uno pretendiendo que no estaban molestos por estar en la oficina en lo que se suponía que era un día de fiesta nacional. Keira podía escuchar sus conversaciones mientras trataban de sobrepasar a los demás con sus sacrificios.

"Mi sobrina estaba compitiendo en un torneo de béisbol", dijo Lisa. "Pero esto es mucho más importante. Lloró cuando le dije que me iba, pero sé que lo entenderá cuando tenga la edad suficiente y tenga su propia carrera".

Duncan no podía dejar que lo superaran.

"Tuve que dejar a Stacy en el aeropuerto. Digo, podemos visitar Madrid en otro momento, no es que se vaya a ningún lado".

"Acabo de salir del hospital donde está mi mamá", añadió Victoria. "No es que sea crítica ni nada. Ella entiende que mi carrera es lo primero".

Keira se guardó una sonrisa. El ambiente corporativo en Viatorum le pareció completamente innecesario. Deseaba que su carrera creciera por dedicación, habilidad y trabajo duro, en lugar de por su habilidad para hablar en el enfriador de agua. Eso no quiere decir que Keira no estuviera centrada en su carrera, sino que era lo más importante para ella en su vida en ese momento, aunque no lo admitiera ante Zachary, simplemente no quería transformarse para encajar en la cultura de la revista. A menudo sentía que estaba esperando su momento, esperando el momento para brillar.

Un segundo después, el teléfono de Keira sonó. Nina le había enviado uno de sus mensajes secretos.

«Supongo que Joshua no te mencionó el hecho que Elliot va a venir a esta reunión».

Keira se tragó un grito de sorpresa. Aunque el Presidente de Viatorum era un millón de veces más agradable que Joshua, ella se sentía más ansiosa cuando estaba en su presencia. Él tenía la llave del futuro de su carrera. Era el que tenía el poder de contratar y despedir con solo mover un dedo, la opinión del que realmente importa. Joshua nunca le diría a Keira si había hecho un buen trabajo, o si su forma de escribir había mejorado, sin importar lo duro que hubiera trabajado. Elliot, por otro lado, daba cumplidos cuando se los merecían, lo cual era raro, pero eso hacía que fuera aún mejor conseguir uno.

Keira estaba a punto de enviarle un mensaje a Nina cuando escuchó el sonido de los rápidos pasos de Joshua acercándose.

"¿Qué demonios es esta basura, Keira?" gritó antes de llegar a su escritorio.

Sus palabras resonaron por toda la oficina. Todas las cabezas se giraron para ver la más reciente paliza verbal, al mismo tiempo que se alegraron de no haberla recibido ellos y se entusiasmaron ante la perspectiva de que algún otro cordero de sacrificio satisficiera el impulso de Joshua de despedir a alguien.

"¿Perdón?" Keira preguntó amablemente, sintiendo como latía su corazón más fuerte.

"¡Esta basura sobre Irlanda! ¡Nada de esto sirve!"

Keira no estaba segura de cómo responder. Sabía que había hecho una buena investigación; se había apegado a las especificaciones, había presentado sus hallazgos en un documento fácil de usar, había ido más allá de lo que se le pedía. Joshua estaba de mal humor y se desquitaba con ella. En todo caso, esto era una prueba para ver cómo respondería a una paliza verbal pública.

"Puedo investigar más si lo deseas", dijo Keira.

"¡No hay tiempo!" Joshua gritó. "¡Elliot estará aquí en quince minutos!"

"Bueno…", interrumpió Nina, " de hecho se está estacionando justo ahora". Ella se inclinó sobre su silla, viendo afuera desde la gran ventana.

La cara de Joshua estaba completamente roja.

"No voy a cargar con la culpa de esto, Swanson", dijo, señalando a Keira. "Si Elliot termina decepcionado, le haré saber quién tiene la culpa".

Se fue pisoteando hacia su escritorio al otro lado de la división de cristal. Pero mientras avanzaba, uno de sus zapatos de diseñador aterrizó justo encima de un charco de café que uno de sus acosados y apresurados escritores había derramado en los suelos de baldosas en su apuro por ponerse a trabajar.

Hubo un momento de animación suspendida, en el que Keira pudo sentir que un terrible evento estaba a punto de desarrollarse. Luego comenzó, los movimientos de Joshua, como en los dibujos animados, deslizándose y tropezando. Giró el torso como en una extraña danza mientras trataba de mantener el equilibrio. Pero la combinación de azulejos de granito y macchiato era demasiado grande para dominarlo.

Joshua perdió completamente el equilibrio, una pierna disparando al frente mientras la otra se retorcía extrañamente debajo de él. Todo el mundo lanzó un jadeo cuando aterrizó de golpe y con fuerza en el piso. Un ruido crujiente retumbó a través de la enorme oficina, con un horrible eco.

"¡Mi pierna!" Joshua gritó, agarrándose la espinilla cubierta de sus pantalones azul eléctrico. "¡Me rompí la pierna!"

Todos parecían aturdidos en una parálisis. Keira corrió hacia él, sin estar segura de qué hacer para ayudar, pero segura de que romperse una pierna de esa manera tenía que ser imposible.

"No está rota", tartamudeó, tratando de sonar tranquila. Pero eso fue antes de que su mirada cayera en el incómodo ángulo de la pierna de Joshua, a través del desgarro de sus pantalones por el que vio el hueso que sobresalía. Las náuseas se apoderaron de ella. "Bueno…".

"¡No te quedes ahí parada!" Joshua le gritó, revolcándose en agonía. A través de un ojo entrecerrado echó una mirada a su lesión. "¡Oh, Dios!" gritó. "¡Rompí mis pantalones! ¡Cuestan más de lo que ganas en un mes!"

En ese momento, las puertas principales de cristal se abrieron y Elliot entró de golpe.

Incluso si Elliot no hubiera medido 1,80m, sería imponente. Había algo en él, en la forma en que actuaba. Podía sembrar el terror y la obediencia en la gente con tan solo una mirada.

Como ciervos atrapados en las luces, todos dejaron de hacer lo que estaban haciendo y lo miraron fijamente con miedo. Incluso Joshua se asustó en silencio.

Elliot contempló lo que tenía delante de él; a Joshua tendido en el suelo, agarrándose la pierna, gritando de dolor; a Keira parada indefensa sobre él; a la multitud de escritores parados en sus escritorios con expresiones de horror en sus rostros.

Pero la expresión de Elliot no cambió en absoluto.

"¿Alguien ya llamó a una ambulancia para Joshua?" fue todo lo que dijo. Hubo una repentina ráfaga de movimiento.

"¡Yo lo haré!", todos comenzaron a decir por encima de los demás mientras buscaban sus teléfonos en sus escritorios, desesperados por ser vistos como el salvador frente a Elliot.

Un brillo de sudor frío brillaba en la frente de Joshua. Miró a Elliot.

"Estaré bien", dijo con los dientes apretados, tratando de sonar tranquilo, pero fallando miserablemente. "Es solo un hueso roto. Menos mal que es mi pierna y no mi brazo. No necesito mi pierna para escribir el artículo sobre Irlanda". Sonaba como si estuviera delirando.

"Pero lo necesitas para subirte a un avión y caminar por las laderas", dijo Elliot con calma.

"Muletas", dijo Joshua, haciendo una mueca. "Silla de ruedas. Solo necesitamos adaptarnos un poco".

"Joshua", respondió Elliot, severamente, "El único lugar al que te envío es al hospital".

"¡No!" Joshua lloró, tratando de sentarse. "¡Puedo cumplir con la tarea! ¡Solo necesito un yeso y luego estaré como nuevo!"

Sin emoción alguna, Elliot ignoró las súplicas de Joshua y miró su reloj.

"Comienzo la reunión a las once en punto", anunció al equipo de redacción. Luego se fue a la sala de conferencias sin siquiera mirar atrás.

Todos se quedaron ahí, en silencio, sorprendidos, sin saber qué hacer. Y luego los gritos de Joshua los hicieron regresar a la realidad.

"Déjame traerte un poco de agua", dijo Lisa.

"¡No quiero agua! ¡Maldición!" Joshua gritó.

"Aquí", dijo Duncan, corriendo hacia él. "Necesitas elevar la herida".

Alcanzó la pierna dañada de Joshua, pero Joshua lo golpeó en los brazos. "¡No me toques! ¡Juro por Dios que si me tocas quedas despedido!"

Duncan se alejó, con las manos en posición de tregua.

"Llegó la ambulancia", Nina dijo desde la ventana, con las luces rojas y azules parpadeando desde el otro lado.

«Gracias a Dios», pensó Keira. Había tenido suficiente de Joshua por un día. Por toda una vida, si estaba siendo honesta consigo misma.

En ese momento, levantó la vista y se dio cuenta de que Elliot estaba de pie en la puerta de la sala de conferencias, viéndolos a todos revolotear alrededor de Joshua, actuando como pollos sin cabeza. Parecía menos que impresionado. Keira se fijó en el reloj. La reunión comenzaba en menos de un minuto.

Keira se dio cuenta de que había una oportunidad aquí. No había forma de que Joshua completara la misión de Irlanda, Elliot lo había dejado bastante claro. Lo que significaba que todos los demás lucharían por ello para hacerse notar. No era el más glamoroso de los trabajos, pero era más de lo que Keira había tenido. Necesitaba probarse a sí misma ante Elliot. Necesitaba esa misión.

Dejando a sus colegas atrás, Keira se dirigió hacia la sala de conferencias. Pasó junto a Elliot en la puerta y se sentó al lado del asiento que sabía que Elliot pronto ocuparía.

Duncan la notó primero. Verla sentada en la sala de conferencias vacía pareció hacerle ver de repente lo que la propia Keira se había dado cuenta, que el puesto de Irlanda estaba vacante y que se necesitaba a uno de ellos para ocuparlo. Se apresuró (mientras trataba de ocultar el hecho de que se apresuraba) para ser el siguiente en entrar. Los otros se dieron cuenta, y hubo una repentina lucha por la sala de conferencias, cada colega se disculpó cortésmente por "accidentalmente" empujar al otro en su prisa por entrar, para impresionar a Elliot y ganar la codiciada asignación.

Lo que dejó a Joshua completamente solo en el medio de la oficina, los paramédicos lo subieron a una camilla y se lo llevaron, mientras una sala de conferencias llena de su personal se preparaba para luchar por su encargo.


*

"Estoy seguro de que ya se dieron cuenta", dijo Elliot, "de que el desafortunado accidente de Joshua me dejó en un pequeño aprieto".

Dobló sus grandes manos sobre la mesa de conferencias y miró a todos los escritores sentados frente a él.

Keira se quedó callada, esperando su momento. Tenía una estrategia: dejar que los demás se agotaran pidiendo que se les diera la tarea y luego aparecer en el último minuto.

"El artículo sobre Irlanda", continuó Elliot, "iba a ser nuestra historia de portada. Viatorum va en una nueva dirección. Piezas personales, testimonios en primera persona. El escritor conduce la narración, crea una historia, en la que el lugar es un personaje clave. Le había informado a Joshua sobre esto. No sé si alguno de ustedes tiene el talento para hacer esto, para entender mi visión". Miró hacia la mesa, frunciendo el ceño con tanta fuerza que una vena sobresalía de su frente. "El avión sale mañana", se lamentó, como si no tuviera público.

"Si me permite", dijo Lisa. "Mi artículo de Florida está casi terminado. Puedo terminarlo en el avión".

"Absolutamente no", respondió Elliot. "Nadie puede estar en dos asignaciones a la vez. ¿Quién está libre?"

Hubo un desinflado colectivo cuando varios de los escritores alrededor de la mesa se dieron cuenta de que ya estaban fuera de la carrera.

"Estoy libre", dijo Duncan. "Se suponía que hoy iba a volar a Madrid, pero el trabajo es lo primero. A Stacy no le importará que mueva las vacaciones".

Keira apenas logró evitar poner los ojos en blanco al escuchar la línea ensayada de Duncan. Se preguntaba qué tan tranquila estaba Stacy por la cancelación de sus vacaciones.

Elliot observó a Duncan desde el otro lado de la mesa.

"Tú eres ese tipo Buxton, ¿verdad? ¿El que escribió el artículo de Frankfurt?"

"Sí", respondió Duncan, sonriendo con orgullo.

"Odié ese artículo", dijo Elliot.

Keira podía sentirlo surgir en ella, la emoción. Este era su momento. El momento de brillar.

Ignorando los nervios que sentía, levantó la mano con una confianza forzada. "Estoy disponible para el artículo".

Todos voltearon a mirarla. Luchó contra las ganas de hundirse en su asiento.

"¿Quién eres?" Elliot preguntó.

Keira tragó.

"Keira Swanson. Soy la escritora junior de Joshua. Me encargó que hiciera una investigación preliminar para este artículo".

"Lo hizo, ¿en serio?" Elliot preguntó, sonando poco impresionado al enterarse de que Joshua estaba repartiendo sus deberes a su personal subalterno. Se acarició la barbilla en contemplación. "¿No has estado en el extranjero en una misión antes?"

Keira negó con la cabeza.

"Todavía no", respondió. "Pero estoy emocionada de hacerlo". Esperaba que no se oyera el balbuceó de su voz.

Podía sentir a sus colegas alrededor de ella erizados de irritación. Probablemente pensaron que todo esto era muy injusto, que Keira no merecía esta tarea. Probablemente se estaban pateando a sí mismos por ofrecerse como voluntarios para piezas menos glamorosas en las semanas anteriores porque ahora estaban atascados con ellas. La única persona que mostró algún indicio de apoyo fue Nina, que sonrió de manera educada. Internamente, Keira también sentía que sonreía. Este era su momento. Había estado esperando su momento en Viatorum, recogiendo los restos de Joshua, reescribiendo sus piezas en su nombre, trabajando todas las horas con poca recompensa. Ahora era su turno de ser el centro de atención.

Elliot tamborileó sus dedos sobre la mesa.

"No estoy seguro", dijo. "No te has probado a ti misma todavía. Y esta es una gran tarea".

Nina se atrevió a levantarse desde el otro extremo de la habitación. Había cumplido su tiempo, se había ganado la confianza y el respeto. Años de edición en revistas de alto nivel la habían endurecido.

"No creo que tengas otra opción".

Elliot hizo una pausa como si dejara que las palabras se acomodaran en su cabeza. Luego su ceño fruncido comenzó a relajarse y con una especie de aceptación a regañadientes dijo: "Bien. Swanson, tienes el artículo. Pero solo porque estamos desesperados".

No era la mejor manera de recibir tan buenas noticias, pero a Keira no le importaba. Ella había conseguido el artículo. Eso era todo lo que importaba. Tenía que luchar contra las ganas de golpear el aire.

"Es un viaje de cuatro semanas", explicó Elliot. "Al Festival de Lisdoonvarna, en Irlanda".

Keira asintió con la cabeza; ella ya sabía todo esto.

"El Festival del Amor", dijo irónicamente.

Elliot sonrió con suficiencia.

"¿Así que eres una cínica?"

De repente, nerviosa, Keira se preocupó de si había dicho algo equivocado, había dejado escapar su desdén por accidente. Pero entonces se dio cuenta de que la expresión de Elliot era de aprobación.

"Ese es exactamente el tipo de ángulo que estoy buscando", dijo.

Todos alrededor de la mesa parecían haber chupado limones. Lisa le mostró sus celos a Keira.

"La verdad", agregó Elliot, con los ojos brillando con una repentina excitación. "Quiero que descartes las tonterías del romance de Irlanda. Desmentir el mito de que uno puede ser emparejado con su compañero de vida simplemente a través de algún festival sentimental. Necesito que seas valiente y muestres que todo es una tontería, que el amor no funciona así en el mundo real. Quiero que tenga calor y todo eso".

Keira asintió. Era una neoyorquina cínica, y el ángulo de la misión le sentaba muy bien. No pudo evitar sentir que la oportunidad perfecta había caído a sus pies en el momento perfecto. Esta era su oportunidad de brillar, de mostrar su voz y su talento, de probar que merecía su lugar en Viatorum.

"Se levanta la sesión", dijo Elliot. Mientras Keira se paraba, añadió, "Usted no, Srta. Swanson. Necesitamos repasar los detalles más finos con mi asistente. Por favor, vaya a mi oficina".

Mientras los demás salían de la sala de conferencias, Nina llamó la atención de Keira y le mostró un pulgar hacia arriba. Después Keira caminó a lo largo de la oficina, junto a Elliot, con sus tacones golpeando y sacando miradas de celos de todos los que la rodeaban.


*

En el momento en que la puerta se cerró en la oficina de Elliot, Keira sabía que el verdadero trabajo estaba a punto de comenzar. La asistente de Elliot, Heather, ya estaba sentada. Frunció el ceño con confusión cuando se dio cuenta de que Keira había sido elegida para la tarea, pero no dijo nada.

«Alguien más para demostrar que se equivoca», pensó Keira.

Tomó su asiento y también Elliot. Heather le entregó una carpeta.

"Tus boletos de avión", explicó. "Y los detalles de tu alojamiento".

"Espero que te guste despertar temprano porque saldrás a primera hora de la mañana", añadió Elliot.

Keira sonrió, aunque su mente se tambaleó por todos los eventos planeados que tenía en su calendario, todas las cosas que tendría que cancelar y perderse. Un sudor frío descendió sobre ella al darse cuenta de que se perdería la boda de la hermana de Zachary, Ruth, que se celebraba al día siguiente. ¡Se iba a enfadar mucho!

"No hay problema", dijo, mirando los boletos de su carpeta para un vuelo a las 6 a.m. "No hay ningún problema".

"Te reservamos un pequeño y pintoresco hotel en Lisdoonvarna", explicó Elliot. "Sin nada extra. Queremos que experimentes todo".

"Genial", respondió.

"No lo arruines, ¿de acuerdo?" Elliot dijo. "Me estoy arriesgando mucho contigo. Si estropeas esta misión, tus días aquí están terminados. ¿Entendido? Hay otros cien escritores esperando tu lugar".

Keira asintió, intentando no mostrar la ansiedad en su rostro, tratando de mostrarse audaz y confiada y totalmente preparada, mientras que, por dentro, sentía como si mil mariposas hubieran alzado el vuelo.




CAPÍTULO DOS


Más tarde esa noche, cuando Keira regresó al apartamento que compartía con su novio, se encontró todavía temblando de emoción e incredulidad. Le temblaba la mano mientras intentaba meter la llave en la cerradura de la puerta de su apartamento.

Finalmente, abrió la puerta y entró. El olor de la comida cocinada persistía en el aire, mezclado con el de los líquidos de limpieza. Zachary había estado limpiando. Eso significaba que estaba enojado.

"Lo sé, lo sé, lo sé", empezó antes de que él estuviera frente a ella. "Estás enojado. Y lo siento". Tiró las llaves en la maceta junto a la puerta y la cerró de golpe. "¡Pero, amor, tengo grandes noticias!" Se quitó los tacones y se frotó los pies doloridos.

Zachary apareció en la puerta de la sala de estar, con los brazos cruzados. Su cabello oscuro reflejaba su oscura expresión.

"Te perdiste el almuerzo", dijo. "Todo esto".

"¡Lo siento!" Keira imploró. Le puso los brazos alrededor del cuello, pero se encontró con resistencia de su parte, así que decidió cambiar de táctica. Activó su voz sensual. "¿Qué tal si lo discutimos y te lo compenso?"

Zachary apartó los brazos de Keira y entró en la sala de estar, donde se desplomó en el sofá. La habitación estaba inmaculadamente limpia. Incluso su PlayStation había quedado limpio de polvo. Keira se dio cuenta que esta vez estaba más enojado que nunca.

Se sentó a su lado y apoyó suavemente una mano en su rodilla, acariciando la textura de los jeans con la punta de sus dedos. Zachary mantuvo la mirada al frente, a la televisión apagada.

"¿Qué quieres que haga, Zach?" preguntó suavemente. "Tengo que trabajar. Ya lo sabes".

Exhaló y movió la cabeza.

"Entiendo que tienes que trabajar. Yo también trabajo. El mundo entero trabaja. ¡Pero no todos tienen un jefe que con tronar los dedos hace que todos sus empleados lleguen corriendo como robots!"

Era un buen punto.

"Espera, no estás celoso de Josh, ¿verdad?" Keira preguntó. El pensamiento era risible. "¡Si tan solo lo vieras!"

"Keira", ladró Zachary, y finalmente la miró. "No estoy celoso de tu jefe. Al menos no de esa manera. Estoy celoso de que él obtenga tanto de ti, de tu energía y de tu enfoque en la vida".

Ahora le tocaba a Keira suspirar. Ella entendía a Zach, por un lado, pero por otro deseaba que él pudiera apoyar su éxito. Ella quería que estuviera a su lado mientras ella estaba en el fondo de la escalera. Las cosas serían más fáciles una vez que diera el siguiente paso en su carrera.

"Ojalá él tampoco lo hiciera", Keira estuvo de acuerdo. "Pero poner tanto esfuerzo y energía en mi carrera no va a cambiar. Al menos no durante el próximo mes".

Zachary frunció el ceño.

"¿Qué quieres decir con eso?"

Keira quería mantener su emoción contenida por respeto a Zach, pero no pudo evitarlo. Casi lo gritó mientras decía.

"¡Me voy a Irlanda!"

Hubo una larga, larga pausa, mientras Zach absorbía esa información.

"¿Cuándo?" dijo, con calma.

"Esa es la cuestión", respondió Keira. "Es un cambio de personal de última hora. Josh, él se rompió la pierna. Es una larga historia".

Zach se quedó mirándola fijamente mientras ella divagaba, como si estuviera esperando escuchar el final del chiste.

Keira se acurrucó en el sofá, tratando de parecer lo más pequeña posible.

"Me voy mañana".

La expresión de Zachary cambió tan rápido como una tormenta eléctrica. Si antes había sido nubes de lluvia, ahora era truenos y relámpagos.

"¡Pero la boda es mañana!", dijo.

Keira tomó sus manos entre las suyas.

"El momento apesta, seré la primera en admitirlo. Pero te juro que a Ruth no le importará".

"¿No le importará?" Zach estalló, echando las manos hacia atrás. "¡Estás en la lista de la fiesta!"

De repente estaba de pie, caminando, pasándose las manos por el cabello. Keira se levantó de un salto y corrió hacia él, tratando de calmarlo con afecto. Pero Zach no quería nada de eso esta vez.

"No puedo creerlo", exclamó. "Me paso todo el día organizando un brunch con tu familia, escuchando a Bryn hablar una y otra vez sobre lo buena que está su nuevo profesor de meditación y todas sus opiniones vacías…"

"¡Oye!" Keira exclamó, ahora sonaba enojada. Hablar de su hermana mayor no estaba bien.

"Y en vez de agradecerme", continuó Zach, "¡dejas caer esto sobre mí! ¿Cómo se supone que se lo voy a decir a Ruth?"

"Yo se lo diré", sugirió Keira. "Déjame ser la mala, no me importa".

"¡Tú eres la mala!" Zach dijo.

Salió de la sala. Keira lo siguió, impotente. Llevaban dos años juntos y nunca antes lo había visto tan enfadado.

Lo siguió hasta el dormitorio y vio cómo sacaba su maleta de debajo de la cama.

"¿Qué estás haciendo?" preguntó, exasperada.

"Tirando esto", le respondió él. "No puedes irte sin una maleta, ¿verdad?"

Keira movió la cabeza.

"Sé que estás enojado, pero estás llevando las cosas un poco lejos".

Le quitó la maleta de las manos y la puso sobre la cama. Se abrió como si fuera una invitación para que comenzara a empacar. Keira tuvo que luchar contra las ganas que tenía de llenarla.

Zach pareció perder momentáneamente su fuerza. Se desplomó, sentado al final de la cama con las manos en la cabeza.

"Siempre escoges el trabajo por encima de mí".

"Lo siento", dijo Keira, sin mirarlo mientras agarraba su suéter favorito del piso y lo arrojaba discretamente adentro de la maleta. "Pero esta es la oportunidad de mi vida". Se acercó a la cómoda y empezó a escoger entre sus frascos de cremas y perfumes. "Ruth me odia de todas formas. Solo me puso en su boda porque tú se lo pediste".

"Porque eso es lo que se supone que debes hacer", dijo Zach sonando triste. "Se supone que debes hacer cosas de familia juntos".

Se dio la vuelta y rápidamente metió las botellas a su maleta. Pero Zach se dio cuenta de lo que estaba haciendo y su expresión cada vez más oscura se oscureció aún más.

"¿Estás empacando?"

Keira se congeló y mordió el labio inferior.

"Lo siento".

"No, no lo sientes", dijo de una manera fría y calculada. Luego levantó la vista y dijo, "Si te vas, no sé si podremos seguir juntos".

Keira levantó una ceja, desconcertada por su amenaza.

"Oh, ¿en serio?" Se cruzó de brazos. Ahora había conseguido su atención. "¿Vas a darme un ultimátum?"

Zachary levantó los brazos en señal de frustración.

"¡No actúes como si no fuera tu culpa! ¿No ves lo vergonzoso que será para mí aparecer mañana en la boda de Ruth sin ti?"

Keira suspiró, igualmente frustrada.

"No entiendo por qué no puedes decirles que conseguí una gran oportunidad en el trabajo. Algo que no podía dejar pasar".

"La boda de mi hermana debería ser algo que no te puedes perder. ¡Debería ser una prioridad!"

Ah. Ahí estaba otra vez. Esa palabra. Prioridad. Lo que Keira nunca admitiría a Zach es que no era él, sino su carrera.

"Lo siento", repetía, sintiendo que su voluntad se debilitaba. "Pero no puedo hacerlo. Mi carrera tiene que ser lo primero".

Bajó la cabeza, no por vergüenza, sino por tristeza. No tenía que ser así. Zach nunca debió haber puesto su relación en contra de su carrera. Era una batalla que inevitablemente perdería.

Keira no sabía qué más decir. Miró el rostro enfurecido de Zachary. No hubo más palabras entre ellos. No quedaba nada que decir. Entonces Zach se levantó de la cama, salió de la habitación y bajó por el pasillo, tomando sus llaves del recipiente junto a la puerta antes de abrirla y azotarla detrás de él. Mientras Keira escuchaba el sonido de su coche alejándose, sabía que no volvería esta noche; dormiría en el sofá de Ruth para demostrar su punto.

Keira había ganado la pelea, pero no había placer en su victoria. Se desplomó en la cama junto a su maleta abierta y sintió un gran nudo en la garganta.

Necesitando un poco de cariño, tomó su celular y llamó a su madre.

"Hola, cariño", dijo una voz de mujer, contestando de inmediato, como si la vista del nombre de su hija menor en el identificador de llamadas la hubiera llevado a actuar de inmediato. "¿Está todo bien?"

Keira suspiró.

"Llamaba para contarte una noticia que me dieron hoy en el trabajo. Es una historia de portada. Tengo que volar a Irlanda".

"Querida, son noticias maravillosas. ¡Qué emocionante! ¡Felicidades! Pero ¿por qué suenas tan triste?"

Keira se puso boca abajo.

"Zach. Está molesto. Básicamente dijo que, si me iba, todo terminaría entre nosotros".

"Estoy segura de que no lo dice en serio", dijo su madre amablemente. "Ya sabes cómo pueden ser los hombres. Acabas de herir su ego al poner tus prioridades por encima de las suyas".

Keira jalaba distraídamente la esquina de una funda de almohada.

"Tiene más que ver con la boda de Ruth mañana", explicó. "Cree que lo estoy abandonando, dejándolo solo. Como si el llegar sin una cita fuera lo peor del mundo". Se rio irónicamente, pero se encontró con silencio al otro lado de la línea.

"Oh", dijo su madre.

"Oh… ¿qué?" Preguntó Keira, frunciendo el ceño.

La voz de su madre había perdido algo de su calidez. Había una diferencia que Keira reconoció lo suficientemente bien, ya la había escuchado miles de veces de niña. Desaprobación.

"Bueno, no sabía que te perderías la boda de su hermana", dijo.

"¿Y eso cambia las cosas para ti?" Keira dijo, su voz más firme.

Su madre respondió con la voz que Keira reconoció como «diplomática».

"Si ya tenías compromisos previos, y es su hermana… Llegar solo a una boda es realmente de lo peor. Todo el mundo se te queda viendo y susurra. Se sentirá muy incómodo".

"¡Mamá!" Keira dijo fuerte. "Ya no estamos en los años 50. ¡La comodidad de un hombre no es más importante que la carrera de una mujer!"

"Eso no es lo que quiero decir, cariño", dijo su madre. "Solo quiero decir que Zachary es un joven encantador y no hay nada malo en priorizar la boda. No quieres ser como tu hermana, siempre en esos sitios de citas, teniendo esas terribles noches con hombres que dicen que miden 1,80m ¡pero resultan ser de apenas 1,50m!"

"¡Mamá!" Keira gritó de nuevo, poniendo fin a su divagación. "Necesito tu apoyo ahora".

Su madre suspiró.

"Lo tienes. Me alegro mucho por ti. Y me encanta tu… pasión. Me encanta".

Keira puso los ojos en blanco. Su madre no era muy buena para ser convincente.

"Solo pienso que en esta situación deberías quedarte con tu novio. Quiero decir, realmente, ¿qué importa más? De todos modos, dejarás ese trabajo en tres años para empezar a tener bebés".

"¡Bien, mamá, deja de hablar ahora mismo!" Keira respondió. Hacer bebés estaba tan lejos de su radar que daba risa.

"Querida", dijo su madre con voz suave. "Es muy honorable que trabajes tan duro. Pero el amor también es importante. Igual de importante. Si no es que más. ¿Escribir este artículo realmente significa más para ti que Zachary?"

Keira se dio cuenta de que estaba agarrando su teléfono con fuerza. Relajó un poco su agarre.

"Tengo que irme, mamá".

"Piensa en lo que dije".

"Lo haré".

Colgó, con el corazón pesado. La euforia que había sentido hoy se evaporó por completo. Solamente había una persona que podía animarla ahora, y esa era Bryn. Rápidamente encontró los datos de su hermana mayor y la llamó.

"Hola, hermanita", dijo Bryn cuando respondió. "Te perdiste el almuerzo".

"Estaba trabajando", respondió Keira. "Joshua nos arrastró a todos a la oficina, creo que solo para presumir delante de Elliot sobre la nota de portada de Irlanda que iba a escribir. Pero pues, se resbaló y… bueno, se rompió la pierna".

"¿Estás bromeando?" exclamó Bryn, irrumpiendo en un ataque de risa. "¿Cómo es posible que eso ocurra?"

Ahora, Keira sentía que su infelicidad empezaba a desaparecer, tal era el poder de Bryn.

"Fue una locura", dijo. "Vi su hueso. ¡Y luego gritó sobre cómo había arruinado sus pantalones carísimos!"

Las dos hermanas se rieron juntas.

"Y luego, ¿qué pasó?" Bryn preguntó, siendo el público cautivo que Keira había buscado en Zachary y su madre.

"Los paramédicos se lo llevaron en la camilla y me di cuenta de que la reunión estaba a punto de comenzar, Elliot odia que la gente llegue tarde, así que fui y me senté. Y supongo que llamé su atención por eso y me dio el artículo sobre Irlanda".

"¡No puede ser!" Bryn exclamó. "¿Estás bromeando? ¿Mi hermanita está escribiendo la historia de portada?"

Keira sonrió. Sabía que Bryn no entendía del todo hasta qué punto esto era importante para ella, y que al menos fingía el veinte por ciento de su entusiasmo, pero lo apreciaba. Era el tipo de reacción que esperaba de Zach.

"Sí. Es genial. Pero tengo que ir a Irlanda mañana, así que me perderé la boda de Ruth".

"Oh pft. ¿Y qué?" Bryn dijo. "Esto es mucho más importante. No sabía que te caía bien Ruth de todas formas".

"Para nada. Pero me gusta Zach", dijo Keira, incitando a Bryn a considerar por qué irse a Irlanda en un abrir y cerrar de ojos no era la cosa más fácil en el mundo. "Esta vez lo decepcioné mucho".

Bryn exhaló.

"Mira, sis. Sé que esto es difícil. Y me agrada el tipo, créeme, de verdad. ¡Pero tienes que irte! Tienes que hacer esto. Odio ser la que lo diga, pero no deberías estar con un tipo que te retiene. Solo estarás resentida con él si cedes a sus demandas".

"Y solo estará resentido conmigo si no lo hago".

"Sí. Es una triste verdad, pero a veces la vida se interpone en el camino del amor. Dos personas pueden ser el uno para el otro, pero el momento puede no ser el adecuado".

A Keira le dolía el pecho al pensar en dejar a Zachary por su carrera. Pero quizás Bryn tenía razón. Tal vez no era el momento adecuado para ellos.

"Entonces, ¿qué vas a hacer?" Bryn preguntó, rompiendo la fantasía de Keira.

Keira tomó un respiro profundo. "Sabes qué, he pasado por demasiada porquería subiendo la escalera corporativa como para dar la vuelta en el último escalón. No puedo rechazar esto".

Keira sintió que su convicción regresaba. Estaba triste por la idea de dejar atrás a Zachary, pero no veía otra opción. Rechazar esta oportunidad sería el final de su carrera. No había otra opción.

Ella tenía que irse.




CAPÍTULO TRES


La alarma de Keira la despertó a una hora estúpidamente temprana a la mañana siguiente, sonando como una alarma sísmica. Se dio la vuelta y la apagó, dándose cuenta de que el otro lado de la cama estaba vacío. Zach no había dormido ahí anoche.

Se levantó, restregándose el sueño de los ojos, y se asomó a la sala. Sin rastro de Zach. Entonces, tal como ella predijo, él no había regresado anoche. Debió quedarse en casa de Ruth.

Alejando su decepción y tristeza, Keira se dio un baño rápido, luchando con fuerza para evitar que el agua caliente la arrullara y se vistió con ropa cómoda para el largo viaje.

Tomó su bolso, y se aseguró de tener los boletos y el itinerario que Heather le había dado. Satisfecha de que sus papeles y su pasaporte estaban en su poder, salió de la casa y se subió a un taxi que ya la esperaba.

Mientras se apresuraba por las calles de la ciudad de Nueva York, Keira se tomó un momento para ordenar sus frenéticos pensamientos. Esto estaba sucediendo realmente. Estaba a punto de ir al extranjero a trabajar, algo que siempre había soñado hacer. Deseaba que Zachary hubiera elegido compartir este momento con ella, en lugar de mantener su distancia.

El aeropuerto de Newark estaba tan ocupado como si fuera la hora pico del metro. Comenzar a las 5 a.m. era lo normal para muchos profesionales ocupados, y Keira sintió una repentina oleada de orgullo al considerarse una entre ellos. Registró su equipaje para el vuelo, sintiéndose como una superestrella en el aeropuerto de Los Ángeles, con la cabeza en alto. Luego encontró una cafetería para tomar su dosis matutina y matar el tiempo antes de que su vuelo estuviera listo para embarcar.

Mientras estaba sentada en la ocupada cafetería, revisó su teléfono una y otra vez. A pesar de que sabía que Zachary todavía estaba durmiendo, quería desesperadamente algún tipo de comunicación con él. Sabía que había hecho lo correcto al aceptar esta misión y esperaba que Zach lo viera así eventualmente. O quizás su relación estaba realmente condenada como Bryn parecía pensar que estaba. Tal vez sus prioridades diferentes eran un obstáculo que ya no podían pasar.

Le envió un mensaje alegre a Zachary, dejando de lado cualquier mención de su pelea, esperando que, si él despertaba con un dulce mensaje, se sintiera más cálido con ella.

Su teléfono sonó y ella saltó de emoción, pensando que Zach había contestado. Pero era Heather comprobando que todo había ido según lo planeado y que estaba a tiempo para su vuelo. Decepcionada, Keira le contestó, diciéndole a Heather que todo estaba bien.

En ese momento, escuchó la llamada de embarque para su vuelo. Rápidamente tomando su último sorbo de café, Keira se dirigió a la puerta de control, prometiendo llamar a Zachary tan pronto como aterrizara. Había una diferencia de cinco horas entre Nueva York e Irlanda que debía tener en cuenta durante su estancia.

A bordo del avión, Keira se instaló en su asiento, comprobando por última vez si había algún mensaje de Zach. Pero no había nada, solo recibió de la azafata una mirada de desaprobación al verla usar su teléfono después de que pidieran que apagaran todos los aparatos electrónicos. Suspirando, Keira apagó su teléfono y lo guardó en su bolsillo.

En ese momento, un grupo de hombres en una despedida de soltero abarrotaron el vuelo, gritando al entrar. Keira dejó salir un quejido. Iba a ser un vuelo largo. Siete horas, de hecho, hasta Shannon en el condado de Clare. Estaría oscuro cuando aterrizara, pero su cuerpo pensaría que era mediodía. Esperaba poder descansar un poco durante el vuelo, pero ese grupo de hombres ruidosos iba a ser un pequeño inconveniente.

El avión comenzó a desplazarse hacia la pista. En un intento de bloquear la escandalosa despedida de soltero, Keira se puso los audífonos y cerró los ojos. Pero no estaba lo suficientemente lejos como para bloquear su escándalo.

El avión despegó y Keira se resignó al plan B: la cafeína. Llamó a la azafata y pidió un café, sabiendo que sería el primero de muchos. Se lo bebió, enfadada, con el sonido de fondo de la despedida de soltero.

Mientras navegaba por los cielos, Keira se tomó un tiempo para revisar el itinerario y los recordatorios de Heather.

«No hay taxis, así que un coche rentado te estará esperando en el estacionamiento. Espero que sepas manejar con una palanca de cambios. Y recuerda conducir POR LA IZQUIERDA».

La idea de tener que conducir sin haber dormido le preocupaba a Keira. Hacía mucho que no conducía, ya que solía tomar el metro para todas partes. Usar un auto que no era automático representaba un desafío extra. Y añadir el manejar por la izquierda iba a ser aún más difícil. Si quería tener una posibilidad de no chocar, iba a tener que beber un montón más de café.

«Te quedarás en un tradicional pub irlandés y en un B&B, así que no esperes el tratamiento como en un Hilton. Todo será muy sencillo».

Eso no le molestaba a Keira. Había sido una escritora hambrienta desde que se graduó de la universidad; ¡los hoteles estuvieron fuera de su alcance durante años! Podía vivir en los barrios bajos durante un mes sin problemas. Mientras no se esperara que orinara detrás de un cobertizo, estaba segura de que sería capaz de sobrevivir incluso en el más básico de los alojamientos.

«Tendrás la tarde para aclimatarte antes de que empiece el trabajo. Organizamos un guía para que te muestre los alrededores. Conocerás al casamentero y al organizador del festival a la mañana siguiente. El festival comienza en la noche».

Keira comenzó a sentirse aún más emocionada mientras leía toda la información. El vuelo parecía pasar más rápido de lo que esperaba, lo que debió ser gracias a la adrenalina que bombeaba por su cuerpo. Eso y las copiosas cantidades de cafeína.

Keira aterrizó en Shannon de buen humor, bajando del avión y entrando en el frío y fresco aire de septiembre. Esperaba ver colinas verdes y campos poblados de vacas y ovejas, pero en cambio el aeropuerto de Shannon no tenía mucho que ofrecer. El área estaba algo industrializada, con grandes edificios grises que carecían de cualquier tipo de brillo arquitectónico.

El lugar de renta de autos era igual de sombrío. En lugar de un cálido saludo irlandés, se encontró con un joven de rostro pálido que simplemente tomó su recibo de reserva en silencio y le entregó las llaves, sin pronunciar una sola sílaba.

Keira tomó las llaves y encontró el auto en el estacionamiento. Era increíblemente pequeño. Se metió por la derecha, recordando el aviso de Heather de conducir por la izquierda. Le llevó un tiempo familiarizarse con el concepto de palanca de cambios y pedal de embrague, y luego puso la reversa, usando el GPS para salir de Shannon. Tardaría aproximadamente una hora en llegar a su destino, Lisdoonvarna.

Apenas dejó la carretera principal, se encontró con que estaba conduciendo por pequeñas carreteras sinuosas, sin banquetas, sin señales de tráfico y sin alumbrado público. Keira agarró el volante con ansiedad y puso toda su energía y concentración para conducir por las carreteras que parecían cada vez más estrechas.

Después de unos quince minutos, empezó a relajarse un poco. El tráfico era muy ligero, lo que le ayudó a calmar sus nervios porque no le aterrorizaba chocar con nadie. El ambiente también era muy relajante, sin nada en kilómetros a la redonda salvo laderas y campos salpicados de ovejas. El césped era el más verde que Keira había visto en su vida. Bajó la ventana para poder oler el aire puro, pero en su lugar obtuvo un gran olor a estiércol. Subió la ventana rápidamente.

Apenas había señales de tráfico que la guiaran, así que estaba agradecida por el GPS. Pero tampoco había luces en el camino, lo que dificultaba la conducción, especialmente con tantas curvas cerradas y sin visión. Además, las marcas en la carretera estaban casi borradas. Keira también encontró desorientadora manejar por la izquierda. ¡Y manejar se complicaba aún más por la gran cantidad de tractores que tenía que rebasar!

En ese momento la carretera se hizo tan estrecha que solo había espacio para un solo coche a la vez. Keira casi se estrella de frente contra el tráfico que venía en dirección contraria y giró de golpe, con el coche golpeando el costado de la carretera y rozando el cerco. Keira levantó una mano para disculparse con el conductor del otro auto, pero ellos sonrieron amablemente como si no fuera ninguna molestia, y retrocedieron un poco para dejarle espacio para pasar. De vuelta en la ciudad de Nueva York, un incidente así hubiera resultado en que Keira fuera maldecida a gritos. Ella ya se estaba acostumbrando a esa infame hospitalidad irlandesa.

Su corazón aún latía con fuerza por el shock del accidente, pero se las arregló para pasar lentamente por delante del coche.

Siguió adelante con cautela, sintiéndose más aterrorizada por el camino que antes. Esperaba que el rasguño contra el cerco no fuera visible en la pintura, no estaba segura de cómo se sentiría la compañía si volvía con una enorme factura por daños de la empresa que le alquiló el coche.

Cualquier rastro de emoción que había sentido antes de empezar el traicionero viaje empezó a desvanecerse. Funcionar a base de adrenalina y café es lo que había mantenido a Keira hasta ahora. Ahora, en lugar de estar asombrada por la belleza de la naturaleza, veía sus alrededores dispersos y algo sombríos. Las únicas criaturas vivas a la vista eran ovejas. Había viejas granjas de piedra esparcidas y abandonadas, desmoronándose. En las laderas de las colinas, Keira también vio un castillo abandonado anidado entre un puñado de árboles y se preguntó cómo un edificio tan histórico había sido dejado en ruinas.

Empezó a tomar notas mentalmente para su artículo, recordando el ángulo cínico que Elliot quería que tomara. En lugar de ver la belleza de la vista costera, se centró en las nubes grises. En lugar de ver la vasta vista sobre el océano como algo milagroso, decidió echar su mirada a la desolación de las lejanas montañas escarpadas. Aunque por un lado era asombrosamente hermosa, Keira sintió que desacreditar el romance de Irlanda no sería un gran desafío. Solo necesitaba saber dónde mirar y cómo cambiar las cosas.

Pasó por un puñado de pequeños pueblos amurallados de piedra. Uno de ellos se llamaba Killinaboy y ella se rio en voz alta, enviando rápidamente una foto del cartel del pueblo a Zach, quien esperaba que lo apreciara.

Estaba tan distraída por la divertida señal de la carretera, que casi no se dio cuenta del siguiente obstáculo en el camino: ¡un rebaño de ovejas! Frenó de golpe y se detuvo justo a tiempo, parando el coche en el proceso. Le tomó mucho tiempo para que su terror disminuyera. ¡Podía haber matado a toda una familia de ovejas!

Tomando un momento para calmar su pulso acelerado, Keira agarró su teléfono y tomó una foto de la multitud de traseros de ovejas, enviándosela a Zach con el mensaje: «el tráfico aquí es una pesadilla».

Por supuesto, no recibió respuesta. Frustrada por su total falta de interés, envió las mismas fotos a Nina y Bryn a su vez. Ambas respondieron casi inmediatamente con emojis de risa y Keira asintió, satisfecha de saber que al menos alguien en su vida encontraba sus aventuras interesantes.

Keira revivió el motor y lentamente rebasó al convoy de ovejas. La vieron pasar con expresiones serias y casi se encontró pidiendo disculpas en voz alta. El cielo comenzaba a oscurecerse, haciendo que la conducción se sintiera aún más difícil. No ayudó para nada que los únicos edificios que veía fueran iglesias, con estatuas solemnes de la Virgen María rezando a los lados de la carretera.

Finalmente, Keira llegó a Lisdoonvarna y se sorprendió gratamente por lo que vio. ¡Al menos parecía un lugar donde vivía gente! Había calles en donde había una o dos casas juntas, lo que le daba la sensación de ciudad… casi. Todos los edificios, casas y tiendas eran tan pequeños y pintorescos, muchos de ellos apenas a un par de metros de la carretera, y estaban pintados con brillantes colores del arco iris. Keira estaba contenta de estar finalmente en un lugar que parecía una comunidad en lugar de solo viviendas individuales conectadas por caminos.

Redujo la velocidad de su coche, siguiendo las señales de la calle hasta que encontró la dirección que buscaba, el St. Paddy's Inn. El B&B estaba justo en la esquina de dos calles, un edificio de tres pisos de ladrillo rojo oscuro. Desde fuera, a Keira le parecía muy irlandés.

Se estacionó en el pequeño lote y salió de un salto, agarrando sus bolsas del maletero. Estaba exhausta y lista para entrar y descansar.

Pero al acercarse, se dio cuenta de que el descanso no era algo que fuera a conseguir pronto. Incluso desde donde estaba podía oír el ruido de una conversación alegre y un debate ruidoso. También podía oír el sonido de música en vivo, de los violines, pianos y acordeones.

Una campana sobre la puerta tintineó cuando entró y encontró un pequeño y oscuro pub con un viejo tapiz carmesí y varias mesas redondas de madera. El lugar estaba lleno hasta el tope de gente, todos con cervezas en mano. La miraron como si pudieran decir de inmediato que no pertenecía a este lugar, que no era una simple turista, sino una estadounidense.

Keira se sintió un poco abrumada por el choque cultural.

"¿Te puedo ayudar?", dijo una voz masculina con un acento grueso que Keira apenas podía entender.

Volteó hacia el bar para ver a un hombre mayor parado detrás de él. Tenía la cara arrugada y un mechón de cabello gris que brotaba del centro de una cabeza calva.

"Soy Keira Swanson", dijo, acercándose a él. "De la revista Viatorum".

"No te escucho ¡Habla más alto!"

Keira levantó su voz sobre la música folk en vivo y repitió su nombre.

"Tengo una habitación reservada aquí", añadió cuando el hombre la miró con el ceño fruncido. "Soy una escritora de Estados Unidos".

Por fin el hombre parecía entender quién era ella y por qué estaba allí.

"¡Claro!" exclamó, con una sonrisa que se extendió por su rostro. "Del periódico con el nombre en latín".

Tenía un aura cálida, muy de abuelo, y Keira sintió que se relajaba de nuevo.

"Esa misma", confirmó.

"Soy Orin", dijo. "Soy el dueño del St. Paddy. También vivo aquí. Y esto es para ti". De repente, un tarro de Guinness fue lanzado sobre la barra frente a Keira. "¡Una tradicional bienvenida al St. Paddy!".

Keira se sorprendió.

"No tomo mucho", se rio.

Orin la miró.

"Lo harás mientras estás en el condado de Clare, ¡mi niña! Estás aquí para soltarte el pelo como el resto de los locales. Y, de todos modos, ¡tenemos que brindar por tu viaje! Gracias a la Virgen María". Haciendo una cruz en su pecho.

Keira se sintió un poco tímida al aceptar la Guinness y tomó un trago del fuerte y cremoso líquido. Nunca había probado la Guinness antes y el sabor no era particularmente agradable para ella. Después de un solo sorbo estaba segura de que no sería capaz de terminarse toda la cerveza.

"¡Oigan, todos!", llamó Orin a los clientes del pub, "¡ella es la periodista de Estados Unidos!"

Keira se estremeció cuando todo el pub se dio la vuelta y empezó a aplaudir y a animar como si fuera una especie de celebridad.

"¡Estamos tan emocionados de que estés aquí!" dijo una mujer con el cabello rizado, acercándose mucho y sonriendo demasiado para la comodidad de Keira. Luego, en voz baja, añadió: "Tal vez quieras limpiar tu bigote de Guinness".

Sintiendo que sus mejillas ardían de vergüenza, Keira rápidamente se limpió la espuma de su labio superior. Un segundo después, otro de los clientes del pub se había abierto camino, chocando con otros al pasar, sin que a nadie pareciera importarle. Su bebida se derramó un poco al tropezar.

"¡No puedo esperar a leer tu artículo!"

"Oh, gracias", dijo Keira, encogiéndose de hombros. No se le había ocurrido que la gente de aquí quisiera leer lo que escribiría sobre ellos. Podría hacer que todo el ángulo cínico fuera un poco más difícil para ella.

"¿Qué te hizo querer ser una reportera?", dijo el hombre a su lado.

"Solo soy una escritora", dijo Keira con rubor, "no una reportera".

"¿Solo una escritora?" exclamó el hombre, hablando en voz alta y buscando la atención de los demás a su alrededor. "¿Oyeron eso? Dice que es solo una escritora. Bueno, yo apenas puedo sostener un bolígrafo, así que eres una genio en lo que a mí respecta".

Todos se rieron. Keira bebió nerviosamente pequeños sorbos de su Guinness. La hospitalidad irlandesa era muy bienvenida, pero también era un choque cultural, y se encontró a sí misma agobiada, pensando en las innumerables maneras en que podía golpear este lugar en su artículo.

"Te mostraré tu habitación", dijo Orin finalmente, una vez que logró beber casi la mitad de su Guinness.

Lo siguió por una estrecha y ruidosa escalera y a lo largo de un pasillo con una alfombra desgastada que olía mucho a polvo. Keira caminó en silencio, asimilando todo, construyendo frases cortas en su cabeza mientras observaba la decoración anticuada. Las paredes estaban decoradas con fotografías enmarcadas y descoloridas de equipos de fútbol locales de antaño y Keira sonrió con satisfacción al ver que la mayoría de los jugadores compartían el mismo apellido, O'Sullivan. Tomó una discreta foto del equipo de fútbol en blanco y negro y se la envió a Zach con el pie de foto: «El Sr. O'Sullivan debe haber sido todo un casanova».

"Aquí está", dijo Orin, abriendo una puerta y mostrándole el interior.

La habitación era horrible. Aunque grande, con una cama matrimonial y una ventana enorme, estaba horriblemente decorada. El papel de la pared era de color rosado, manchado en algunos lugares como por años de manos sucias. La cama tenía un fino edredón, que estaba acolchado, pero no de una manera encantadora de casa de campo, sino de un almacén de segunda mano.

"Esta es la habitación con el escritorio", dijo Orin, sonriendo con orgullo, señalando un pequeño escritorio de madera bajo la ventana. "Para que puedas escribir".

Keira se sonrojó. Estaba internamente horrorizada ante la idea de quedarse en la mugrienta habitación durante todo un mes, pero se las arregló para sacar un agradecido «Gracias». ¡Menos mal que dijo que podía vivir en cualquier lugar por un mes!

"¿Quieres un poco de tiempo para instalarte antes de conocer a Shane?" Orin preguntó.

Keira frunció el ceño, confundida. "¿Quién es Shane?"

"Shane Lawder. Tu guía turístico. Para el festival", explicó Orin.

"Por supuesto", dijo Keira, recordando en las notas de Heather que dijo que habría un guía turístico. "Sí, por favor, quisiera conocer a Shane". No quería pasar un minuto más en la habitación, así que dejó su bolso en la cama y se dirigió a la escalera con él.

"¡Shane!" Orin gritó mientras tomaba su posición detrás de la barra.

Para sorpresa de Keira, el violinista respondió. Dejó su instrumento, aunque el grupo de músicos con los que tocaba siguió como si nada hubiera pasado, y se acercó.

Debajo de su barba rasposa, Keira pudo ver que tenía una mandíbula esculpida. De hecho, si no fuera por su cabello, que necesitaba desesperadamente un corte, y su ropa desaliñada, Shane sería bastante guapo. Keira se sentía culpable por pensar tal cosa, especialmente porque las cosas con Zach estaban en un terreno tan rocoso en ese momento, pero pensó en el lema de Bryn: «No hay nada de malo en mirar».

"No luces como un Joshua", dijo Shane mientras le daba la mano.

"Oh, ¿nadie te lo dijo?" Keira dijo. "Surgió algo y me enviaron en su lugar. Lo siento".

Shane la miró con atrevimiento.

"¿De qué te disculpas? Prefiero pasar treinta días con una hermosa dama como tú. Sin ofender a este Joshua, estoy seguro de que es bastante atractivo, pero no suena como mi tipo. Ya sabes, siendo un hombre y todo eso".

Keira tragó. No esperaba que los irlandeses fueran tan atrevidos. Pero entonces recordó a Zach y repitió el mantra en su cabeza de que solo estaba mirando.

Mientras Shane tomaba un taburete a su lado, Orin puso una Guinness delante de cada uno de ellos. Keira gimió en silencio. ¡No podía aguantar tanto alcohol!

Shane tomó un gran trago de su cerveza, y luego pasó unos papeles por la barra.

"El Festival del Amor dura treinta días", explicó. "La mayoría de las actividades no empiezan hasta la noche, así que preparé un recorrido por los lugares que podemos visitar mientras estás aquí, para que puedas conocer mejor el país entero". Empezaremos con el Burren para ver los paisajes de montaña, luego los Acantilados de Moher para ver el océano, luego iremos al siguiente condado, Kerry, a la hermosa y antigua casa señorial de Killarney, y luego a Dingle".

"Pensé que solo me guiarías durante el festival", dijo Keira. "¡No a todo el país!"

"Te vuelves loco si no te alejas un poco de Lisdoonvarna durante el día", explicó Shane. "La gran cantidad de personas que van y vienen, se vuelve un poco excesivo".

Keira se rio en silencio para sí misma. Dudaba seriamente que Lisdoonvarna estuviera tan agitada durante el festival como lo estaba la ciudad de Nueva York en cualquier día normal.

"Se bebe mucho", continuó Shane. "Algunas de las fiestas se prolongan hasta la madrugada del día siguiente. Digo algunas, pero la verdad es que son la mayoría".

Keira pensó en la despedida de soltero con la que compartió el vuelo y se preguntó si iba a dormir algo durante el mes.

"Esto se ve muy bien", dijo, echando un vistazo al programa. "Pero necesitaré algo de tiempo cada día para escribir. No puede ser todo diversión y juegos".

Shane le sonrió.

"¿Acabas de llegar y ya estás pensando en el trabajo?"

"Tengo que hacerlo", explicó Keira. "Esto es algo muy importante para mí. No quiero arruinarlo".

"¿Y no arruinarlo equivale a no relajarte un poco?"

Keira no estaba de humor para ser cuestionada sobre sus elecciones de vida. Ella había tenido casi tanto de eso como lo que cuidó de Zach y su madre.

"Solo significa hacer tiempo cada día para escribir", refutó, sonando un poco malhumorada.

La expresión de Shane se mantuvo con una divertida sonrisa. Tomó un sorbo lento de su cerveza. "Eres alguien bastante estricta contigo, ¿no?", bromeó. "Todo trabajo y nada de diversión".

Keira le dio una mirada no impresionada.

"No sé cómo puedes suponer que sabes algo de mí", dijo. "Me conoces de hace cinco minutos".

Shane no dejaba de sonreír. No respondió, como si la discusión ya estuviera resuelta.

Keira se puso tensa. Era guapo, eso era cierto, pero si seguía así acabaría por irritarla. No sabía si podría soportar treinta días de bromas y borracheras y no tener espacio para escribir.

Tal vez esta tarea iba a ser más difícil de lo que ella esperaba.


*

Keira finalmente se las arregló para librarse a medianoche. Había perdido la cuenta del número de Guinness que Orin y Shane habían bebido entre ellos, pero por suerte para ella habían dejado de intentar convencerla para que les siguiera el ritmo. Aun así, su cabeza daba vueltas mientras subía las escaleras hacia su habitación.

Cerró la puerta, pero el sonido de la música y las risas de abajo no pararon. Keira se sintió tensa, como si estuviera herida. Revisó su teléfono, pero encontró que no había ningún mensaje de Zach. Definitivamente ya habría tenido tiempo de leerlos. Lo que significaba que le estaba dando la ley del hielo. «Qué maduro», pensó Keira.

Al menos había recibido respuestas de Nina y Bryn, haciendo un sinfín de preguntas. Le envió un mensaje de texto a Nina, quien editaría el artículo, para decirle que su itinerario estaba lleno hasta el borde y que no esperara nada de trabajo por un tiempo. A Bryn, le envió una breve descripción de los rasgos físicos de Shane y algunos emoticonos de llama.

«Aunque, es bastante molesto. Uno de esos tipos arrogantes que creen que es encantador burlarse de ti».

La respuesta de Bryn llegó rápidamente.

«ES encantador».

Keira se rio y guardó su teléfono. La música de abajo iba a mantenerla despierta durante algunas horas, así que podría dedicarle algo de tiempo a su laptop. La sacó de su bolso y comenzó a escribir un correo electrónico a Elliot con algunas de sus ideas iniciales para abordar el artículo. Gracias a todas las Guinness, pudo adoptar un tono aún más sarcástico del que había esperado.

«Si alguna vez te has preguntado a qué huele una Guinness rancia de décadas de antigüedad metida en una alfombra, entonces no busques más allá de St. Paddy's Inn en Lisdoonvarna, en el condado de Clare. Como toda una estadounidense exótica, mi llegada aquí provocó una avalancha de sofocante hospitalidad irlandesa. Digo sofocante, porque rechazar las ofertas de copiosas cantidades de alcohol no era una opción, de ahí el ya mencionado olor a Guinness que impregna cada centímetro de esta arenosa y oscura taberna. De hecho, el lugar está tan saturado de Guinness que las alfombras, las cortinas y el papel pintado son pegajosos al tacto. Digamos que no me sorprendería que el agua de mi baño matutino (en la anticuada y apretada suite) saliera negra y espumosa…»

Ella continuó en el mismo tono sarcástico. Sabía que era malo golpear al B&B y a la gente amable que había conocido hasta ahora, pero no pudo evitarlo.

Terminó y presionó "enviar". Elliot respondió casi inmediatamente con un email de alabanza.

«Sigue así, Keira. ¡Esto es oro!»

Justo entonces, sonó el teléfono de Keira. Era Bryn. Keira suspiró, dándose cuenta de que no iba a poder trabajar más esta noche. Dobló su laptop y respondió la llamada, subiéndose a la cama mientras lo hacía.

"¿Qué hay, hermana?" le preguntó su hermana.

"Acabo de tener una cita horrible", explicó Bryn. "Así que pensé en llamarte para que me cuentes los detalles de este guapo guía turístico".

Keira se rio.

"Bueno, tiene demasiado pelo. Y su sentido de la moda apesta. Pero si se arregla se vería muy bien".

"Creo que deberías ir por ello", dijo Bryn.

Keira jadeó, sorprendida por lo atrevida que estaba siendo Bryn, incluso para ella.

"¿Qué hay de Zach?" se rio.

"¿Qué hay de él?" Bryn respondió despectivamente.

Keira se quejó.

"Es mi novio", le recordó a Bryn. "Y aunque Shane se cortara todo ese pelo y tuviera un nuevo vestuario, no podría pasar más de cinco minutos con él antes de estrangularlo".

Bryn se rio.

"Eso va a hacer las próximas semanas un poco difíciles, ¿no?"

"Eso y el hecho de que mi habitación está encima de un pub que parece no tener hora de cerrar y una banda de folk en vivo veinticuatro siete".

"Eso suena increíble", refutó Bryn. "¡Vamos, Keira¡ Trabajas tan duro que ni siquiera puedes ver la situación tan emocionante en la que estás. Acabas de decirme que la fiesta nunca se acaba, quejándote".

"Suenas como Shane", respondió Keira. "¡Si no quiero beber, bailar y ser feliz no tengo que hacerlo!"

Ella y Bryn terminaron su conversación, y Keira descubrió que a pesar de todo el ruido que venía de abajo, apenas podía mantener los ojos abiertos. Así que se sentó bajo el delgado edredón y apoyó su cabeza en la almohada abultada. Aún no había respuesta de Zach a ninguno de sus mensajes graciosos. Trató de llamarlo, pero el teléfono sonaba y sonaba.

Revisó Instagram y vio fotos de Zach en la boda de Ruth. Se veía hermoso en su traje, pero su expresión era tan solitaria. Parecía incómodo estando allí solo, y ella se sentía mal por no estar con él. Tal vez su madre había tenido un punto. Aparecer en las bodas solo claramente era muy vergonzoso.

Cuando empezó a quedarse dormida, Keira empezó a soñar que estaba en la boda con Zach. Solo que no era Zach, era Shane, afeitado y con un traje elegante. Se veía más guapo de lo que ella había previsto.

Keira se despertó con un sobresalto. Las cosas ya eran bastante complicadas sin que ella se enamorara de su guía turístico.

Sacó todos los pensamientos de su mente y, finalmente, cayó en un profundo sueño.




CAPÍTULO CUATRO


"¿Dormiste bien?" Orin le preguntó al segundo que Keira bajó la escalera a la mañana siguiente, saliendo a la parte del pub del B&B.

Se frotó los ojos llorosos.

"Sí, gracias". La mentira vino tan fácilmente. Mucho mejor fingir que amaba su cama ruidosa, su edredón delgado y sus almohadas abultadas que quejarse y hacer que Orin se sintiera mal por ello. Después de todo, podría escribir sobre ello más tarde, y así conseguir un poco de liberación catártica.

"Siéntate y desayuna", dijo Orin, llevándola a una mesa y poniendo un café delante de ella. Rápidamente le siguió un tazón de avena. Se sentó en el asiento de enfrente. "Lo preparé a la manera irlandesa. Espero que te guste".

Sonreía mucho.

"¿Cuál es la manera irlandesa?" Keira murmuró sospechosamente.

Tomó un sorbo del café y se sorprendió de lo delicioso que sabía. Cualquiera que fuera la

manera irlandesa, ¡era deliciosa! Luego puso un poco de avena en su boca y casi gritó de

alegría. Nunca había probado algo tan cremoso, tan fantástico.

"Vaya, ¿qué hace que sepa tan bien?" Keira dijo, mientras comía otra cucharada de avena. "¿Las vacas son alimentadas con pasto orgánico y ordeñadas por las manos de princesas?" bromeó.

La sonrisa de Orin se hizo más grande.

"Baileys en el café. Y un chorrito de whisky en la leche".

Keira se sorprendió.

"¿Alcohol a las ocho de la mañana?", exclamó. "¿Es una buena idea?"

Orin le guiñó el ojo.

"La mejor manera de empezar el día. Eso y una caminata rápida. La cual tendrás tan pronto como te acompañe a tu reunión con William Barry, el jefe del festival".

Keira se dio cuenta entonces de que Orin ya estaba listo para dejar el B&B. Llevaba botas que le llegaban hasta la mitad de las pantorrillas, como si esperara que se formaran charcos. O lodo. De cualquier manera, Keira no estaba de humor para deambular.

"No tienes que hacer eso", dijo. "Tengo GPS en el coche, así que no me perderé".

Orin señaló su café.

"No es por eso que lo hago".

La parte cínica de la mente de Keira se preguntaba si Orin la había embriagado deliberadamente para asegurarse de que no pudiera rechazar su oferta de un paseo. Pero ella sabía que eso era una locura. Orin era un viejo amable, orgulloso de su ciudad. Quería mostrárselo a la cínica neoyorquina con la que se había topado.

"Vamos", continuó Orin. "¡Estás aquí para probar el verdadero sabor de Irlanda! ¡Para vivir como alguien de aquí! ¡No sabrás realmente cómo son nuestras vidas si no caminas un kilómetro en nuestros zapatos!"

La tiró del brazo alegremente, animándola a unirse a él. Su entusiasmo se transformó rápidamente en engatusamiento y Keira se dio cuenta de que no había manera de rechazarlo. ¡Orin iba a hacerla caminar a la reunión con él sin importar lo que dijera! No había forma de rechazarlo.

Cediendo, se tomó el último sorbo de café que le quedaba, sintiendo los efectos tan pronto como se puso de pie. Luego ella y Orin dejaron el oscuro B&B y salieron al brillante sol de la mañana. Aunque el cielo era de un gris apagado, Keira entrecerró los ojos ante su duro resplandor.

"Te sigo", le dijo a Orin, mientras miraba el único camino, un sinuoso sendero rural que serpenteaba por un lado de la colina. Había ocasionalmente edificios esparcidos a ambos lados, pero estaba principalmente rodeado de exuberantes campos verdes llenos de ovejas.

"Es una caminata de tres kilómetros hasta el ayuntamiento si nos mantenemos en el camino", dijo Orin. "Pero si cortamos a través de los campos es la mitad de esa distancia. Por supuesto, el granjero tiene todo el derecho de dispararnos ya que estaríamos invadiendo, pero todos los de por aquí conocen a todos los demás así que estaremos bien".

Keira tragó.

"Tomemos la ruta turística, ¿sí?", dijo.

"Si eso quieres", dijo Orin casualmente, evidentemente sin darse cuenta de los nervios de Keira.

Empezaron a caminar por el sendero. A pesar de lo temprano que era, todos los que pasaban parecían tan felices y amigables. Cuando llegaron a la calle principal (si es que se podía llamar así) había incluso un pequeño grupo de músicos tocando violines y acordeones, cantando viejas canciones populares. La gente bailaba y cantaba. Keira no podía creer realmente lo que estaba viendo. ¿Cómo podía un lugar ser tan feliz colectivamente? Tal vez se había equivocado al hacer juicios tan duros y bruscos.

"Aquí estamos", dijo Orin cuando llegaron a su destino.

Como todos los edificios de Lisdoonvarna, éste estaba pintado de forma brillante, un color naranja quemado en este caso, añadiendo a las calles del arco iris. Un letrero sobre la puerta anunciaba: Hogar del Casamentero. La puerta estaba cubierta con imágenes de Cupido.

Keira levantó una ceja ante la decoración hortera, y luego siguió a Orin al interior. Un señor ya grande se levantó de su escritorio y se acercó a ella.

"William Barry", dijo, extendiendo una mano. "Usted es la reportera estadounidense".

Keira estrechó una mano. "Soy una escritora de viajes, no una reportera".

"¿Así que este artículo no va a salir en el New York Times?" William preguntó, frunciendo el ceño.

Keira echó una mirada a Orin. ¿William tenía la impresión de que ella trabajaba para una gran organización? ¿Y si Heather había torcido un poco la verdad mientras organizaba este evento, sabiendo que Josh habría estado dispuesto a mentir y a endulzar su camino hacia su objetivo?

De repente, Orin estalló en risa. Keira miró a William. Él también estaba doblado de risa.

"¡Deberías haber visto tu cara!" exclamó, con la cara roja de la risa.

Keira no fue capaz de ver el lado divertido. Había demasiado en juego para ella con su primera tarea real que las bromas no eran exactamente bienvenidas.

"Siéntate, siéntate", dijo William cuando su risa comenzó a disminuir.

Keira lo hizo, sacando una de las sillas de madera y sentándose cerca del escritorio. Orin se sentó a su lado. Justo cuando William se sentó, entró una mujer de cabello rojo ardiente sosteniendo una bandeja con una tetera, tazas y una jarra de leche.

"Esta es mi asistente, Maeve", dijo William mientras la mujer dejaba la bandeja. "Gracias, querida".

Desapareció de la habitación, dejando a William para servir las tazas de té. No importaba que Keira no bebiera mucho té, se sentía incapaz de rechazarlo, así que tomó la taza de té humeante sin protestar.

William cruzó las manos sobre la mesa.

"Debo decir que estamos muy emocionados de tenerte aquí, Keira. Con la forma en que el mundo está cambiando y todos estos sitios de citas por Internet, es cada vez más difícil conseguir clientes. Espero que tu artículo despierte un renovado interés".

Keira cubrió su expresión de culpabilidad con su taza de té. Se sentía mal sabiendo que iba a escribir un artículo tan cortante. William y Orin parecían gente dulce y genuina, y la habían tratado con tanta hospitalidad. Pero ella tenía su misión, tenía sus instrucciones. Se dijo a sí misma que golpear un tonto festival al otro lado del mundo en una revista que ni siquiera se importaba a Irlanda difícilmente causaría que su negocio se viniera abajo.

"¿Conoces la historia del festival?" William continuó.

"Investigué un poco antes de venir", dijo Keira, asintiendo con la cabeza.

Pero mientras William se lanzaba a su monólogo sobre el festival, ella cerró la boca. Claramente se le iba a dar la historia hablada, le gustara o no.

"Era el negocio de mi padre, y el de su padre antes. De hecho, los Barry han sido casamenteros desde que se tiene memoria. En ese entonces se trataba de emparejar a los nobles que visitaban en busca de una hermosa joven local. Las chicas irlandesas son consideradas muy prolíficas portadoras de niños, lo cual era el principal punto de venta de un casamentero".

Keira no pudo evitar pone una cara de asco. William, sin embargo, no se dio cuenta y continuó con su historia.

"Normalmente tenía lugar justo después de la cosecha, cuando las chicas estaban más grandes y con el pecho más lleno. Un buen casamentero se aseguraría de que las chicas se casaran y se fueran antes de que cayera el invierno, ya que lo más probable es que contrajeran una neumonía y murieran durante el invierno".

Keira apretó los labios para no reírse. No podía decir cuánto de lo que William decía era sarcástico, pero tenía un ligero presentimiento de que hablaba en serio. Aunque había hecho su investigación, escuchar la forma en que William lo contaba era realmente divertido.

"Entonces, por supuesto, los tiempos cambiaron. Diferentes tipos de personas llegaron a la ciudad. Las guerras agotaron la población masculina. La amenaza de la hambruna hizo que la gente se desesperara por casarse joven, y casarse con cualquiera. Era un momento difícil para el casamentero. Cuando tomé el negocio de mi padre, me pagaban principalmente aprendices de granja para que los emparejara con una de las chicas de la zona". Le dio una palmadita a un libro. "Así que guardé una lista de ellos".

"¿Es eso legal?" Keira dijo, finalmente rompiendo su aturdido silencio. "Me suena un poco acosador".

"¡Tonterías!" William se rio. "A las chicas les encantó. Todas querían casarse. Incluso si era con un granjero sin neuronas y con terribles hábitos de higiene".

Keira solo pudo mover la cabeza. ¡Su artículo se estaba escribiendo solo!

En ese momento, la puerta se abrió. Keira esperaba volver a ver a la Maeve con su cabello ardiente, pero cuando miró por encima de su hombro fue a Shane a quien vio entrar en el edificio. De repente sintió un cosquilleo en todo el cuerpo y se sentó, con la espalda recta, en su silla.

"Buenos días", dijo Shane, sentándose en un rincón.

William continuó.

"Aquí está mi libro de parejas". Le entregó un enorme libro de cuero de tapa dura. "Bueno, uno de ellos. Llevo tantos años haciendo esto que tengo una gran colección".

Keira comenzó a hojear el libro, leyendo todos los nombres de las parejas felices. Algunos incluían fotos, otros tenían fechas de bodas. Había tarjetas dirigidas a William de parejas que había unido. Todo parecía muy cursi. Keira, siempre calculando, comenzó a formular un párrafo para su artículo en su mente.

"Sabes", dijo William, inclinándose hacia ella a través de la mesa. "Podría emparejarte. Tal vez un buen muchacho irlandés es justo lo que necesitas".

Keira sintió que le ardían las mejillas.

"Tengo novio", dijo. Tal vez lo imaginó, pero por el rabillo del ojo, creyó ver a Shane reaccionar. "Zach. Trabaja con computadoras".

"¿Eres feliz con este hombre?" William preguntó.

"Sí, mucho", contestó Keira, sacando a relucir la vieja línea fiestera.

William no parecía convencido. Tocó el libro que Keira había dejado en el escritorio.

"He estado haciendo esto durante mucho tiempo. Soy un experto en el amor y puedo verlo en los ojos de la gente. No estoy tan seguro de que este hombre sea el adecuado para ti".

Keira sabía que no quería ser grosero, pero su escepticismo tocó un nervio, especialmente con ella y Zach discutiendo tanto en este momento. Pero William era también oro periodístico y ella quería sacarle todo lo posible.

"No es bueno para mí ¿en qué sentido?", insistió.

"No te apoya en la forma que necesitas. Ya no están creciendo juntos, ya no siguen el mismo camino".

Keira sintió escalofríos por todas partes. Esto estaba demasiado cerca del hueso.

"¿Eres adivino además de casamentero?", bromeó. "¿Escondes un montón de cartas de tarot ahí debajo?"

William soltó una risa profunda.

"Oh no, nada de eso. Pero he desarrollado una intuición a lo largo de los años. No había ningún brillo en tus ojos cuando dijiste su nombre. No había ninguna inclinación en tu voz".

"Creo que esa es mi cínica personalidad de neoyorquina", dijo Keira.

"Tal vez. O tal vez es porque no lo amas realmente".

Keira reflexionó sobre esa declaración. Ella y Zach rara vez intercambiaban la palabra con T. De hecho, ni siquiera podía recordar cuándo fue la última vez que lo hicieron.

"No creo que el amor tenga que entrar siempre en estas cosas", dijo.

"Pero ¿por qué perder el tiempo con alguien que no amas cuando podrías estar buscando a el ‘único?"

Keira se cruzó de brazos.

"Porque tal vez no haya un ‘único’".

"¿No crees en ‘el único’?" William presionó.

Keira negó con la cabeza.

"No".

Esta admisión pareció excitar a William.

"Tenemos a una contrincante", exclamó con una risa. "Lo que significa que es nuestro desafío que cambies de opinión. ¿Shane, muchacho?" Hizo un gesto para que el guía turístico se acercara, lo cual hizo. Una vez que estuvo a su lado, William le pasó un brazo por los hombros. "Has sido ascendido", bromeó. "Ya no solo debes guiar a esta joven a través del festival, debes guiarla hacia el verdadero amor. ¡Me temo que puede ser una tarea difícil!"

Keira se acomodó torpemente en su asiento. Pero a pesar de su incomodidad por ser el centro de la extraña reunión, sabía que había reunido un excelente material para su artículo, gracias al viejo tembloroso y sus anticuadas opiniones sobre las relaciones. A Elliot le iba a encantar esto. Y escribirlo, para Keira, sería algo terapéutico.

Ella tenía que pasar su primer día con Shane y luego sería capaz de limpiarse de todas estas tonterías escribiendo.




CAPÍTULO CINCO


"No sé cuánto tiempo se supone que dure este viaje", dijo Keira mientras se subía del lado del pasajero del coche de Shane y jugueteaba con su cinturón de seguridad. "Pero necesito un café lo antes posible. Y si pudieras regresarme con unas horas libres antes de que empiece el festival, sería genial. Necesito tener algo de tiempo para escribir". Finalmente se abrochó el cinturón. "Entonces, ¿a dónde vamos?"

Cuando no recibió respuesta de Shane, volteó para verlo con su característica expresión de diversión. Ella se cruzó de brazos.

"¿Qué?"

Él se encogió de hombros.

"Bueno, difícilmente es el clima para las lentes de sol, es todo lo que estaba pensando".

Keira acomodó decididamente sus lentes de sol.

"Podría haber un resplandor matutino", respondió, encogiéndose ante la altivez que escuchó en su voz. "Y, de todos modos, no eres quién para juzgar el atuendo de alguien más. ¿Usaste un espejo para vestirte esta mañana?"

Shane echó la cabeza hacia atrás y se rio con fuerza. Keira sintió como comenzara a sonreír con satisfacción, y luego se compuso a sí misma. Se había permitido dar un paso más para coquetear con él, lo que definitivamente no formaba parte de la filosofía de que «no había nada malo en mirar».

"Pensé en llevarte a algún lugar cercano para empezar", le dijo Shane mientras aceleraba hacia la calle principal. "Así que elegí el Burren, que está a solo veinte minutos en coche. Es un parque nacional. ¿Has oído hablar de él?"

Keira negó con la cabeza.

"No puedo esperar", dijo como una imagen mental formulada en su mente de una hermosa escena irlandesa.

No estaba segura, pero creyó ver a Shane sonreír. Cuando se detuvieron en el estacionamiento del Burren 20 minutos después, se dio cuenta de por qué. ¡No había ni una pizca de hierba a la vista! El Burren estaba hecho de roca gris y sombría.

Se volvió hacia Shane, frunciendo el ceño.

"¿Es esto una broma? Creí que habías dicho que era un parque nacional".

Shane empezó a reírse.

"¡Si! Mil quinientas hectáreas de tierra protegida, que consiste casi en su totalidad de piedra caliza".

Keira dejó salir un suspiro de exasperación.

"Así que de todos los lugares a los que podrías haberme llevado para mostrar la majestuosidad de Irlanda, elegiste este".

"Capté algunas vibraciones arrogantes en lo de William", dijo Shane, levantando una ceja combativa. "Me imaginé que este sería el mejor lugar para llevarte para que te bajes de tu nube. Irlanda no es una tierra de fantasía llena de duendes, aunque hay algunas partes que juegan con los estereotipos por el bien de los turistas. Pero si cavas un poco bajo la superficie, somos un país con un corazón real, un verdadero romance. Tenemos una historia rica e interesante, si te permites darnos una oportunidad".

Keira se cruzó de brazos. Todo lo que había dicho de ella era cierto, por supuesto, pero ella no estaba dispuesta a admitirlo.

"No soy arrogante", fue todo lo que dijo.

Shane se encogió de hombros.

"Vamos, por aquí. La vista desde la cima de la colina es increíble".

Keira lo siguió.

"No tengo los zapatos apropiados para una caminata", se quejó.

"No te preocupes, no nos llevaré a la caminata de tres horas, aunque es impresionante y una pena perderse". Le dio una mirada fulminante. "¿Crees que puedes manejar caminar por media hora? Nos llevará a través de los prados y algunos bosques increíbles".

"Sí, creo que puedo manejar treinta minutos", murmuró Keira.

"Quise decir sin matarme", Shane se rio.

Parecía disfrutar de darle cuerda a Keira.

"Siento que empezamos mal", dijo Keira mientras trataba de seguir su paso rápido. No estaba acostumbrada a caminar por las colinas. "¿Dije algo para ofenderte?"

Al principio, Shane ignoró la pregunta. En su lugar, señaló una estaca de madera en el suelo con varias flechas de colores en ella.

"Estamos siguiendo el rastro naranja, ¿de acuerdo?"

Keira asintió. Continuaron subiendo por la ladera gris. El paisaje era tan estéril que Keira sintió como si estuviera caminando sobre la superficie de la luna. Los escarpados cráteres a ambos lados de ella añadían más a la ilusión. Cuando vio un mechón de pasto, que crecía a través de una grieta en la roca, le sorprendió un poco pensar que el pasto podía crecer en la luna. Tuvo que recordarse a sí misma que este lugar estaba en la Tierra.

"¿Y bien?" Keira presionó. "No respondiste a mi pregunta".

"¿Sobre si empezamos con el pie izquierdo o no?" Shane dijo. Luego se masticó el labio inferior en la contemplación. "¿Por qué importa?"

"Porque tenemos que pasar treinta días juntos, así que es mejor que nos llevemos bien".

Shane se quedó en silencio otra vez. Keira no pudo evitar sentirse frustrada por la cantidad de tiempo que le tomó responder a una pregunta. No se sentía cómoda con los silencios que él le concedía constantemente. La hacía sentir incómoda.

"Me pregunto", dijo finalmente, "si no te gusta la idea de que a alguien no le gustes".

"¿Perdón?" Keira se sintió insultada al instante por su comentario e inmediatamente puso un frente defensivo.

"Tienes uno de esos complejos de chica buena. Esperas que todos encuentren tu peculiar americanidad encantadora y yo no".

"¿Yo? ¿Encantadora?" Keira se burló. "¡Tú eres el que tiene todo el descaro del irlandés!"

"¿Eso te molesta?"

"Es un estereotipo molesto".

Keira podía oírse a sí misma volviéndose brusca. En completo contraste, el tono de Shane no había cambiado en absoluto. Era completamente neutral, como si la conversación no fuera ni remotamente molesta.

"Creo que estás encontrando mucho más que a mí exasperante", dijo Shane. "Quiero decir, no fuiste tan amable con William".

"¿Y?" Keira se burló. "Estoy aquí para trabajar, no para hacer amigos. Y no me siento obligada a ser amable con alguien con ideas tan anticuadas sobre el amor. Me molesta cuando la gente cree saber exactamente lo que los hombres y las mujeres quieren de los demás".

Shane levantó las cejas.

"Para alguien que dice que es feliz en su relación a largo plazo pareces muy hostil hacia el concepto de amor".

Keira le lanzó una mirada.

"El problema no es el amor. Es la idea de que es una cosa perfecta. Que un anciano que no te ha conocido en tu vida puede emparejarte con alguien que no conoces, y entonces te enamorarás al instante y seguirás así por siempre. La vida real no es como una novela".

Incluso mientras hablaba, Keira podía ver que Shane disfrutaba de su reacción. Él estaba deliberadamente dándole cuerda. «Dos pueden jugar este juego», Keira pensó.

"¿Entonces eres un romántico?", dijo. "¿Es eso lo que me estás diciendo? Supongo que solo has estado con tu novia de la secundaria y planeas casarte con ella".

De repente, Shane se quedó en silencio, y Keira se dio cuenta de que había hablado accidentalmente de más. Cerró los labios, sabiendo que no debía presionar más.

Llegaron a la cima de la colina y una increíble vista se abrió ante Keira. Era como mirar la lava enfriada de un volcán, o la superficie de un asteroide. Keira nunca había visto nada parecido a este paisaje alienígena, y nunca se había sentido tan pequeña o insignificante.

Por primera vez desde su llegada, Keira sintió una nueva sensación de humildad. Tal vez Elliot había cometido un error al enviarla a Irlanda. Joshua nunca se habría puesto sentimental al ver un hermoso y místico paisaje. Seguiría siendo cínico y frío como Elliot necesitaba que fuera. Pero Keira podía sentir que algo en su interior se suavizaba. Por primera vez desde que llegó a Irlanda sintió como si algo en su sombría esterilidad la hubiera tocado.




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